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COLABORACIONES


Traduciendo para los refugiados: servicio de traducciones de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado

Los orígenes de la CEAR1

La CEAR es una organización no gubernamental que comenzó su andadura en 1979. Desde sus orígenes, la estructura de la organización estuvo constituida por diversas organizaciones de derechos humanos, centrales sindicales, entidades religiosas, partidos políticos, personalidades destacadas por la defensa de los derechos humanos, voluntarios y trabajadores remunerados.

Una de las primeras intervenciones de la CEAR en la acogida de refugiados se produjo ese mismo año, en el que, a petición del ACNUR, el gobierno aceptó acoger a 1 000 refugiados vietnamitas y laosianos que fueron el primer grupo de refugiados de cuota recibidos por un gobierno democrático en España. Poco tiempo después, en 1984, tuvo lugar la aprobación de la primera Ley de Asilo en España.

En sus inicios, la CEAR estaba constituida por voluntarios, muchos de los cuales, a su vez, habían sido refugiados. En aquellos primeros años, la mayoría de los solicitantes de asilo procedían de países sudamericanos y del este de Europa.

Actualmente tiene como objetivo proporcionar asistencia jurídica, social y laboral a personas solicitantes de protección internacional, refugiados, apátridas e inmigrantes vulnerables. También ha destacado en su trabajo por sensibilizar y denunciar las violaciones de los derechos humanos y del derecho de asilo. Presta esta atención desde una perspectiva que pretende un desarrollo humano integral de las personas con las que trabaja, promoviendo la participación de las personas implicadas, intentando que los usuarios sean sujetos activos. Su actividad está dividida en seis áreas: jurídica, social, formación y empleo, comunicación, estudios y movimientos sociales e internacional.

El servicio de traducción e interpretación

El servicio de traducción e interpretación y su equipo de voluntarios es uno de los servicios más antiguos de la CEAR. Al principio fueron, sobre todo, los propios refugiados que iban aprendiendo español los que ayudaban, de manera voluntaria, a los solicitantes que acababan de llegar. A partir del año 1990 y 1992 el servicio se organiza de forma más sistemática y profesional. En aquel momento se creó, casi exclusivamente, para prestar apoyo al servicio jurídico, pero actualmente su finalidad es, por una parte, garantizar la traducción de los documentos que los solicitantes de asilo, refugiados o desplazados, presentan a la Oficina de Asilo y Refugio (OAR), a las distintas administraciones públicas y a sus abogados, así como la traducción de los documentos más importantes que las personas inmigrantes necesitan para su integración social y laboral. En segundo lugar, facilitar los servicios de interpretación necesarios ante su primera relación con los servicios básicos de la comunidad, en especial sanitarios, legales, documentales y educativos.

La documentación que traducimos podría dividirse en dos grupos. Aquella que está relacionada de forma directa con los usuarios, compuesta principalmente por documentos oficiales (pasaporte, certificados, carnets, documentación académica, documentación médica, etc.) y todos aquellos documentos que pueden apoyar la solicitud de asilo, es decir, alegaciones y documentos de prueba (informes, artículos periodísticos, amenazas, sentencias, documentos policiales, etc.), que constituyen el volumen principal. En ocasiones, también se traducen informes y estudios especializados, así como materiales para los usuarios.

Actuamos como intérpretes para facilitar la comunicación en las entrevistas realizadas con los abogados, trabajadores sociales, psicólogos y, en algunos casos, ofrecemos acompañamiento a consultas médicas.

Trabajamos aproximadamente con unos veinticinco idiomas, aunque el número varía dependiendo de la demanda, que está estrechamente ligada al lugar de procedencia de los usuarios y en la que podemos ver reflejado un mapa de los conflictos que surgen o se avivan. En la mayoría de las traducciones la lengua a la que se traduce es el español, salvo en aquellos casos en los que se traducen informes, que casi siempre se traducen al inglés. Los idiomas más utilizados son el francés, el árabe y el inglés. Muchos de los documentos en francés pertenecen a usuarios procedentes de países africanos francófonos (Costa de Marfil, Camerún, República del Congo, Guinea Conakry y Senegal) y países del Magreb (Marruecos, Argelia, Mauritania). Otra parte muy importante de la documentación son los documentos en árabe procedentes del Magreb y de Oriente Medio (Iraq, Siria y Palestina principalmente con dos grupos de solicitantes constituidos por palestinos y kurdos residentes en países árabes) y los documentos en inglés procedentes de algunos países africanos, principalmente Nigeria, así como de algunos países árabes y asiáticos. Últimamente la demanda de traducción e interpretación del persa aumenta constantemente por los últimos acontecimientos en Irán. Además de estos idiomas más habituales, son frecuentes también las solicitudes en idiomas menos comunes como el amárico, tigriña, georgiano, azerí, bengalí, urdu, tamil, dari, somalí, peul, turco o ruso.

El equipo de traductores

Toda esta labor descansa sobre un gran equipo formado principalmente por voluntarios, lo que constituye uno de los rasgos de identidad de este servicio. Algunos de sus miembros han mantenido su labor desde los inicios de la organización. Una gran parte son traductores e intérpretes profesionales que dedican de forma altruista su tiempo y sus conocimientos a favor de la defensa del derecho de asilo y de los derechos humanos. Algunos compañeros llegaron como refugiados y han decidido ayudar a aquellos que se encuentran en la misma situación que ellos vivieron. Contamos con un equipo en el que se mezclan edades, idiomas, países de origen y trayectorias vitales muy diferentes, pero hay un rasgo común que comparte todo el equipo y es su compromiso con los refugiados e inmigrantes y con la sociedad, lo que se traduce en un nivel de profesionalidad y responsabilidad que se desprende del hecho de que conocen la finalidad de su trabajo y la importancia que puede tener en la vida de los usuarios. En algunos casos, el que sean los propios refugiados los que han podido colaborar en el equipo les permite ser útiles, en consonancia con la coherencia de la organización, ya que a raíz de su interés en este campo, finalmente pueden encontrar un futuro profesional. Todo esto es posible gracias a un minucioso proceso de selección y formación que propicia la profesionalización del voluntariado como forma de participación de la sociedad civil.

Uno de los pilares fundamentales para prestar este servicio de la forma más profesional y eficaz es mantener, en la medida de lo posible, la asiduidad del equipo, tanto con respecto a los voluntarios, como a los colaboradores, ya que la práctica y la identificación con los objetivos, así como una relación fluida que permite conocer los procesos y las necesidades de los técnicos y detectar las deficiencias o las posibles dudas a la hora de realizar el trabajo, permiten mejorar cada día la atención que prestamos. Teniendo en cuenta nuestro objetivo, es muy importante conocer las características de cada miembro del equipo, para poder distribuir el trabajo de la forma más adecuada, facilitar la información necesaria para que puedan contextualizar su labor y fomentar la participación.

Dificultades de traducir e interpretar para los refugiados

Para entender mejor la labor que desarrolla la CEAR y, en concreto, este servicio de traducciones, es importante partir de la definición de «persona refugiada» recogida principalmente en el artículo 1.A.2) de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 28 de julio de 1951, y en el Protocolo sobre el Estatuto de los Refugiados de 31 de enero de 1967, que establece que persona refugiada es aquella que,

debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de tal país; o que, careciendo de nacionalidad y hallándose, a consecuencia de tales acontecimientos, fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera regresar a él.

En cualquier servicio de traducción e interpretación, para poder actuar dentro del marco de una buena práctica, es imprescindible que los traductores e intérpretes reúnan una serie de competencias mínimas, como son un conocimiento adecuado de los idiomas, fidelidad a la traducción o interpretación, profesionalidad, confidencialidad, neutralidad, respeto y, siempre que sea posible, formación específica en los temas en los que se centra su trabajo.

En nuestro caso habría que añadir que nuestros traductores tienen que manejar terminología muy diversa, dada la gran variedad de documentos que manejamos: textos médicos, administrativos, jurídicos, periodísticos, etc. Junto a la variedad temática de los documentos, hay que señalar que proceden de diversas partes del mundo, lo que en ocasiones exige, aparte de los conocimientos lingüísticos adecuados, conocimientos culturales que permitan comprender nociones jurídicas no existentes en nuestro país, diferentes sistemas educativos, estructuras sociales o familiares, etc. En muchos casos, a esto hay que añadir el estado en el que se encuentran los documentos tras haber atravesado medio mundo en el bolsillo de su titular y de los que, por el perfil de nuestros usuarios, les resulta imposible obtener un nuevo documento o un duplicado.

Otra de las grandes dificultades a las que nos enfrentamos son las alegaciones manuscritas en las que los solicitantes de asilo cuentan los motivos por los que han tenido que huir y el recorrido que han realizado hasta llegar a España. Nada más empezar, encontramos el primer obstáculo, la escasa legibilidad de algunos de estos textos, lo que nos lleva a tener que descifrarlos antes de poder simplemente leerlos. Por otra parte, los textos resultan en ocasiones incomprensibles por las circunstancias que rodean a sus autores (desconocimiento de la lengua escrita, bajo nivel cultural, estado de nerviosismo y confusión al recordar lo ocurrido, etc.). En definitiva, para hacernos una idea, deberíamos poder meternos en la piel de quien ha llegado a España, teniendo que huir, dejándolo todo atrás, recorriendo en ocasiones varios países, y se ve obligado a contar su historia por escrito de la forma lo más detallada posible. ¿Por dónde empezaríamos?

Si leemos atentamente la definición de «persona refugiada», la palabra en torno a la que gira dicha definición es «temor». Este concepto define una diferencia fundamental entre «asilo» e «inmigración». Un refugiado no puede regresar a su país porque corre el riesgo de perder su vida y, en la mayoría de los casos, no decide dejar su país para mejorar su situación y ni siquiera elige el país al que se dirige. Además, hay muchos refugiados que se sienten culpables por haber abandonado la lucha y piensan que podían haber hecho algo más. Muchos de ellos incluso planean volver, en cuanto les sea posible o hayan terminado de formarse en España, para mejorar sus países. Esta característica marca tanto las circunstancias en las que llegan a nuestro país, como las carencias que tienen que afrontar. También se refleja en la labor que realizan los traductores e intérpretes que trabajan con solicitantes de asilo. Para empezar, el recelo, la desconfianza y el temor que experimentan, unidos a la necesidad de rememorar los sucesos que les han obligado a huir, sitúan al intérprete ante historias a veces muy duras, narradas por personas cuyo estado psicológico puede estar alterado y de las que es necesario ganar la confianza, ya que a una situación difícil, como es explicar datos muy íntimos a un desconocido, se suma la necesidad de que esté presente una tercera persona. Este tipo de interpretaciones requiere mantener un complicado equilibrio entre la empatía y el distanciamiento mínimo para poder mantener una actitud profesional. Este equilibrio resulta todavía más complicado en el caso de los idiomas menos habituales, que solo conoce un número bastante limitado de hablantes, procedente de una misma zona, lo que puede aumentar la desconfianza del usuario y la implicación del intérprete. En el caso del refugiado, el riesgo que puede derivarse de que se conozca su historia o su paradero puede ser real para él o para la familia que todavía se encuentra en el país de procedencia. Todo esto incrementa la necesidad de contar con un equipo que ofrezca las garantías necesarias y permita, siempre que sea posible, que el usuario pueda ser asistido por el mismo intérprete a lo largo del proceso. Estas necesidades son extremas cuando nos encontramos ante casos de violaciones y todo tipo de persecuciones por motivo de género, en los que el relato de los hechos puede resultar especialmente delicado2.

A estas dificultades hay que añadir la imposibilidad para planificar el volumen de trabajo, la demanda de idiomas o las situaciones urgentes. Todos estos obstáculos solo pueden superarse gracias a la dedicación y compromiso del equipo.

¿Por qué es necesario nuestro trabajo?

La traducción y la interpretación resultan imprescindibles tanto para los inmigrantes como para los refugiados no hispanohablantes y, en algunas circunstancias, son un derecho reconocido legalmente, como en el caso de los solicitantes de asilo que tienen derecho a asistencia letrada e intérprete para la formalización de su solicitud. En el terreno administrativo, les permiten realizar los trámites necesarios para poder integrarse en España como ciudadanos de pleno derecho y conocer la información que posibilita que puedan ejercer sus derechos y cumplir con sus deberes. Pero también hace posible que se conozcan sus historias, los abusos y violaciones de los derechos humanos a los que han sido sometidos, tanto en sus países como a manos de los traficantes de seres humanos, y que recuperen parte de su identidad, al poder identificarse o convalidar sus estudios, ya que, en definitiva, los pocos documentos que hayan podido conservar reconstruyen su vida y su identidad, como las piezas de un rompecabezas. Para los inmigrantes y refugiados que llegan a España sin conocer el idioma, el intérprete se convierte en su voz y sus oídos y, a veces, su única posibilidad de comunicarse con los demás, por lo que la confianza en la exactitud del mensaje transmitido debe ser absoluta. Para personas adultas, acostumbradas a gestionar por sí mismas sus vidas, la frustración al no poder comunicarse directamente puede ser similar a la que siente un niño y, de hecho, dada la mayor facilidad con la que los niños aprenden los idiomas, en muchos casos, estos terminan haciendo de intérpretes improvisados para sus padres, invirtiéndose los papeles, con la carga de responsabilidad que esto supone para los niños. Indudablemente, el aprendizaje de la lengua es fundamental, pero puede resultar muy complicado debido a la edad, el nivel cultural, las preocupaciones o la falta de tiempo.

En especial, en el campo del asilo, teniendo en cuenta la situación actual3, caracterizada por la invisibilidad del asilo, el refuerzo de las fronteras europeas, la priorización de las medidas policiales y la obstaculización del acceso a la protección internacional, es muy importante que las instituciones tomen conciencia de la importancia de estos servicios.

No es lógico que un país como España, cuya historia se ha visto marcada en repetidas ocasiones por la persecución, el exilio y la emigración (primero fueron los judíos, después los moriscos y más recientemente los republicanos y las oleadas de emigrantes en los años sesenta), dé la espalda a los refugiados, ya que, por desgracia, cambian las nacionalidades y la forma de

CARMEN LAS HERAS NAVARRO
CEAR, Servicio de traducción e interpretación
carmen.lasheras@cear.es

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1

Frontera Cero, publicación trimestral de la CEAR, 7 (primavera 2009), especial «30 Años de CEAR».

2 CEAR/CIR/FTDA (2010), Exchange for change. Guía para la protección internacional de las personas perseguidas por motivos de género.
3

Informe Anual de la CEAR.

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