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BUZÓN


Un adjetivo para la Unión Europea

En su artículo «La Unión Europea busca su adjetivo» (puntoycoma nº 116), Alberto Rivas Yanes analiza una cuestión planteada anteriormente en esta misma revista por Antonio Ballesteros (nº 6), Josep Bonet (nº 69) y María Valdivieso (nº 100), entre otros: la necesidad de encontrar un adjetivo para la Unión Europea. Afirma Rivas Yanes que, con la desaparición de la Comunidad Europea como entidad jurídica, el adjetivo «comunitario» ya solo designa una realidad del pasado.

En efecto, «Unión Europea» es una nueva denominación que necesita un nuevo adjetivo. El asunto me parece de una enorme importancia y por ello quisiera dar un paso más en este debate aportando mi modesto punto de vista.

Un posible esquema de trabajo

La búsqueda de un adjetivo aplicable a la Unión Europea se inscribe, a mi forma de ver, en un espacio bidimensional, que se puede mostrar gráficamente en forma de tabla de contingencia, cuyas filas representen la variable «amplitud del adjetivo» y cuyas columnas representen la variable «mecanismo de adjetivación».

Filas: ¿Se busca un adjetivo que incluya uno solo de los términos (Unión o Europea), o uno que incluya ambos? Esta variable adquiere los valores «U» (solo Unión), «E» (solo Europea) y «UE» (tanto Unión como Europea).

Columnas: ¿Se opta por un modelo de formación convencional siguiendo los mecanismos propios del español, o bien por un modelo innovador al margen de los usos del idioma? Esta variable adquiere los valores «Convencional» e «Innovador».

De acuerdo con este esquema, obtendremos seis clases de resultados (ver tabla).

 

Convencional

Innovador

U

 

 

E

 

 

UE

 

 

María Valdivieso (puntoycoma nº 100) propone un modelo innovador en el que habría que «estar dispuesto, también, a infringir ciertas reglas gramaticales en aras de una mayor claridad del discurso cuando ello resulta útil, es decir, a lanzarse a jugar con el lenguaje y a innovar libremente» y da preferencia al término «Unión», porque «si bien la Unión Europea es, por supuesto, "europea", ante todo es "unión"». Con la propuesta del adjetivo unionitario su planteamiento se sitúa en el cuadrante «U-Innovador» de la tabla.

Por su parte, Rivas Yanes presenta un modelo de adjetivación basado en cuatro grupos, uno que prescinde del adjetivo y utiliza la construcción «de + sustantivo», otro que toma como referente «Unión» y otros dos cuyo referente es «Unión Europea». Finalmente propone «la creación de una nueva acepción de unionense y adopción de unieuropeo» situándose así en los cuadrantes «U-Convencional» y «UE-Convencional» de la tabla.

Con las propuestas de los dos autores que acabo de mencionar, la tabla resultante sería la siguiente:

 

Convencional

Innovador

U

unionense

unionitario

E

 

 

UE

unieuropeo

 

Una nueva propuesta

Antes de presentar mi propuesta, creo conveniente recordar que en el contexto en el que estamos trabajando nos encontramos con dos dificultades. En primer lugar, estamos buscando un adjetivo para un nombre compuesto y, en segundo lugar, lo estamos haciendo en un idioma que no ofrece mucho margen de maniobra.

La agilidad del inglés permite inventar el e-mail, mientras que el español da como resultado un larguísimo «correo electrónico». El alemán hace uso de una palabra inglesa que ni siquiera tiene morfología alemana para denominar el Handy, que es nuestro polisílabo «teléfono móvil». Pongo estos dos ejemplos porque su estructura morfológica en español guarda analogía con el sustantivo que nos ocupa (correo electrónico, teléfono móvil, Unión Europea). ¿Qué adjetivos emplear? ¿Diremos «si no me facilitas tu dirección correoelectrónica, te envío un mensaje telefonomovilístico»? ¿O tendremos que recurrir a la construcción «de + sustantivo», con su conocida falta de ductilidad? El alemán ha inventado ya el adverbio handymäßig cuya traducción literal sería «telefonomovilísticamente». Puede parecer innecesario el adverbio, pero tengo que remitir al vocablo «televisivamente», que ya existe y que el DRAE define como «desde el punto de vista televisivo». ¿Diremos entonces «desde el punto de vista del teléfono móvil»? ¿Y qué hacer cuando, en lugar de referirnos a la cualidad de español usando «españolidad», queramos referirnos a la cualidad de «perteneciente a la Unión Europea»? ¿Diremos unioneuropeidad?

1. Bases del modelo

El modelo que propongo toma en consideración por un lado los adjetivos existentes en castellano para realidades políticas que tienen nombres compuestos, y por otro la necesidad de distinguir entre realidad geográfica y realidad política. Sería deseable, además, que el adjetivo buscado tuviera tres características que se me va a permitir llamar ontogenia, especificidad y usabilidad1. El adjetivo que se busca será ontogénico si su formación obedece a mecanismos propios del idioma español. No es ontogénica la formación de «puenting» y en cambio sí lo es la de «peatonal». Al mismo tiempo, el adjetivo deberá ser específico, o sea, aplicable solo a la Unión Europea. Y por último, el adjetivo deberá permitir el mayor grado de usabilidad posible, es decir, deberá poder incorporarse con toda naturalidad al lenguaje hablado y escrito.

2. Adjetivos existentes

Antes de iniciar la búsqueda de un adjetivo para la Unión Europea, conviene revisar aquellos que ya existen para las entidades políticas que tienen un nombre formado por dos elementos. Estadísticamente predominan tres tipos de nombres:

Grupo A. Pertenecen a este grupo aquellos nombres cuyo primer elemento designa una realidad geográfica. El adjetivo correspondiente suele contener los dos elementos del nombre (costarricense, puertorriqueño, caboverdiano, sierraleonés).

Grupo B. El primer elemento de los nombres de este grupo designa una forma de organización. Es el caso de la República Federativa de Brasil, los Estados Unidos Mexicanos o la República Federal de Alemania. El adjetivo correspondiente suele derivar del término diferencial y específico (brasileño, mexicano, alemán), con excepción de los Estados Unidos de América, para los que se utiliza el adjetivo «estadounidense».

Grupo C. En este grupo, el primer elemento de los nombres es un vocablo altamente inespecífico en cuanto a su significado. Es el caso de Gran Bretaña, San Salvador o La Rioja. El adjetivo correspondiente suele derivar del segundo elemento (británico, salvadoreño, riojano).

3. Realidad geográfica versus realidad política

Cuando existe coincidencia entre un territorio y el área de actuación de una sola entidad política, el uso de un mismo adjetivo para ambos no plantea problemas de interpretación. Por ejemplo, el Instituto Canario de la Vivienda (realidad política) tiene su sede en el Archipiélago Canario (realidad geográfica).

Si existe coincidencia entre la totalidad de un territorio y el área de actuación de diversas entidades políticas, se puede utilizar un mismo adjetivo para calificar el territorio (Selva Amazónica), la actuación común de todas las entidades políticas (Pacto Amazónico) y aspectos geográficos de cada una de ellas (el Brasil amazónico). En cambio, no se aplica ese mismo adjetivo para calificar aspectos políticos de cada una de las entidades por separado (Brasil no tiene un Gobierno Amazónico).

4. Ontogenia, especificidad y usabilidad

Como se ha comentado anteriormente, la formación del adjetivo que se busca será ontogénica si obedece a mecanismos propios del idioma español. En español los gentilicios suelen constar de una raíz y una desinencia. La raíz mantiene, por lo general, la forma del término al que remiten. Entre las desinencias más frecuentes tenemos -ino, -inio, -ano, -ero, -ense, -eco, -eño, -ato, -és.

El adjetivo será específico si su campo de aplicación se limita a un solo sustantivo. Más allá de su uso poético o metafórico, el adjetivo «lunar» tiene una especificidad casi absoluta. Un fragmento de roca lunar solamente puede proceder de la Luna. Un grado menor de especificidad presenta el adjetivo «nórdico». Un escritor nórdico, un país nórdico o una empresa nórdica abren un espacio de imprecisión que no podríamos admitir en el caso del adjetivo que buscamos.

La usabilidad del adjetivo se pondrá de manifiesto (también se ha comentado más  arriba) si los usuarios del idioma, especialistas y no especialistas, lo incorporan sin ninguna dificultad al lenguaje oral y escrito. La usabilidad se refleja, asimismo, en la facilidad con la que un vocablo admite flexiones, abreviaturas, prefijos, sufijos y cualquier otra forma de alteración. Pero no solo eso. La usabilidad de un vocablo se manifiesta igualmente a la hora de utilizarlo, por ejemplo, como prefijo. En ese sentido, la usabilidad de «Europa» (eurocámara, eurosistema, eurodiputado) es mayor que la usabilidad de «Unión» (¿unioncámara o unicámara?, ¿unisistema?, ¿unidiputado?).

5. Propuestas

Por las razones expuestas en el punto 1, el adjetivo que buscamos se formará de acuerdo con los mecanismos propios del español, evitará el solapamiento de conceptos geográficos y conceptos políticos, se aplicará específicamente a la Unión Europea y será un vocablo «lingüísticamente flexible».

A la vista de los modelos existentes en nuestro idioma y comentados en el punto 2, el adjetivo buscado pertenece al grupo B y debería derivar, por lo tanto, de la palabra «Europa».

Para resolver el problema geografía-política que se plantea en el punto 3, el adjetivo derivado de la palabra «Europa» no podrá ser «europeo» si tenemos en cuenta la falta de coincidencia entre el territorio (Europa) y el área de actuación de la entidad política (Unión Europea), como ya advierte María Valdivieso.

Finalmente, incorporando el razonamiento expuesto en el punto 4, además de utilizar la raíz basada en la palabra «Europa», el adjetivo tendrá una de las desinencias -ino, -inio, -ano, -ero, ense, -eco, -eño, -ato, -és.

Los posibles adjetivos serían entonces europino, europinio, europano, europero, europense, europeco, europeño, europato y europés.

Con el fin de rastrear el uso de dichos adjetivos, y sin ningún valor más allá del meramente estadístico, se ha realizado una búsqueda en páginas publicadas en Internet en español y se ha obtenido el siguiente resultado:

- La primera terminación ya ha sido utilizada. «El europino, con valor de 1 unidad y múltiplo de 5 unidades, emitido por el Consejo de Europa, moneda de plata acuñada en Hamburgo en 1952, estuvo a punto de servir a esta idea de Europa, pero fue retirada antes de circular»2.

- Europinio es el adjetivo para Europa en lituano.

- Europano es el adjetivo para Europa en «occidental», idioma creado por Edgar de Wahl.

- Europero aparece como adjetivo en numerosas páginas de Internet. Posiblemente la presencia de la segunda erre se deba a que los autores se equivocaron al teclear (en español -ero es una terminación mucho más frecuente que -eo), o bien pensaron que la terminación «eo» es incorrecta y que en realidad la palabra debe llevar esa erre.

- Europense es un término que utilizó Isidoro de Sevilla en una crónica para referirse a los seguidores de Carlos Martel que resistieron la embestida de los musulmanes3.

- Europeco muestra coincidencias con la forma utilizada en esperanto para construir los genéricos.

Los tres términos restantes (europeño, europato y europés) apenas aparecen en la Red en español, pero podrían tomarse en consideración.

De ellos, «europato» es una de esas palabras con una fonética muy distintiva, pero al mismo tiempo con evocaciones burlescas, razón por la que queda descartada.

«Europeño» hace el femenino «europeña», otra vez con evocaciones poco convenientes, razón por la que también se descarta.

Por lo tanto, desde un planteamiento «E-Convencional», propongo como adjetivo para la Unión Europea el vocablo «europés» con sus diferentes formas gramaticales (europés, europesa, europeses, europesas).

Considero suficiente el uso de este adjetivo para su aplicación tanto a personas, como a entidades, a instituciones y a cualquier otra realidad propia de la Unión Europea. No obstante, podría ser interesante la creación de otro adjetivo del tipo «europeico» para referirse a realidades cuya naturaleza, por alguna razón, no permitiera la aplicación del adjetivo «europés».

Incorporando mis propuestas a las ya realizadas por María Valdivieso y Rivas Yanes, la tabla de contingencia quedaría, pues, de la siguiente forma:

 

Convencional

Innovador

U

unionense

unionitario

E

europés, europeico

 

UE

unieuropeo

 

Ignoro la razón por la que el hispanohablante prefiere las palabras largas y complicadas, pero invito desde aquí a la osadía y animo a huir de ejemplos como «peatonalización», «desprofesionalización» e «instrumentalización»4, vocablos que en nada contribuyen a crear un idioma ágil, flexible y adaptable. Lo bueno si breve…

Andrés López Ciruelos
Traductor médico, Alemania
minus3plus4@t-online.de

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1

Usabilidad: concepto definido por la norma ISO/IEC 9241 como «la eficiencia y satisfacción con la que un producto permite alcanzar objetivos específicos en un contexto de uso específico».

2 María Ruiz Trapero (2008), «El euro: importancia y trascendencia», 297-329 en VII Jornadas Científicas sobre Documentación Contemporánea (1868-2008), Universidad Complutense de Madrid.
3 Felipe M. Pathé Duarte, Identidade europeia: unidade e diversidade na memória colectiva, Universidad de Coimbra.
4 E. A. Núñez Cabezas (2000), Aproximación al léxico del lenguaje político español [tesis doctoral], Universidad de Málaga.

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