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COLABORACIONES


«Agrupaciones clúster» y Hermanas Sister

Desde que en 1990 el gurú1 de la economía Michael Porter publicara The Competitive Advantage of Nations (editado en español en 19912), la jerga económica cuenta con un nuevo término talismán, cluster, propagado rápidamente como seña de identidad de los «porterianos» de cualquier lengua y país. Gracias a la obra de Porter el préstamo cluster irrumpió en los textos españoles de economía como un obús, pero el traductor de su obra al español, Rafael Aparicio Martín, no fue el responsable de esta importación:

La unidad básica de estudio para comprender la ventaja nacional es el sector. Las naciones no alcanzan el éxito en sectores aislados, no obstante, sino en «agrupamientos» de sectores conectados por medio de relaciones verticales y horizontales. La economía de una nación contiene una mezcla de agrupamientos, cuya composición y fuentes de ventaja (o desventaja) competitiva refleja el estado del desarrollo de la economía. (M. E. Porter, La ventaja competitiva de las naciones, p. 113.)

Más adelante se caracterizan en el mismo libro las relaciones entre estos «sectores agrupados»:

Normalmente los sectores de más éxito de una nación suelen estar vinculados mediante relaciones verticales (comprador/proveedor) u horizontales (clientes, tecnologías y/o canales comunes). (Ibíd., p. 207.)

A pesar de que el traductor de la obra de Porter se tomó, como hemos visto, la molestia de traducir cluster, los seguidores hispanos de nuestro gurú siguen usándolo tal cual y con total naturalidad (es un decir). De esta manera, una palabra inglesa que se ha traducido al español de diferentes formas según el contexto adquiere un carácter de tecnicismo al incorporarse como préstamo crudo (cluster) o en forma de indigesto calco («clúster»). En realidad, el neologismo cluster/clúster en español es un pseudotérmino, una palabra opaca y de contornos no claramente definidos.

Pero ¿designa realmente esta palabra una realidad nueva que requiere una nueva denominación? Me temo que la mayoría de los que emplean cluster en español ni siquiera se han planteado esta pregunta, es decir, no se han parado a pensar en su banal significado en inglés, quizás porque para ellos «un cluster es un cluster» (y que me perdone doña Gertrude Stein por esta prosaica alusión a su rosa): suena bien, es moderno y sobre todo su significado es lo suficientemente difuso (o fuzzy) para ser ampliamente funcional. La palabra se convierte en eslogan y el significado pierde interés ante aspectos puramente formales como la sonoridad o la novedad.

La traducción de cluster en sus diversas acepciones no parece haber planteado, como ya hemos señalado, mayores problemas a lo largo de la historia, ni siquiera en textos especializados, con la excepción reciente, quizás, de la informática. Son traducciones consolidadas: «haz» (aeronáutica); «conglomerado», «agrupación», «cúmulo» (astronomía); «racimo», «conglomerado» (estadística); «racimo» (armamento); «grupo» (informática); «macizo» (botánica) y otras como «agrupamiento», «agregado», etc. Así queda patente en las siguientes colocaciones:

gene cluster

agrupamiento génico

molecular cluster

agregado molecular

metal cluster

agregado metálico

galactic cluster

cúmulo galáctico

stellar cluster

cúmulo estelar

magnetic cluster

agregado magnético

cluster bomb

bomba de racimo

Pues bien, a pesar de esta tradición de traducción, hemos podido oír y leer recientemente que en determinada ciudad española se está gestando un «cluster del español», es decir, una «plataforma» (otra posible traducción) o agrupación de entidades y empresas con intereses comunes en la promoción del español. En este caso, tratándose de las industrias de la lengua, podría haberse hecho un pequeño esfuerzo para encontrar una denominación más comprensible, aun a riesgo de pasar por rancio.

En la no traducción influyen el esnobismo, el efecto de moda, la desidia y el (des)conocimiento de lenguas, pero creemos que la razón principal que explica esta preferencia es el carácter de palabra emblemática, casi de marca registrada, que adquiere cluster a la hora de marcar la adscripción a una determinada escuela de pensamiento económico. Si Porter es un gurú, cluster/clúster se ha convertido en el mantra preferido de sus discípulos.

La tendencia a la no traducción va en aumento y no toda la culpa va a ser de Porter y sus seguidores. Sospecho que la renuncia a traducir —tan frecuente que ya ni sorprende en el ámbito de la economía (y no digamos en el del márketing o la publicidad)— es proporcional a la falta de consistencia del discurso económico. Cuanto más abstrusa o difusa es una expresión, más fácil será que nos la encontremos sin traducir. Hemos dicho que se trata de una decisión intencionada, pero no necesariamente razonada, al menos no con criterios lingüísticos. No se naturalizan estos préstamos porque se considere, tras una reflexión y debate lingüísticos, que no queda más remedio, ni para cubrir un vacío denominativo que nuestra lengua no puede llenar satisfactoriamente. Se renuncia, sencillamente, a la traducción de lo que es fácilmente traducible.

La no traducción nos plantea también las dudas habituales: ¿cómo ha de pronunciarse: /'klΛster/ o /klúster/?, ¿cómo se forma el plural en español? y, por supuesto, la más importante para el traductor: ¿resultará comprensible para el destinatario? En la práctica, a un traductor que tuviera que vérselas con un original «porteriano» se le plantearía hoy por hoy el dilema de qué hacer con cluster: traducirlo sin más por alguna de sus posibles equivalencias (empezando por la más elemental: «grupo», o por la elegida por el traductor de La ventaja competitiva de las naciones: «agrupamiento») o dejarlo tal cual como término implantado en español. Si se tradujera, los porterianos pondrían, seguramente, el grito en el cielo, y no hay que olvidar que son legión y están organizados en un sinfín de «agrupaciones clúster(es)»3 (que vienen a ser como las Las Hermanas Sisters4 de los negocios). Por otro lado, si no lo traducimos de alguna manera, los no iniciados se quedarán in albis.

En este caso la solución pragmática habitual para satisfacer nuestro prurito de traductores, sin contrariar al «cliente» enterado ni confundir al lector menos documentado, sería la de optar por la traducción del término, añadiendo el inglés entre paréntesis la primera vez que aparezca. Esto es lo que se ha hecho en esta traducción francesa:

Cette double dimension de la globalisation se traduit de manière spectaculaire dans les stratégies des entreprises par une accéleration de leur déploiement international, qui n'est pas simplement motivé par le rapprochement des marchés, mais aussi par l'accès à des ressources spécifiques locales, notamment de compétences, proximité d'autres firmes, effets de tissus (clusters).

En la versión española de este párrafo se adoptó la misma estrategia, con una imaginativa propuesta que parece buscar un término específico para este tipo de agrupamientos:

[…] entramados de empresas (clusters).

Este compromiso (traducir y «señalizar», además, adecuadamente el término) puede contribuir a frenar el efecto mancha de aceite que está provocando la pérdida de traducciones explícitas de cluster en todos los ámbitos de nuestro lenguaje especializado. Ya se habla en  España (hasta hace poco país exportador de esa monstruosidad llamada «bombas de racimo») de «bombas cluster». Otro tanto ocurre con la expresión «cluster de estrellas», cada vez más usual. Me temo que la evolución (o, más bien, la involución en este caso) es similar en otros países hispanohablantes. ¿Olvidaremos «agregado», «agrupamiento», «cúmulo», «racimo», etc. cuando, hartos de ver «clústeres» hasta en la sopa pensemos ya que se trata de un término español?

En cualquier caso este es un ejemplo claro, (otro más5) del riesgo de pérdida de densidad semántica en español. Lo peor es que con esta pérdida perdemos también los matices y todos sabemos que es en ellos donde el traductor se la juega.

Luis González
Comisión Europea
luis.gonzalez@ec.europa.eu

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1

El calificativo le ha sido adjudicado en múltiples ocasiones, y parece que sin asomo de ironía, por la prensa económica (tanto en inglés como en español). Véase, por ejemplo, «El gurú Michael Porter imparte una lección sobre estrategia y competitividad», en http://www.iese.edu/aplicaciones/news/view.asp?id=1127&s=&lang=es [fecha de consulta: 29.6.2010].

2 M. E. Porter (1991), La ventaja competitiva de las naciones, Plaza & Janés Editores, Barcelona.
3 Escrito generalmente sin tilde, por ejemplo: Agrupación Cluster de Industrias de Componentes de Automoción de Euskadi, ACICAE.
4 Los más viejos recordarán a Las Hermanas Sisters, alter ego de La Trinca; los jóvenes quizás hayan oído hablar de Hermanas Sister, simpático dúo anglomalagueño de funk acústico: http://www.myspace.com/hermanasister.
5 Véase mi comunicación: «Soft y "blando": contagio léxico y empobrecimiento semántico», 407-417 en Actas del III Congreso «El español, lengua de traducción» (Puebla, México, 2006), Bruselas, 2008. Versión en línea: http://www.esletra.org/Actas_-_Puebla%202006.pdf.

 

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