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COLABORACIONES


Calidad y traducción: el caso de la DGT

1. Introducción

La determinación de la calidad en traducción es una cuestión no resuelta en nuestros días. El concepto de calidad se mueve en un terreno de indefinición similar al del concepto de traducción, ya que ambos se debaten entre lo normativo y lo creativo. La controversia generada en torno a este concepto ha suscitado gran disensión, tanto entre estudiosos como entre profesionales de la traducción, y ha cobrado especial intensidad desde la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, en lo que sí parece existir un acuerdo generalizado es en que para poder establecer la calidad de una traducción es necesario evaluarla:

Evaluating the quality of a translation presupposes a theory of translation. Thus different views of translation lead to different concepts of translation quality, and hence different ways of assessing it. (House, 1997:1)

Lamentablemente, como apuntan algunos autores como Arango-Keeth y Kobe (2003: 117), la metodología de evaluación en traducción es un campo poco desarrollado y existe una imperiosa necesidad de unificar criterios que eliminen la subjetividad que predomina en el proceso de evaluación. Estos problemas forman también parte del escenario habitual de trabajo de la Dirección General de Traducción (DGT) de la Comisión Europea, el cuerpo de traductores más importante del mundo, por el número de su plantilla y por el volumen de traducción que maneja. En su constante empeño por buscar soluciones que mejoren la calidad de sus traducciones, la DGT acaba de lanzar un programa común a todas las lenguas oficiales destinado a gestionar todos los eslabones que conforman la cadena del ciclo traductor. Esta iniciativa engloba 22 acciones concretas, que se materializan en un número mayor de subacciones y que pretenden dar forma a una aproximación global a la calidad. Hasta la fecha son muchas las propuestas puntuales para solventar aspectos concretos en materia de calidad que han partido del seno de los diferentes departamentos lingüísticos. No obstante, la apuesta comunitaria por el multilingüismo reclama un enfoque global de la gestión de la calidad.

2. La evaluación de calidad en traducción

Para poder llegar a conclusiones objetivas sobre la calidad de una traducción, es necesario, en primer lugar, partir de una definición de traducción. Esta definición obligatoriamente hará que seamos partícipes de los postulados de una o varias teorías e inevitablemente nos hará compartir menos las visiones de otras.

Nuestra concepción de la traducción implica una actividad comunicativa intercultural (Bührig/House/Ten Thije 2009), que está encaminada a cumplir un fin concreto en una situación determinada por coordenadas específicas de la cultura meta. Consecuentemente, esta visión de la traducción aboga por la adecuación al propósito (fit-for-purpose) del Texto Traducido (TT) y nos hace decantarnos por un enfoque de tendencia funcionalista para la evaluación de la calidad en traducción (ECT). Esta visión está en consonancia con lo planteado por numerosos autores como Reiss/Vermeer (1991), Nord (1997), Schäffner (1998), Williams (2004), Schiaffino/Zearo (2005), Colina (2009) y con voces que se elevan desde la propia DGT (Wagner 2002; Strandvik 2002; Lönnroth 2005, 2009). En este sentido, sin entrar en el debate que existe sobre la denominación, entendemos por «calidad en traducción» o «traducción de calidad» la satisfacción de las necesidades y expectativas del usuario, específicas y variables en cada caso concreto, pero siempre enmarcadas en una cultura meta.

Sin embargo, la ECT se ha caracterizado en demasiadas ocasiones por constituir meros juicios de valor en boca de un experto (evaluador), basados en su mayor o menor intuición y experiencia, más que en datos justificables empíricamente (Rothe-Neves 2002). De ahí que el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y el empleo de corpus textuales electrónicos como ayuda informática en el proceso traductor sean de incuestionable utilidad (García Izquierdo 2005). Cualquier método para la ECT que persiga el rigor científico tendrá cualidades como la fiabilidad, la verificabilidad y la reproducibilidad. En consecuencia, un método de ECT fiable dispondrá de unos parámetros y criterios de referencia que permitan a distintos evaluadores de una misma traducción alcanzar resultados similares. Este modelo referencial debe estar compuesto por un conjunto de criterios: a) fácilmente accesibles, b) comprensibles, c) prácticos, d) limitados en número, e) verificables (Brunette 2000: 174), y f) flexibles y personalizables.

La historia reciente en materia de ECT ha dejado ya un buen número de propuestas basadas en distintos principios o conceptos clasificados de distinta forma según la postura que se adopte. Si tomamos la de autores como Stejskal (2006), se establece que el objeto de estudio de la evaluación en traducción puede centrarse en las llamadas «tres pes»: Productor, Proceso y Producto. En cambio, según la división que propone Williams (2004), existirían dos clasificaciones para los métodos de ECT: los sistemas cuantitativos y los sistemas argumentativos. Los primeros parten de la premisa planteada en el siglo XIX por el físico y matemático británico William Thomson (you can not assess what you can not measure), pues se centran en la cuantificación de errores detectados en la traducción. Los segundos se basan en una aproximación más global a la calidad. En líneas generales, tanto la aproximación de  Stejskal (2006) como de la Williams (2004) poseen puntos fuertes y débiles, ya que la calidad en traducción es una cuestión de gran complejidad que requiere un tratamiento holístico, desde el Productor del TT (el traductor) hasta el Producto (la traducción), pasando por el Proceso. En esta misma línea, a través de diversos documentos, la DGT afirma que la calidad debe garantizarse antes, durante y después de la traducción1.

No obstante, para tratar de llegar a un acuerdo lo más «objetivo» posible sobre la calidad de una traducción, la calificación del producto final adquiere protagonismo, a pesar de que no pueda llegarse a eliminar por completo de este proceso el denominado factor humano.

3. La preocupación por la calidad en la DGT

En palabras de la propia DGT, la función de este organismo se podría resumir de la siguiente forma:

meeting the Commission’s needs for translation and linguistic advice with respect to all types of written communication, including web material, […] supporting and strengthening multilingualism in the European Union and […] helping to bring the Union’s policies closer to its citizens, thereby promoting its legitimacy, transparency and efficiency2.

Por tanto, si la función principal de la DGT es la de satisfacer las necesidades de traducción de los ciudadanos para que puedan acceder a las políticas de la Unión, y si la calidad es una satisfacción de las necesidades del usuario, las traducciones realizadas en el seno de esta institución deben ser de calidad para cumplir sus propósitos. Esta conclusión no es nueva para este cuerpo institucional de traducción, sino que forma parte de sus principios fundacionales. La calidad siempre ha sido considerada por la DGT como una de sus principales preocupaciones, y su consecución, una ventaja competitiva. En última instancia, de ella dependerá la percepción que tenga el ciudadano de la documentación traducida a la que acceda.

Esta búsqueda de la calidad en traducción dentro de las instituciones europeas se traduce en un gran número de nuevas iniciativas. Valgan los ejemplos de las campañas dedicadas a favorecer una escritura menos oscura en los textos originales, caso de Clear Writing Campaign o Fight the Fog, y de los acuerdos interinstitucionales adoptados para favorecer su consecución (ej., el Acuerdo interinstitucional, de 22 de diciembre de 1998, relativo a las directrices comunes sobre la calidad de la redacción de la legislación comunitaria, DO C 73 de 17.3.1999, p. 13). Otra muestra de este espíritu de mejora es la atención que se presta al proceso traductor, plasmado en el continuo desarrollo de aplicaciones informáticas para automatizar y reorganizar el trabajo, cuyo fin es aumentar el rendimiento o reducir costes. Estos esfuerzos tuvieron un punto de inflexión en el año 1995 con el lanzamiento de Euramis (European Advanced Multilingual Information System). El fin último de este proyecto era contribuir al control de la calidad de las traducciones mediante la integración de recursos de información, herramientas y aplicaciones lingüísticas, y, en última instancia, del flujo de trabajo.

Otro de los frentes de actuación y foco de iniciativas es el producto de la traducción, aquellas traducciones realizadas tanto internamente como externamente. Las primeras, las traducciones que se realizan a diario en la DGT, se someten a diversos procesos de revisión antes de proceder a su entrega al servicio peticionario, normalmente otras direcciones generales. Estas revisiones presentan distintos grado y modalidad («completa», «lectura cruzada», etc.), dependiendo de la tipología textual y la finalidad del documento (ej., publicación, legislación de los Estados miembros o clarificación del significado de un texto a nivel interno, entre otras). La revisión de las traducciones externas recibe un tratamiento especial dentro de la DGT. Estas traducciones las revisan siempre traductores de plantilla que, basándose en un conjunto de siete categorías de error, tipifican los defectos detectados en el TT. Dentro de cada parámetro de error, a su vez, los errores detectados se pueden calificar como de «mucha» o «poca relevancia» (high o low relevance).

El último paso de la DGT en este ámbito de la calidad es la presentación del documento Programme for Quality Management in Translation - 22 Quality Actions, que vio la luz el pasado mes de diciembre de 2009. Este programa nace con una doble intención. Por una parte, es en esencia integrador, pues pretende coordinar en un único esfuerzo todas las acciones dirigidas a la mejora de la calidad, independientemente de a cuál de las «tres pes» estén dirigidas. Por otra parte, también se aprecia una voluntad netamente holística, en cuanto que este programa aspira a abarcar todo el ciclo traductor, y evitar así que partes del ciclo de la gestión de la calidad se traten de forma aislada e independiente. Estas particularidades hacen que este programa tenga unos objetivos claros: a) la gestión de los recursos humanos, b) la gestión de los recursos lingüísticos, c) el control de calidad en todas las fases del proceso, d) la valoración de riesgos, y e) la comunicación, tanto a nivel interno como con los agentes externos. En concreto, en el documento se recogen 22 acciones relacionadas con los distintos aspectos del proceso traductor y encaminadas a la mejora de la calidad de las traducciones. Cada una de estas acciones incluye: a) una descripción de la deficiencia detectada o del aspecto susceptible de mejora, b) un estado de la cuestión, c) un planteamiento de la acción a adoptar (o ya emprendida) y de los logros alcanzados, y d) unos resultados previstos.

Por ejemplo, la acción nº 4 del Programme for Quality Management in Translation - 22 Quality Actions responde a la necesidad de controlar la calidad de las traducciones externas. Esta acción recoge la necesidad de desarrollar un enfoque profesional de la evaluación de estas traducciones para poder ofrecer una respuesta uniforme (en cifras) a los distintos contratistas. A tal efecto, la DGT ha desarrollado una herramienta de ayuda asistida por ordenador (QAT, Quality Assessment Tool) para calificar las traducciones. Durante el segundo semestre de 2009, la aplicación se ha sometido a una fase de prueba en varios departamentos lingüísticos, entre ellos el español.

Las aportaciones más novedosas y de mayor utilidad de esta herramienta son: a) la posibilidad de elegir entre tres tipologías textuales (general, técnico y político) a la hora de valorar un texto, b) la facilidad de uso de la interfaz, y c) la posibilidad de configurar las ponderaciones que se asignan a cada error dependiendo, por ejemplo, de la función que pretenden cumplir (visión funcionalista). Esto supone que cada departamento lingüístico podrá decidir el peso específico que cada categoría de error tendrá en la conformación de la calificación global, de acuerdo con la tipología textual y la función del TT en la cultura de recepción. El concepto del sistema métrico de que se sirve la herramienta parte del que se venía utilizando, el macro de evaluación del Centro de Traducción. Su aplicación en la QAT ha supuesto su simplificación, favoreciendo la facilidad de uso de su interfaz. Una vez sean analizados los datos resultantes del periodo de prueba, se podrán extraer conclusiones acerca de su aplicación futura, acerca de los cambios de configuración específicos para las necesidades de cada departamento lingüístico, y acerca de las nuevas vías de experimentación que se abrirán.

En definitiva, este conjunto de acciones programadas viene a integrar y a unificar las distintas iniciativas emprendidas en cada uno de los departamentos lingüísticos de la DGT, estableciendo un marco coherente y cohesionado de actuación en la gestión de la calidad.

4. Algunas iniciativas del Departamento de Lengua Española de la DGT

La división de la DGT en departamentos lingüísticos desde el año 2003 ha abonado el terreno para que cada uno pudiera tener ciertas particularidades en su aproximación a la calidad. Concretamente, el Departamento español dispone de una Guía del Departamento de Lengua Española, en dos volúmenes. El primero de ellos se ocupa de las normas, pautas y convenciones en materia de redacción y presentación. El segundo aborda los denominados problemas y dudas de traducción en el sentido de Nord (1997). Los objetivos de esta Guía, como consta expresamente en su introducción, incluyen «[…] ser una herramienta de trabajo al servicio de traductores […] y […] servir de complemento de las distintas fuentes normativas […]»4. El carácter de este instrumento es claramente práctico, pues en su segundo volumen5 trata problemas léxicos y fraseológicos concretos para los que aporta una propuesta de traducción fundamentada. Se trata también de un instrumento dinámico, pues su estado es de permanente actualización y complementación. La versión actual corresponde a la última actualización, con fecha de julio de 2010. El trabajo de puesta al día depende del Grupo de Calidad del Departamento. Este equipo está integrado por el Grupo de Coordinación, Calidad y Terminología (GCCT) y por los representantes de calidad de cada una de las tres unidades en que se subdivide el Departamento, dos de ellas en  Bruselas y la otra en Luxemburgo.

Las necesidades de información lingüística de los traductores de español también se suplen a nivel interno por otros medios. A través del boletín interno del GCCT del Departamento, disponible en la intranet, se puede acceder a diversas plantillas de documentos (modelos de actos jurídicos, fichas legislativas y exposición de motivos, entre otras). También dentro de la intranet del Departamento, se puede acceder a otras herramientas para la consulta de cuestiones terminológicas y problemas de traducción como el registro de consultas, una compilación de problemas o dudas terminológicas a las que el Departamento ha ofrecido respuesta y, en su caso, observaciones; la memoria normativa, es decir, la memoria de traducción validada; y la revista interinstitucional puntoycoma. Desde esta plataforma interna, también se lanzan problemas terminológicos antes de que se fije una variante para poder debatir y alcanzar soluciones. Tal es el caso, en estos momentos, de la denominación «comunitario», que, tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa el 1 de diciembre de 2009, se ha tornado obsoleta para referirse a la Unión Europea renovada.

El GCCT también se ocupa de realizar un trabajo de evaluación a posteriori de la calidad de una muestra aleatoria de las traducciones entregadas. Esta evaluación se basa en la extracción al azar de un número determinado de páginas, que se reparten entre sus miembros para someterlas a una revisión exhaustiva. Una vez analizadas las muestras y extraídas las pertinentes conclusiones, el grupo se reúne para debatir las observaciones de cada revisor. Estas evaluaciones se rigen por un sistema de calificación basado en seis tipos de errores6, a los que se adjudica una calificación numérica del 1 al 5, siendo 1 el problema menos grave y 5 un problema muy grave. Los resultados consensuados sirven para tomar el pulso al nivel general de la calidad de las traducciones y, además, para recoger las deficiencias detectadas y sugerir vías de mejora.

Entre los errores detectados más frecuentemente destacan los relacionados con cuestiones terminológicas. En la traducción especializada, la calidad de los textos traducidos depende, en gran medida, de la precisión en la elección de las unidades terminológicas. Con este objetivo en mente, el traductor se convierte en terminólogo puntual u ocasional para satisfacer sus necesidades concretas de soluciones terminológicas. De este modo, debe tratar de gestionar los recursos terminológicos a su disposición de la forma más eficaz y eficiente posible. La DGT realiza enormes esfuerzos para contar con los medios adecuados. Sin embargo, pese a los grandes medios técnicos e inversión en activos materiales y humanos de las instituciones de la UE en el campo terminológico, que se plasman en IATE (Inter-Active Terminology for Europe), la base de datos terminológica interinstitucional, la terminología en español no dispone todavía de una red institucional en la que acceder a un repertorio validado y estandarizado. Para tratar de llenar este vacío, el Departamento español se ha embarcado junto con otras asociaciones e instituciones en dos ambiciosos proyectos, TERMINESP7 y la red VALITERM8, ambos encaminados a crear una red terminológica panhispánica articulada con los organismos reguladores. Asimismo, el Departamento español está elaborando actualmente un manual de revisión.

Conclusión

A tenor del número de iniciativas que se emprenden, no parece que pueda ponerse en entredicho el compromiso de la DGT y del Departamento de Lengua Española con la mejora de la calidad de sus traducciones. Las medidas que la DGT ha puesto en práctica en materia de traducción contribuirán, a buen seguro, a dar un salto cualitativo en la mejora de la calidad general de los textos traducidos. Sin embargo, queda por ver si, en este ingente esfuerzo, la DGT es capaz de poner de acuerdo a todos los departamentos lingüísticos para actuar al unísono y aplicar el enfoque cohesionado que propone a todas sus ramificaciones.

Por el momento, no obstante, el traductor sigue encontrando obstáculos en su labor, por lo que es necesario ahondar en la racionalización y optimización de esfuerzos en todas las fases de la traducción. Se sigue viendo obligado a formular propuestas para los problemas de traducción que se le plantean, mayoritariamente en el campo de la variación terminológica. Los medios disponibles de búsqueda terminológica, concordancias o extracción de segmentos de traducción le brindan, en numerosas ocasiones, una respuesta múltiple con distintas variantes terminológicas para un mismo concepto. En su quehacer diario, sujeto al cumplimiento de exiguos plazos de entrega, el traductor no dispone del tiempo necesario para identificar, describir y analizar cada caso de variación antes de adoptar una decisión informada.

Sería de incuestionable utilidad consolidar los canales existentes de comunicación entre los actores involucrados en el proceso (peticionarios, gestores, traductores, revisores) para agilizar el intercambio de información, logrando una respuesta pronta y eficaz a las dudas puntuales. Otra de las líneas a seguir, como se señala en la Acción nº 1 del Programme for Quality Management in Translation - 22 Quality Actions, sería la consolidación de un foro central donde se canalicen todas las noticias, informes de progreso, de seguimiento, acciones completadas y demás cuestiones relacionadas con la calidad. Pero, ante todo, la DGT (en conjunto) y los distintos departamentos lingüísticos (por separado) deberían plantearse la extensión a todos los textos traducidos, en la fase final del proceso traductor, de la práctica de la revisión completa y sistemática por otro traductor.

Cualquiera que tenga una relación con el mundo de la traducción es consciente de que, bajo la presión del tiempo, el mejor de los profesionales puede caer en una elección terminológica descuidada o producir una traducción cuya sintaxis resulte demasiado mimética respecto al texto original, lo que repercute en un empobrecimiento general del texto de llegada. Por esta razón, y por otros posibles resultados mucho más graves, aun a sabiendas del tiempo y esfuerzo que requiere, la revisión sistemática redunda en la mejora del binomio coste-beneficio a medio y largo plazo, convirtiéndose en un eslabón esencial del control de la calidad en el ámbito de la traducción.

Referencias

Arango-Keeth F. / S. G. Koby (2003), «Translator Training Evaluation and the Needs of Industry Quality Assessment», 117-134 en J. B. Baer / G. Koby eds. Beyond the Ivory Tower: Re-thinking Translation Pedagogy, American Translators Association, vol. 12, Amsterdam.

Brunette, L. (2000), «Towards a Terminology for Translation Quality Assessment – A Comparison for TQA Practices», 169-182 en The Translator 6, 2.

Bührig, K. / J. House / J. D. Ten Thije eds. (2009), Translatory Action and Intercultural Communications, St. Jerome, Manchester.

Colina, S. (2009), «Further Evidence for a Functionalist Approach to Translation Quality Evaluation», 235–264 en Target 21, 2.

Comisión Europea, Dirección General de Traducción (2010³), Guía del Departamento de Lengua Española, Bruselas y Luxemburgo http://ec.europa.eu/translation/spanish/guidelines/documents/
styleguide_spanish_dgt_es.pdf
.

García Izquierdo, I. (2005), «Corpus electrónico, género textual y traducción: metodología, concepto y ámbito de la Enciclopedia electrónica para traductores GENTT», en Meta 50 (CD-ROM).

House, J. (1997), Translation Quality Assessment: A Model Revisited, Niemeyer, Tubinga.

Nord, C. (1997), Translation as a Purposeful Activity, St. Jerome, Manchester.

Reiss, K. / H. Vermeer (1991), Fundamentos para una teoría funcional de la traducción, Akal, Madrid.

Rothe-Neves. R. (2002), «Translation Quality Assessment for Research Purposes: An Empirical Approach», 113-131 en Cadernos de Tradução 10.2.

Schäffner, C. (1998), «From 'good' to 'functionally appropriate': Assessing Translation Quality»,   1-5 en C. Schäffner ed. Translation and Quality, Multilingual Matters, Clevedon.

Schiaffino, R. / F. Zearo  (2005), «Translation Quality Measurement in Practice», en Proceedings of the 46th Annual Conference of the American Translation Association, Seattle http://www.translationquality.com/files/TQM_in_Practice.pdf.

Stejskal, J. (2006), «Quality Assessment in Translation», en MultiLingual (June) 
http://www.multilingual.com/articleDetail.php?id=810.

Strandvik, I. (2002), «Transparencia, gobernanza y traducción: ¿ha llegado la hora de un enfoque funcional?», 459-467 en El español, lengua de traducción. Actas del I Congreso Internacional http://www.esletra.org/Almagro/html/strandvik_corri_es.htm.

Wagner, E. / S. Bech / J. M. Martínez (2002), Translating for the European Union Institutions, St. Jerome, Manchester.

Williams, M. (2004), Translation Quality Assessment: An Argumentation-Centred Approach, University of Ottawa Press, Ottawa.

Roberto Martínez Mateo
Universidad de Castilla-La Mancha
roberto.martinez@uclm.es

Silvia Montero Martínez
Universidad de Granada
smontero@ugr.es

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1

European Commission, Directorate-General for Translation, Programme for Quality Management in Translation - 22 Quality Actions, 2009, p. 1, disponible en 
http://ec.europa.eu/dgs/translation/publications/studies/quality_
management_translation_en.pdf [fecha de consulta: 20.1.2010].

2

Extracto del comunicado de prensa publicado el día 27 de abril de 2006, disponible en
http://europa.eu/ra-pid/pressReleasesAction.do?reference=MEMO/06/173&for-mat=HTML&aged=0&language=EN&guiLanguage=en [fecha de consulta: 1.2.2010].

3

http://eur-lex.europa.eu/LexUriServ/LexUriServ.do?uri=OJ:C:1999:073:0001:0004:ES:PDF.

4

Guía del Departamento de Lengua Española, I, p. 7,     
http://ec.europa.eu/translation/spanish/guidelines/documents/
styleguide_spanish_dgt_es.pdf.

5

http://ec.europa.eu/translation/spanish/guidelines/documents/
styleguide_spanish_dgt_problems_es.pdf.

6 Los seis tipos de errores son: a) añadidos y omisiones; b) exactitud; c) documentación y referencias; d) presentación; e) estilo, registro y coherencia; f) léxico, gramática y ortografía.
7

Información accesible en http://www.wikilengua.org/index.php/Wikilengua:Terminesp, dado que en mayo de 2010 el proyecto todavía no dispone de un sitio web oficial y se encuentra en fase de diseño de la plataforma y de configuración de la estructura de datos.

8 Esta red de validación de terminología es consecuencia de la aparición del proyecto TERMINESP y está formada por terminólogos, terminógrafos y especialistas de la ciencia y la técnica.

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