capítulo precedentecapítulo siguientePágina principal

RESEÑAS


La Nueva gramática y los traductores

Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española
Nueva gramática de la lengua española
Espasa, Madrid, 2009, 2 vols.
ISBN: 978-84-670-3207-9

«El español de todo el mundo»: en este lema de presentación (I, p. XLVI) de la Nueva gramática de la lengua española (NGLE) se compendia el propósito de la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española de abarcar en ella todas las variedades sociales y geográficas de nuestra lengua y su dimensión internacional, así como la aspiración a satisfacer las necesidades de todos sus usuarios mediante las tres versiones que tendrá la obra (en primer lugar la de referencia, cuyos dos primeros volúmenes llegaron a las librerías a finales de 2009, y a continuación el Manual que se acaba de editar y una edición básica o esencial, que se publicará próximamente). No cabe duda de que las cerca de cuatro mil páginas que ocupan los volúmenes publicados (dedicados a la morfología y la sintaxis) de la NGLE, a los que se añadirá en el futuro un tercer volumen (sobre fonética y fonología), más allá de algunas críticas que se le han formulado (como la ausencia de la lista de fuentes bibliográficas utilizadas o la inserción del adjetivo «nueva» en el título), constituyen una herramienta de excepcional valor para todos los profesionales de la lengua.

En el prólogo se exponen las características principales de la Nueva gramática y los principios que han regido su elaboración: se trata de una obra colectiva y colegiada, fruto de la política lingüística panhispánica de las Academias, que ofrece una descripción exhaustiva del idioma basada en citas textuales (modelo análogo al seguido por las grandes obras de referencia de otras lenguas). Como todas las gramáticas modernas —se señala en el prólogo—, es una obra de síntesis, pero en ella, por ser una gramática académica, conviven lo descriptivo y lo normativo y se conjuga la tradición con la novedad. Las consideraciones que se hacen sobre la norma son particularmente clarificadoras, tanto en lo que respecta al carácter policéntrico de la norma actual del español, como en la interpretación de «la norma como una variable de la descripción» (I, p. XLIII), que permite reflejar objetivamente el prestigio social de cada uso lingüístico y al mismo tiempo apelar al cuidado del idioma por parte del hablante. También resultan muy pertinentes las observaciones acerca del carácter «oficial» de la obra (que lo es por el respaldo de las veintidós Academias, aunque no sean oficiales el análisis gramatical ni los aspectos teóricos o doctrinales) y sobre la importancia de fomentar en el hablante la reflexión sobre su lengua.

Dejando al margen la repercusión general que tendrán las distintas versiones de la gramática académica en el uso del español en todos sus registros, en su enseñanza y en la conciencia lingüística de sus hablantes, abordaré seguidamente la aportación de la versión extensa de la obra a la labor traductora, antes de desgranar algunos ejemplos en los que se observa su carácter innovador o su utilidad práctica para nuestro trabajo.

Entre los beneficios que pueden extraer de esta Nueva gramática los traductores, cabe destacar tres. En primer lugar, el derivado de la exposición sistemática de la terminología empleada a lo largo de la obra, que se ofrece junto con sus fundamentos conceptuales en el primer capítulo, lo que constituye un elemento inestimable para todo profesional de la traducción. El capítulo, como el resto de la NGLE, presenta un enfoque necesariamente ecléctico, pero es un compendio útil tanto para los traductores que tienen formación filológica, por su carácter sistemático e integrador, como para aquellos que carecen de ella, puesto que proporciona un sólido anclaje teórico, necesario, por ejemplo, para cualquier análisis previo a la elección de un determinado uso lingüístico o para abordar la formación de palabras en el ámbito de la neología.

En segundo lugar, la obra contiene un ingente caudal de datos organizados y estructurados que pueden ayudar a solventar dudas y servir de referencia en el ejercicio de la traducción. En este sentido, aunque el índice general de contenidos y el índice final de materias y voces permiten la búsqueda temática y la localización de los pasajes que interesen en cada caso, para el aprovechamiento pleno de la obra se hace imperiosamente necesario un acceso al texto electrónico completo (a ser posible en línea) que permita consultarlo de manera más rápida y fiable e incrementar las posibilidades de confrontación y vinculación de distintas partes de la NGLE. Hoy resulta impensable que el único modo de acceder a una obra de esta envergadura sea mediante su lectura en soporte papel. La Nueva gramática constituye por sí misma un riquísimo corpus textual y por tanto, en el momento en que esté disponible en soporte electrónico, el partido que se podrá extraer de ella se multiplicará.

En tercer lugar, la información sobre la extensión y el prestigio social de cada uso o cada forma en las distintas zonas del español que ofrece la Nueva gramática puede facilitar al traductor la elección entre distintas opciones lingüísticas y sustentar la seguridad de dicha elección. Por ello, la obra será una herramienta imprescindible tanto para la traducción de textos al «español neutro» o internacional, como para cualquier traducción que requiera la llamada «localización», o adaptación a la variedad del español utilizada por los destinatarios de dicha traducción. En resumidas cuentas, permite al traductor profundizar en las distintas variedades de su lengua y aplicar directamente estos conocimientos a sus necesidades concretas.

Es un acierto la adopción en la NGLE del Alfabeto Fonético Internacional para la representación de los sonidos del habla, en contraste con el uso del alfabeto fonético de la Revista de Filología Española, «propio de la tradición filológica de la lengua española» (I, p. 18), que había sido la norma de la RAE hasta el momento. Tal adopción parece coherente con el espíritu de renovación y apertura que viene impulsando la actividad de las Academias en los últimos tiempos y facilitará el estudio de la fonética y la fonología de nuestra lengua en relación con otras.

En distintos pasajes de la Nueva gramática se alude a los criterios a los que obedece la inclusión o no inclusión en el DRAE de determinadas palabras. Por ejemplo, por lo que respecta a la morfología léxica o derivativa, se menciona «un gran número de voces posibles formadas con los sufijos –ismo o –ble, o con los prefijos seudo- o neo-» (I, p. 28), que no se recogen en el DRAE. Por otra parte, se justifica la inclusión en los diccionarios de muchas locuciones «porque tales unidades no están formadas por pautas sintácticas libres, sino que constituyen expresiones acuñadas que forman parte del repertorio léxico del idioma» (I, p. 39).

En la obra se aborda la derivación en todas sus vertientes, entre ellas la dificultad de separar el punto de vista sincrónico del diacrónico al analizar los derivados, y se opta por una orientación esencialmente sincrónica, aunque con elementos diacrónicos, que resultan imprescindibles para la descripción de determinadas formas. De igual manera, las variaciones geográficas y sociales quedan subordinadas a la descripción morfológica y el análisis gramatical.

Una cuestión importante para la traducción que se aborda con gran claridad es la de las abreviaturas («cap.», «S. A.»), los símbolos alfabetizables («kg»), las siglas deletreadas («UCR»), silabeadas («APRA») o mixtas («CSIC») y los acrónimos («láser», «Mercosur»).

Otros temas tratados en la NGLE que podrían parecer circunscritos al ámbito especializado de los gramáticos, como la relación de la morfología con la sintaxis, ayudarán a fortalecer el bagaje teórico que a veces precisa el traductor al reflexionar sobre el léxico. Por ejemplo, el concepto de paradoja de segmentación o de encorchetado, como la que se observa en casos como el del adjetivo «intramuscular», en los que no es posible «conseguir que la segmentación de las palabras prefijadas respete a la vez las condiciones formales que la morfología impone y la estructura jerarquizada que permite explicar su significado» (I, p. 676) (en el ejemplo mencionado, no es plenamente satisfactoria en ese sentido ninguna de las segmentaciones posibles: intra-muscular, intramuscul-ar, intra-muscul-ar). También pueden ser muy útiles para el traductor algunos conceptos como los de pieza léxica (interesante para la morfología y para la fraseología), grupo (equivalente a frase o sintagma), argumento (cada uno de los «participantes» que intervienen en el predicado) y estructura argumental (de aplicación práctica al traducir estructuras heterogéneas de una lengua a otra) o valencia (que permite distinguir entre verbos avalentes, como «amanecer», bivalentes, como «leer», trivalentes, como «entregar», etc., según el número de argumentos que exigen).

Los apuntes anteriores plasman un primer acercamiento a una obra compleja, profunda y de variadas ramificaciones. Tras muchos decenios de espera y de repetido aplazamiento de la elaboración de una nueva gramática académica que estuviera a la altura de las dimensiones y la importancia del español, el trabajo del equipo internacional dirigido por Ignacio Bosque durante (tan solo) once años ha dado un fruto que satisface con creces las expectativas depositadas en él en todo el mundo hispánico. A buen seguro, se convertirá en compañera inseparable de más de un traductor, a semejanza del ejemplar de la Gramática de Bello y Cuervo que leía José Bastida, el personaje de La saga/fuga de J. B., del gran Torrente Ballester, y que quedó abandonado en Castroforte del Baralla en el ascenso final de la ciudad por los aires. La Nueva gramática, digna descendiente de la obra de Andrés Bello anotada por Rufino José Cuervo, ha venido para quedarse entre nosotros durante mucho tiempo.

Alberto Rivas Yanes
Comisión Europea
alberto.rivas-yanes@ec.europa.eu

capítulo precedentecapítulo siguientePágina principal