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COLABORACIONES


Algunas consideraciones sobre la revisión

Poco después de un cambio en la parte alta del organigrama de cierta institución europea, se planteó en sus servicios de traducción la conveniencia de actualizar los objetivos. Uno de los objetivos fijados fue «mejorar y determinar los parámetros de control de la calidad». Para ello se creó un grupo de trabajo y se convocó un seminario. El texto que sigue es un extracto de uno de los documentos sometidos a debate y recoge una síntesis de las posturas del grupo de trabajo.

Concepto de revisión

Aunque puede parecer un ejercicio de búsqueda de la evidencia, cabe empezar diciendo que un análisis funcional del control de la calidad en un servicio de traducción debe comenzar por una definición del concepto de revisión.

En sentido general, se llama revisar a la acción de examinar algo, estudiarlo con el fin de comprobarlo y, si procede, modificarlo o enmendarlo. Se trata de un concepto multidisciplinar, independientemente del servicio prestado, puesto que toda actividad que tenga un resultado calificable en términos de calidad es susceptible de revisión. La acción de revisar se aplica lo mismo a una ley obsoleta que a los frenos de un automóvil.

Las traducciones de las instituciones más multilingües del mundo, cuyos textos pueden ser leídos por millones de ciudadanos de Europa, exigen obviamente un control de calidad cuyo eje principal es la revisión.

Carácter específico de la revisión de traducciones

Si la actividad de traducción consiste en transferir el contenido de un texto escrito en una lengua fuente (TF) a otra lengua de destino (TD) con la máxima fidelidad al original, respetando los códigos lingüísticos (morfología, sintaxis, etc.) de las dos lenguas y de acuerdo con sus necesidades funcionales (registro, finalidad, destinatario), su calidad debe evaluarse por medio de una revisión, definida por la profesora Louise Brunette1 como

una etapa de la operación de traducción que consiste en el examen global y atento de un texto traducido y de su original para restablecer —si es preciso— la conformidad de la traducción con criterios metodológicos y teóricos, lingüísticos, textuales y circunstanciales (en la nueva situación de enunciación), con arreglo a criterios previamente establecidos. Las intervenciones sobre la traducción tienen un doble objetivo: la mejora del TD y el perfeccionamiento del traductor o revisado.

La revisión es considerada pues por la doctrina clásica como parte integrante del proceso de traducción. Una traducción no estará completa sin una revisión, bien a cargo del propio traductor (autorrevisión), bien por un tercero. En este último caso, es aplicable el principio: «Cuatro ojos ven más que dos»2.

Con todo, en algunas instituciones supranacionales en las que los encargos de traducción tienen plazos a veces muy breves y los recursos humanos no son especialmente abundantes, no todos los textos pueden someterse a revisión. El criterio básico de la elección de los textos que deben revisarse puede inclinarse por la consideración del nivel profesional del traductor del texto o por el contenido de los textos.

Cuando la opción se ejerce teniendo en cuenta la cualificación profesional del encargado de traducir el texto, algunos traductores tienden a considerarlo como una forma de censura a su trabajo y a desear evitarlo. En estos casos, la relación que se establece entre el revisor y el traductor, cuando no se reconoce como tal en el organigrama, es percibida a veces por este último como de tipo jerárquico. Eso puede afectar sobre todo a las unidades de traducción más recientes, ya que, en las unidades antiguas, cuya historia ya ha establecido esa jerarquía, el problema no se plantea, al menos oficialmente.

Parece evidente que, sin perjuicio de que el papel pedagógico de la revisión sea importante, el criterio principal de la elección debe ser el contenido de los documentos traducidos.

Por otra parte, en virtud de su naturaleza en gran medida legislativa, los textos institucionales contienen partes generalmente amplias que han sido creadas y ya traducidas en otras instituciones. Estas partes de textos son «localizadas» y reutilizadas por los traductores. Las aplicaciones informáticas de localización y almacenamiento en memorias constituyen una ayuda considerable, pero implican a menudo la recuperación de varias versiones del mismo texto. Una función suplementaria de la revisión es pues comprobar si el traductor eligió la versión correcta.

La revisión debe responder a criterios fijados por adelantado. Para comprobar los parámetros de los textos de destino (TD) pueden servir los siguientes criterios3:

1.      exactitud (fidelidad al contenido del original);

2.       corrección (respeto de los códigos de comunicación lingüística de las dos lenguas);

3.      legibilidad (facilidad de comprensión del TD);

4.      adaptación funcional (en relación con la finalidad del texto y las necesidades del destinatario);

5.      rentabilidad.

Los tres primeros (exactitud, corrección, legibilidad) no presentan dificultad: son comunes a cualquier tipo de traducción. Los otros dos (adaptación funcional y rentabilidad) exigen una explicación.

Para satisfacer la finalidad del texto y las necesidades del destinatario, es necesario que todos los textos estén redactados de modo que se adapten funcionalmente a la lengua «institucional»: es decir, deben respetar el registro convencional del discurso «unieuropeo». El hecho de que las instituciones puedan utilizar hasta veintitrés lenguas diferentes añade dificultades. Es necesario pues encontrar un registro equivalente para cada una ellas.

Al comienzo de la revisión es conveniente hacer una evaluación previa del parámetro de rentabilidad. Un texto en el que se prevean demasiadas intervenciones por parte de un revisor no es rentable: podría considerarse necesaria una nueva traducción.

Estos mismos parámetros adquieren cierta importancia para un fenómeno que es inherente a las instituciones europeas, en particular al Parlamento. El método de trabajo parlamentario, que implica ondas regulares con picos muy marcados durante los días de preparación y seguimiento de los plenos, obliga a la institución a recurrir a agencias de traductores externas que asumen la carga de trabajo suplementaria que los traductores internos deben abandonar para hacer frente a las necesidades y urgencias de la sesión plenaria. Los traductores dependientes de estas agencias deben manejar perfectamente no solo los parámetros comunes a todo traductor, sino también los dos consustanciales al PE. El único método cuyo éxito ha quedado probado es la revisión «pedagógica», que consume mucho tiempo de revisión.

La experiencia indica que los períodos limitados de adjudicación de los contratos públicos dan lugar a algunas carencias. No está garantizado que una agencia que haya conseguido dominar el registro parlamentario y los demás parámetros sea elegida para nuevos períodos de contratación. Aunque los contratos prevén que los textos enviados por las agencias externas sean directamente publicables, no siempre ocurre así. Las revisiones «pedagógicas» a cargo de los revisores institucionales de todos los textos de los traductores externos durante los primeros meses de cada nuevo contrato multiplican el coste de las traducciones.

La calidad de revisor

La organización horizontal (falta de puestos funcionales intermedios) de las unidades lingüísticas recientemente creadas ha favorecido un sistema de revisión por iguales en el que básicamente todos los traductores comprueban, releen o revisan el trabajo de sus colegas de igual nivel.

Este sistema parece haber dado lugar a dos variantes de revisión: la revisión «a petición del revisado» y la revisión «facultativa». En esta última las correcciones del revisor son una simple sugerencia que el traductor puede aceptar o rechazar.

Mientras que la primera opción parece una manera razonable y responsable de asignar los recursos disponibles exigidos para la revisión, sobre la base de las dudas o limitaciones propias que el primer traductor percibe, la segunda puede resultar un derroche inútil del tiempo y el esfuerzo de los revisores.

No obstante, es sabido que las intervenciones del revisor no siempre mejoran la calidad del texto y pueden efectivamente introducir errores. No todo el mundo está constantemente en condiciones de mejorar la calidad de los documentos traducidos. Es pues crucial la selección de las personas más adecuadas para efectuar tareas de revisión.

Eso implica que el responsable de cada unidad proceda a una elección resuelta de los traductores más competentes para revisar el trabajo de sus colegas sobre la base de la calidad evaluada de sus resultados profesionales. Es pues necesario que las unidades que aún mantienen una estructura horizontal realicen una evaluación periódica de las personas encargadas de tareas de revisión.

No debe subestimarse la influencia de los factores interpersonales en la revisión. Es evidente que pueden ejercer una influencia positiva o negativa sobre el propio proceso de revisión y sobre la forma en que el traductor cuyo trabajo se revisa hace suyo el feedback implícito en las intervenciones sobre su trabajo. Además, las revisiones arbitrarias pueden deteriorar la atmósfera de trabajo. Corresponde pues al responsable de cada unidad velar por el correcto desarrollo de estas relaciones.

Con el fin de mantener un registro de las correcciones introducidas en el conjunto de las revisiones, parece deseable encontrar un sistema de almacenamiento de los «borradores», preferiblemente por vía electrónica. Este registro puede ser útil tanto para la formación de una memoria pedagógica como para las tareas de evaluación en las unidades.

Medidas relativas a los criterios previos

1.    Medidas normativas generales

En el contexto de escasez de tiempo y de recursos para la revisión que prevalece en ciertas instituciones, es esencial que cada unidad produzca su propio modelo sobre la revisión y lo dé a conocer publicando normas comunes acordadas internamente en forma de:

a)      páginas internet;

b)     manuales, normas de la casa, u otros medios internos que establezcan condiciones formales o semánticas;

c)      instrucciones o actualizaciones sobre la terminología publicadas por los jefes de unidad o el servicio correspondiente de coordinación terminológica;

d)     publicaciones de referencia (diccionarios publicados por autoridades lingüísticas, atlas, glosarios, etc.).

Los libros de estilo interinstitucionales publicados por la Oficina de Publicaciones para todas las lenguas cubren la mayoría de las exigencias formales para los documentos de la UE pero hay amplios sectores que siguen siendo específicos de cada lengua e institución.

Un enfoque minimalista de la revisión (no corregir más que lo estrictamente necesario) y la aplicación de un corpus razonablemente extenso de normas y buenas prácticas, reconocidas por todos, puede contribuir a elevar el nivel de calidad, así como a eliminar los posibles efectos indeseables de la revisión en la atmósfera de trabajo.

2.    Medidas personales particulares

A veces, las opciones elegidas por el traductor pueden no ser evidentes para el revisor. Ocurre, por ejemplo, con las citas no explícitas contenidas en el texto o con los términos cuya traducción está predeterminada por una referencia legal o precedente.

Habitualmente el traductor habrá realizado una investigación que justifica determinadas soluciones por las que ha optado en su traducción. El revisor debería poder aprovechar este trabajo en vez de repetirlo. Es pues necesario que el revisor sea informado por el traductor de los fundamentos de estas opciones. En la época en que se efectuaba toda la revisión sobre borradores en papel, los traductores podían dar indicaciones manuscritas de «comprobado» en el caso de las citas o referencias a otros textos, indicando también la fuente de comprobación. Ahora, estas indicaciones pueden adquirir la forma de comentarios en el texto electrónico.

La cuestión de la responsabilidad sobre el texto de llegada

Se pueden distinguir dos facetas de la responsabilidad, una ante los servicios «clientes», ejercida colectivamente por la unidad, otra ante la propia tarea, asumida personalmente por el autor del texto de destino.

La responsabilidad colectiva ante los servicios «clientes», asumida por el jefe en representación de la unidad, no plantea problemas.

Por el contrario, la responsabilidad del autor del TD depende del tipo de revisión en lo que se refiere a quién decide si los elementos revisados y corregidos se incorporan o no al TD. En el sistema en el que el revisor controla el texto final, es él normalmente el responsable.

Pero cuando el revisor solo tiene un derecho de sugerencia, la responsabilidad debe quedar a cargo del traductor. Cabe preguntarse en este caso si la intervención del revisor, en una situación de escasez de recursos, no es un derroche inútil. A menos que se considere esta manera de revisar no como una revisión, sino como una simple consulta, en cuyo caso debe dársele una consideración diferente en los protocolos de asignación de tareas.

Algunas propuestas

La única jerarquía válida en la revisión debe basarse en los textos. Las prioridades de revisión cuando sea ineludible prescindir del trámite en algunos documentos deben basarse en la trascendencia real de los textos para la actividad parlamentaria. Esta jerarquía está determinada por el Código de Conducta del Multilingüismo y por las instrucciones de la Dirección General de Traducción.

Podría fomentarse la comunicación interna entre traductores y revisores con respecto a los textos revisados en forma de breves comentarios manuscritos o sobre tratamiento de texto. Debería estudiarse una vía informática de almacenamiento del «acervo de revisión».

Sería útil revisar los procedimientos de contratación pública para la traducción externa con el fin de mejorar los procesos de selección, de modo que proporcione una garantía más segura de calidad en las agencias adjudicatarias, así como para rentabilizar mejor los «preludios pedagógicos», donde la revisión es imprescindible.

Iñigo Valverde
Parlamento Europeo
inigo.valverde@europarl.europa.eu4

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
1

Louise Brunette (2002), Révision et mesure de la qualité des traductions, Université Concordia, Montréal.

2

Peter Arthern ed. (1987), Four Eyes are Better than Two, Catriona Picken.

3

Paul Horguelin / Louise Brunette (1998), Pratique de la révision, Brossard, Quebec.

4

Este artículo sintetiza las consideraciones en torno a la revisión del grupo de trabajo mencionado en el primer párrafo.

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