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COLABORACIONES


La interpretación al español en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJ): algunos apuntes

1. Introducción

No podría dejar de aceptar la invitación de la redacción de puntoycoma para colaborar en este número especial que se publica con ocasión de la presidencia española de la UE, suponiendo que el ofrecimiento se explica en gran medida, si no en su totalidad, por la relación de vecindad que el barrio luxemburgués de Kirchberg brinda a las sedes respectivas de la revista y del Tribunal.

Es, por tanto, esa relación de vecindad lo único que puede justificar mi intromisión en las líneas de este boletín, cuya aparición espero siempre con verdadero interés, a sabiendas de que es una utilísima herramienta de trabajo para un intérprete. Me viene a las mientes el glosario de competencia1, que de tantos apuros me sacó en mis primeras vistas en el antiguo Tribunal de Primera Instancia, y, por no alejarme en el tiempo, el reciente debate terminológico, que no me parece intrascendente, para encontrar un adjetivo2 para la Unión Europea que sustituya a «comunitario», tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa.

2. La interpretación en el TJ

La tarea que realizamos los intérpretes que trabajamos en el Tribunal es, salvando las distancias y, aunque no sería preciso decirlo, en una situación muy distinta, la misma que llevaron a cabo aquellos pioneros de la interpretación simultánea que en los juicios de Núremberg3, bajo la batuta de Leon Dostert, dieron carta de naturaleza a este modo de interpretación.

2.1. Régimen lingüístico

En nuestro caso, se trata, en definitiva, de lograr que aquellos que participen en las vistas del Tribunal de Justicia, el Tribunal General y el Tribunal de la Función Pública puedan comunicarse en pie de igualdad en un entorno multilingüe. Nuestra presencia en las salas de vistas viene, pues, determinada por el hecho de que los Reglamentos de Procedimiento respectivos establecen que sean 23 las posibles lenguas de procedimiento4. Con esa finalidad, se asigna un equipo de intérpretes experimentados a cada una de las vistas, tarea que no resulta sencilla, pues en la confección de estos equipos se ha de tener en cuenta los requisitos específicos de la vista que vaya a celebrarse: además de la ya mencionada lengua de procedimiento, entran en liza el idioma oficial de los Estados miembros que decidan intervenir, las necesidades de interpretación de los miembros (jueces y abogados generales) que constituyan la sala a la que se le ha atribuido el asunto y el idioma de los grupos de visitantes que asistan a la vista. El arreglo lingüístico varía, pues, enormemente, dependiendo de la vista de que se trate, caracterizándose por una cierta asimetría, si lo comparamos con otras instituciones en las que los idiomas objeto de interpretación son más bien resultado de una decisión política previa5.

2.2. Rasgos de la interpretación en el Tribunal de Justicia

Si hubiese que proporcionar una serie de rasgos que caracterizaran la interpretación en el Tribunal de Justicia, me atrevería a indicar, sin pretensiones de exhaustividad, los siguientes. En primer lugar, la materia que se aborda es enormemente compleja y especializada. El intérprete se sitúa en la vista en una situación comunicativa de «alto contexto compartido» en la que, necesariamente, los demás participantes (letrados, agentes de los Estados miembros y de las instituciones, jueces, abogados generales) conocen perfectamente el trasfondo del asunto que se dirime y tienen el máximo interés, cuando no la necesidad, de una fiel interpretación de sus palabras. En segundo lugar, se trata de un contexto extremadamente formal, similar al que pudiese darse en una jurisdicción suprema nacional. Todo ello explica que en el Tribunal, los intérpretes no entren en cabina sin antes haberse preparado concienzudamente: manejan los escritos procesales que las partes han presentado, en idioma original o en la traducción al francés. Además, durante la preparación el intérprete se familiariza con la legislación y jurisprudencia pertinentes y la terminología técnica6. Un elemento que hace peculiar el trabajo en el Tribunal de Justicia, tanto de traductores como de intérpretes, es que se sitúan en cierto modo en el lugar donde entran en contacto los distintos ordenamientos jurídicos nacionales y estos con el ordenamiento jurídico comunitario7. Es en estos casos donde es especialmente patente que las lenguas de trabajo sirven de poco al intérprete si este no tiene también un conocimiento de la realidad que denotan, realidad de corte especialmente «nacional» en el caso del Derecho. En definitiva, el intérprete antes de entrar en cabina conoce el «hilo argumental» del asunto, sabe cuál es la posición (con todos sus matices) que defiende cada una de las partes y domina los términos jurídicos y los específicos del tema.

Una vez en cabina, el intérprete que trabaja en el mundo del Derecho ha de lograr que su prestación se atenga a los parámetros de esta disciplina, es decir la precisión y la lógica, cualidades que no son fácilmente alcanzables, al tener que lograrlas quien realiza la interpretación en tiempo real, manejando conceptos provenientes de tradiciones jurídicas distintas a las suyas y vertiéndolos al español con la palabra justa.

Desde el punto de vista técnico, en este tipo de interpretación nos las vemos con dos tipos de «discursos». El primero, el que se da en la fase de informes orales, en el que es práctica común que al intérprete se le haga llegar una copia escrita del texto presentado con horas de antelación o con minutos. Dependiendo del tiempo de que disponga, podrá anticipar en mayor o menor medida cuál es el camino argumental que va a tomar el orador, podrá también reparar en que hay cifras, referencias a jurisprudencia y, en todo caso, deberá siempre cotejar el texto con lo que se dice, ya que es frecuente que el orador se aleje de él para matizar, añadir o incluso quitar algo que, en el último momento, no le ha parecido apropiado; aunque, obviamente, solo lo que se dice será interpretado. En una segunda fase, el tribunal hace preguntas a las partes y es quizá aquí donde, sin apoyatura textual, nos desenvolvamos con mayor soltura, tratando de reproducir el matiz justo que aporte cada interviniente, sin añadir y sin restar a lo dicho (no a lo leído o previamente escrito) trabajando con «materia puramente oral».

Uno de los asideros que tiene el intérprete que trabaja en el Tribunal se debe al hecho de que las vistas se desarrollan siguiendo un «guión» previamente establecido. Hay una serie de datos de tipo extralingüístico (qué jueces forman parte de la sala, quién se sienta dónde, quién interviene cuándo) que el intérprete conoce de antemano y que le ayuda enormemente en su trabajo. Además, en su gran mayoría los letrados que vienen a informar ante el Tribunal son oradores nativos con un alto nivel de formación, lo cual aleja de nosotros la dificultad de tener que lidiar con discursos de factura más pobre o que fuesen dados en una lengua franca, o ambas cosas a la vez. El hecho de que el Tribunal sea una institución que aún mantiene las dimensiones humanas hace que las relaciones de trabajo entre los intérpretes y las personas para las que trabajamos sean más estrechas. Ello quizá conlleve una mayor responsabilidad y visibilidad, pero también una mayor satisfacción profesional, al existir la posibilidad de conocer si la prestación ha estado a la altura —el tan manido feedback y al contar con las herramientas necesarias para hacer un buen trabajo.

El Tribunal, como institución es claramente consciente de la importancia que tiene la interpretación simultánea para el buen desarrollo de las vistas y, en definitiva, para el desarrollo del trabajo jurisdiccional que tiene encomendado. En su Guía para los abogados y representantes de las partes8 la institución presenta a este profesional como «colaborador indispensable» dando toda una serie de consejos a los intervinientes en las vistas para que puedan hacer un buen uso de la interpretación simultánea.

3. Conclusión

En esta pequeña contribución he pretendido a muy grandes rasgos presentar de manera esquemática al lector de puntoycoma las líneas básicas que enmarcan la labor de los intérpretes que trabajamos al otro lado de la calle Fort Niedergrünewald. Algunos de estos datos nos hacen un tanto peculiares, pero la mayoría creo que serán reconocidos y compartidos por traductores e intérpretes que trabajan con el español. En definitiva, intentamos, dentro de las peculiaridades de nuestro ámbito de trabajo, hacer humildemente nuestro el credo del llorado Delibes, quien, tras recibir el Premio Nadal confesó: «llego al convencimiento de que, abandonando la retórica y escribiendo como hablo, tal vez pueda mejorar la cosa»9. A pesar de que la cabina no sea siempre el lugar más propicio para hacerlo, vale la pena seguir intentándolo.

Marina Pascual Olaguíbel
Intérprete del Tribunal de Justicia de la Unión Europea
marina.pascual_olaguibel@curia.europa.eu

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
1 http://ec.europa.eu/translation/bulletins/puntoycoma/80/pyc804_es.htm
2 A. Rivas (2010), «La Unión Europea busca su adjetivo», puntoycoma nº 116, pág. 7:
http://ec.europa.eu/translation/bulletins/puntoycoma/116/pyc116_es.pdf
3 J. Baigorri (2004), Interpreters at the United Nations: A History, Ediciones Universidad de Salamanca, Salamanca.
4

Artículo 29.1 del Reglamento de Procedimiento del Tribunal de Justicia:

Las lenguas de procedimiento serán el alemán, el búlgaro, el checo, el danés, el eslovaco, el esloveno, el español, el estonio, el finés, el francés, el griego, el húngaro, el inglés, el irlandés, el italiano, el letón, el lituano, el maltés, el neerlandés, el polaco, el portugués, el rumano y el sueco.

En términos similares, el artículo 35.1 del Reglamento de Procedimiento del hoy Tribunal General y el artículo 29 del Reglamento de Procedimiento del Tribunal de la Función Pública.

5

«[E]l COREPER —Comité de Representantes Permanentes— compuesto por los representantes permanentes de los Estados miembros en Bruselas y sus adjuntos que prepara y coordina todo el trabajo del Consejo de Ministros, debe contar con los documentos en todas las lenguas, pero manejarse con interpretación en tres idiomas: inglés, francés y alemán», en P. Fabeiro Hidalgo (2005), «Un estudio jurídico del régimen lingüístico de las instituciones de la Unión Europea», en Revista de Llengua i Dret, nº 44.

6 Los asuntos que llegan al Tribunal obligan al intérprete a abordar un grandísimo abanico de materias: ayer, Microsoft y las especificidades técnicas de los navegadores; hoy, los entresijos de los servicios de telecomunicaciones móviles y, mañana, las particularidades de la protección de las aves silvestres. Como muestra, invitamos al lector a que consulte el calendario que figura en la página de la institución: http://curia.europa.eu/jcms/jcms/j_6/
7

Así, por ejemplo, cuando en la vista se mencione al Conseil d’État francés o a la House of Lords británica, como órganos jurisdiccionales que han elevado una cuestión prejudicial, el intérprete no podrá dar sin más una versión literal en español de estos términos puesto que esconden realidades muy distintas a las que denotarían para una hispanohablante términos como «Consejo de Estado» o «Cámara de los Lores».

8

El punto C4 («Las particularidades impuestas por la interpretación simultánea») reza así:

Los Miembros del Tribunal de Justicia no siguen necesariamente los informes orales en la lengua en que se exponen y a menudo escuchan la interpretación simultánea. Esta técnica impone unas pautas que los representantes de las partes deben tener en cuenta con el fin de garantizar que sus palabras son perfectamente comprendidas por los Miembros del Tribunal de Justicia. Por lo tanto, los representantes de las partes han de considerar al intérprete como un colaborador indispensable para la presentación de sus informes orales.

En primer lugar, está totalmente desaconsejado leer un texto redactado con anterioridad. El motivo es que, en la mayoría de los casos, un discurso elaborado por escrito se compone de frases más largas y más complicadas y quien lo pronuncia tiende a leerlo con una rapidez excesiva para permitir una interpretación satisfactoria. En interés de los propios representantes de las partes, es preferible que hablen ayudándose de notas bien estructuradas, empleando términos simples y frases cortas.

En el caso de que el abogado prefiera ceñirse a un texto, se imponen las mismas recomendaciones: términos simples y frases cortas, así como una lectura del texto al ritmo de una exposición normal.

Por las mismas razones, es conveniente precisar, antes de cualquier exposición, el esquema que el representante se propone seguir en su informe oral.

Antes de la vista, los intérpretes estudian detalladamente todo el expediente del asunto. El envío, lo antes posible, por los representantes de las partes de cualquier información útil relativa al contenido probable de su informe (en su caso, de las notas que vaya a utilizar) permite que los intérpretes completen su preparación, estructuren mejor la intervención oral y no se vean sorprendidos por términos técnicos, citas de textos o cifras.

Tal envío, dirigido a la Dirección de Interpretación del Tribunal, deberá hacerse por telefax [Luxemburgo (352) 4303-3697] o por correo electrónico (interpret@curia.europa.eu); dicho texto se comunicará exclusivamente a los intérpretes. Con el fin de evitar cualquier malentendido, debe indicarse el nombre de la parte.

Debe señalarse por último que, para que sus palabras puedan ser oídas por los intérpretes, es necesario que los representantes de las partes hablen directamente al micrófono.

http://curia.europa.eu/jcms/upload/docs/application/pdf/2008-09/txt9_2008-09-25_11-33-43_145.pdf

9 «La obra de Miguel Delibes» (Documentos RNE:
http://www.rtve.es/mediateca/audios/20100313/obra-miguel-delibes-documentos-rne/717284.shtml).

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