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En la sección «Cabos sueltos» se publican notas breves en que se exponen argumentos o se facilitan datos para solucionar problemas concretos de traducción o terminología. El carácter normativo o meramente orientador de las soluciones aportadas se desprende de la categoría de las fuentes. PUNTOYCOMA

NEOLÓGICAMENTE


La Unión Europea busca su adjetivo

Estado de la cuestión y propuesta

La desaparición de la «Comunidad Europea» como entidad jurídica1 el 1 de diciembre de 2009 ha traído consigo que el adjetivo «comunitario» en la acepción número 2 que le asigna el DRAE («Perteneciente o relativo a la Comunidad Económica Europea»2) ya solo pueda utilizarse para designar una realidad del pasado. Desde esa fecha, «la Unión» sustituye y sucede a la Comunidad Europea3. Por ello, al tiempo que el antes llamado «Tratado constitutivo de la Comunidad Europea» ha pasado a ser el «Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea», todas las referencias que se hacían en los Tratados a «la Comunidad» o a «la[s] Comunidad[es] Europea[s]» se hacen ahora a «la Unión» o «la Unión Europea» y los adjetivos «comunitario», «comunitaria», «comunitarios» y «comunitarias» han sido sustituidos por «de la Unión»4.

Abundan, sin embargo, los casos en los que el hueco que ha dejado el adjetivo «comunitario» no se va a poder cubrir de manera automática con «de la Unión [Europea]». Veamos algunos ejemplos extraídos de textos anteriores al pasado 1 de diciembre:

-       una potente red comunitaria [de supervisores nacionales]

-       una única autorización comunitaria de biocidas

-       aspectos de interés comunitario

-       políticas de nivel comunitario y nacional

-       un enfoque comunitario para la reducción del impacto de las catástrofes naturales

-       reforma del régimen comunitario de comercio de los derechos de emisión

-       laboratorio comunitario de referencia para las enfermedades de los crustáceos

-       suero de referencia comunitario ADV-gE C

-       tarjeta de familiar no comunitario

-       tráfico exterior no comunitario

-       residente no comunitario

-       ciudadano extracomunitario

-       comercio intracomunitario

¿Es lo mismo «una potente red comunitaria de supervisores nacionales» que «una potente red de la Unión Europea de supervisores nacionales» o «una potente red de supervisores nacionales de la Unión Europea»? ¿Se puede sustituir sin más «autorización comunitaria de biocidas» por «autorización de la Unión Europea de biocidas», o tal vez por «autorización de biocidas de la Unión Europea»? ¿Tiene exactamente el mismo sentido referirse a un «interés comunitario» que, por ejemplo, a un «interés para la Unión Europea»? De manera análoga, si hasta el momento con frecuencia se distinguía, en la toma de decisiones, la legislación, etc., un «nivel comunitario» del «nivel nacional», ¿será posible expresar con agilidad esta distinción mencionando «el nivel de la Unión Europea»? ¿Qué decir de expresiones del tipo «enfoque comunitario», «régimen comunitario» o «laboratorio comunitario de referencia»? ¿No puede resultar que «enfoque de la Unión Europea», «régimen de la Unión Europea» o «laboratorio de referencia de la Unión Europea» sugieran un menor grado de integración o de perspectiva común? ¿No resulta extraño hablar de «suero de referencia de [o para] la Unión Europea»? Por no hablar de las formaciones «no comunitario», «extracomunitario», «intracomunitario», cuya sustitución obligará a recurrir a largos y en ocasiones poco precisos circunloquios.

Es paradójico que, justo en el momento en que el avance en el proceso de integración europea se ha plasmado en la eliminación de la dualidad, terminológica e institucional, Comunidad-Unión (que resultaba confusa para la mayoría de los ciudadanos, no iniciados en los arcanos del Derecho de la Unión Europea), el término heredero de todo el legado jurídico correspondiente a ambos entes haya quedado privado de todo adjetivo que sirva al tiempo para denotar la procedencia geográfica (como gentilicio) y para expresar la pertenencia a la Unión Europea o cualquier otra relación con ella. Bien es cierto que esto solo es significativo en algunas lenguas oficiales de la Unión (entre ellas, las románicas), ya que, por ejemplo, en inglés, de igual modo que no fue necesario crear un adjetivo referido a Community (ej., Community Law), European Union o la sigla EU se utilizan en función atributiva sin necesidad de recurrir a un adjetivo (European Union institutions).

Desde el nacimiento de la «Unión Europea», que ya en sus albores aparecía en los Tratados denominada abreviadamente como «la Unión» (Tratado de Maastricht, 1992), puntoycoma ha abordado en varias ocasiones la cuestión del adjetivo correspondiente a ella, desde una temprana llamada de atención de Antonio Ballesteros5 a un texto de 2001 de Josep Bonet6 en el que el autor abogaba por el uso general del adjetivo «europeo» y, en contextos oficiales, de las expresiones «de la Unión Europea» o «de la UE», hasta llegar en 2006 a un artículo en el que María Valdivieso7 analizaba el asunto en todas sus dimensiones y defendía la creación del neologismo «unionitario» para referirse a la realidad política instaurada catorce años antes. Parece llegado el momento de hacer una recapitulación de este debate, con vistas a un consenso, siquiera sea implícito, entre los usuarios de la lengua que permita la generalización de una de las opciones.

Adjetivos y aspirantes a adjetivo

Entre las distintas posibilidades de solución cabe distinguir cuatro grupos. El primero (que llamaré grupo 0) corresponde a la situación vigente desde el nacimiento de la Unión Europea, que se ha visto refrendada en la redacción de los actuales Tratados, es decir, la ausencia de un adjetivo específico referido a ella. Para los defensores de esta solución basta con consolidar, al menos en contextos informales y periodísticos, el uso del adjetivo «europeo» con el significado 'de la Unión Europea', análogo a «americano» en su acepción 'estadounidense', y con mantener, en documentos oficiales o contextos en los que es preciso mayor rigor terminológico, «de la Unión Europea» o sus variantes «de la Unión» y «de la UE». En este grupo podrían incluirse mecanismos similares a los que han propuesto algunos traductores italianos y portugueses para sus lenguas, a saber, formaciones del tipo de intra UE y extra UE (IT), intra-União (PT) o el uso de la sigla «UE» como adjetivo («precios de venta UE»).

En el grupo 1 se encuadran todas las posibilidades de uso de un adjetivo de la familia léxica de «unión», bien mediante la asignación de la nueva acepción 'de la Unión Europea' a un adjetivo existente, bien mediante la acuñación de un neologismo. En el DRAE están actualmente recogidos «unionense» (como gentilicio de una localidad de la Región de Murcia y de una ciudad de El Salvador y su departamento) y «unionista» («Dicho de una persona, de un partido o de una doctrina: Que mantiene cualquier ideal de unión»). El neologismo, en principio, debería formarse sobre la raíz de «unión» («unionario», «unional», «unionés», o incluso «uniónico», «unionano», «unionero», «unioní» o «unioneño»), pero también se han propuesto «unitario» (derivado de «unidad») y la original creación «unionitario» (que incorpora un infijo «-it-» a modo de eco de «comunitario»).

El grupo 2 está constituido por formas léxicas neológicas creadas con las raíces de «europeo», al principio de la palabra, y «unión» (o «unidad») en segundo lugar: «eur[o]unionario», «eur[o]unionista», «eur[o]unidense», «eur[o]unitario» o «eunitario».

Por último, el grupo 3 corresponde a las formas en que se combinan las raíces «unión» y «europeo» en el orden en que figuran en «Unión Europea»: «unieuropeo» (o «unioeuropeo»), «unieuropeísta». Una variante de este tipo de formación consiste en el uso de la sigla «UE» como elemento compositivo (en lugar de «uni[o]-»): «ueuropeo».

Criterios de selección

La posibilidad de solución consistente en mantener los usos actuales (grupo 0) presenta dos vertientes. Por lo que respecta, por un lado, a los contextos oficiales, el uso exclusivo de las formas recogidas en los Tratados («de la Unión», «de la Unión Europea») tiene dos inconvenientes principales: no ofrece una solución satisfactoria a determinados casos como los enumerados al principio de este artículo e impide la alternancia léxica, necesaria en muchos documentos jurídicos y políticos, en los que, a falta de otra variante, se ha de reiterar una y otra vez la expresión «de la Unión [Europea]». En cuanto a los contextos no oficiales, por otro lado, hay que señalar, además de los inconvenientes señalados para los contextos oficiales, que la identificación de «europeo» con «de la Unión Europea» es tan abusiva e inexacta como el uso, ampliamente criticado aunque extendido incluso en el ámbito hispánico, de «americano» para referirse a Estados Unidos. En muchos casos, además, tal identificación no es posible; por poner solo un ejemplo, en la expresión, ya obsoleta, «residentes no comunitarios» no se podrá sustituir en ningún caso «comunitarios» por «europeos», lo que obligará a emplear enojosos rodeos del tipo «no pertenecientes a la Unión Europea». Y el uso de «UE» en función atributiva (es decir, la conversión de una sigla en adjetivo) resulta ajeno a los mecanismos propios del español. Por consiguiente, la «solución 0» no resuelve todas las situaciones expresivas en las que se precisa un sintagma adjetivo referido a la Unión Europea.

Dada la preeminencia que se otorga en los Tratados al uso de la forma simplificada «la Unión», sin el adjetivo «Europea», es lógico que el debate tienda a centrarse en la acuñación de un adjetivo creado sobre dicha forma (grupo 1). Probablemente resulte más fácil doblegar las reticencias a toda innovación en este ámbito léxico si se opta por utilizar un adjetivo ya existente añadiéndole la nueva acepción. En tal supuesto, «unionense» presenta la ventaja de constituir un gentilicio de localidades también denominadas «La Unión», por lo que, una vez creada dicha nueva acepción, esta se aceptaría con naturalidad, dado el escaso riesgo de confusión con las otras acepciones del adjetivo. Frente a él, «unionista» puede verse lastrado, al menos en principio, por el uso actual referido a la corriente política del unionismo de Irlanda del Norte y asimismo por el frecuente uso del sufijo «ista» para designar «al que sostiene alguna actitud o creencia [...], o al defensor, impulsor o partidario de ideas, credos, tendencias o movimientos»8 (aunque también puede denotar 'relativo o perteneciente a'9). Si, por el contrario, el debate se decanta hacia un neologismo, los que presentan las mejores cualidades para prosperar son «unionario» (heredero natural de «comunitario»), «unionitario» (defendido con sólidos argumentos por María Valdivieso en estas páginas) y quizá también «unional», forma ya usada en español en determinadas acepciones médicas.

Si lo que se busca, en cambio, es crear un adjetivo en el que estén presentes las dos raíces (y las nociones que contienen), «unión» y «europea», parece preferible que estas se presenten en el mismo orden que en «Unión Europea» (grupo 3), y no en el orden inverso (grupo 2), que parece más bien remitir al término inglés, European Union. «Unioeuropeo» y «ueuropeo» quedarían descartados por la dificultad de pronunciación que ofrecen en español grupos como «-ioeu-» o «-ueu-». Por su parte, «unieuropeísta» queda invalidado por sugerir una connotación ideológica que trasciende la mera relación de pertenencia. Frente a estas formas, «unieuropeo», además de ser breve y sencilla, ofrece la ventaja de que engloba «europeo» sin pretender la identificación total con este adjetivo e incluye, casi a modo de prefijo, el principio de la palabra «unión» (aunque «uni-» suela denotar 'unidad', noción nada ajena, por otra parte, a los principios de la Unión Europea).

Propuesta

La conveniencia de acuñar un adjetivo referido a la Unión Europea que obtenga un reconocimiento general de los usuarios es palmaria, puesto que en determinados contextos, como se ha visto, no encaja ninguna de las expresiones usadas actualmente y en otros son necesarias una variación léxica y una flexibilidad expresiva que no se pueden lograr únicamente con los mecanismos lingüísticos vigentes. No es indispensable que el adjetivo se utilice desde el principio en contextos oficiales, ya que, una vez incorporado al acervo del español, comenzaría a utilizarse en ellos de manera natural, principalmente a través de la traducción. Como ha señalado Javier Muñoz10, nadie estará obligado a emplearlo (especialmente en una fase inicial) si no es partidario de hacerlo o no le agrada la solución elegida.

Sería deseable una cierta convergencia en cuanto al vocablo elegido entre las lenguas románicas en las que se adopte un adjetivo de este tipo, pero no es imprescindible. Han surgido iniciativas similares a la presente entre los traductores institucionales de otras lenguas, como el italiano, pero hasta el momento no se tiene noticia de que hayan cuajado en una propuesta con un respaldo amplio. El papel que desempeñó el francés en décadas pasadas como lengua de referencia de hecho de la Unión Europea hoy queda un tanto desdibujado frente al inglés, pero conviene estar pendiente de la evolución de este asunto en dicha lengua, por la posible repercusión que pueda tener en español.

A la hora de formular una nueva propuesta se ha de tener en cuenta el escaso eco que ha tenido hasta el momento la iniciativa emprendida en 2006 en puntoycoma y la ausencia de debate (al menos que haya trascendido) en francés y otras lenguas en los últimos años, así como el implícito «blindaje» terminológico en lo que respecta a esta cuestión del adjetivo referido a la Unión Europea que se observa en los nuevos Tratados. Estos factores aconsejan decantarse por una solución que no exija crear un neologismo o, si se crea uno, que resulte fácilmente aceptable para los usuarios desde el punto de vista fónico e inmediatamente reconocible y asociable al término al que remite. Por ello mi propuesta es doble: creación de una nueva acepción de unionense y adopción de unieuropeo, que, en mi opinión, reúne los dos requisitos que acabo de formular. Probablemente, a estas alturas del debate, lo más realista sea centrarse en la consecución de la primera parte de la propuesta, pero ello no excluye el uso de ambas palabras, convenientemente moduladas según los contextos.

Más allá de los argumentos a favor o en contra de unas soluciones u otras, es importante que la comunidad de usuarios «primarios» de estos términos (es decir, los traductores, los juristas y en general los funcionarios españoles de las instituciones de la Unión Europea) alcance un consenso respecto a esta laguna del lenguaje antes llamado comunitario. Para lograr dicho consenso puede ser determinante el dictamen de la Real Academia Española, que en última instancia, si esta iniciativa tiene éxito, acabará refrendando el uso efectivo de la palabra que se imponga. Este artículo pretende ser una modesta contribución a ese proyecto.

 

ALBERTO RIVAS
Comisión Europea
alberto.ribas-yanes@ec.europa.eu

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1

Véanse Miquel Vidal, «Lisboa o el fin de la Comunidad», puntoycoma nº 115, y María Valdivieso, «El Tratado de Lisboa: más novedades terminológicas», en este número, p. 12.

2 La «Comunidad Económica Europea» se convirtió en «Comunidad Europea» al entrar en vigor el Tratado de Maastricht (1 de noviembre de 1993). Además, hasta el 1 de diciembre de 2009 estaba también vigente el término «Comunidades Europeas», que, desde 2002, abarcaba únicamente la «Comunidad Europea» y la «Comunidad Europea de la Energía Atómica» (esta última sigue existiendo aún hoy, según establece el Tratado de Lisboa).
3 Artículo 1 del Tratado de la Unión Europea (versión consolidada), http://eur-lex.europa.eu/LexUriServ/LexUriServ.do?uri=OJ:C:2008:115:0013:0045:ES:PDF.
4 Artículo 2 del Tratado de Lisboa, http://eur-lex.europa.eu/LexUriServ/LexUriServ.do?uri=OJ:C:2007:306:0042:0133:ES:PDF. No obstante, los medios de comunicación siguen utilizando ampliamente «comunitario» para referirse no solo al pasado, sino también a la Unión Europea actual. En rigor, el uso de este adjetivo ya solo sería admisible si se refiere a la Comunidad Europea de la Energía Atómica.
5 «De la Unión», puntoycoma nº 6.
6 «El gentilicio de la Unión Europea», puntoycoma nº 69.
7 «"Unionitario". Nuevas palabras para nuevas realidades», puntoycoma nº 100.
8 Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Nueva gramática de la lengua española, Madrid, Espasa, 2009, vol. I, 7.7h, p. 541.
9  Ibidem.
10  En el ámbito de un intercambio de mensajes electrónicos entre traductores de las instituciones de la Unión.

 

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