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RESEÑAS


III Jornadas científicas y profesionales de TREMÉDICA

Muy concurrida ha estado Salamanca durante este pasado mes de noviembre: del 6 al 8 se celebraron en la Facultad de Medicina las III Jornadas científicas y profesionales de TREMÉDICA (Asociación Internacional de Traductores y Redactores de Medicina y Ciencias afines), que tuvieron una excelente acogida por parte de traductores profesionales (especialmente socios de TREMÉDICA) y traductores en ciernes.

En la primera sesión se presentaron algunos recursos recientes para el traductor y el profesional biosanitario1. Francisco Cortés, profesor de Filología Clásica en la Universidad de Salamanca, nos presentó su diccionario en línea, http://www.dicciomed.es/, un diccionario biológico, histórico y etimológico que a día de hoy cuenta con 5 752 palabras, muchas imágenes, deliciosos comentarios históricos sobre el origen de los términos, enlaces y la posibilidad de entrar por conceptos (de los lexemas, como «patologías cardiovasculares», o de los sufijos, por ejemplo «sufijos que indican tumor»); por lengua de origen (mayoría aplastante del griego, pero hay palabras hasta del bantú o del guaraní); y otras combinaciones que no solo son útiles sino deleitosas, y le dan a uno unas peligrosas ganas de ponerse a jugar con este artefacto de fabricación casera en los ratos perdidos.

Pero en fin, para cuando llega el momento de la verdad y hay que ponerse a traducir, ahí están también las equivalencias en inglés de todos los términos (aunque se dan casi de refilón: hay que ir a buscarlas en «otros campos»).

Beatriz Bernabé, de LIDeditorial, nos contó los entresijos del trabajo riguroso y eminentemente práctico de una editorial de diccionarios especializados que acaba de iniciar su andadura en la medicina: cómo se seleccionan los términos a partir de la experiencia de profesionales en activo, cómo estos redactan las definiciones para el público general... La colección prevé 20 volúmenes correspondientes a las principales especialidades médicas, y cada volumen cuenta al final con un diccionario inverso.

Por último, la intervención del radiólogo Ramón Ribes fue épica: logró que a todos se nos saltaran literalmente las lágrimas oyéndole narrar en primera persona las tribulaciones de un médico español recién llegado a los EE.UU. «que creía saber inglés porque en COU sacaba sobresaliente en los comentarios de texto» y una vez allí se encontró con que no sabía lo que era un badge y con que era incapaz de decir «bata» o «súbase un poco la falda... pero no tanto, mujer».

El español afirmó con seriedad mientras nosotros manteníamos a raya las carcajadas como podíamos­­­, pierde mucha calidad de vida fuera de España por culpa del inglés. Cuando va a un restaurante en grupo come siempre the same for me, y transforma la enfermedad (disease) en muerte (decease). Aunque, después de todo, lo importante es que se entienda: y cuando uno dice Ai am a radióloyis todo el mundo entiende que tiene frente a sí a un radiólogo… español. Menos divertido fue tener que adivinar por qué cabe a los españoles el dudoso honor de ser quienes más pósteres presentan en los congresos y quienes menos dudas tienen en los coloquios.

Así, partiendo de la constatación de que los libros de inglés para médicos no estaban nunca escritos por médicos, Ribes decidió escribir (junto con Pablo R. Ros, catedrático en Harvard) el libro que a él le hubiera gustado leer entonces, y de ahí nació la serie Medical English (ed. Springer) objeto de la presentación.

Del siguiente día no entraré en detalles sobre la intervención que con el título de «Las dificultades del traductor médico. Un poco de historia» nos regaló Bertha Gutiérrez Rodilla, profesora de Historia de la Ciencia en la Universidad de Salamanca y directora de Panace@ (amén de artífice de las Jornadas), porque no hace mucho pudimos disfrutar de su erudición en una tribuna de esta misma revista2.

Gustavo A. Silva, jefe de equipo del Servicio de Traducciones de la OMS, expuso algunos problemas de traducción en el campo de la salud pública, esa medicina de la población que antes se llamó sanidad, salubridad o higiene pública.

Insistió en la necesidad de ser precisos al utilizar los conceptos estadísticos: en la diferencia entre rate (tasa), ratio (razón) y proportion (proporción) que muchas veces se ven indistintamente traducidos, y que cabe distinguir, a su vez, de index (índice). O en la diferencia entre «incidencia» (que cuantifica los casos nuevos de una enfermedad) o «prevalencia» (que los cuantifica todos, nuevos y antiguos).

Subrayó que un mismo término puede tener distinta traducción en medicina y en epidemiología. La infant mortality rate, por ejemplo, sería en epidemiología la mortalidad de niños menores de 1 año (y no «de lactantes», concepto plenamente pediátrico) y la child mortality rate sería el número de defunciones de menores de 5 años (y no «infantil», por las mismas razones).

Por último, Silva propuso a la asamblea adoptar un mexicanismo de uso común (en las apuestas y en el cálculo de probabilidades) para traducir las peliagudas odds y odds ratio. En México se utiliza una palabra que procede del juego de la pelota vasca: «momio» (y «razón de momios»)3, que tiene muchas ventajas: refleja la idea con fidelidad unívoca y es de lo más castizo.

A continuación, seguimos a Carlos Gancedo en la laboriosa sustitución de un diente por una corona sobre implante, sumergiéndonos con él en el apasionante mundo de la odontología: carillas de feldespato, implantaciones retardadas en dos fases, sangrados al sondaje, rotaciones mesiovestibulares, encerados diagnósticos, coronas de circonio, cubetas de impresión, anoclusiones, implantes cónicos, lámparas de fotopolimerizar, desensibilizantes dentinarios, curetas…

Fernando Navarro, con toda la tarde por delante, nos deleitó con dos clásicos revisitados e inagotables: los problemas con la jerga médica y los errores del lenguaje biosanitario.

Las abreviaturas jergales que vimos fueron muchas y algunas bastante increíbles: solo las urgencias ya son todo un mundo (ER, CAS, A&E...); pero lo mejor fue ver cómo un script puede no ser un guión sino una receta (prescription), un gipsy un médico de familia (General Practicioner with Special Interest), y hasta una cabbage puede dejar de ser una col para convertirse en una derivación coronaria (Coronary Artery Bypass Grafting), en una ultramoderna versión del cuento de la Cenicienta. Además, en el mundo de las abreviaturas también hay amigos traicioneros: «narco» significa «narcotraficante» en español, pero «agente de la lucha contra el narcotráfico» en inglés; una «eco» es una ecografía en español, pero una ecocardiografía en inglés. Y aún mayor es la inventiva abreviadora cuando los médicos, maestros consumados en el arte del eufemismo, quieren que el paciente no se entere de algo.

En el apartado errores hubo para todos: pero especialmente para los redactores. Para los aquejados de la afección paronímica (que escriben «metmorfina» por «metformina» o «quinina» por «quinidina»); para los que no quieren ser menos que los cronistas deportivos y cultivan la metáfora con poca gracia y menor fortuna: «Digitálicos, inotrópicos, vasodilatadores y diuréticos constituyen las cuatro columnas vertebrales del tratamiento de la insuficiencia cardíaca» o «En los países del África subsahariana, el sida se ha convertido en un cáncer que amenaza con destruir su incipiente tejido industrial». Y, cómo no, para los amantes de la sinécdoque: «La detección de un brote de legionela ha obligado a cerrar un hotel en Comarruga» o «la selección deberá vacunarse contra la garrapata que invade Suiza y Austria en verano». Y es que escribir legionela por «legionelosis» y garrapata por «encefalitis centroeuropea» es como hablar de la conveniencia de vacunarse contra la mayonesa. Otra perla periodística que nos hizo reír un rato: «la salud mental se revela como uno de los grandes problemas sanitarios del siglo XXI». En fin, reír o llorar, según se mire.

Y por último, ¿qué puede haber más in que servirse del nombre de una disciplina para designar lo estudiado? Si «llueve por toda la geografía española», ¿por qué no hablar de la anatomía del fémur, la etiología del cáncer, la posología del fármaco, la sintomatología parkinsoniana o la patología cardíaca? ¿Qué nos impide convertir definitivamente el tratamiento en terapéutica y el cuerpo en anatomía?

A la mañana siguiente se habló de dispositivos sanitarios, aunque precisamente Paz Gómez Polledo abogó por la traducción al español de medical devices como «productos sanitarios», que es como se ha utilizado siempre en la legislación española4, más que como «dispositivos», palabra esta que, por lo menos hasta hace poco, solía usarse más en su acepción de «organización para acometer una acción» (p. ej.: «el dispositivo médico coordinado entre Cruz Roja y Protección Civil»).

Cristina Márquez Arroyo, presidenta de TREMÉDICA, nos habló de localización de software médico, y Javier Hellín del Castillo, de Abbott Científica, sobre procedimientos de revisión de la calidad de las traducciones de los productos sanitarios.

En resumen, unas jornadas sin desperdicio. Acabaré, si se me permite, con una sugerencia para los interesados: si todavía no saben qué pedir a los Reyes, pídanle una afiliación            a TREMÉDICA: http://www.tremedica.org. No se van a arrepentir.

Carmen Torregrosa
Centro de Traducción de los Órganos de la Unión Europea
Carmen.Torregrosa@cdt.europa.eu

 

 

 

 

 

1 Palabra que, según acabo de comprobar, no aparece en el diccionario de Word (por lo menos en el mío) que propone, a cambio, «vil sanitario».
2 http://ec.europa.eu/translation/bulletins/puntoycoma/106/pyc1068_es.htm
3 Un momio es, en las apuestas de frontón en Navarra, la ventaja o diferencia de dinero que ofrece quien realiza la apuesta al que la acepta.
4 En la Directiva 2007/47/CE (transpuesta en el Real Decreto 414/1996) se define el producto sanitario como «cualquier instrumento, dispositivo, equipo, programa informático, material u otro artículo, utilizado solo o en combinación, junto con cualquier accesorio, incluidos los programas informáticos destinados por su fabricante a finalidades específicas de diagnóstico y/o terapia y que intervengan en su buen funcionamiento, destinado por el fabricante a ser utilizado en seres humanos con fines de: diagnóstico, prevención, control, tratamiento o alivio de una enfermedad; diagnóstico, control, tratamiento, alivio o compensación de una lesión o de una deficiencia; investigación, sustitución o modificación de la anatomía o de un proceso fisiológico; regulación de la concepción, y que no ejerza la acción principal que se desee obtener en el interior o en la superficie del cuerpo humano por medios farmacológicos, inmunológicos ni metabólicos, pero a cuya función puedan contribuir tales medios».

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