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RESEÑAS


Primer congreso de Asetrad

Los días 14 y 15 de noviembre tuvo lugar en Salamanca el primer congreso de Asetrad, www.asetrad.org, conmemorativo del quinto aniversario de la asociación, con el lema «La traducción en el próximo quinquenio».

Vaya por adelantado que no puedo ser imparcial, pues viendo todo el despliegue de Salamanca, es imposible dejar de pensar ni un momento en otra reunión, hace cinco años, en la que catorce personas físicamente presentes, con el respaldo de un centenar más, constituían en la Escuela de Traductores de Toledo la asociación cuya trayectoria culminaba en esta reunión. Lo primero será entonces decir que el camino que va de Toledo a Salamanca representa un viaje infinitamente más largo y fructífero que los pocos o muchos kilómetros que separan a estas capitales.

La satisfacción (y la emoción) por este viaje compartido era visible en todas las caras.

El congreso se abrió (tras las alocuciones de rigor) con una conferencia de José Martínez de Sousa («Quebraderos de cabeza para traductores y correctores») y se cerró con otra de Fernando Navarro («La traducción de los nombres de persona»), que ya marcan claramente el tono de lo que el programa pretendía: poner la investigación y el trabajo teórico al servicio de la práctica cotidiana de los profesionales de la traducción, la interpretación y la corrección de textos. Ambos son socios de honor de Asetrad y no necesitan presentación, por sus años de trabajo al servicio de la profesión y por la calidad de su producción editorial, indispensable en la biblioteca de cualquier traductor.

Hay que destacar las cinco mesas redondas («profesores de traducción», «grandes empresas, organismos internacionales y administraciones públicas», «empresas de traducción», «microempresas» y «profesionales»), que enriquecieron el congreso con un debate en el que se abordaron (eso sí, con excesiva rapidez) todos los temas que pueden preocupar a los que intervienen en el sector. A través de todas ellas fueron apareciendo, desde distintos puntos de vista, las interacciones entre profesionales y «aspirantes», universidad y empresa, agencias y autónomos, así como la realidad cada vez más compleja de un mercado inevitablemente internacional y sus perspectivas de futuro.

En la tarde del viernes, ocho talleres tuvieron entretenidos a los participantes. Los más concurridos (las plazas se habían agotado mucho antes de empezar el congreso) fueron: «Incorporarse a la vida laboral como traductor profesional», de M. Barbero, y «Corrección ortotipográfica del español», de José M. de Sousa. Por lo demás, desde «El ritmo en la traducción de poesía» a «Contabilidad para traductores», pasando por «Introducción al lenguaje HTML», hubo temas para todos los gustos.

El programa se completó con una serie de conferencias, sobre temas tan variados y enriquecedores como: historia de la traducción, interpretación simultánea, herramientas de traducción asistida, el lenguaje científico, el mercado de la traducción literaria... (el programa completo se puede consultar aquí: http://www.asetrad.org/congreso/programa.htm).

El broche de oro lo puso, en el momento de la clausura, el nombramiento como socio de honor de Asetrad de Valentín García Yebra. Don Valentín no pudo asistir por motivos de salud, pero envió un mensaje lleno de emoción. Fernando Navarro recogió en su nombre la insignia con el emblema de Asetrad. También ha sido nombrado socio de honor este año el profesor Herbert Becher, autor de un Diccionario jurídico y económico, alemán-español.

Otro momento emotivo fue la entrega de la beca «Elena Fernández Madero», http://www.asetrad.org/congreso/beca_efm_2008.pdf, en memoria de una socia fallecida el año pasado, destinada a premiar trabajos de traductología, teórica o aplicada, realizados por estudiantes de traducción o licenciados recientes.

Y podríamos decir ahora: «y esto fue todo», pero no sería exacto, porque probablemente lo más importante del congreso no se desarrolló en el salón de actos de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Salamanca, por muy interesantes (y concurridas) que fueran las sesiones. Sobre todo, este congreso ha sido un punto de encuentro —en los pasillos, en las cenas, en los hoteles, por las calles de Salamanca (aunque poco tiempo quedó para recorrerlas, la verdad), en los piscolabis de desayuno, comida y merienda que la organización previó con muy buen juicio—, para concebir nuevos proyectos, consolidar otros, establecer contactos y estrechar relaciones entre todos los participantes. Esperamos que todo ello dé su fruto... a lo largo del próximo quinquenio.

Alicia Martorell
alicia@scaramouche.biz

 

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