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RESEÑAS


Diccionario de las migraciones

Nadia Rodríguez / Bettina Schnell
Diccionario de las migraciones. Del concepto a la palabra
Adeire Publicaciones, Madrid, 2007, 339 pp.

La elección de una palabra para denominar una realidad existente, un hecho o una idea deriva de los modelos culturales, políticos, económicos y sociales dominantes en una época y en un lugar determinados. La lingüística cognitiva ha estudiado con creces el paso del sistema conceptual al lingüístico, a partir de la conocida hipótesis de Sapir-Whorf y del estudio de Lakoff y Johnson Metaphors we Live by (1980); por otro lado, también los filósofos del lenguaje han investigado sobre el papel del lenguaje en la creación de la realidad: en lo que concierne la realidad institucional me limitaré a recordar los trabajos de Searle.

Cuando se analizan desde el punto de vista de los ámbitos especializados, las «palabras» adquieren el estatus de «términos», caracterizados desde el punto de vista pragmático por las situaciones y el discurso en que se utilizan y por el ámbito temático al cual pertenecen. Aunque la práctica terminológica, interpretada como respuesta a la necesidad social de denominar objetos y conceptos, haya existido siempre, los comienzos de la disciplina terminológica remontan a los años 30 del siglo pasado, impulsados por la traducción al ruso de la tesis de doctorado de E. Wüster, Internationale Sprachnormung in der Technik, besonders in der Elektrotechnik (1931). Desde aquel momento, la ciencia terminológica se ha estructurado y desarrollado, aprovechando herramientas informáticas que permiten un exhaustivo data mining y el tratamiento de grandes cantidades de datos.

Rama fundamental de la terminología es la terminografía, que se ocupa de recolectar y sistematizar términos pertenecientes a ámbitos especializados, así como la lexicografía lo hace para los no especializados. La terminografía se funda sobre dos normas teóricas: la distinción entre terminología y traducción, ya que «cada campo del saber tiene una estructuración específica que cada lengua resuelve denominativamente de forma idiosincrática», y el hecho de que «los términos de un glosario especializado deben proceder de textos reales y no pueden haber sido inventados ni creados por los terminólogos».

El fenómeno de las migraciones, históricamente muy importante para el desarrollo económico y cultural de muchos países, ha adquirido actualmente en las sociedades occidentales características problemáticas. La migración es un concepto heterogéneo, que abarca múltiples facetas, así generalizadas en la 22ª edición del DRAE:

2. f. Acción y efecto de pasar de un país a otro para establecerse en él. Se usa hablando de las migraciones históricas que hicieron las razas o los pueblos enteros. [...] 4. f. Desplazamiento geográfico de individuos o grupos, generalmente por causas económicas o sociales.

Que el concepto de migración y el estatus de «migrante» sean jurídicamente difíciles de definir es evidente si se consideran los múltiples puntos de vista bajo los cuales se pueden enfocar: por ejemplo, se suele distinguir entre migración libre, obligada y forzosa, opciones tradicionalmente contrapuestas, aunque se ha observado que la migración económica es una forma enmascarada de migración forzosa. A causa de la compleja naturaleza de esta temática, es muy importante que la comunidad científica llegue a una correcta definición de los términos que a ella se refieren, teniendo en cuenta sus matices jurídicos y sociales y creando una correspondencia certera entre los varios idiomas. Los intentos para profundizar en el tema y subsanar dicha exigencia son múltiples: entre los mejores recursos disponibles en la red, de fácil consulta y con un fiable aparato científico, figura la base de datos bibliográfica de la Biblioteca Digital sobre Migraciones e Interculturalidad1, el tesauro Eurovoc (2004)2, en que muchos lemas se refieren a esta temática, el Diccionario de acción humanitaria y cooperación al desarrollo (2000)3 y el Vocabulario terminológico ESLEE sobre migraciones4.

El Diccionario de las migraciones (2007) al cual está dedicada esta reseña es una de las últimas aportaciones en la materia, que se plantea la «necesidad de reconsiderar la práctica lingüística existente y crear un lenguaje común para facilitar el intercambio de la información» (p. 17). Desafortunadamente, en la opinión de quien escribe, esta expectativa queda incumplida por varios motivos, que voy a detallar a continuación.

No cabe la menor duda de que las autoras han enucleado los términos de textos reales; por esta razón, desde el punto de vista metodológico habría sido esperable especificar la composición de la base de datos de la cual se habrían obtenido los lemas elegidos. Las autoras se limitan a declarar:

Realizamos una búsqueda bibliográfica que nos revela un panorama dinámico de investigaciones teóricas y aplicadas que contribuyen a una amplia diversidad de concepciones y enfoques en este ámbito. Seleccionamos las fuentes de informaciones más relevantes y configuramos un corpus textual plurilingüe para la extracción terminológica, consistente en revistas especializadas, documentos oficiales (decretos, regulaciones, leyes), monografías y sitios web de organismos nacionales e internacionales.

No queda claro si la bibliografía que se propone al final del libro corresponde a este corpus; en caso afirmativo, desconcierta encontrar artículos en italiano, lengua que no está incluida entre las previstas en el libro. No se especifican los criterios que permitieron considerar «relevantes» las fuentes de información. En la introducción no se hace referencia al uso de ningún tipo de herramienta informática para la constitución del corpus ni para la extracción de los términos, no se cita ni el tamaño del corpus, ni el porcentaje de ocurrencias de los lemas; sorprende que se pueda procesar «a mano» una ingente cantidad de datos como la que se requiere para constituir un diccionario. Además, no se hace ninguna referencia a los años en que se recogió el corpus, dato de acusada importancia en un trabajo de este tipo, referente a una materia que está en continua evolución, y no se da la proveniencia de cada lema. Como las autoras dicen justamente, los ámbitos interesados por el tema de las migraciones son múltiples; por esta razón habría sido útil codificar las entradas según la proveniencia (jurídica, económica, administrativa) puesto que, como es bien sabido, un término puede cambiar de significado según el marco en que se emplea. Por último, parece como mínimo muy ingenua la declaración de que, puesto que «la obra se planteó, desde el principio, en forma de diccionario», el método elegido fue el semasiológico.

Por lo que se refiere a las características onomasiológicas del Diccionario, hay entradas en que una mayor reflexión habría sido deseable. Por ejemplo, en el caso del lema «expulsión» (p. 73), definido como «[d]esalojo de una persona que reside legalmente en un país motivado por faltas de orden público o seguridad nacional, concediendo al expulsado un periodo de tiempo para gestionar su admisión legal en otro país», las autoras no toman en ninguna consideración la situación de las personas que residen ilegalmente en un país, y que son hoy en día en Europa los principales destinatarios de las órdenes de expulsión.

Las entradas referentes a «conflicto bélico» y «conflicto armado» (p. 43) presentan un contenido muy parecido y son una reformulación de la otra. Lo mismo se puede decir de «contacto cultural» y «contacto intercultural» (p. 44). Su unificación, especificando las diferencias si caben, habría permitido no multiplicar las entradas y aumentar el nivel de coherencia.

Aunque, como se ha dicho, el tema de las migraciones interesa en muchos ámbitos, era de esperar una elección más especializada de los lemas, y definiciones más inherentes a la temática migratoria: por ejemplo, la genérica definición de «centralismo» como «[d]octrina que persigue reunir todos los medios de acción y control político-administrativos en un solo centro de autoridad y poder», no parece muy útil para las finalidades de la obra.

En las definiciones de las entradas «cultura monocrónica» y «cultura policrónica» (p. 48), choca la generalización que define las culturas «árabe, mediterránea y africana» como policrónicas, contrapuestas a las «norteamericana, escandinava, anglosajona, asiática» sin más. A este propósito, no solo hay que subrayar el error de considerar monocrónicas las culturas asiáticas, sino que es importante recordar que hay que utilizar esta concepción del tiempo, que deriva de los trabajos de Edward Hall, de manera flexible; se puede estar de acuerdo o no, pero la globalización hace que el modelo monocrónico norteamericano, sobre todo por lo que concierne a la organización del trabajo y al management, se esté difundiendo cada vez más, como afirman investigaciones sobre la usabilidad intercultural y las buenas prácticas en el trabajo.

Por fin sorprende la definición de lengua (p. 93) como «conjunto de signos de naturaleza psíquica». Pero esta no es la única sorpresa que nos depara la lectura del Diccionario de las migraciones. Una atenta lectura muestra que las definiciones de algunas entradas son muy parecidas o meras reformulaciones de entradas del citado Diccionario de acción humanitaria y cooperación al desarrollo, como, por ejemplo, «microempresa», «economía moral», «niño soldado», «acuerdo de readmisión», «aislamiento», «apátrida», «centro de acogida temporal», etc.

De todo lo dicho deriva la imposibilidad de no advertir el estrecho parentesco entre el diccionario ESLEE y el Diccionario de las migraciones, y de no plantearse desagradables interrogantes sobre la real originalidad de este último, y acerca del porqué de las reticencias metodológicas.

Elena Carpi
Universidad de Pisa
e.carpi@ec.unipi.it

 

 

 

 

 

 

1
2 http://europa.eu/eurovoc/sg/sga_doc/eurovoc_dif!SERVEUR/menu!prod!MENU?langue=ES.
3 http://dicc.hegoa.efaber.net/
4 http://www.eslee.org/migraciones.php?glosario=migraciones

 

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