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RESEÑAS


Terminología, traducción y comunicación especializada

Homenaje a Amelia de Irazazábal (Verona, 11-12 de octubre de 2007)

Muchas calles de Verona son intrincados recovecos, con rincones románticos y portales de vetustos palacios. Pero junto a la Porta Leona, vestigio de una entrada de las murallas romanas, hay un panel que representa el centro antiguo tal como era entonces. La ciudad medieval no ha logrado borrar la noble cuadrícula perfecta de las calles romanas, que se trasluce como una trama de hilos dorados.

Los encuentros que, como este congreso, abren un espacio de reflexión sobre distintas dimensiones de un tema, resultan también variopintos por la diversidad de enfoques y puntos de vista, hasta de estilos y maneras de comunicar. No obstante, es curioso observar cómo ciertos elementos recurrentes tejen una trama, una estructura reconocible entre las variadísimas comunicaciones. Esto me llamó la atención, y voy a intentar explicarlo:

Todo nace en el mar, como la vida. En la conferencia inaugural de Pedro Álvarez de Miranda (UAM), trazada con elegancia sobre una cronología subjetiva, aprendimos que en España los primeros vocabularios especializados son marineros. La lexicografía especializada nace en torno al siglo XVIII al desgajarse de las obras técnicas (manuales de distintas ciencias y artes, destacando el de marear) para adquirir entidad independiente en diccionarios y enciclopedias.

Al hilo del olor a sal, hubo comunicaciones que trataron aspectos del lenguaje turístico (no en vano la Facultad de Letras veronesa ofrece desde hace poco estudios de lengua y cultura para el turismo y el comercio internacional). Dos propuestas gastronómicas nos vinieron de la Tacita de Plata: de la mano de Raúl Márquez conocimos un proyecto de sistema de traducción de cartas de restaurante, y con Mª Jesús Paredes reflexionamos sobre el uso de neologismos en el lenguaje de la cata de vinos.

Este tema en apariencia marginal (desde una perspectiva filológica) enlaza con otros dos hilos conductores de estas jornadas, a saber, la importancia léxica de la noción de género (de la cata técnica a la historia clínica, pasando por la patente o el artículo de divulgación) y la presencia de la metáfora. Aunque pueda parecer una paradoja, el lenguaje científico está lleno de medios expresivos retóricos: la ciencia es un arte. La presentación de Georgina Cuadrado y Mª del Mar Duque (UPM) es quizás la que más por derecho tocó este punto, al hablar de la metáfora como herramienta para la creación de términos. Pero no solo está el lenguaje figurado para cuajar neologismos; también la expresividad de las imágenes es una manera de interactuar entre la elevada ciencia y el usuario más o menos lego. La traducción de artículos de divulgación científica fue analizada por Jöelle Rey (UPF), que resaltó la visible renuencia del traductor hispano a traducir títulos expresivos, y su inclinación a dejarlos desnudos de calembours, citas y otras gaitas. Si la profesora aventuraba la hipótesis de que así a los españoles se les quitan las ganas de investigar, porque ven la ciencia como algo árido, otros opinaban que es cosa de nuestra cultura, idiosincrasia, o como se le llame. También Maite Aragonés (OMPI) resaltó cómo el género de la patente, gobernado por las convenciones, no deja de traslucir en las diversas lenguas estilos de comunicar, de querer vender la mercancía, variopintos y propios de las respectivas culturas.

Ah, las culturas. Las señas de identidad de los pueblos no se limitan al tiempo de cocción de la pasta ni al porte de sandalias con calcetines, ya lo sospechábamos. Además, organizamos el mundo de maneras distintas. Esta constatación es un elemento que estuvo muy presente en Verona. Y viene de antiguo: Heberto Fernández (McGill University, Canadá) aludió a intentos de clasificación universal en su intervención sobre las primeras nomenclaturas bilingües EN-ES, entre los siglos xvi y xviii. El problema de la organización conceptual es que el lenguaje especializado tiene que ir paralelo a una reflexión pointue, y sus verdades vacilan cuando se ven confrontadas con las del vecino. Luisa Chierichetti (Bérgamo) y Giovanni Garofalo (Trieste), que por cierto tocaron de pasada las imágenes (volvemos a la metáfora) del léxico jurídico, hablaron de conceptos del Derecho penal que plantean dificultades por las diferencias entre los ordenamientos de distintos países, que distribuyen delitos y penas según patrones no coincidentes.

Este tema nos suena. Una de las características del lenguaje comunitario, como recordó nuestra compañera Carmen Zamorano (Representación en España de la Comisión), es el marco multilingüe en que se produce. Es sintomático, dijo, que las definiciones sean una parte especialmente destacada de todo acto legislativo comunitario. Pues claro, es que muchas veces, si no empezamos por definir, a ver quién es el listo que sabe lo que vamos a regular.

Natividad Gallardo (Universidad de Granada) expuso que el lenguaje jurídico es arcaizante y está plagado de estereotipos. Por desgracia, además, las circunstancias en las que el ciudadano lo disfruta (o sufre) suelen ser de anormalidad y desamparo. Las medidas en pro de la transparencia son de difícil aplicación y chocan con las lindes del adusto rigor y la peluca polvorienta: a la postre, la mejor garantía de que la ley sea justa es que no esté escrita como tú y yo hablamos. También Antonella Giurizzato (Universidad de los Andes, Venezuela) analizó las peculiaridades de este lenguaje, con un enfoque centrado en la traducción legal del inglés al español, y subrayó que muchas de sus fórmulas fraseológicas rara vez están registradas en los diccionarios.

Las diferencias en la segmentación conceptual también están presentes —y causan los consiguientes desavíos— en la ciencia médica, como nos recordó Bertha Gutiérrez Rodilla (Salamanca y Panace@). Las bases de datos biosanitarias, de las que habló, están por otra parte muy marcadas por el predominio aplastante del inglés en la ciencia actual.

Otro hilo perceptible a través de varias comunicaciones fue el uso del corpus, caldo de cultivo ineludible de la terminología de nuestro siglo. Desde el más modesto trabajo hasta ambiciosas actividades académicas recurren a las posibilidades que hoy ofrece la tecnología. Así el proyecto de investigación ESLEE, para la realización de vocabularios terminológicos en distintas áreas especializadas, de cuya segunda fase habló Josefa Gómez de Enterría (Alcalá de Henares), hace uso de las herramientas más avanzadas. En torno a las nuevas tecnologías giró también la lección de clausura.

Pequeña digresión: en estos encuentros hasta el más profano (y yo era la más profana) advierte los variados peldaños en los que el mundo académico sitúa a los protagonistas: del joven investigador que busca presencia y publicación hasta el mascarón de proa más o menos decorativo, muchos son los tipos que estuvieron representados en Verona. Pues como si a un congreso de flamencología acudiera el mismísimo Camarón de la Isla, en Verona destacó la poderosa presencia intelectual de María Teresa Cabré (UPF), que como autoridad en la materia fue ampliamente citada por muchos conferenciantes y ofreció como cierre del congreso una rigurosísima (y algo apabullante) exposición de la evolución reciente de la terminología.

En esta relación nada exhaustiva y sí muy impresionista no olvido recoger cómo flotó en el aire y fue debidamente glosada la figura de Amelia de Irazazábal. Su capacidad para promover y coordinar el trabajo terminológico en variadas vertientes (investigación, normalización, enseñanza) sirvió de inspiración para estas jornadas entretejidas de Verona, donde la acogida de la profesora Carmen Navarro y su equipo, con cálida perfección, nos hizo llegar, por debajo de los puentes del Adigio, un indudable olor a Mediterráneo. En Verona hubo, como en nuestro mar, valiosos encuentros e itinerarios cruzados.

 

Victoria Carande Herrero
Comisión Europea
Victoria.carande-herrero@ec.europa.eu

 

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