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COLABORACIONES


Embedded systems: una lanza por «sistemas empotrados»

En el contexto de la Iniciativa Tecnológica Conjunta en Sistemas de Computación Empotrados, perteneciente al VII Programa Marco de Investigación de la Unión Europea, se ha optado por el término «sistema empotrado» como equivalente de embedded system. Leonardo Flores Añover, informático de la Unidad de Sistemas Empotrados y Control de la Dirección General de Sociedad de la Información y Medios de Comunicación de la Comisión Europea, expone las razones que respaldan el uso de este término en español.

En el ámbito de las tecnologías de la comunicación y la información, estos sistemas se refieren a los pequeños dispositivos electrónicos que controlan y dan funcionalidad añadida a un equipo o sistema más grande del que forman parte, por ejemplo los electrodomésticos, la maquinaria industrial y de oficina, los equipos médicos más sofisticados, los dispositivos de comunicación, y por supuesto, cualquier medio de transporte moderno (avión, tren, automóvil, etc.). Estos dispositivos están impulsando una nueva revolución tecnológica al añadir valor y nuevas funciones a los objetos «tradicionales», y hoy en día se encuentran en casi todas partes, formando parte integrante (y a menudo invisible) de nuestro entorno cotidiano: los llevamos en los móviles, en los juegos electrónicos, en las tarjetas del banco, y en la llave que abre un coche moderno, el cual a su vez cuenta hoy con más de 50 computadores programados con alrededor de un millón de líneas de código.

Actualmente no existe una única traducción al español utilizada universalmente para embedded systems en este contexto. Como ocurre con otros tantos en el mundo informático, el término ha sufrido varias traducciones dependiendo de factores que van desde las diversas áreas de aplicación de estos sistemas al emplazamiento geográfico del traductor. A mi entender, y a falta de un estudio estadístico más riguroso, las más empleadas actualmente son «sistemas empotrados», «sistemas embarcados», «sistemas embebidos» y, por citar algunas otras que últimamente están ganando terreno, «sistemas incorporados» o «sistemas integrados». Gracias a los maravillosos buscadores en la Red, incluso se pueden encontrar referencias, aunque de uso mucho más anecdótico, a sistemas «embutidos» y «encastrados».

Ciertamente sería muy difícil y ambicioso intentar imponer una traducción única para este término, y desde este artículo simplemente me propongo romper una lanza por la solución «sistemas empotrados». Es, después de todo, con la que he trabajado desde mi licenciatura en informática hace casi 25 años, en mi paso por los sectores del espacio y de las telecomunicaciones, y finalmente en la Comisión Europea. En este recorrido he encontrado que este es el término utilizado mayoritariamente por las autoridades públicas de investigación y desarrollo y por los profesionales en su día a día, así como en la bibliografía, en los cursos y programas de estudio de las universidades españolas y en las ofertas de trabajo. Cierto es que también los otros términos son utilizados y pueden considerarse igualmente válidos (por ejemplo, el uso de «sistema embarcado» es de los más veteranos y continúa muy presente en las áreas aeroespacial y de transporte), y que en América se pueden encontrar otras traducciones con mucha pujanza (por ejemplo «sistemas embebidos»).

Aparte de la simple frecuencia de utilización, quisiera no obstante introducir varios argumentos de orden semántico en la discusión. Para ello me voy a apoyar en un ejemplo que ilustra este tipo de sistemas y sobre todo su relación específica con el objeto del que forman parte: recientemente se ha puesto en venta una camiseta en cuyo motivo frontal hay diez bandas luminosas cuya intensidad cambia en función de la potencia de la señal de red inalámbrica (wi-fi) que dicha camiseta es capaz de captar en su entorno. Solo las pilas se pueden sacar para el lavado. Este simple ejemplo muestra que el sistema que da funcionalidad y valor añadido está fabricado conjuntamente con el objeto del que forma parte (en este caso la camiseta) y no puede ser extraído sin destruir, dañar irreparablemente o transformar el objeto original en otra cosa. Y esto es precisamente lo que a mi juicio el adjetivo «empotrado» proporciona de una manera muy ajustada: la idea de que el sistema empotrado es una parte diferenciable del objeto pero al mismo tiempo participa intrínsecamente en su construcción, su estructura y su funcionalidad.

Las otras traducciones antes comentadas no poseen a mi entender esta fuerza: «embarcado» da una buena idea si el soporte es algún tipo de transporte (un coche o un satélite), pero se adapta peor a una variedad creciente de objetos cotidianos que van a cobrar nuevos usos con esta tecnología; «incorporado» es cuando menos algo más ambiguo que empotrado, ya que es posible pensar que se pueda incorporar algo a un objeto después de su construcción, y que se pueda separar de él sin consecuencias dramáticas: esta sería por ejemplo la diferencia entre un navegador GPS empotrado o incorporado en un coche. En el segundo caso, uno podría pensar que el navegador se ha comprado después y se ha puesto sobre la guantera o en el cristal. Sin embargo, si es empotrado, sabemos que ha salido de fábrica en la estructura del salpicadero. Algo similar ocurre con «integrado»: si bien aquí la diferencia es menos evidente, en informática se puede hablar de un «sistema integrado» que combina varias funcionalidades más o menos independientes (por ejemplo un sistema integrado de contabilidad y gestión de personal). Además, «integrar» un sistema en un objeto puede también dar la idea de que dicho objeto está concebido para que el nuevo sistema se pueda añadir a posteriori de una manera modular, por programación o por la utilización de unas conexiones preestablecidas, pero sin que el sistema forme parte originariamente del objeto. Por último, «embebido» asocia la idea de un sólido que absorbe un líquido, y cuando se habla de dos objetos sólidos, la idea de que uno está contenido o encerrado completamente dentro del otro. Sin embargo, esta última característica no se da en muchos casos en los que el sistema es perfectamente visible (por ejemplo, en la camiseta) y esta visibilidad aporta algo fundamental a la significación y al uso del objeto en sí.

Finalmente, me gustaría comentar también que, a medida que el uso de estos sistemas se extiende más allá del entorno estrictamente informático, «empotrado» encuentra cierta resistencia a su utilización por causa de su pretendida cacofonía y de las asociaciones con los términos «empotrar», «potra», «tener potra», etc. Cierto es que esto no convierte el término en un candidato fácil de vender al público, pero en el ámbito profesional, si alguien habla de un sistema empotrado, todo el mundo sabe perfectamente a qué nos estamos refiriendo. El español nos ofrece un adjetivo que identifica sin ambigüedad embedded systems y se adapta perfectamente a su significado. Ni más, ni menos. ¿Qué más se le puede pedir a un adjetivo?

Leonardo Flores Añover
Comisión Europea
Leonardo.Flores@ec.europa.eu

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