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RESEÑAS


Guía de la (letra) capital

José Martínez de Sousa
Diccionario de uso de las mayúsculas y minúsculas
Ediciones Trea, S. L., Gijón, 2007. 250 páginas
ISBN: 978-84-9704-289-5

«Este es un libro difícil. Difícil de escribir y muy probablemente difícil de leer y de interpretar. Entre los temas ortográficos, tal vez sea este uno de los más complejos, si no el que más. A veces no resulta fácil ni siquiera sugerir a los lectores cómo deben aplicar la mayúscula. No hay unas reglas lo suficientemente extensas y claras para su aplicación, y cuando las hay deben tenerse en cuenta también las numerosas excepciones. Cada cual está dispuesto a defender las mayúsculas que emplea en un determinado escrito porque cree firmemente que son adecuadas por razones que solo la persona concreta conoce.»

No es frecuente encontrarse en obras lexicográficas una declaración como esta, no exenta de humildad y una cierta melancolía, que encabeza el prólogo de este libro, el último publicado hasta el momento por José Martínez de Sousa, nuestro más ilustre ortógrafo, ortotipógrafo y bibliólogo, autor de una extensísima obra. Y, en efecto, cualquier hispanohablante que se dedique a la redacción o la traducción de textos, particularmente los de carácter administrativo o jurídico, puede dar fe de la dificultad de encontrar respuesta a las dudas que suscita en nuestra lengua el uso de las mayúsculas y las minúsculas. Ante la falta de normas claras y el enfoque difuso con que se aborda esta materia en muchas obras, incluidas las académicas, es normal que el usuario de la lengua, profesional o no, se sienta inerme. Pues bien, en este nuevo libro el maestro Martínez de Sousa afronta con valentía todos los problemas que plantea esta espinosa cuestión y los trata de manera razonada desde todos sus ángulos.

La obra no presenta ninguna novedad doctrinal con respecto a otras publicaciones del autor, aunque, como él mismo señala, en algunos casos concretos sí adopta un enfoque nuevo. Martínez de Sousa no ahorra críticas a las recomendaciones de la Real Academia, a la que reprocha un incremento notable del uso de las mayúsculas en los últimos años.

El volumen consta de tres partes: en la primera se expone la tipología de la mayúscula, en la segunda se estudian las reglas de uso y sus excepciones, y la última está constituida por el diccionario propiamente dicho, en el que se recogen más de un millar de palabras que pueden presentar alguna dificultad de escritura.

El uso en posición inicial de mayúscula o minúscula depende, en muchos casos, del tipo de texto en el que se utilice una palabra. Así, por ejemplo, el autor señala que las «denominaciones de cargos y empleos, cualquiera que sea el tipo, clase o campo de aplicación, se escriben siempre con minúscula» y recalca que la mayúscula debe circunscribirse, tal como indica el Diccionario panhispánico de dudas, a las «leyes, decretos y documentos oficiales» (ejs.: «el Rey de España», «el Secretario de Estado de Comercio»). Un criterio análogo aplica Martínez de Sousa a los sustantivos que designan los grupos zoológicos y botánicos superiores al género usados en aposición: la Academia prescribe para ellos la mayúscula inicial («orden Roedores»), pero el autor recomienda emplearla únicamente en textos didácticos o especializados.

La diferenciación que establece el autor entre «grafía oficial» y «grafía usual» (por ejemplo, en la entrada «ley» del diccionario: «Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre, de Protección de Datos de Carácter Personal», frente a «ley orgánica de Protección de Datos») puede resultar de gran utilidad para la fijación de unas convenciones del lenguaje administrativo, que aún presenta notables vacilaciones y disparidades, según el ámbito territorial y jurídico en el que se utilice. Este principio se aplica, por ejemplo, a «presidente [del Gobierno o de la República]», «primer ministro», etc.

Si para términos como «Administración [central, económica, militar]» o «Estado» (salvo «estado [de Pensilvania]» o «estados» en plural), el autor prescribe la mayúscula, para otros recomienda la minúscula, como «corona» ('monarquía') y «el rey don [Juan Carlos]» (en ambos casos en contra del criterio académico), y «derecho [internacional]». Para «cruzada», «cuaresma» y «papa» también pide la minúscula inicial, frente a la Academia, que prescribe la mayúscula. En este diccionario también se establecen las grafías «documento nacional de identidad (DNI o dni)», «impuesto» en todas sus combinaciones (incluso en documentos oficiales), «justicia» (la «justicia civil», «el justicia de Aragón»), «judicatura» e «Internet».

Son especialmente lúcidas las consideraciones del autor acerca del uso de la mayúscula en las denominaciones de organizaciones («Consejo General del Poder Judicial»), que afecta en estos casos tanto al genérico como al específico. Esta última distinción explica que, por ejemplo, al referirse a un ayuntamiento deba escribirse «esta corporación» (genérico) con minúscula y «el Ayuntamiento» (específico) con mayúscula. También son muy interesantes las reflexiones sobre el paso del uso de la minúscula en la denominación del «sistema métrico decimal» (usado hasta 1960) a la mayúscula en la del «Sistema Internacional de Unidades» (que sustituyó al primer sistema): Martínez de Sousa observa una «querencia por las mayúsculas cuando se presentan casos de duda» y aboga en casos como este por la grafía con minúsculas iniciales.

También destacan las indicaciones del autor acerca de los topónimos, así como otros pasajes del libro en los que argumenta ampliamente su desacuerdo con los usos académicos, como los relativos a los puntos cardinales, los ciclos educativos y disciplinas («estudio biología», pero «Facultad de Biología»), los términos que designan eras, edades, acontecimientos históricos y movimientos culturales, las marcas registradas, etc.

En el último apartado de «varios», en la segunda parte del libro, se señala brevemente el uso de la minúscula en determinados «nombres de conceptos de uso habitual en ciertos ambientes de la Unión Europea», como «política agrícola común» o «espacio económico europeo». Este último ejemplo no es acertado, puesto que se trata de una entidad jurídica, reconocida por un acuerdo internacional, que siempre se escribe con mayúscula en sus tres elementos. En este apartado queda reflejado el relativo «extrañamiento» que caracteriza los usos del español institucional comunitario, que desde la adhesión de España a las Comunidades Europeas ha aplicado criterios mucho más «minusculistas» que los habituales en la Administración española, en buena medida por influencia del francés, que hasta hace unos cuantos años fue la lengua preponderante en las instituciones de la Unión Europea. Esos criterios, sin embargo, están evolucionando a favor de una intensificación del uso de la mayúscula, que se plasmará próximamente en una nueva norma común a los textos comunitarios en español.

En suma, este libro de Martínez de Sousa es particularmente oportuno en un momento en el que la facilidad de difusión e intercambio de la información puede permitir avanzar hacia la confluencia de las convenciones en todo el ámbito hispánico en un campo tan complejo como este.

 

puntoycoma
dgt-puntoycoma@ec.europa.eu

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