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En la sección «Colaboraciones» se recogen opiniones y propuestas firmadas por lectores o por miembros de la Redacción cuando intervienen a título personal. La responsabilidad de los cabos sueltos firmados y de las colaboraciones incumbe a sus autores. PUNTOYCOMA

COLABORACIONES


Visión general de la normalización en el sector de la traducción

Introducción

Hasta el advenimiento de internet siempre se había considerado la traducción una profesión con ciertas dosis de aislamiento, en la que primaba el esfuerzo individual de quien la afrontaba. En la era de la ciberinformación la traducción ha adquirido nuevas formas, ya que a la pura traducción literaria, su exponente máximo, se han unido otras formas de traducción con un marcado componente técnico, como son la localización de productos informáticos y de páginas de internet. Además, estas nuevas disciplinas han abierto el camino al uso de programas informáticos de uso común o específico, que manejan casi todos los traductores y empresas actuales.

Esta nueva perspectiva favorece el trabajo en equipo y el uso compartido de recursos, habida cuenta de los enormes números de palabras que se gestionan y traducen, además de la contribución e involucración de otros profesionales presentes en los procesos, como los revisores, correctores, maquetadores, terminólogos, etc. Por lo tanto, ese tradicional aislamiento ha dado paso a una mayor colaboración que tiene en la Red su máxima expresión con foros profesionales, medios de consulta, bolsas de trabajo, asociacionismo y herramientas de colaboración, por citar algunos ejemplos prácticos.

Las posibilidades combinatorias del reparto de un trabajo de traducción son numerosas: cliente directo con empresa de traducción; empresa de traducción con empresa de traducción; empresa de traducción con traductor autónomo; cliente directo con traductor autónomo; traductor autónomo con empresa de traducción; traductor autónomo con traductor autónomo; empresa de traducción con cooperativa virtual de traductores, y cuantas más combinaciones podamos imaginar. En el transcurso de estas combinaciones se producen relaciones de diverso tipo: laborales, comerciales, financieras, contractuales, etc., por lo que deben sentarse con suma claridad las bases de esa relación. Así lo confirma Mata (2005: 240-241):

En el caso concreto de las tareas enmarcadas en el área lingüística, es muy habitual que el lsp responsable del proyecto (o mlv, Multi-Language Vendor) se las subcontrate a otro mlv nacional de menor entidad, el cual deriva el trabajo a un slv (Single-Language Vendor), que, a su vez, acaba encargándoselo a profesionales independientes o agrupados en pequeñas células de producción (clv, Cell Language Vendor). En un esquema de trabajo de este tipo, la cadena de producción puede llegar a tener muchos eslabones, y las implicaciones económicas y para la gestión de la intermediación son más que evidentes.

No obstante, el panorama anterior, referido solo a la traducción propiamente dicha, puede agrandarse más si cabe. Si entran en juego la corrección y la revisión, las ramificaciones se hacen más densas e incluso recurrentes, por lo que se hace necesaria una guía común. Todo esto también conlleva una situación comercial y contractual cambiante.

Necesidad de una norma actualizada

Hasta ahora las normas existentes aplicables a la traducción eran poco evolutivas, muy cerradas e incompletas, ya que no cubrían importantes fases de cualquier proceso de traducción; de hecho, hacían hincapié en las relaciones contractuales, pero no profundizaban en los procesos. Tanto es así que muchas de ellas quedaron casi obsoletas, hace ya tiempo, en muchos aspectos, dada la transformación rápida sufrida por el sector de la traducción tras la revolución internética y el uso de programas especializados: sirva de ejemplo el hecho de que ninguna haga referencia al uso potencial de programas de traducción asistida, una norma de facto en el mundo actual de la traducción. A este respecto debe recordarse que el traductor ha pasado de la máquina de escribir tradicional -ni siquiera la eléctrica- a los programas de tratamiento de texto y maquetación más sofisticados. Si bien la traducción actual mantiene los postulados traductológicos básicos de épocas anteriores, este sector avanza a gran velocidad en cuanto a tecnología, formatos y números de palabras. Todo esto obliga a la participación de diversos traductores en un único proyecto, en el que se comparten conocimientos, programas, técnicas, gestión y otros aspectos colaterales a la traducción propiamente dicha, entre los que sobresalen la revisión y la corrección de esas traducciones.

Las mencionadas normas tenían un carácter sincrónico para cubrir las necesidades específicas de la realidad de ese momento en la traducción profesional; sin embargo, no existía nada que cubriera esas necesidades en lapsos más prolongados según fuera evolucionando la profesión. Por esta razón, la nueva norma en-15038 favorece un planteamiento diacrónico y es lo suficientemente abierta para acomodarse a cambios futuros en el desarrollo de la profesión.

El estudio del mercado español de la traducción efectuado por la Asociación de Empresas de Traducción (act) establece un crecimiento medio anual del 6 % (act, 2004), lo que indica, sin duda, que se trata de un sector con la debida madurez. Además, si ahondamos en las cifras, la euatc sitúa el crecimiento medio del sector europeo de la traducción entre el 5 y el 7,5 % en el período que cubre desde el año 2005 al 2010 (euatc, 2005).

En este mismo estudio de la euatc, a partir de los datos que proporcionan los informes del sector de Allied Business Intelligence, Inc. (1999) y Common Sense Advisory, Inc. (2004), se efectúa un resumen de la facturación mundial de la traducción que arroja unas cifras que se acercan a los 10.250 millones de euros en el año 2005 (a Europa le correspondería una cuota ligeramente superior a un tercio de este total). En el informe de Allied Business Intelligence, Inc. del año 2004, se proyecta una cifra de negocio mundial para el 2006 de 12.639 millones de dólares (9.800 euros aproximadamente) en su versión más conservadora, y de 16.182 millones de dólares (unos 12.600 millones de euros) en su versión más optimista.

Si a estos datos les añadimos los cálculos también presentes en el informe de la euatc (2005) de que el sector de la traducción daba trabajo directamente a unas 110.000 personas1 (excluidos Rusia y otros 7 países europeos), podremos hacernos una idea bastante precisa de la magnitud del mercado europeo de la traducción. Curiosamente, con una cifra de negocio tan significativa y con la importancia implícita que encierra la traducción para otros sectores, que precisan de ella como escaparate internacional de sus productos aunque la consideren un bien de consumo, y no una necesidad real, no existe ninguna regulación específica del sector. Esta situación se agrava incluso más con la enorme fragmentación que aqueja a la oferta de este sector. Toda esta desregulación lleva a numerosos reinos de Taifas en los que cada uno hace la guerra por su cuenta, sin ningún tipo de unión.

Ante esta fragmentación no es desdeñable un patrón que marque las prácticas y procesos más habituales de la traducción. La madurez del sector así lo exige, y así lo corrobora Corpas (2006, 47):

It is out of sheer necessity that the translation industry is starting to mature. Precisely, an extremely important sign of maturity is the creation and adoption of translation quality standards.

La publicación de la norma europea de calidad para servicios de traducción en-15038 puede ayudar a paliar las mencionadas cuestiones2. Obviamente, no va a ser la piedra filosofal de los problemas de la traducción, pero sí puede servir como referencia de buenas prácticas en el sector. Decíamos anteriormente que el sector se sentía lo suficientemente maduro para acometer otras empresas, y fruto de ello es la elaboración de la norma, que, si bien fue una iniciativa de la euatc, ha incluido en el seno de sus comités a todos los agentes del sector: empresas, traductores, universidades, productores de programas relacionados con el sector, asociaciones profesionales, etc. El hecho de que la norma se haya concebido y redactado desde dentro del propio sector es garantía plena de que incluye esos procedimientos que todos los traductores vienen poniendo en práctica desde tiempos inmemoriales, pero adaptados también a una realidad actual, y probablemente futura. Sin duda, es un paso en la dirección correcta; insuficiente aún, pero que abre la puerta a otras iniciativas que la puedan complementar en el futuro por el bien del sector.

Para entender bien esta norma hay que establecer la distinción entre proceso y producto. Se trata de dos conceptos que a menudo se confunden en traductología, y ambos presentan su diferencia, ya que el segundo es el resultado del primero. Hatim y Mason (1995: 13) captan esta diferencia y su importancia:

Los lectores tienen ante sí un producto acabado, el resultado de un proceso de toma de decisiones; no tienen, pues, acceso a las vías que llevaron a esas decisiones, a los dilemas que el traductor tuvo que resolver. Lo que es susceptible de escrutinio es el producto acabado, el resultado de una práctica traslaticia, más que la práctica propiamente dicha. Dicho de otro modo, lo que se contempla es la traducción como producto y no el traducir como proceso.

En un campo tan subjetivo como es la traducción, esta distinción se antoja fundamental, ya que la norma no pretende cubrir el resultado final en sí, sino los pasos que dan lugar a él, como confirma Corpas (2006, 47):

We will be mainly concerned about translation (as a professional activity) and translations (as the final product).

Esta diferencia encierra la idea de calidad que hay detrás de cualquier norma: si los pasos tomados en cada procedimiento son correctos, el resultado final debería ser correcto. Pero algo que parece tan obvio, no siempre se cumple en la traducción... De hecho, la calidad es algo bastante intangible en este sector a causa de la subjetividad presente en la oferta y en la demanda, ya que puede haber tantas calidades como clientes (Arevalillo, 2006):

No obstante, a la diferencia explicada más arriba entre procesos y productos, habría que añadir que hay tantas calidades como el cliente final considere: aunque los clientes deseen una calidad integral, hay quienes se centran sobre todo en una calidad lingüística; otros, en una calidad ortotipográfica; otros, en una calidad funcional, y así cuantas calidades el cliente quiera asumir.

Pero esa subjetividad tiene un compañero de viaje que complica más las cosas: la evaluación de la calidad, ya que requiere el empleo de medios objetivos para valorar un producto sometido a lo subjetivo. Por ello, cada una de esas calidades requeridas por los distintos clientes tiene su extensión en su valoración, como corrobora Corpas (2006, 47-48):

Evaluating the quality of a translation presupposes a theory of translation. Thus different views of translation lead to different concepts of translational quality, and hence different ways of assessing it.

Conclusiones

En el sector europeo de la traducción, la calidad es uno de los caballos de batalla más habituales, pero curiosamente en paralelo con un gran desconocimiento de las normas de calidad. En el estudio de los compradores de traducciones de la euatc (2005) se menciona que el principal factor para cambiar de proveedor de traducción son los problemas de calidad (68 %), muy por encima de los plazos incumplidos (40 %) y las tarifas (38 %), los otros dos factores clave. Paradójicamente el estudio también establece que el 96 % de los clientes encuestados desconoce la existencia de normas aplicables a la traducción, un dato también evidente en el estudio de mercado de la act (2005).

Este hecho pone de manifiesto el enorme desconocimiento que los demás sectores tienen respecto a la traducción, así como de los procesos que conlleva. En este artículo ya se ha mencionado la consideración de la traducción como un bien de consumo, en el que, sobre todo actualmente, es el cliente quien pone el precio, y por lo general ese precio, tan a la baja en nuestros días, no suele reflejar todos los procesos individuales y de grupo que encierra el proceso de traducción. De ahí que una de las tareas acuciantes del sector de la traducción europeo radique en dar a conocer todos esos procesos que garantizan un servicio de calidad.

Para tal fin, no cabe ninguna duda de que la norma de traducción puede ser un importante escaparate, ya que recoge los procesos presentes desde la llegada de una nueva traducción a su entrega al cliente final, además de incluir en el proceso otras tareas adicionales fundamentales y declarar la gestión de proyectos como una de las herramientas esenciales para armonizar los esfuerzos de todos los intervinientes, cada vez más multidisciplinares.

Asimismo, la nueva norma viene a sustituir a todas las otras normas existentes, pensadas para una necesidad del momento. La en-15038 pretende ser tan atemporal como sea posible de modo que pueda ajustarse a los cambios, sobre todo tecnológicos, que se vienen sucediendo en el sector, casi en progresión geométrica.

Finalmente, para un sector tan necesitado de regulación, la norma puede contribuir a un mayor reconocimiento profesional y a una mayor visibilidad, ya que, con independencia de que sea una norma certificable o no, viene a recoger las actividades cotidianas de los traductores y, por encima de todo, la madurez de un sector que lucha contra viento y marea en busca de un mayor reconocimiento de su profesión, tan necesaria en el panorama mundial interconectado por internet.

Bibliografía

act (2005) Estudio de situación del mercado español de servicios profesionales de traducción (2004).
Allied Business Intelligence, Inc. (1999) Language Translation World Market Assessment, ee.uu.
Allied Business Intelligence, Inc. (2002) Language Translation, Localization and Globalization: World Market Forecasts, Industry Drivers and eSolutions, ee.uu.
Arevalillo Doval, J. J. (2005) «The en-15038 European Quality Standard for Translation Services: What's Behind It?» The Globalization Insider n.º 4:
http://www.lisa.org/globalizationinsider/2005/04/the_en15038_eur.html. [Consulta: 25.11.2005].
Arevalillo Doval, J. J. (2006) «La norma europea de calidad para servicios de traducción EN-15038: por fin una realidad», Panace@ n.º 20: http://www.medtrad.org/panacea/IndiceGeneral/n23_tribuna_Arevalillo.pdf [Consulta: 20.6.2006].
Common Sense Advisory, Inc. (2004) Global Business Confidence Survey - Translation, ee.uu.
Corpas Pastor, G. (2006) «Translation Quality Standards in Europe: An Overview», 47-57 en: E. Miyares Bermúdez / L. Ruiz Miyares (eds.) Linguistics in the Twenty First Century. Cambridge: Cambridge Scholars Press/Santiago de Cuba: Centro de Lingüística Aplicada.
euatc (2005) European Survey of Translation Purchasers.
euatC (2005) The European Translation Industry: Facing the Future.
Hatim, B. / Mason, I. (1995). Teoría de la traducción: una aproximación al discurso (traducción de Discourse and the Translator por Salvador Peña), Barcelona, Ariel.
Mata Pastor, M. (2005) «Localización y traducción de contenido Web», 187-252 en D. Reineke (ed.) Traducción y localización: mercado, gestión y tecnologías, Las Palmas de Gran Canaria, Anroart Ediciones.

Juan José Arevalillo Doval
Hermes Traducciones y Servicios Lingüísticos
juanjo.arevalillo@hermestrans.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1 Nótese que esta cifra excluye a los puestos de traductores en plantilla de empresas no relacionadas directamente con la traducción, que se calcula aproximadamente en 24.000 trabajadores, si se toman como base los datos del estudio europeo de la euatc (2005).
2 Este artículo no tiene como fin mencionar el contenido detallado de la norma, para lo que se recomienda consultar Arevalillo (2005).

 

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