capítulo precedentecapítulo siguientePágina principal

 

RESEÑAS


Lengua para todos los públicos

José Antonio Millán
El candidato melancólico
RBA, Barcelona, 2006, 168 páginas
ISBN: 84-7871-771-4

Álex Grijelmo
La gramática descomplicada
Taurus, Madrid, 2006, 463 páginas
ISBN: 84-306-0606-8

En los últimos años se observa un auge de la publicación de libros escritos por profesionales de la lengua que no pertenecen, en muchos casos, al estamento académico de la filología y destinados a un público general en los que se abordan distintos aspectos de la lengua española con un propósito divulgativo y un tono a menudo desenfadado. El perfil de los autores que se lanzan a la elaboración de obras de este tipo es muy variado, como se observa en el caso de los dos libros que nos ocupan: José Antonio Millán, profesional difícil de encasillar en un solo oficio (entre otros, ejerce los de editor -digital y tradicional- y especialista en las nuevas tecnologías aplicadas a la comunicación; véanse las reseñas publicadas en los n.os 881 y 922  de puntoycoma), y Álex Grijelmo, periodista de renombre y reconocido prestigio que ha consagrado la mayoría de sus libros anteriores (El estilo del periodista, Defensa apasionada del idioma español, La seducción de las palabras, La punta de la lengua y El genio del idioma) a su declarada pasión por la lengua. Este tipo de libros, que con frecuencia se encaminan a la mejora del dominio práctico de la lengua por parte del lector, conviven en las mesas de novedades de nuestras librerías con las novelas de los autores de más éxito y escalan a los primeros puestos de las listas de libros más vendidos.

Este fenómeno coincide, por un lado, con la atención que se está prestando a la lengua en las esferas oficiales y que otorga prestigio a quienes la patrocinan, aunque muchas veces no vaya ligada a ninguna inversión concreta para la promoción y la defensa del español, y, por otro, con el optimismo que recubre el reciente reconocimiento público del valor económico del español. Además, la publicación de diccionarios, gramáticas y manuales novedosos que también se convierten en éxitos editoriales favorece la repercusión social del particular género de libros que aquí nos interesa. Y es patente el interés del público por este tipo de literatura, como también lo es su utilidad para todos los profesionales que tienen la lengua como herramienta básica de trabajo, incluidos los traductores.

El candidato melancólico, de José Antonio Millán, se ofrece al lector como un libro ameno destinado a divulgar conocimientos sobre la etimología de las palabras del español y a transmitir la pasión por la historia de sus vocablos. Entre los móviles que esgrime el autor para invitar a la lectura de este libro destacan, por una parte, la toma de conciencia de la maravilla que constituye la lengua, que despierta el deseo de conocerla mejor y «utilizar bien sus tesoros», y, por otra, la curiosidad sobre las palabras y sobre la propia historia en general. La lengua, en efecto, se presenta «"en tres dimensiones", como un organismo dinámico que hunde sus raíces en la historia».

Millán evita cuidadosamente a lo largo del volumen el uso de tecnicismos, que se recogen en un provechoso apéndice final. En los dieciséis capítulos del libro Millán aborda de manera distendida y al mismo tiempo rigurosa distintos aspectos del mundo de la etimología, desde los parentescos entre las lenguas, la onomatopeya, los viajes, a veces de ida y vuelta, que han realizado determinadas palabras, la etimología popular, el tabú, el eufemismo y la corrección política, los aumentativos y diminutivos, la derivación y la composición o las palabras de origen griego, hasta diversos ámbitos semánticos, como los colores, las partes del cuerpo o el léxico de las tecnologías, y se recrea de manera brillante en palabras como «disco» y en los términos relacionados con el concepto de 'golpe'. El volumen, en suma, constituye un repaso original y divertido a la historia de 700 palabras del español y se complementa, como otros libros anteriores del autor, con otros elementos (un blog y un concurso) que se ofrecen en su página web.

La gramática descomplicada, de Álex Grijelmo, se propone como un libro destinado a «pensar con la gramática, no a memorizarla». Puesto que «el lenguaje es el pensamiento», la gramática nos enseña a razonar, exponer y generar ideas y a ser más capaces de convencer. Esta «primera gramática escrita por un periodista» pretende aportar un enfoque y un estilo nuevos respecto al resto de las gramáticas y subraya el propósito de presentar la materia de forma amena. El autor explica por qué ha usado en el título el adjetivo «descomplicada», de su invención, y subraya el planteamiento descriptivo, no normativo, del libro. La obra, aunque ello no se indique de manera explícita, prescinde de todo marco de referencia teórico y de toda remisión a alguna de las corrientes gramaticales vigentes, con lo que se sitúa en una especie de limbo metodológico que, según parece sugerir el autor, otorga a este una absoluta libertad en su descripción de la lengua.

La obra, que ocupa casi quinientas páginas, está redactada pensando en una lectura continuada y se adereza con comentarios humorísticos en los que el autor aprovecha toda una batería de recursos discursivos que hunden sus raíces en la ingeniosa tradición retórica de los maestros de [la vieja] escuela. La estructura es tributaria de una ordenación habitual en muchas gramáticas: se parte de la morfología para abordar a continuación las categorías gramaticales y se concluye con la sintaxis.

Llama la atención el denominado capítulo 0 («Aquí no va la fonología»): el autor declara su renuncia a dicha disciplina por su dificultad y sobre todo por ser materia prescindible. Sin embargo, en el capítulo de morfología se dedica amplio espacio a cuestiones tales como lo que Grijelmo denomina la unidad mínima de la lengua escrita (la letra) y la unidad mínima del lenguaje oral (el fonema), así como a las sílabas, el diptongo, el triptongo y el hiato. De igual manera, se dedica todo el capítulo siguiente a «Los acentos». No deja de sorprender que todos estos elementos queden desvinculados de la fonología. Por otro lado, el autor mezcla planos conceptuales y términos heteróclitos que han quedado netamente definidos en los estudios lingüísticos a partir del estructuralismo: «Las palabras se dividen en sílabas; y éstas, al juntarse, nos ofrecen la raíz, que ejerce la labor de soportar el significado».

Nuestro gramático formula propuestas terminológicas ciertamente sorprendentes, como «[palabras] primitivas» (en lugar de simples, por oposición a las derivadas), «sucedente» para referirse al antecedente de un relativo que figura después en la oración (¿no hubiera sido más sencillo denominarlo, por ejemplo, «consecuente»?), «preguntas evidentes o emboscadas» para referirse a las interrogativas directas e indirectas, «llamativo» (usado en lugar de vocativo «para entendernos mejor»), «expresión coherente unipalabraria», etc. En alguna ocasión el autor declara su antipatía por determinados términos, como sucede con «sintagma»; no resulta evidente lo que tiene de malo esta palabra, fácil de entender y de acreditada utilidad para dar cuenta de la estructura de la oración. Otras veces, en cambio, se recurre a términos ajenos a la descripción de la lengua, como «asertorio», «problemático» y «apodíctico», tomados de la lógica clásica. Si se trata de utilizar términos específicos, ¿por qué no recurrir a los que se emplean más habitualmente en nuestras gramáticas y libros de texto? Si, por el contrario, de lo que se trata es de acercarse al lector evitando el tecnicismo crudo, ¿por qué se echa mano de viejos o nuevos términos que no necesariamente aclaran la cuestión?

Por lo que respecta al contenido del volumen, abundan en él explicaciones discutibles, o cuando menos heterodoxas, como las siguientes: «aun» (por ejemplo, en «Ganó el torneo local de ajedrez aun siendo un niño») se presenta como conjunción adversativa y no como adverbio; entre los adjetivos y pronombres interrogativos se mencionan los habitualmente considerados adverbios interrogativos «cuándo», «cómo», «dónde» y «adónde»; se dice que las adverbiales de tiempo van introducidas por «adverbios de tiempo o equivalentes» como «cuando (sin acento), desde, mientras, apenas, antes de que, después de que», etc.; también se considera adverbio (de relativo) «cuanto» (por ejemplo, en «hice todo cuanto me dijo la azafata»); se incluye el participio presente entre las formas verbales de la conjugación española; el autor, en una pirueta, esta vez, «hiperestructuralista», señala que, en casos como «La esperó delante de la puerta», «encima de los tejados», etc., la preposición «de» sirve para introducir el complemento del adverbio («delante») que la precede, en lugar de considerar «delante de» o «encima de» simples locuciones preposicionales (equivalentes a «ante» o «sobre»); se emplean como sinónimos los términos «complemento preposicional» y «complemento de régimen», en lugar de considerar el segundo tipo de complementos una categoría particular del primero; se señala un uso del hipérbaton (y no una de las posibilidades normales en español de ordenación de las palabras) en construcciones del tipo de «Detrás de su grueso bigote está Mauricio».

En este libro también se deslizan osadas afirmaciones sobre otras lenguas, por ejemplo cuando se señala que verbos como «latir, sentir, afligir, construir, remitir, transmitir [...] se usaban ya en latín (idioma en el que estos infinitivos terminaban en -ire)» (en realidad, varios de ellos derivan de la tercera conjugación latina, que hacía su infinitivo en -ĕre), cuando se indica que en francés la expresión Quand je m'irai es corriente y equivale a «Cuando me vaya», o cuando, para glosar el término «prótasis» se aduce que «[p]rocede de la palabra griega prótasis, que traducimos como "primera parte"». Algunas definiciones tautológicas, como la siguiente recogida en un recuadro, desdicen del propósito pedagógico del libro: «Los verbos predicativos no sirven de unión entre el sujeto y el atributo, sino que nos predican algo del sujeto». En alguna ocasión se opta por una ortografía poco convencional, como en el ejemplo siguiente: «Sea por que viene, sea por que no viene, siempre te parecerá mal si viene o no viene».

Y ¿qué decir de pasajes como los siguientes? «El latín, el griego y otras lenguas tomaron a su vez sus palabras del idioma indoeuropeo, ya desaparecido en la actualidad». «El complemento indirecto (también llamado "objeto indirecto") es el elemento de la oración que recibe la acción del verbo una vez que ésta ha pasado por el complemento directo». «Las oraciones subordinadas se denominan así porque se ordenan por debajo ("sub-ordenadas")». Todos ellos, al igual que los casos citados en párrafos anteriores, traslucen una visión superficial de los fenómenos lingüísticos, cuando no errores de bulto fáciles de descartar mediante una simple consulta bibliográfica o en internet.

Los dos libros aquí comentados constituyen ejemplos dispares de un género que despierta un enorme y justificado interés en el público hispánico. La lengua es de todos y por ello en todo momento ha de ser bienvenida la divulgación sobre temas lingüísticos, sin desdeñar ningún enfoque novedoso o pedagógico, siempre que la base teórica quede delimitada con claridad y el desarrollo se haga con rigor y profundidad. Estas dos últimas condiciones, manifiestas en el libro de Millán, son las que se echan en falta en el libro de Grijelmo.

Alberto Rivas
DG Traducción, Comisión Europea
Alberto.Rivas-Yanes@ec.europa.eu

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1   http://ec.europa.eu/translation/bulletins/puntoycoma/88/pyc888_es.htm
2   http://ec.europa.eu/translation/bulletins/puntoycoma/92/pyc927_es.htm

 

capítulo precedentecapítulo siguientePágina principal