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COLABORACIONES


Ecos terminológicos de la guerra

¿A quién se le ocurre pensar que tiene un pequeño «radar» en la cocina? Según el Readers Digest de agosto de 1958,

the new device will cook a sirloin steak in one minute, a plump Thanksgiving turkey in little more than half an hour. Used for some time in restaurants, Pullman diners and ocean liners, radar ranges are now being produced for the home.

Por poco llamamos radar al microondas. Y no habríamos ido desencaminados, ya que radar range fue el nombre que recibió el primer horno de microondas.

El término radar, acrónimo de radio detection (o detecting) and ranging, se hizo público en 19411. Terminada la guerra, el ingeniero militar Percy Spencer experimentaba un día con un magnetrón -el corazón del radar- cuando se dio cuenta de que se le había fundido una chocolatina que llevaba en el bolsillo. Acababa de nacer, por pura casualidad, el horno de microondas (<microwave oven), un artefacto que se comercializó en 1947 con un peso de 500 kg, dos metros de altura y un precio prohibitivo. La comercialización a gran escala no llegaría hasta los años setenta. El drae tomó nota de la novedad en su edición de 1992.

Si el microondas nació en la posguerra como un producto derivado de un artilugio militar, otros inventos y descubrimientos -es decir, otros conceptos y otras palabras- surgieron en plena guerra. Dios aprieta pero no ahoga, y en los momentos más difíciles el homo sapiens agudiza el ingenio. La creatividad científica y técnica es un elemento fundamental de las guerras modernas. En los momentos más críticos de la Segunda Guerra Mundial, el equipo de ingenieros de Wernher von Braun sentó las bases de la tecnología del espacio. Entretanto, en el bando aliado, la élite científica y técnica se reunía con mandos militares en recintos secretos -laboratorios de ideas herméticos como cisternas- que darían nombre después de la guerra a los think tanks civiles (dicho sea de paso, think tank significa «cerebro» en inglés coloquial americano).

En aquellos laboratorios de ideas se devanaban los sesos algunas lumbreras civiles y militares como el doctor Spencer ya mencionado; el futuro premio Nobel William Shockley, coinventor del transistor (acrónimo de transfer resistor), pionero de Silicon Valley y padre de la revolución informática del último cuarto del siglo xx; o el general Henry H. Arnold, fundador en 1948 de la sociedad rand Corporation, el primer think tank civil en el sentido actual del término (se diría que el acrónimo rand -research and development- apunta, con medio siglo de antelación, al título de nuestro Programa Marco).

Cisternas para Mesopotamia

Pero si el concepto de think tank se asocia propiamente con la Segunda Guerra Mundial, ya en la primera existieron laboratorios de ideas avant la lettre, como el Inventions Committee británico. En uno de ellos, el Landships Committee, creado por Winston Churchill en 1915, se desarrolló en secreto una máquina de guerra blindada capaz de cruzar las líneas de trincheras y alambradas y destruir las ametralladoras del enemigo; su nombre codificado era Water Carrier for Mesopotamia. Aparentemente, los técnicos e ingenieros trabajaban en la construcción de grandes cisternas móviles para la guerra en el desierto contra el ejército otomano. Como código abreviado, se barajaron las palabras cistern y reservoir; al final se optó por otra con el mismo sentido: (mobile water) tank. El artefacto tenía, en efecto, un cierto parecido con una gran cisterna, con planchas de acero unidas por remaches.

Los primeros carros de combate tuvieron su bautismo de fuego en la batalla del Somme, el 15 de septiembre en 1916. La primera intervención de los monstruos de metal no fue muy efectiva, pero sí espectacular. Tres días después, The Times informaba de la novedad:

"Tanks" is what these new machines are generally called, and the name has the evident official advantage of being quite undescriptive.

Se iniciaba así la guerra mecanizada y la palabra «tanque» adquiría una nueva acepción, la que le dio el teniente coronel Ernest Swinton, en cuya idea se basó el proyecto. Su carro de combate tuvo sin duda un gran impacto en el imaginario colectivo de la época, ya que la Academia introdujo la novedad en la siguiente edición de su Diccionario (1925), en un lugar preferente de la entrada «tanque»:

(del ingl. tank) m. Automóvil de guerra blindado y artillado, que, moviéndose sobre una llanta flexible o cadena giratoria, puede andar por terrenos muy escabrosos.

Pero, dadas las circunstancias, el tanque podía haberse llamado igualmente «cisterna», «nave terrestre» o, sobre todo, «acorazado terrestre». En efecto, la idea de Swinton cayó en terreno abonado ya por la narración Los acorazados terrestres (The Land Ironclads), publicada en 1903 por H. G. Wells, en la que combaten blindados muy parecidos a las «cisternas para Mesopotamia» de la batalla del Somme.

Ambulancias imperiales

Es poco probable que Napoleón tuviera un laboratorio de ideas, al menos tal como lo entendía el general Arnold; pero no por ello caerían todas en saco roto. La ambulancia moderna se remonta -salvando todas las distancias, que no son pocas- a la idea del barón Dominique-Jean Larrey, cirujano del ejército francés.

Larrey diseñó las ambulances volantes tiradas por caballos en la campaña del Rin, en 1796, para socorrer y transportar a los heridos con la máxima rapidez. La idea de Larrey se inspiraba en la artillería volante del propio ejército napoleónico.

El barón Larrey sirvió también en la campaña de España, pero la palabra «ambulancia» no entró en el drae hasta la edición de 1884; en ella, se define «ambulancia volante» como «la que lleva los auxilios á la misma línea de batalla».
 

Ambulancia volante diseñada por el barón Larrey

 

French logistics

El invento de Larrey confirma la importancia capital de la logística en las campañas del gran estratega corso, mucho antes de que uno de sus generales formulara la teoría por escrito. Y nos encontramos aquí con un falso escollo lingüístico con el que hace pocos años tropezaban todavía los traductores más reacios a aceptar «anglicismos». Hoy es difícil recorrer un par de kilómetros por cualquier autopista sin encontrar un camión con un lema del tipo «Pérez Logística S.L.» impreso en el toldo.

La Academia, que anda a veces con el paso cambiado, introdujo la entrada «logística» en 1803, con la definición: «teórica, tratado, ó discurso de los números, cantidades, raíces, &c. y de las reglas de la aritmética superior e inferior», y mantuvo esta definición hasta 1822. Luego la palabra desapareció en un agujero negro durante 150 años y no fue reflotada hasta 1970, con la nueva acepción en lugar preferente: «parte del arte militar que atiende al movimiento y avituallamiento de las tropas en campaña», como voz procedente del francés logistique. La logística civil no entró en el drae hasta 2002, con la definición: «conjunto de medios y métodos necesarios para llevar a cabo la organización de una empresa, o de un servicio, especialmente de distribución», ahora -en todas sus acepciones- como voz procedente del inglés logistics.

Decimos que la rae ha ido con el paso cambiado también en este caso porque introdujo la acepción matemática justo cuando los franceses inventaban la logística militar; la suprimió del Diccionario cuando la logística se imponía decididamente como una de las ramas del arte de la guerra, y ha introducido la acepción civil con treinta años de retraso.

Como señalan los propios autores anglosajones, el origen del concepto moderno de logística es francés, y no americano. El padre de la logística militar fue el general suizo del ejército napoleónico Antoine-Henri Jomini, que en su Précis de l'art de guerre (1836) la definió como «l'application pratique de l'art de mouvoir des armées»2. Los estrategas militares estadounidenses se apoderaron del concepto a finales del siglo xix; pero fue el almirante George C. Thorpe quien lo reelaboró e introdujo como una teoría establecida en la doctrina del ejército norteamericano, con su obra Pure Logistics: The Science of War Preparation, publicada en 19173. En Pure Logistics, todavía hoy un manual histórico de referencia, Thorpe reconoce la paternidad del barón de Jomini en la génesis de la logística militar moderna.

La vertiente civil de la logística se desarrolló en los Estados Unidos en los años cincuenta del siglo pasado a partir de la experiencia de la logística militar. Podría decirse, por tanto, que este antiguo concepto decimonónico cruzó el Atlántico con un pasaje francés para volver, posmoderno y remozado, con un ticket anglosajón.

Task force

Es difícil hablar de logística militar sin recordar otro término cuya traducción ha causado quebraderos de cabeza durante muchos años. No intentaremos aquí la misión imposible de dar con una equivalencia adecuada para el término task force, que seguirá traduciéndose por «grupo operativo», «grupo de trabajo», «grupo especial», «grupo ad hoc», «grupo de tareas», «equipo de trabajo», «unidad operativa», «fuerza operativa», etcétera. En cambio, sí puede tener algún interés señalar el origen militar de este término y entender su significado original -que sigue vigente en la otan-.

El poderío militar de los Estados Unidos en la segunda mitad del siglo xx hace olvidar a veces que la gran potencia naval en la primera mitad del siglo era el Reino Unido y que la flota estadounidense no contaba entonces con bases adecuadas ni siquiera en su propio territorio (y el puerto más importante en el Pacífico, Pearl Harbor, fue arrasado por los japoneses). Esta debilidad inicial se tornó en una gran ventaja operativa, ya que obligó a los estrategas militares a un ejercicio ingente de logística móvil en alta mar, en cuyo contexto cristalizó en 1941 el sistema de task forces.

En esta nueva organización, el capitán de un buque pasaba a depender de dos mandos, uno operativo (task commander), responsable de la misión, y otro administrativo (type commander), especializado en la disciplina, la formación y el mantenimiento de un determinado tipo de naves, por ejemplo portaaviones o destructores. Las task forces se organizaban de forma flexible, en función de los objetivos, subdivididas en grupos operativos (task groups) y estos, en unidades operativas (task units), normalmente en torno a uno o más portaaviones. Una vez concluida la operación, los diferentes buques se reintegraban en sus escuadrones y divisiones de origen. La más simbólica de la guerra del Pacífico fue la Task Force 38/58.

Esta revolución organizativa, cuya finalidad era optimizar la integración, la flexibilidad y la eficiencia de las fuerzas navales y aéreas a miles de millas de los Estados Unidos, despertó la imaginación de la sociedad norteamericana. Como era de esperar, la idea de task force se introdujo muy pronto -con significados más o menos afines- en el mundo empresarial, y algunos decenios más tarde en las administraciones públicas, algo más lentas de reflejos.

Salvando las distancias, es evidente la analogía con las task forces que suelen organizarse actualmente en nuestras administraciones, en las que funcionarios de direcciones generales o instituciones distintas se integran temporalmente en una estructura operativa con un mandato concreto, mientras siguen vinculados a la estructura administrativa de origen. Es obvio que «grupo de trabajo», «grupo ad hoc», etcétera, solo reflejan muy pálidamente el significado de un término tan expresivo como task force.

El significado militar puede ayudar también a entender los términos derivados joint task force, combined task force y combined joint task force, que aparecen a veces en nuestros documentos. Empleando la terminología de la otan y del Ministerio de Defensa español, la primera, la «fuerza operativa conjunta», es la combinación de subelementos de dos o tres armas (tierra, mar y aire); la segunda, la «fuerza operativa combinada», es la combinación de subelementos de más de un país; la tercera, la «fuerza operativa combinada (y) conjunta», es la combinación de subelementos de dos o tres armas procedentes de más de un país.

El palet, héroe de Normandía

No puede olvidarse, en este contexto, un invento aparentemente humilde pero decisivo en el sistema de task forces y en la logística naval en el Pacífico: la herramienta que la Academia llama «palé» («paleta» según las normas une; también llamado «palet» en el sector del transporte) y el drae define como «plataforma de tablas para almacenar y transportar mercancías».

La Segunda Guerra Mundial situó el palet y la tecnología de la paletización en el centro de la logística móvil estadounidense, tanto en el Pacífico como en los desembarcos de Sicilia y Normandía. Partiendo de esta experiencia, la nueva tecnología se impuso rápidamente en el sector del transporte civil ya desde finales de la guerra (no por casualidad The Palletizer, un boletín de la marina, se convirtió en 1945 en una revista civil en la que se promovían las últimas técnicas de transporte) y ha sido uno de los puntales del comercio mundial en la segunda mitad del siglo xx. Puede decirse, por tanto, que la inclusión en 2002 de la entrada «palé» en el drae se ha producido con algunos años de retraso. «Paletizar» y «paletización» tendrán que esperar unos decenios más.

Por otra parte, dice el diccionario académico que la voz «palé» procede del francés palée. Una etimología harto dudosa, ya que el nombre de este objeto en francés es palette. Es más probable que la palabra española proceda, en sus tres variantes escritas, de la lengua del país en que se desarrolló la tecnología de la paletización; aunque la voz inglesa pallet -como tantas otras- hunda sus raíces en el francés medieval.

¡Es un jeep!

Según el Diccionario panhispánico de dudas (2005):

todoterreno [...] es el equivalente español de la voz inglesa jeep, anglicismo innecesario que se ha adaptado ocasionalmente al español en la forma yip [...] Aunque no se censura el uso de la adaptación, resulta preferible la formación española todoterreno.

Es ya un tópico recordar que no hay dos palabras sinónimas, pero desde luego «jeep» y «todoterreno» no lo son. De acuerdo con la definición del drae, un todoterreno es «un vehículo que sirve para circular por zonas escarpadas e irregulares». El nombre genérico «jeep» designa, por su parte, a un tipo concreto de todoterreno muy ligero y maniobrable, desarrollado por American Bantam en 1940 y fabricado por Willys y Ford desde 1941 hasta el final de la guerra4; y por extensión y hasta el presente, a otros todoterrenos con una factura similar.

El imaginario colectivo asocia el jeep con el ejército de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, en la que participaron más de seiscientos mil vehículos de este tipo. La palabra «jeep», tal como la usa Manuel Vicent en este texto, sin ninguna marca tipográfica, es un anglicismo obviamente necesario:

Cuenta Robert Capa que después del desembarco de Normandía iba en un jeep con el escritor en dirección a París y al encontrarse con una escuadrilla de aviones alemanes, Hemingway saltó del vehículo, se tiró en la cuneta y el terror lo dejó medio postrado con el trasero muy subido y la cabeza debajo de un matojo. Robert Capa desde el jeep le hizo una foto en esta postura ridícula. (El País)

A diferencia de otros casos como el clínex, el támpax o el teflón, jeep no era una marca registrada que pasara a usarse genéricamente. La marca Jeep®, hoy propiedad de Daimler-Chrysler, no fue registrada por Willys hasta 1950, cuando el nombre era ya patrimonio público desde hacía varios años.

Durante medio siglo se ha venido reproduciendo la teoría según la cual la palabra jeep procede de la pronunciación descuidada de las siglas gp, cuyo significado sería general purpose [vehicle]. Hoy parece evidente que esta etimología no tiene fundamento5. La palabra jeep se venía usando en la jerga militar desde la Primera Guerra Mundial, y en los años treinta estaba de moda entre los mecánicos y soldados, que ya habían dado este nombre informal a otros automóviles, e incluso a pequeñas aeronaves, mucho antes de la fabricación del jeep propiamente dicho.

Presentación pública del jeep Willys
en las escalinatas del Capitolio en febrero de 1941
(Foto: Washington Daily News)

Se llamaba jeep, especialmente, a los vehículos y motores en fase de pruebas, a los artilugios extraños o contrahechos y también a los reclutas y novatos.

Por otra parte, es probable que el nombre del personaje Eugene the Jeep, creado en 1936 por Elzie C. Segar en las tiras cómicas de Popeye, influyera en la consolidación de la jerga aplicada a este legendario vehículo militar. Eugene the Jeep era una criatura semejante a un perro, que solo pronunciaba el sonido jeep, tenía el don de la ubicuidad, trepaba por paredes y techos y era capaz de resolver todo tipo de problemas. No es descabellada la teoría de que los jóvenes soldados relacionaran lúdicamente el pequeño y revolucionario todoterreno con el fabuloso compañero de Popeye6.

Eugene the Jeep en una edición de 1936, cuatro años antes del desarrollo del jeep

La hipótesis más verosímil apunta a que esos antecedentes confluyeron y el nombre jeep cristalizó de forma espontánea, a finales de 1940, entre los técnicos y militares que participaban en la fase de pruebas. En cualquier caso, la palabra saltó a los medios de comunicación y se hizo de dominio público a partir de febrero de 1941, después de una presentación a la prensa en la que el ejército demostró las formidables prestaciones del nuevo vehículo en las escalinatas del Capitolio. A la pregunta de uno de los presentes: «What is this thing?», un conductor de pruebas respondió: «It's a jeep!». La palabra «jeep» empezaba a rodar en la prensa el día siguiente y hoy se encuentra en todos los diccionarios del mundo. En 2002, la Academia introducía la entrada «todoterreno» en el suyo...

* * *

Con sobrados motivos para lamentarlo, el ser humano es un homo bellicus. En el curso de la historia, desde el bumerán hasta internet, la ciencia y la tecnología militar han acompañado siempre al hombre en su larga aventura innovadora. Una aventura en la que las palabras nuevas son las relucientes monedas de cambio de nuevas ideas y nuevos conceptos. Sin darnos cuenta siquiera, usamos a diario decenas de palabras acuñadas por el genio militar en algún momento de la historia.

Amadeu Solà Gardell
Parlamento Europeo
amadeu.sola@europarl.europa.eu

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1 En el New York Times del 18 de noviembre. El radar se había usado con éxito en Inglaterra el año anterior. El acrónimo radar, de origen estadounidense, se impuso al término y las siglas usados en el Reino Unido en los inicios de la nueva tecnología: radio direction finder (rdf).
2 Reeditado por Éditions Ivrea, París, 1977 y 1994. La actual definición de la otan es: the science of planning and carrying out the movement and maintenance of forces, nato Handbook, 2002.
3 Reeditado por National Defense Univesirty Press, Washington, d.c., 1986.
4 El primer prototipo de jeep (Bantam Pilot Model) fue desarrollado por American Bantam Car Company y entregado al ejército estadounidense el 23 de septiembre de 1940. Bantam solo fabricó unos pocos miles de unidades, que en su mayor parte fueron exportadas al Reino Unido y la Unión Soviética. El diseño del jeep se atribuye hoy al equipo de ingenieros de la misma sociedad Bantam. Un contencioso de primera hora entre fabricantes sobre el procedimiento de licitación y los derechos de propiedad del diseño y la marca emboscaron durante décadas la génesis del jeep. Los aspectos más controvertidos de la fase inicial de desarrollo se aclararon en 1988 con la reedición del informe militar sobre el caso («Informe Rifkind»), elaborado durante la guerra: Herbert R. Rifkind: The Jeep: Its Development and Procurement under the Quartermaster Corps, 1940-1942, General Administrative Services, Office of the Quartermaster General, 1943; reeditado por iso Publications, Londres, 1988.
5 Cf. Jim Allen, «Will The Real Jeep Please Stand Up», Fourwheeler, marzo de 1995: «Over the years, much ado has been made over the name Jeep having been derived from its military nomenclature, gp, for General Purpose. This can be disproved easily by noting that until mid-1942, the Army designation for the truck was command reconnaissance, not general purpose (that would come later)». El significado de las siglas gp, en cuya interpretación se basaba la etimología tradicional, muy probablemente apócrifa, ha sido objeto de muchas controversias. En la nomenclatura usada por Ford en sus jeeps destinados al ejército, gp no significaba general purpose; g era el código de Government unit, es decir, «unidad destinada al ejército», y p, un dato técnico que significaba 80 [inch] W/B [wheelbase] reconnaissance car, es decir, «automóvil de reconocimiento con una batalla de 2032 mm» -esto es, jeep en lenguaje coloquial-. Así pues, traduciendo la nomenclatura de Ford a lenguaje llano, gp significaba simplemente «jeep para el ejército». Cf. doc. Ford Parts Numbering System, Service School for us Army Instructors on Ford us Army Vehicles, Ford Motor Company, 1941 [copia propiedad de Ray Cowdery].
6 La asociación de ideas se vería abonada por el estreno el 13 de diciembre de 1940, en plena fase de pruebas, del corto de dibujos animados Popeye Presents Eugene, The Jeep, de Dave Fleischer.

 

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