capítulo precedentePágina principal

Corazón tan blanco

Javier MARÍAS
Editorial Anagrama, S.A.
Barcelona, 1992
301 páginas. ISBN: 84-339-0935-5

«En más de una ocasión me han pasado facturas para que las tradujera, cuando lo único que había que hacer con ellas era pagarlas». Quien así habla no es una enamoradiza compulsiva, ni un navegante intrépido, ni un detective cubierto de churretes y lamparones: el héroe de Corazón tan blanco es traductor-intérprete de un organismo internacional. ¿Recuerdan el capítulo de Paradiso donde se habla de la ondulación permanente? Hay obras literarias buenas, que además ofrecen un capítulo inolvidable. Tal es el caso de Corazón tan blanco y su capítulo cuarto (no numerado, págs. 57 a 78). «Lo cierto es que en esos organismos lo único que en verdad funcionan son las traducciones», afirma el protagonista; y también: «...la tarea de traductor o intérprete de discursos e informes resulta de los más aburrida, tanto por la jerga idéntica y en el fondo incomprensible que sin excepción emplean todos los parlamentarios, delegados, ministros, gobernantes, diputados, embajadores, expertos y representantes en general de todas las naciones del mundo, cuanto por la índole invariablemente letárgica de todos sus discursos, llamamientos, protestas, soflamas e informes.» ¡Eres mi héroe, chaval! En este capítulo se narra una escena de interpretación que muestra las insospechadas posibilidades de combinar el amor con la traducción. Ningún profesional del ramo debería perdérsela.

Joaquín Calvo Basarán

capítulo precedentePágina principal