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Flambeado de banderas

Los Juegos de Barcelona han disparado las lenguas. El primer día hubo un «mega-mix». A esa ceremonia de teatro global la gente cauta la llamó simplemente «macroespectáculo», pero «mix», que alude a un tipo de programa de batiburrillo de ciertas cadenas de televisión (Superchannel, italianas), es un concepto clave de la era posmoderna y -pese a que los Juegos, según el Rey y Samaranch, aún se celebraran en la «era moderna»- cuadraba bien en una ciudad que la revista «Time» encontraba «posnacional».

Inexplicablemente, una especialidad de tiro se llamaba «skeet». Las embarcaciones hacían «scull», «skiff», «soling» y, a veces, un «match race». (Si no lo impedía el viento local de «garbí»). Pero ciertos problemas de traducción ya están resueltos. El lugar desde donde, en béisbol, se manda la pelota a batear, el «diamante». La pelota con flecos que se tiran los jugadores de bádminton («shuttlecock»), es un «volante». Un «testigo» es el objeto en forma de mensaje en pergamino que se endilgan los corredores de relevos. Un término que hace dobladillo, es «manga», que sustituye paulatinamente al antiguo «juego» de tenis. Traducción feliz fue la que se atribuyó al «dream team»: «equipo de ensueño». Una duda resuelta fue la apelación del ganador de medallas: «medallista».

La Olimpiada la presidió la «telegenia». Técnicamente, el método empleado consistió en «enrutar» señales para que el «pool de televisiones» «pinchara» cuando quisiera. El telespectador -no era novedad- se limitaba a «zapear».

La ideología social se va endureciendo. Los atletas ambiciosos solían ingerir «estimulantes». En la era del sida «se drogan». Contra el «doping» -que generalmente fue «dopaje»- se implantó el «control de la sangre». El 29 de julio («El País» del 30), «el Príncipe acepta divertido tener que pasar un control de droga (sic) por sorteo (sic)».

Mientras en Sarajevo («Sparajevo»: cómico en la RAI), se practicaba la «purificación étnica» («ethnic cleaning», «purification etnique», «ethnisch Flurbereinigung», «etnisk udrensning»...), en Barcelona se enturbiaba la sintaxis. España tuvo muchas «opciones a medalla» porque nuestros deportistas «hacían pressing» y los equipos «disponían de posiciones de pelota» para «decidir el resultado»: lo que en tiempo extraolímpico se llama «resolver» (sin complemento directo). Hubo quien ganó porque «remontó a sus rivales». Un nadador infeliz «enterró su oro» (en la tierra de la piscina). Uno de los títulos de periódico más idiotas fue éste: «A falta de viento, bueno es el bronce».

Fueron unos Juegos tranquilos. Pero ¿qué bomba se le cruzó en la cabeza a un presidente de federación para sugerir que había «acreditaciones que se desactivan»? (Y ¿por qué, en el «mega-mix» de clausura, «las banderas flambeaban»?).

Agustín Jiménez

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