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Prodesse delectare

Sr. Director (quien quiera que Vd. sea):

Somos lectores asiduos de su publicación, a la que dedicamos la solícita atención que merece, y no podemos dejar de expresar nuestro estupor ante el contenido y estilo de algunas contribuciones.

Bien está que cada cual exponga su opinión de la forma que mejor le parezca y preciso es admitir que ciertos párrafos nos han procurado momentos de regocijo sin igual. Nuestra extrañeza se despierta al leer que tiene carácter normativo (nos preguntamos si también vigente) tal o cual sarta de disparates y se enardece ante el tono pontifical que adoptan algunos de los insignes colaboradores de tan digna publicación. Por lo menos, eso sí, nos perdonan la vida con agudos chistes y jocosas observaciones.

En lo tocante a los contenidos, glosamos a continuación algunas de las perlas (que por algo van en sartas) del último número, el octavo.

Veamos, exempli gratia o, incluso, verbi gratia (que uno también tiene su culturilla), la contribución titulada «Malevaje, conjunto de malevos». ¿Ha recibido, por acaso, nuestro distinguido colega los dones de la inspiración lunfarda del afamado compositor Mario Abraham Korzklapp y de la composición de éste titulada Cuando llego al bulín, en cuya introducción se habla de «arrabal (palatalícese a la porteña la /r/) y malevaje»? Te preocupas/Se preocupa Vd., dilecto colega, por los vertidos de afirmaciones erróneas. No es, en cambio, errónea la afirmación que tú haces/Vd. hace de que «el término dopaje no es un calco de la solución francesa». ¡Bien claro es que no!, como puede confirmar cualquiera que sepa distinguir un calco de lo que aquí tenemos: un préstamo. Y queremos creer que este cualquiera es cualquier traductor-funcionario lingüista (vulgo LA) de los que por aquí corren. ¿No es verdad que a ninguno se nos escapa el diferente procedimiento de formación de palabras que ha dado lugar a «fútbol» y a «balompié», respectivamente1?

Sigamos con la cita: «(...) sino una adaptación a la española de la formación de substantivos derivados de verbos, que pueden expresar acción (...); o bien derivados de otros substantivos, expresando conjunto (...)». Seremos indulgentes y nos abstendremos de glosar la sintaxis, la puntuación y el gerundio. Luego, si no hemos entendido mal, ¿«dopaje» se deriva del verbo «dopar»? Nos resistimos a atribuir tamaño dislate a nuestro colega, ya que habría que suponer que el verbo «dopar» es anterior en el idioma y que su existencia no despierta ningún tipo de suspicacias entre los defensores de la ortodoxia. Pero, ¿es éste el caso? O bien, ¿hemos de avanzar unas líneas más allá y admitir que «dopaje» se derive de un «substantivo, expresando conjunto»? ¿Cuál es ese substantivo? ¿El dope? ¿Tal vez el doping? Y, en este caso, ¿qué conjunto expresa?

Reasumiendo, como diría algún personaje de Clarín, lo que aquí se nos plantea es si «dopaje» es un barbarismo procedente del francés «dopage» o bien si el asunto radica en el carácter productivo del sufijo «-aje», postura ésta última defendida con otras palabras por nuestro colega bruselense. Podría aducirse en favor de esta hipótesis el hecho de que se escriba con jota y no con ge, como demuestra a contrario el galicismo «garag/je», escrito casi exclusivamente con jota en los diccionarios pero también casi con la misma exclusividad con ge a la puerta de dichos establecimientos2.

Tras estas consideraciones, utiliza/utilice Vd. «dopaje» con toda tranquilidad pero no le niegue la carta de naturaleza, con los mismos derechos (lingüísticos), a «doping». Fíjate/Fíjese Vd., además, en que el sufijo «-ing» ya empieza a ser productivo en español; no ponemos ejemplos para no herir la sensibilidad del espectador, pero búscalos/búsquelos/búsquenlos porque están a tu/su alcance y eso que estamos sólo en los comienzos.

* * *

Pasemos a asuntos de carácter más general, que afectan a la estructura misma de la publicación. Ya en la primera página, aunque con letra pequeña, se nos dice: «(notas de estilo, recomendaciones de uso, normas de obligado cumplimiento)»3. ¡Sección heterogénea por demás, la así subtitulada! Aunados van en ella los gustos de cada cual con consejos bien intencionados y con preceptos inequívocamente autoritarios (si hemos interpretado adecuadamente tan estupefaciente subtitular). Pero, como no estamos seguros, nos/os/les preguntamos: ¿Es esta concatenación de elementos separados por comas una coordinación en la que se acumulan los sentidos de los sumandos (lo que no parece coherente desde el punto de vista semántico)? O bien, ¿nos hallamos ante una disyuntiva en la que ora se nos propone, ora se nos impone? Y, en este último caso, ¿cómo saber cuándo es una «norma de obligado cumplimiento», a la que debemos plegarnos, y cuándo una «recomendación de uso», que nos deja un margen de maniobra? ¿Habrá quien se extrañe de que el sencillo traductor, sumido en un mar de dudas y confusiones, haga oídos de mercader a cuanto se le notifica, recomienda u obliga, toda vez que nunca sabe si debe asentir a la notificación, agradecer la recomendación o acatar la norma?

Por otra parte, mientras que cualquiera puede redactar notas de estilo y recomendar usos, no todo el mundo está investido para imponer «normas de obligado cumplimiento», por lo que el lector, asombrado, exclama: «¿De qué fuente manan estas aguas con tanto poder?»

* * *

Veamos, por ejemplo, la admonición que se nos hace en el número cuatro: Europa central y oriental. Con este «euroeufemismo» se trata de evitar todas las connotaciones políticas de la designación «Europa del Este.» ¿A qué cumplimiento nos obliga esta norma, si lo es? Los imperativos políticos no siempre coinciden con los lingüísticos; decir hoy «Europa del Este», como antaño «países comunistas» (metamorfoseado en el eufemismo «países de comercio de Estado»), sería como decir «caca» delante de la visita. Nada que objetar... desde el punto de vista político. Pero, desde el punto de vista del funcionario lingüista, ¿hay que deducir que, cuando veamos en nuestro original «Europe de l´Est», debemos escribir en nuestra traducción «Europa central y oriental»4? Pues no. Porque, si el autor del texto original dice «caca» (nótese que está en francés: /ka´ka/), «caca» (esta vez en español: /´kaka/) hemos de traducir. Y no crea el (a estas alturas) sufrido lector que esta observación es gratuita: ha habido quien, blandiendo este número de PUNTOYCOMA, ha pretendido su(b)stituir «caca» por «excremento».

Sigamos: «La expresión *«Europa central y del Este», (...), tiene las desventajas de ser confusa y sintácticamente poco elegante». ¡Aquí se demuestra el carácter informativo de la revista!, pues a más de uno y de una –como la que suscribe– le habrá dado ocasión de aprender, después de largos años de estudios, que la «VARIATIO», figura retórica favorita de tanto clásico, es de una elegancia deficiente, en cuanto a la sintaxis.

(Nótese cómo nosotros hemos aprovechado estas enseñanzas y nos hemos esforzado, en la medida de lo posible, por comenzar la mayoría de nuestros párrafos con un imperativo para que no se nos tilde de inelegantes sintácticos).

¿Es admisible que en una sección que se subtitula inter alia «normas de obligado cumplimiento» se expongan juicios de valor sobre elegancias y confusiones? Un poco más de respeto, señores.

* * *

Detengámonos aquí para no alargarnos pues, cuando hay tanto material para elegir, es menester imponerse límites de cantidad, espacio y tiempo. Nuestra pretensión ha sido tan sólo ilustrar la falta de rigor de que hace gala esta nuestra publicación, que, en algunas secciones, se pretende normativa. Siga cada cual escribiendo en sus ratos de asueto lo que le dicte su libre albedrío pero conténtese con tener lectores y no pretenda crear vasallos.

Esperamos que estas líneas hayan sido de provecho e, incluso, de deleite para el (si ha llegado hasta aquí) desocupado lector, pues no otro es nuestro propósito, siguiendo la sabia máxima prodesse delectare.

Fernando del Mazo
PONTIFEX MAXIMVS

Paula Álvarez
PONTIFEX MAXIMUS adjunto/a

 

 

 

 

 

 

1. Se puede consultar, a este respecto, 'Préstamo y calco' en: GARCÍA YEBRA, Valentín, Teoría y práctica de la traducción, 2ª ed., Gredos, Madrid, 1984, vol. I, págs. 333 et seq.
2. Españoles tanto los diccionarios como los establecimientos a que hacemos referencia.
3. Subtítulo de la sección 'Cabos por atar', antes 'Cabos sueltos'.
4. No nos detendremos en hacer observaciones sobre las minúsculas; dejemos que los 'cazagalicismos' practiquen su deporte favorito. Pero no estaría de más una mayor coherencia en la línea editorial: mucho casticismo por un lado e infiltraciones por el otro.

 

 

 

 

 

 

 

 

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