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RESEÑAS


Arte de traducir el idioma francés al castellano

Antonio de CAPMANY Y SURIS DE MONTPALAU
Edición comentada por María del Carmen Fernández Díaz
Universidad de Santiago de Compostela, 1987
276 Páginas. ISBN 84-7191-424-7

Aunque lleva publicado casi cinco años, el carácter particularísimo de este curioso libro, cuya primera edición, por otra parte, data de 1776, justifica sobradamente su reseña. En el último tercio del XVIII, varios eruditos españoles (Forner el más conocido) se aplican a la defensa de nuestra lengua, sometida a la influencia creciente del francés desde el cambio de dinastía. Según parece, una de las vías de penetración de galicismos eran las malas traducciones y, para contribuir a cerrarla, Capmany, barcelonés nacido en 1742 y muerto en Cádiz en 1813 tras ser diputado de las Constituyentes, compone el «Arte», cuya edición facsímil nos ofrece la Universidad de Santiago. Subraya Mª del Carmen Fernández, autora del estudio introductorio, que esta obra fue única en su tiempo: aunque en el XVIII se dieron a la estampa varios diccionarios y gramáticas del francés para uso de españoles, no hubo otro libro dedicado «a los puros traductores, para cuyo descanso escribo». Su contenido se resume, pasadas unas páginas de ideas generales sobre la traducción y de repaso de la gramática francesa, en una colección de idiotismos o frases hechas con su correspondiente versión española, no del todo acertada en algún caso, pero siempre interesante de leer y a veces incluso inspirada.

Remigio Gómez Díaz


Abril

abril n°3, enero de 1992
a.s.b.l. Luxemburgo
116 páginas. ISSN: 1018-3809.

El tercer número de abril, revista literaria de periodicidad semestral editada en Luxemburgo por traductores españoles del Parlamento Europeo, abre en esta ocasión sus páginas a treinta y tres poemas inéditos de ANÍBAL NÚÑEZ, poeta señero de una generación vacunada con agujas de gramófono Odeón, prematuramente desaparecido, en 1987, a la edad de 43 años. Poesía de ruinas, de residuos, de restauración, de collage, los versos pertenecen a la época en que Aníbal Núñez escribió buena parte de su obra publicada y nos muestran un artista polifacético, radicalmente contemporáneo. En la misma línea de radicalidad, FERNANDO SAVATER, filósofo, ensayista, novelista, rinde en «Tres gracias» homenaje a Conan Doyle, la Librería Paternina y a Orencio, el peluquero cuyos relatos de películas de terror le enseñaron a «imaginar escuchando». Los terrores infantiles dan pie, por su parte, a un condensado y lujuriante relato de ANGELO ANGIONI (fielmente traducido por Mariate de la Torre y Adolfo Orcajo), quien bucea en la alberca misteriosa de los fantasmas atávicos de «Il mangiatore di cadaveri». Con su prosa elegante y ligeramente perversa, EDUARDO ALADRO VICO, firma habitual en la revista, teje para este número una parábola perturbadora en torno a ciertos aspectos de la vida del funcionario en la Comunidad («Encima») y consuma un refinado ajuste de cuentas («Proyectos»). Completa la sección de prosas otra firma habitual, EMILIO PASCUAL, con un cuento de sabor becqueriano que resuelve el enigma de «Las trompetas de Jericó». La sección «Sin visado», inaugurada en el pasado número con un artículo de Jean Portante sobre la literatura luxemburguesa, aborda de la mano erudita de JAIMIE REID-BAXTER la creación literaria en Escocia, nación sin Estado con un complejo panorama lingüístico. Last but not least, POLLUX HERNÚÑEZ, que vuelve con sus castizas traducciones del latín, puestas esta vez al servicio de un divertidísimo estudio sobre las burlas, coplas vejatorias, sarcasmos, ironías, obscenidades e insultos que configuran «La sátira en Roma».

Gonzalo Gil

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