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BUZÓN


Partenario

¿Cuándo llegará el bendito día en que adoptemos de una vez esta palabra para traducir «partenaire» y «partner», y nos dejemos de soluciones masturbatorias como «interlocutor», «socio», «asociado», «agente» y toda esa serie de impropiedades bastardas? Y a aquellos que defienden con los dientes el pedigrí CLÁSICO de nuestra lengua -pero no se atreven a utilizar el único vocablo castellano equivalente en este caso, «aparcero», aunque cotidianamente usan términos tan castizos como «póliza», «cheque», «fútbol» o «bisturí», por no decir «parking», «chip», «domótica», o «crédito stand-by»-, les diré que esta palabra viene tan del latín como «partido», y que además ya tenemos parientes que lo acojan como «binario» y «cuaternario» (¡además de «Partenón», claro está!).

Pólux Hernúñez

 


Dos pares de guiones

A pesar de lo que prescribe el Manual del Traductor -y se reiteraba en el número 3 de este boletín-, la que llaman raya con valor parentético -en realidad dos guiones-, no debe ser nunca doble, pues, por evitar un mal menor -la falta de raya en nuestras máquinas-, se inventa otro mayor y -en vez de raya- lo que resulta son dos guiones separados. Más vale -pues- una raya un poquito corta -que tal es el guión-, que dos guiones seguidos, que -en conjunto- miden -yo los he medido- más que una raya y encima afean la página. O, llamémoslo guión parentético -en vez de raya- y todo solucionado.

Pollux Hernúñez



Sobre el subrayado

Con respecto al apartado 4.2 del Manual, en el que se dice sobre el subrayado: «Entre sus usos específicos más conocidos figura el de destacar los epígrafes de un texto ..., así como el de singularizar los extranjerismos (incluidos ciertos latinismos)», creo que no vendría mal hacer la siguiente matización:

Conviene no confundir el uso propio del subrayado (dar énfasis o realce) con el uso circunstancial que en su día se le atribuyera como sustituto mecanográfico de la letra cursiva. Este último obedecía simplemente a la imposibilidad de utilizar la cursiva al mecanografiar un texto y a la necesidad de indicar a imprenta cuándo había de utilizarse este tipo de letra. Sin embargo, la llegada del ordenador y los programas de tratamiento de textos (los tiempos cambian que es un horror) facilitan al usuario «de a pie» dicha posibilidad, haciendo prácticamente innecesario el uso «suplantador» del subrayado. Así pues, sería aconsejable, sobre todo para evitar los textos «a rayas», limitar este último uso a aquellos casos en que razones técnicas o de otro tipo lo hagan realmente necesario, y enviarlo cuando puedan devolverse a la cursiva sus usos prescritos*.

*A este respecto, véase El País, Libro de estilo, pág. 53.

Manuel del Cerro

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