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Curiosidades del Tratado de Lisboa: Podcast UE

22/09/2010 | Asuntos institucionales
Curiosidades del Tratado de Lisboa: Podcast UE

Si el proceso de aprobación del Tratado de Lisboa fuera una película, tendríamos que tener en cuenta las pautas marcadas por el guión.Un argumento centrado en conseguir el visto bueno de todos los Estados Miembros para modernizar las Instituciones Europeas y prepararlas ante los nuevos retos...

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Transcripción del Poscast sobre Curiosidades del Tratado de Lisboa

Unas secuencias, que irían desde el rechazo francés y holandés a la Constitución Europea a mediados de 2005 hasta la firma del Tratado en Lisboa.También tiene unos momentos de máxima tensión: como fue la larga espera de la aprobación en referendum de Irlanda. Y el momento final y apoteósico de la firma en Lisboa.

Pero para hacer posible esa película son necesarios unos directores, y por supuesto unos intérpretes. Los primeros planos son para los actores principales: los líderes políticos que negociaron a lo largo de esos años un Tratado que convenciera a los 27 países. Y unos actores secundarios, que en este caso no aparecen en pantalla, pero que han sido muy necesarios para conseguir que la película sea un éxito.

Vamos a conocer a algunos de esos secundarios y el proceso del rodaje. Lo que se conoce como making of.

Por un lado están los guionistas: representados por asesores, consejeros y negociadores del Tratado. Muchos de ellos expertos en legislación europea que dedicaron horas y horas a que el texto no entrara en contradicción con las constituciones nacionales.

Genevieve Tuts, miembro del servicio legal del Consejo Europeo, nos explica ese proceso

"La elaboración de un tratado es una trabajo muy árduo y largo. Se toma una decisión al nivel político más elevado de la Unión y se cierra a ese mismo nivel. Nosotros intervenimos como consejeros jurídicos y políticos de la conferencia intergubernamental. Intervenimos en un momento muy preciso, al final de las negociaciones y antes de que se llegue a un acuerdo político”.

Se trata de un trabajo muy minucioso y riguroso. Y ahí intervienen los juristas lingüistas.

"Las reuniones duraron una semana desde la mañana hasta bien entrada la noche. Revisamos los textos y comprobamos página por página y palabra por palabra que el texto estuviera perfectamente coordinado en las 23 lenguas oficiales".

Desde luego ese guión no da demasiadas alas a la imaginación. Son textos legislativos y los juristas lingüistas deben velar porque las palabras expresen el mismo sentido en cada lengua. Y además cada detalle debe ser comprensible para los que tienen que trabajar con él como los Tribunales de Justicia de cada país, las empresas, los ciudadanos o los juristas.

“Para la traducción del tratado formamos un equipo de 5 traductores y 5 asistentes por cada lengua, es decir un total de 230 personas”, nos dice el jefe de servicio del lenguas del Consejo europeo. Henk Baes puntualiza, "por supuesto no trabajan todas las horas del día, porque además deben realizar sus tareas diarias como por ejemplo seguir un consejo de agricultura”.

El guión se redactó en francés. Ese es el idioma en el que está escrito originalmente el Tratado de Lisboa y posteriormente se tradujo al resto de lenguas.

Y antes de finalizar esta película entra en acción Philip Evans, responsable de acuerdos internacionales. Él custodia el libro original impreso. Pesa 10 kilos, y no lo perdió de vista desde que salió de Bruselas. Una de sus responsabilidades era presentarlo a cada uno de los responsables gubernamentales que lo tenían que firmar.

"El día de la firma nuestra obligación era, por supuesto que no se perdiera y no se estropeará pero también vigilar que cada primer ministro y ministro de asuntos exteriores firmara en el lugar que le correspondía. Se utilizaron plumas pesonalizadas y cada mandatario se quedó con la suya".

En cada pluma se habían grabado los títulos de crédito de esta película: el nombre de Portugal y la fecha histórica de la firma. Cuando acabó el acto Philip Evans regresó a Bruselas con su libro bajo el brazo.

Y son los ciudadanos los que a partir de ahora han de dejar de ser simples espectadores.

 

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