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Restablecer la confianza, el crecimiento y el empleo; devolver el crédito a los mercados a través de una mayor regulación, reformar las instituciones financieras internacionales –y fundar otras nuevas–, promover el comercio mundial dejando de lado medidas proteccionistas y construir una recuperación más verde y sostenible son los compromisos a los que se ha llegado en la reunión del G-20 mantenida en Londres. El objetivo era “establecer un nuevo orden económico mundial” y, a pesar de los malos augurios, de este encuentro ha salido un acuerdo que sienta las bases para crear nuevos organismos reguladores, reformar las actuales instituciones financieras mundiales, nuevas medidas de corte fiscal para financiar la crisis y una apuesta clara y decidida en favor de los países en desarrollo.
¿Estaremos realmente frente a una nueva refundación del capitalismo? A raíz del compromiso alcanzado por las principales economías mundiales en el seno de la reunión del G-20 en Londres, así podría pensarse. Ha habido congratulaciones para todos los frentes: aquellos que abogaban por nuevas medidas de corte fiscal –Estados Unidos y Reino Unido– y los que defendían más control y regulación en los mercados –Francia y Alemania–. Pero además, se opta por fomentar el crecimiento y el empleo, impulsar las economías en vías de desarrollo, incrementar el comercio mundial, frenar las medidas proteccionistas e impulsar una recuperación económica sostenible.
A problemas comunes, remedios comunes
Los dos principales acuerdos alcanzados por el G-20 son una inyección monetaria extraordinaria y la creación de una agencia internacional de supervisión que trabajará en coordinación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en el control de productos y mercados financieros.
En el capítulo monetario, el G-20 incrementará los recursos disponibles para luchar contra la crisis en más de un billón de dólares –alrededor de 750.000 €–. Estos fondos se destinarán principalmente al FMI –que triplica sus ingresos–, a fomentar el comercio internacional y ayudar a aquellos países que no pueden restablecer el crédito por sí mismos. Otros organismos financieros internacionales –el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo– recibirán otra partida de unos 100.000 millones de dólares. A cambio, el G-20 exigirá mayor transparencia en estas instituciones y una importante reforma estructural.
En cuanto a la creación de un nuevo organismo regulador global, denominado Consejo de Estabilidad Financiera (CEF), deberá colaborar con el FMI en la detección de riesgos financieros, rediseñar los sistemas reguladores nacionales, extender el control a todas las instituciones, instrumentos y mercados; mejorar la calidad, cantidad y consistencia del capital financiero del sistema bancario internacional, establecer medidas de sanción contra jurisdicciones no cooperantes –los llamados “paraísos fiscales”– y ampliar la revisión a las llamadas agencias de calificación creditícia.
Más comercio y sostenibilidad
La clave también parece estar en el comercio. Por ello, los líderes del G-20 han acordado dejar de lado las medidas proteccionistas y fomentar el comercio internacional para facilitar, en la medida de lo posible, el flujo de capitales. Además, se ha hecho una mención especial a la importancia de lograr cuanto antes un compromiso en relación a la Ronda de Doha para el Desarrollo.
Por otra parte, las principales economías del mundo han defendido la necesidad de establecer una economía mundial más justa y sostenible. Para ello, se han comprometido a seguir apoyando los Objetivos de Desarrollo del Milenio, conceder ayudas de protección social y créditos blandos a los países en vías de desarrollo y garantizar la supervisión, a través de Naciones Unidas, del impacto de la crisis en los países más pobres del mundo.
Por último, se ha llegado a un compromiso para mejorar el mercado de trabajo, garantizando la igualdad de trato entre hombres y mujeres, fomentando el gasto en educación y formación y apostando por una recuperación sostenible.
Nueva bajada de tipos del BCE
Paralelamente, el Banco Central Europeo ha decidido rebajar los tipos de interés en un cuarto de punto, hasta el 1,25%. Esta rebaja, aunque menor de lo que se esperaba, sitúa al euro en su nivel más bajo desde su instauración. Además, la institución financiera no ha dado por concluida su política de recortes, dejando abierta la puerta a nuevas bajadas en un futuro próximo.
El objetivo de esta nueva rebaja del precio del dinero no es otra que intentar frenar la contracción de entre el 3,2% y el 4,1% de la economía en la zona euro prevista para los próximos meses por organismos internacionales como el FMI o la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Más información:
Conclusiones de la reunión del G-20 en Londres
Plan Europeo de Recuperación Económica
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