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En español diríamos El Agua es Vida, lo que en lengua suahili se dice Mahi
ni Uhai. Es agua y es vida para más de 50.000 personas. El 40% de la población
de la comarca del Serengueti en Tanzania. Un proyecto que ha liderado la
empresa de infraestructuras Ferrovial en colaboración con la ONG africana AMREF
y en el que han participado 23 voluntarios de la empresa.
Hablamos con Jessica Bermúdez, una de las voluntarias que ha formado
parte del proyecto. Trabaja en el departamento de Responsabilidad Corporativa
de Ferrovial desde hace dos años.
“Desde que entré en la empresa he oído hablar del proyecto y siempre he
estado al tanto de como evolucionaba. Hay un blog interno de los voluntarios en
el que van contando sus experiencias. Los voluntarios ponen una semana de sus
vacaciones y la empresa les da otra. Cuando terminó la primera fase, había que
hacer una evaluación para detectar los errores, aprender de ellos y hacerlo
mejor en la segunda fase. Me propusieron ir. Los primeros voluntarios que
fueron no vieron apenas nada del proyecto, sólo la situación de las personas
que viven allí, en unas condiciones muy duras. Yo he podido ver cuando se abren
los grifos y las mujeres y los niños llenan su cubo con un agua fresca y muy
pura.”
Ingenieros y técnicos que hacen complicadas infraestructuras han diseñado un
proyecto muy simple que funciona muy bien
“Es un sistema muy simple que funciona por la fuerza de la gravedad. Una
serie de canalizaciones recoge el agua en la cima de la montaña, donde hay un
manantial, y la baja hasta los poblados donde se recoge en tanques de
almacenamiento. Es un sistema muy sencillo. El agua clara y potable llega con
una fuerza increíble. El sistema se le ocurrió a uno de los voluntarios y, como
funciona muy bien y no es muy caro, se va a seguir haciendo en la segunda
fase.”
Maji ni Uhai hará la vida más fácil a más de 50.000 personas. Además de los
dos sistemas de gravedad se hacen pozos, embalses, tanques para almacenar agua
de lluvia, letrinas en escuelas, dispensarios, mercados y lavaderos de
ganado.
“Se nos ocurrió subir al manantial. Ha sido el ejercicio más duro que he
hecho en mi vida. No me puedo explicar como mujeres y niños podían subir, pero
lo peor era tener que bajar con los cubos de agua en la cabeza. Ahora no tienen
que recorrer todo ese camino. Una señora nos contó que tiene 5 hijos y cada mes
uno o dos de los niños se ponía enfermo de la tripa, por las malas condiciones
del agua que tenían que beber. Además de la preocupación, se gastaba en
medicinas una cantidad de dinero enorme para ella. Ahora se han terminado las
medicinas y los dolores de barriga. Las mujeres tienen más tiempo que pueden
emplear en hacer algún trabajo que les dé un poco de dinero para la familia y
los niños pueden ir a la escuela.”
El proyecto ha implicado a los habitantes de la zona, tanto en el
mantenimiento de las instalaciones como en la sensibilización del uso del agua
y de las instalaciones sanitarias.
“En cada punto de agua se ha creado una asociación de usuarios que tiene que
cuidar las instalaciones y su mantenimiento, al menos la mitad de los
encargados tienen que ser mujeres. La contraparte tanzana, la ONG AMREF, se
encarga de enseñarles el funcionamiento, a hacer los pequeños arreglos que
puedan surgir y de la sensibilización. Como no saben leer, organizan
representaciones de teatro en las que se escenifica cómo se contagia la
malaria, que es uno de sus principales problemas, o qué hábitos de limpieza
deben seguir. También aprenden canciones en las que las letras hablan de esas
cosas. La gente se aprende las canciones y sabe lo que tiene que hacer.
Para Jessica ha sido una magnífica experiencia que le gustaría repetir.
“Me gustaría volver a ver a los que he conocido en este viaje. Lo mejor es
lo alegres que son y lo acogedores. Es así en toda Tanzania, pero allí, tan
lejos de la capital, en el interior, donde nunca va un turista, los niños te
miran como si fueras una atracción y te gritan Karibu, Karibu que significa
bienvenido.”
Sobre los Premios Europeos de Medio Ambiente a la Empresa (EBAE)
La Comisión Europea creó los Premios Europeos de Medio Ambiente a la Empresa
(EBAE) con el objetivo de reconocer, premiar y fomentar los logros de las
empresas que son pioneras en políticas y productos respetuosos con el medio
ambiente.
Los EBAE cuentan con cuatro categorías: buenas prácticas de gestión,
productos, procesos y actividades de cooperación internacional, este último es
el que ha sido otorgado este año al programa Mahi ni Uhai de la empresa
española Ferrovial.
Los premios están abiertos a empresas de cualquier tamaño, de todos los
Estados miembros de la UE y de países candidatos. Este año han participado 141
empresas.
Mahi ni Uhai, cuenta con una financiación de 1,8 millones de euros en tres
años que aporta íntegramente Ferrovial. Abastecerá de agua potable e
infraestructuras sanitarias a más de 50.000 personas, en cinco municipios del
Distrito de Serengueti: Issenye, Kymabahi, Kebanchebancha, Rin'Wani y
Natta.
Más información sobre los premios EBAE en
www.ebae.eu
Coordinadora en España de los premios
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