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En líneas generales, el Tratado de Lisboa ofrece nuevos e importantes beneficios a los ciudadanos y que, al agilizar la toma de decisiones en el Consejo e introducir mejoras en las instituciones, solventará el debate institucional en los próximos años. Así la Unión Europea podrá concentrarse plenamente en gestionar una salida sin contratiempos de la crisis económica y financiera y en hacer avanzar la estrategia de un crecimiento más verde para 2020. Veamos en qué se plasma todo esto:
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Una Unión más democrática, abierta y responsable: Los Parlamentos nacionales de los respectivos Estados miembros tendrán un papel más relevante a la hora de examinar la legislación de la UE antes de que sea aprobada; así se cerciorarán de que la UE no rebasa sus competencias en asuntos que deberían tratarse a nivel nacional o local. Las competencias del Parlamento Europeo aumentarán ya que la cámara co-decidirá en pie de igualdad con el Consejo en prácticamente la totalidad de las áreas legislativas, y con ello los eurodiputados elegidos por los ciudadanos tendrán más voz sobre una gama más amplia de asuntos que afectan directamente a la ciudadanía.
Se dará a todos los ciudadanos europeos la posibilidad de influir en las propuestas legislativas de la UE, a través de la Iniciativa Ciudadana (que prevé que 1 millón de ciudadanos puedan hacer propuestas para que la Comisión Europea legisle sobre ellas).
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Una Unión más eficaz: Gracias a instituciones más eficaces y sencillas. Ello incluye una toma de decisiones más coherente y rápida sobre asuntos de orden público, proporcionando a la UE una mayor capacidad para luchar contra la delincuencia, el terrorismo y la trata de personas. Esto se plasma en que en el Consejo, se ampliará la adopción de decisiones por mayoría cualificada, en vez de por unanimidad. De esa manera, se actuará de forma más rápida y eficaz. Además se ha creado la figura de presidente del Consejo de la Unión Europea -con un mandato máximo de cinco años- para dar más estabilidad a las presidencias semestrales del Consejo.
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Más derechos para los europeos: Los valores y objetivos de la UE se fijan con mayor claridad que nunca en el Tratado. Esto se concreta en que la Carta de Derechos Fundamentales tiene el mismo estatus jurídico que los propios Tratados de la UE.
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Un mayor peso en la escena mundial: Se han creado nuevos puestos dotar de mayor coherencia a las diversas vertientes de la política exterior de la Unión Europea como, la diplomacia, la seguridad, el comercio y la ayuda humanitaria. Esto se concreta en la creación del puesto de Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad, vinculado al Consejo, pero que a la vez ostenta el puesto de vicepresidente de la Comisión Europea. Esto garantizará una mayor coordinación entre el Consejo y Comisión Europea en el seno de la Política exterior de la Unión Europea. Catherine Ashton ha sido elegida recientemente para ocupar este puesto.
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