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Programa de intercambio de voluntarios mayores de 50 años

17/06/2011 | Asuntos institucionales
Programa de intercambio de voluntarios mayores de 50 años

Le contamos la historia de Irene, Ana, María y Bárbara, protagonistas de un proyecto de intercambio de voluntarios entre España e Irlanda. “Creo que esta experiencia será inolvidable, a estas alturas de la vida poder conocer a personas diferentes y diferentes formas de vivir es fantástico”, lo dijeron María y Ana en el blog que escribieron semanalmente durante su estancia en Belfast. Si quieren conocer más de esta experiencia sigan leyendo...

 

Tú sí que vales: proyecto de la Comisión Europea

Así se llama el proyecto que forma parte del programa Grundvigt de la Comisión Europea, de formación informal para mayores de 50 años,  en el que han participado estas cuatro voluntarias. María Josefina Díaz de Tuesta, voluntaria en Cruz Roja y Ana García, en la Fundación Voluntarios por Madrid no se conocían, pero las dos tienen las mismas ganas de aprender y conocer cosas nuevas. Lo mismo les sucedió a Bárbara Gowdy e Irene Cauley, ambas viven en Belfast (Irlanda) y son voluntarias en diferentes asociaciones.

Seis semanas de voluntariado en Irlanda

Durante las seis semanas de estancia en Belfast han conocido diferentes organizaciones y fundaciones de voluntariado. Programas para discapacitados físicos y mentales, para niños, para ancianos... A Ana le ha entusiasmado uno de jardinería adaptado para personas discapacitadas y las reuniones de niños con problemas a las que también asisten los padres: “Es todo muy cercano -cuenta- los niños se relacionan entre sí mientras las madres charlan. Pasan un rato muy agradable”.

A María le encantaron las tiendas de segunda mano que tienen las asociaciones: “La gente dona libros, ropa, muebles... que se venden allí y el beneficio es para los programas de la organización. Me gustaría montar algo así, aquí en Madrid”.

 Seis semanas de voluntariado en Madrid

Dos semanas más tarde llegaron a Madrid Bárbara e Irene, las dos voluntarias de Belfast. “Hemos estado en un centro que me ha parecido muy úti”, dice Bárbara. “La gente puede utilizar los ordenadores para buscar trabajo. He ayudado a una chica de Rumania que lleva dos años en el paro”

Les ha llamado la atención la gran cantidad de organizaciones de ayuda a personas que están sin trabajo, como un centro de capacitación para chicas en el que aprenden tratamientos de belleza, hacer la manicura, masajes...  A Irene lo que más le ha llamado la atención ha sido Zass Dan, una asociación que enseña teatro y danza a jóvenes con distintas discapacidades. Ellas se encargaron de supervisar a los niños y, cuando más tarde los vieron bailar, les pareció “increíble”.

El programa Grundvigt de voluntariado para personas mayores

Su objetivo es permitir que ciudadanos mayores puedan hacer voluntariado en otro país, como forma de aprendizaje formal, no formal o informal, creando al tiempo una colaboración duradera entre dos organizaciones participantes en torno a un tema determinado. En este caso, nos cuenta Yasmina Benabud, de la Fundación Voluntarios por Madrid, era el  Ayuntamiento de Belfast el que buscaba un socio para hacer este intercambio de voluntarios senior. Nos llegó el llamamiento, nos presentamos y nos aceptaron. En total van a ser seis voluntarios españoles y seis irlandeses que van a viajar de dos en dos. El próximo intercambio será en septiembre y los últimos, en 2012. El proyecto tiene una duración de dos años. Al final haremos una guía de buenas prácticas como resumen y referencia de todo lo que hemos aprendido unos de otros.

El programa de voluntariado en la página del Ayuntamiento de Belfast

El programa en la página de la Fundación Voluntarios por Madrid

Organismo Autónomo Programas Educativos Europeos, donde podrá encontrar más información sobre el Programa de Voluntariado Senior

Programa Grundvigt de la Comisiión Europea 

“Quería saber cómo funciona el voluntariado allí. Me atraía mucho el proyecto porque es un país que no conocía y tenía mucho de aventura. Fuimos muy bien acogidas. Nos recibió el alcalde, que nos invitó a tomar un té”, dice María. “Unos días antes estaba un poco nerviosa, comenta Ana. Me decía,  dónde me he metido, pero nada más llegar allí todo eso se desvaneció”.

 

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