Estados Unidos

La revolución del hidrógeno
El próximo gran proyecto de Europa

Jeremy Rifkin presenta en esta entrevista su visión tanto de “la economía del hidrógeno” como de una tercera revolución industrial y sus impactos sobre la geopolítica, la riqueza de las naciones y la sociedad en su conjunto. Según Rifkin, la mitigación de los efectos del calentamiento global, que ayudarán a que Europa reduzca su dependencia de combustibles fósiles, representa el principal desafío al que se enfrentará Europa en los 50 próximos años. Explica por qué el Séptimo Programa Marco (7PM) y los demás programas de investigación tendrían que insistir en esta cuestión.

Jeremy Rifkin Jeremy Rifkin es presidente de la Fundación sobre Tendencias Económicas, un grupo de reflexión con sede en Washington D.C. Es autor de diecisiete libros sobre el impacto de los cambios científicos y tecnológicos, la economía, la población activa, la sociedad y el medio ambiente. Sus dos libros más recientes son “The European Dream: How Europe's Vision of the Future is Quietly Eclipsing the American Dream” [El sueño europeo: cómo la visión europea del futuro está eclipsando el sueño americano] y “The Hydrogen Economy” [La economía del hidrógeno].
La economía del hidrógeno? 
          Se investiga... En la imagen, producción de hidrógeno 
          electrocatalizado a partir de complejos de cobalto. Este estudio pretende 
          identificar nuevos catalizadores moleculares para producir hidrógeno 
          a partir de la electricidad o de la energía solar. Trabajos llevados 
          a cabo por el laboratorio UMR5047 del CNRS (Francia). En el círculo: 
          una célula de electrólisis con el electrodo de trabajo 
          de carbono (barra negra) y el electrodo de referencia. ¿La economía del hidrógeno? Se investiga... En la imagen, producción de hidrógeno electrocatalizado a partir de complejos de cobalto. Este estudio pretende identificar nuevos catalizadores moleculares para producir hidrógeno a partir de la electricidad o de la energía solar. Trabajos llevados a cabo por el laboratorio UMR5047 del CNRS (Francia). En el círculo: una célula de electrólisis con el electrodo de trabajo de carbono (barra negra) y el electrodo de referencia.
© CNRS Photothèque/Emmanuel Perrin
Imagen de un proceso catalítico de producción 
          de hidrógeno en un reactor estructurado: estructura general del monolito 
          (cruceta en nido de abeja revestida de la capa catalítica). Trabajos 
          del Instituto de investigación sobre catálisis, Villeurbanne, CNRS (Francia). Imagen de un proceso catalítico de producción de hidrógeno en un reactor estructurado: estructura general del monolito (cruceta en nido de abeja revestida de la capa catalítica). Trabajos del Instituto de investigación sobre catálisis, Villeurbanne, CNRS (Francia).
© CNRS Photothèque/Laurent Villegas

En su opinión, ¿cuáles tendrían que ser las prioridades para la investi- gación dentro del 7PM?

Estamos en un punto crítico de la historia de la humanidad. Nos enfrentamos al mayor desafío que hayamos tenido ante nosotros como especie: el del cambio climático. La comunidad científica está ahora segura al 90 % de que este cambio provocado por el Hombre está afectando dramáticamente a la Tierra. Diferentes escenarios están previstos. Los modelos actuales nos señalan que vamos de vuelta a la temperatura de este planeta de hace tres millones de años durante la Era del Plioceno: diferente flora, diferente fauna, diferente Tierra. No creo que comprendamos hasta qué punto este cambio climático es intenso y el impacto que tendrá sobre los ecosistemas, los modos de vida y la capacidad de adaptación de nuestra especie.

Estamos al principio de un cambio radical, no sólo debido a las modificaciones climáticas sino también a que tenemos ante nosotros el final de la era del combustible fósil y del uranio. Los expertos estiman que de aquí a treinta años la mitad del petróleo se habrá agotado y esta era se acabará porque los precios del petróleo serán inasequibles. Además, los países productores de petróleo cada vez son más inestables políticamente, especialmente los del Golfo Pérsico. Esto hace que toda la cuestión de la energía se haga cada vez más problemática, empeorando cada semana e incluso cada día más.

Teniendo en cuenta que nos estamos acercando al máximo de la producción de petróleo y que estamos experimentando un cambio climático cuya amplitud no tiene precedentes en toda la historia de la humanidad, creo que la primera misión de la civilización en los próximos 25-50 años es la de buscar una estrategia energética de abandono de los combustibles basados en el carbono y el uranio. Hay que sentar las bases de nuevas infraestructuras para una era “post-carbono”. Estamos hablando de la supervivencia del planeta y de la civilización tal y como los conocemos: ni más ni menos. Cualquier prioridad de investigación sobre el desarrollo tecnológico tendría que contribuir a esta supervivencia o ser considerada como secundaria.

¿Cómo ve este cambio de orientación y cómo serían las nuevas infraestructuras en la era post-carbono?

Permítame retroceder en el tiempo y destacar (como ya lo dije en mi libro The Hydrogen Economy [La economía del hidrógeno]) que las grandes revoluciones económicas en la historia de la humanidad suceden cuando coinciden dos hechos. Primero, cuando los seres humanos cambian su sistema energético y la forma en la que organizan la distribución de la energía del planeta, y segundo, cuando cambiamos nuestros modos de comunicaciones para organizar nuestros nuevos sistemas energéticos. Los puntos de inflexión en la historia de la humanidad se dan cuando convergen estos dos grandes cambios. Modifican las variables de la “ecuación humana” para siempre.

Ahora bien, hemos vivido una enorme revolución en las comunicaciones en los últimos quince años con los ordenadores personales, Internet, la comunicación vía satélite y el Wi-Fi. Ahora cerca del 20 % de la humanidad puede producir y compartir información a la velocidad de la luz. Es una revolución de comunicación sin precedentes. Lo que aconsejo pues a los líderes gubernamentales y a las grandes empresas (las Fortune 500), es que esta revolución vaya más allá y que se abra un capítulo dos, el de un nuevo sistema energético y de una tercera revolución industrial. Dicho en otros términos, se trataría de una transición hacia el hidrógeno, en una era energética post-carbono, en relación con estos numerosos mecanismos de mando y control.

¿Cómo podría funcionar todo esto?

Imagínese que haya millones y millones de pilas de combustible de hidrógeno de aquí a 25-30 años. Habrá cartuchos de pilas de combustible portátiles que usted podrá utilizar para dar energía a su ordenador portátil, a su teléfono móvil, a su lector de MP3. Siete empresas japonesas los sacarán al mercado este año. Pilas de combustible estacionarias, alimentadas por hidrógeno y capaces de almacenar energía renovable, estarán disponibles en cada hogar, cada oficina, cada zona y parque industrial.

Utilizaremos la energía solar, geotérmica, hidroeléctrica así como la energía de las olas para generar electricidad. Luego el excedente de energía renovable lo emplearemos para llevar a cabo la electrólisis que nos permitirá, a partir del agua, producir hidrógeno para el almacenamiento y el transporte. El hidrógeno también podrá ser obtenido directamente a partir de la biomasa (residuos forestales, desechos agrícolas, basura municipal y otros).

Creo que para tal fin tenemos que apoyar la I+D, que no es una receta mágica, pero es la única forma de dejar de recurrir a nuestros antiguos combustibles.

¿Por qué utilizar el hidrógeno?

Mucha gente se pregunta por qué necesitamos el hidrógeno ¿Por qué no utilizar simplemente las energías renovables? En realidad hacen falta los dos porque la energía renovable es intermitente, con la excepción de la biomasa. No siempre hace sol, no siempre hace viento. Las capas freáticas pueden presentar un nivel insuficiente para la hidroelectricidad. El hidrógeno es una forma de almacenar energía renovable, lo que permite anticipar las necesidades a nivel de la red eléctrica y de los transportes. Con la biomasa se puede conseguir el hidrógeno directamente, pero aún así hace falta un portador universal, que es el hidrógeno.

El hidrógeno es la propia esencia del universo y los subproductos necesarios para su uso son el agua y el calor. Salimos fuera del ciclo del carbono, condición esencial para tratar el cambio climático.

¿No existen alternativas a la energía renovable?

Se puede extraer el hidrógeno del carbón, del petróleo o del gas natural, pero todos son combustibles fósiles. El gas natural es una alternativa aceptable ya que se quema un poco mejor que el petróleo, pero sólo daría algunos años más de plazo puesto que sigue una evolución idéntica a la del petróleo en términos de producción máxima mundial.

Se puede utilizar el carbón. La industria del carbón se expresa en estos términos: “La solución está en el carbón limpio. Desarrollemos toda una nueva generación de centrales térmicas alimentadas con carbón y dennos suficiente tiempo y dinero para que pensemos en cómo secuestrar el CO2 y almacenarlo bajo la tierra o bajo el océano”. Por desgracia, otros científicos están diciendo que no hay indicios de que esto sea factible económicamente y, si lo fuera, no lo sería hasta 2025-2035. Paralelamente, según la AIE (Agencia Internacional de la Energía) no se observaría una contribución significativa en la reducción del CO2 hasta mediados de siglo. Sin embargo, seguiremos sin saber si se puede mantener el CO2 bajo tierra o bajo los océanos para siempre, y sin que haya fugas.

La industria nuclear añade: “¿Por qué no producimos hidrógeno combinando la electrólisis del agua y la electricidad de origen nuclear?” El problema de nuevo es el coste. Las centrales nucleares son excesivamente caras en comparación con otras formas de energía para generar electricidad.

Al mismo tiempo, estaremos confrontados a importantes déficits de uranio de aquí al periodo 2025-2035, según la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) ¿Para qué queremos construir centrales nucleares que cuestan varios miles de millones de dólares si vamos a acabar con un déficit de uranio? Además, a pesar de que hace ya 60 años que utilizamos esta tecnología, aún no sabemos cómo transportar y almacenar los desechos nucleares. Y por último, en una era de terrorismo, ¿quién querría que se construyeran cientos o incluso miles de centrales nucleares en todo el mundo? Esto es un “escenario de pesadilla”.

Y finalmente, los combustibles fósiles y el uranio son viejas tecnologías que yo denominaría “tecnologías de élite”. Representan enfoques energéticos altamente centralizados que se remontan a los siglos XIX y XX. El carbón, el petróleo, el gas y el uranio sólo se encuentran en algunas regiones, en algunas parcelas de terreno. No están distribuidos de manera uniforme en todo el planeta. En consecuencia, hace falta una impresionante inversión militar para garantizar su seguridad y una enorme inversión de capital para su tratamiento. Así que volvemos de nuevo a un mundo en el que la energía no se distribuye de forma homogénea.

¿Qué tiene que ver esto con la revolución de las comunicaciones?

Utilizaremos exactamente la misma estructura, los mismos programas informáticos y materiales que los desarrollados en Silicon Valley. Emplearemos esa tecnología para volver a configurar la red eléctrica europea, y de todo el mundo, en veinte años, para que las redes eléctricas sean inteligentes, distribuidas y abiertas a la fuente.

Ahí está el nexo interesante entre la revolución de las comunicaciones y de la energía. Una pila de combustible alimentada por hidrógeno y que almacena energía renovable es similar a un ordenador personal. Con un ordenador personal, usted puede generar su propia información, pero también puede difundirla, como un productor, a miles de millones de personas en tres segundos. Imagínese millones de pilas de combustible de aquí a treinta años y recuerde que casi no teníamos computadoras hace treinta años y ahora las tenemos en abundancia. No hay ninguna razón por la que no podamos valernos de los mismos recursos con las pilas de combustible de hidrógeno.

¿Así que sería como una fuente de energía personal?

Exacto. Captamos la energía renovable localmente, y luego generamos electricidad. La utilizamos y almacenamos parte del excedente bajo la forma de hidrógeno para su posterior conversión a electricidad o para utilizarlo directamente en el transporte. Enviamos el resto del excedente a la red eléctrica o lo compartimos. Podemos compartir la energía con la misma facilidad y transparencia con la que compartimos información en Internet. Cada uno de nosotros se convierte en su propia “central eléctrica”.

¿Qué repercusiones tendría dicho cambio?

La tercera revolución industrial se produce al unirse la revolución de las comunicaciones distribuidas como mecanismo de mando y el control de la generación distribuida de energía (hidrógeno) almacenando energía renovable. Esto tendría que tener un impacto muy fuerte en el siglo XXI. En el siglo XIX se dio la combinación del carbón, el vapor, el ferrocarril y la imprenta. Luego la combinación del petróleo, el motor de combustión interna y los automóviles por un lado, y de la electricidad, el telégrafo y el teléfono por otro en el siglo XX. El efecto multiplicador debería extenderse en al menos un siglo. Se crearán millones de puestos de trabajo y tendremos un sistema energético sostenible post-carbono y post-uranio, de carácter distribuido, descentralizado y que proporcionará electricidad a la población.

La economía del hidrógeno y la tercera revolución industrial representan una “visión” grandiosa para Europa y no únicamente una prioridad de investigación...

Representan la clave de la próxima etapa de la integración europea. La Unión Europea empezó con programas energéticos: la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) al principio y luego Euratom. Yo les he dicho a José Manuel Barroso, a Andris Piebalgs, a Nellie Kroes, a Angela Merkel y a muchos otros: “Esta es la ocasión de crear un nuevo programa para el próximo gran proyecto de Europa”. La creación de una infraestructura homogénea servirá de base a la agenda de Lisboa: una red integrada de transportes, una red de comunicación y de electricidad en veintisiete países, con el hidrógeno almacenando energía renovable. Con tal infraestructura, se podrán realizar intercambios comerciales con facilidad entre los veintisiete Estados miembros, y así se conseguirá el mayor mercado interno del mundo, en términos de riqueza, con quinientos millones de personas.

¿Cómo se traducirá esta idea en prioriades de investigación concretas?

Nuestra I+D tendría que reunir todo tipo de tecnologías: programas informáticos, telecomunicaciones, industria química, ingeniería, energía, electricidad, etc. Se trata de volver a concebir toda la infraestructura de generación y distribución de energía.

¿Opina que este proceso tendría que ser provocado o que simplemente surgirá espontáneamente?

Es una mezcla de ambos. Muchas regiones de Europa están empezando a sentar las bases de lo que ya he mencionado. Se trata de un método ascendente. Por otro lado, será necesaria una coordinación en los ámbitos nacional y europeo. Una iniciativa de esta magnitud, en la que tenemos que cambiar todo el sistema energético de la UE y del mundo en veinticinco años, sólo puede hacerse con el firme compromiso de los gobiernos a todos los niveles, así como el firme compromiso tanto de la comunidad empresarial (desde las PYMEs hasta las empresas mundiales) como de la sociedad civil.

Lo que necesitamos es una generación de líderes políticos que digan: “No pregunten lo que Europa puede hacer por ustedes, sino lo que ustedes pueden hacer por Europa” y que desafíen a los jóvenes para que se preparen para la tercera revolución industrial y la economía de hidrógeno post-carbono en las escuelas, las universidades y los centros de investigación. Ésta es la visión que necesitamos para Europa y el mundo.

¿Cómo situaría en esta visión a los EE.UU. y las otras regiones del mundo?

California, la sexta economía del mundo, ya está construyendo una economía ecológica y del hidrógeno según los principios que he mencionado. Es un Estado muy avanzado, tal y como lo demostró con el Silicon Valley y la revolución de las tecnologías de la información. Se ha dotado de un plan de trabajo y ahora Nueva York y otros Estados estadounidenses siguen sus pasos. Japón también está en una buena posición. La UE podría ser líder, pero esto significa que Alemania y otros países, así como las instituciones comunitarias, tendrían que ponerse a la cabeza ya.

¿Cuál ha sido la reacción de los líderes europeos con respecto a la visión de la economía del hidrógeno?

Andris Piebalgs, el Comisario concernido, ha hecho de la energía renovable y del hidrógeno piezas clave de la nueva política energética europea y está instando a una nueva revolución industrial en este campo. El año pasado, la Canciller Merkel me invitó para que hablara del procedimiento a seguir para impulsar el crecimiento de la economía alemana. En un momento de nuestra conversación, le presenté un informe sobre la tercera revolución industrial y la transición hacia la economía del hidrógeno. A partir de ahí, la Unión Demócrata Cristiana, su partido, lo incorporó dentro de su programa energético oficial. La parte central de su I+D consistirá en promover una economía del hidrógeno para que Alemania pueda liderar Europa.

¿Quiénes serían los más beneficiados si nos encamináramos hacia la economía del hidrógeno?

Creo que los países en desarrollo serían los que se beneficiarían más. La impotencia de su población se debe a su falta de energía. Y no se trata de un juego de palabras, hablo literalmente: un tercio de la población del planeta no tiene electricidad. Esta tercera revolución industrial, al dar poder a la gente, haría posible que la energía llegase a todos. Al existir recursos de energías renovables en el mundo entero (a diferencia del carbón, el petróleo, el gas o el uranio) todos pueden tener una parte. Si podemos explotar la energía renovable, almacenarla en forma de hidrógeno y distribuirla a través de redes eléctricas inteligentes, los países en desarrollo podrán tener electricidad y convertirse en actores de la tercera revolución industrial y de la globalización. He aquí el verdadero enfoque ascendente, de abajo a arriba, de la ideología de la globalización.

¿Significa esto que existirían condiciones de competencia más equitativas? ¿Un mundo multilateral?

Sí, sería un paso de las energías de élite de los siglos XIX y XX, o sea, de los combustibles fósiles y el uranio, a las energías democráticas del siglo XXI, a saber, las energías renovables, el almacenamiento del hidrógeno para estas energías y las redes eléctricas inteligentes para compartirlas.

Esta revolución tendrá un impacto considerable en cuanto la energía se distribuya de modo mucho más equitativo. La gente gozará de una mayor independencia. Y por fin trataremos los problemas de cambio climático y de producción máxima mundial de combustibles fósiles. La riqueza y la actividad económica van siguiendo a la energía, porque la energía es fundamental para producir, acumular y distribuir todas las formas de riqueza.

¿Usted debe ser considerado como un optimista realista o un idealista pesimista?

La situación actual del cambio climático es catastrófica. No creo que nos hayamos dado cuenta de la magnitud de los daños. Ignoramos por completo lo que el futuro nos depara. Pero tenemos que convencernos de que aún tenemos tiempo. Si podemos estar atentos y hacer lo que se tiene que hacer, aún podemos dar la vuelta a la situación. Debemos hacer que la temperatura de este cambio disminuya solo menos de 2°C. De ahí que la revolución del hidrógeno sea indispensable.


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