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PUBLICACIONES CIENTíFICAS
La cruzada del libre acceso
Las tecnologías de la comunicación son, en su esencia, portadoras de utopías… realizables. ¿Se puede soñar con algo mejor que con un mundo en el que todos los que estén interesados tengan un acceso gratuito a los datos de la ciencia? Este «servicio universal» del conocimiento está en marcha, pero suscita al menos dos cuestiones. ¿Cómo se puede financiar un servicio gratis, cuyos costes son reales? Y si el libre acceso perjudica todo el sistema de regulación de la difusión de pago del conocimiento hasta ahora asegurado por el sector de la edición científica, ¿cómo se puede gestionar y garantizar la fiabilidad de los conocimientos difundidos a los cuatro vientos?
El movimiento fue lanzado en 1991 por investigadores de ciencia «dura» que trabajaban en el campo de la física de las altas energías. El sitio en línea gratuito ArXiv.org, centrado en los desarrollos de esta especialidad, publica hoy en día unos 3 500 artículos al año que interesan a 70 000 investigadores en el mundo. Por su parte, PubliMed Central (PMC), un banco de archivos gratuito de las revistas de ciencias de la vida, nació en los Estados Unidos en 1999. Seguidamente se creó BioMed Central, que sirve de puente de acceso gratuito a revistas de biomedicina. En 2003, apareció Public Library of Science (PLOS), una amplia biblioteca virtual cuyo promotor es Harold Varmus, especialista de cáncer y premio Nobel, antiguo director de los NIH (institutos nacionales de la salud) estadounidenses e iniciador de PMC. Unos 34 000 científicos de 180 países aportaron su apoyo a esta iniciativa. PLOS ha empezado a desarrollar sus propias revistas orientadas hacia disciplinas específicas como la biología, la medicina, la genética y la bioinformática.
Los defensores del open access (acceso libre) presentan esta evolución como ineludible para aumentar la difusión de los conocimientos en la comunidad científica, elevar así la «productividad» de la investigación y optimizar la utilización de los fondos públicos que la financian. El movimiento argumenta que este desafío va mucho más allá de la sola problemática de la ciencia. «Los avances de la investigación no interesan sólo a los investigadores», comenta Peter Suber (1), del Earlham College (Estados Unidos), filósofo y figura emblemática del movimiento. «Ciertos grupos de interés ya se han concienciado de ello como las asociaciones de defensa de los derechos de los pacientes. Pero habría que explicar aún a toda la sociedad que nuestro sistema actual de difusión de los conocimientos es un freno a la investigación y a los beneficios que la sociedad puede obtener de ella».
Una movilización institucional creciente En el frente del lobbying político, desde hace tres años los promotores del open access han conseguido movilizar el interés creciente de ciertas instituciones privadas o públicas, internacionales o nacionales. Bajo los auspicios de la Soros Foundation, en 2002 se celebró la Budapest Open Access Initiative, a la que se adhirieron más de 300 instituciones de los cinco continentes. En octubre del año siguiente, una amplia concertación en la que participaron varias organizaciones de investigación internacional —en el caso de Europa, cuentan entre sus numerosos signatarios a nombres como los institutos Fraunhofer, Max Planck y Helmoltz (Alemania); el CNRS, el Inserm y el Instituto Pasteur (Francia) o Welcome Trust (Reino Unido)— ha llevado a la «Declaración de Berlín» sobre la libertad de acceso a los conocimientos científicos.
Dos meses más tarde, la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información, iniciada por la ONU, se declaraba favorable a este principio, y este tema volverá probablemente en la edición de este foro intergubernamental que se celebra en Túnez en noviembre de 2005. La comisión de política científica y tecnológica de la OCDE adoptó igualmente una posición parecida en enero de 2004. En junio, un comité de la House of Commons emitió críticas sobre la ausencia de iniciativas del Gobierno británico (sin que éste reaccionara a continuación) y sobre los profesionales de la edición científica en un informe titulado Free for all que opina y aboga por la universalidad del acceso. Siempre en el Reino Unido, que desarrolla una actividad muy importante de edición científica en el mercado mundial, la última toma de postura muy documentada de la asociación de los Research Councils (RCUK), reafirmada en septiembre de 2005, relanza actualmente el debate.
Cuestionados, los editores argumentan. «Se habla mucho del free access [acceso gratuito], pero hasta ahora, los sitios militantes que lo reclaman solo se benefician de un éxito mitigado y apenas representan un pequeño porcentaje de la difusión global», declaran Bob Campbell y René Olivieri, directores de la casa británica Blackwell Publishing. «Por la buena razón que es el sector de la edición el que, actualmente, pone el acceso en línea a punto de forma masiva, gracias a una política intensiva de inversión a lo largo del desarrollo electrónico.»
Author-pay contra reader-pay La «cruzada» por el acceso gratuito suscita por supuesto la cuestión clave: quién va a cubrir los costes ineludibles y nada despreciables de desarrollo y de actualización de la informática, así como la gestión cualitativa y material de la difusión de los conocimientos. El acceso gratuito implica de hecho la parada del modelo comercial clásico del reader-pay, sobre el cual funciona el sector de las publicaciones científicas impresas. A partir de ahí, solo existe la solución de que los costos se cubran en el origen, bautizada como sistema «author-pay».
Tal fórmula sorprende al principio. ¿Los investigadores-autores tendrían que pagar por dar a conocer sus resultados? Salvo en casos individuales, esto equivale en realidad a que su institución anfitriona financie la puesta en circulación de los conocimientos producidos en sus unidades de investigación, de la misma forma que financia actualmente las suscripciones a las publicaciones.
Para los promotores del free access, tal sistema, que empieza a ser aplicado en ciertos nuevos alojadores en línea, es completamente viable y útil. Estos nuevos sitios de difusión, iniciados por reconocidos miembros de la comunidad científica, pueden hacerse cargo de la organización fiable de un control de calidad de los artículos por peer review (revisión paritaria), parecido al que existe hoy en día, e incluso mejorarlo. En un momento en el que las editoriales actuales se encuentran agobiadas por el crecimiento del número de artículos que les envían los investigadores, la transferencia de los costes de suscripción hacia costes de puesta en línea anima a las instituciones científicas a preocuparse más por el interés de los artículos publicados por sus equipos de investigación. En contrapartida, en lugar de limitarse al contenido de las revistas que el presupuesto de su biblioteca permite adquirir, sus investigadores tendrían acceso a «todo».
Ricos y pobres «No nos oponemos al principio del «author-pay» y lo experimentamos en un nuevo servicio que hemos creado», destacan Bob Campbell y René Olivieri. «Pero la cuestión de la revisión paritaria es fundamental, y sostenemos que solo los editores, entre ellos numerosas sociedades científicas, son capaces de ofrecer el peritaje riguroso e independiente para ejercerla. Este sistema está, además, lejos de ser tan ventajoso como se presenta. No es seguro que frene el hipercrecimiento de la producción de artículos y puede, por el contrario, producir su refuerzo. Más grave aún: podría introducir una profunda desigualdad entre autores “ricos” y “pobres”, en particular para los países en desarrollo. En el sistema actual, varias iniciativas (2)con las que contribuimos activamente, así como las demás grandes casas editoriales, garantizan el acceso gratuito o a muy bajo precio a importantes listas de títulos a los investigadores del sur.» Los partidarios de free access responden que tales arreglos podrían también ser creados para suprimir o disminuir las cargas «author-pay»que frenarían las contribuciones procedentes de estos países. Y de todos modos, el aporte que representaría el libre acceso sería particularmente fundamental para sus investigadores.
(1) INIST (2) Se trata de Hinari (Health InterNetwork Access to Research Initiative) bajo los auspicios de la OMS, AGORA (Access to Global Online Research in Agriculture) bajo los auspicios de la FAO; e INASP (International Network for the Avalaibality of Scientific Publications).
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