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RETRATO : JEAN-CLAUDE RISSET
Title  Las paradojas de la percepción

Desde hace unos cuarenta años, Jean-Claude Risset, músico, desarrolla las posibilidades de la síntesis y del tratamiento numérico de los sonidos. Es igualmente físico y lleva a cabo investigaciones sobre las características de la percepción auditiva. Las creaciones de este compositor, un poco mago, son inseparables de sus trabajos de investigación. Y el reconocimiento del que goza viene tanto de la comunidad científica como del mundo de la música.

“Mi trabajo científico sobre la síntesis de los sonidos y la percepción me ha aportado nuevas posibilidades de composición. Y mi actividad de músico me ha planteado problemas estimulantes para mis investigaciones”.
“Mi trabajo científico sobre la síntesis de los sonidos y la percepción me ha aportado nuevas posibilidades de composición. Y mi actividad de músico me ha planteado estimulantes problemas en mis investigaciones”.


“El arte y la ciencia son diferentes en su finalidad, su tempo y sus criterios. Pero mis actividades científicas y artísticas se han   alimentado de ambas. Tanto el motor de la ciencia como el de la creación, es una forma de emoción y de deseo”. Jean-Claude Risset, físico teórico, fue recompensado en 1999 con una medalla de oro del CNRS(1). Es un compositor galardonado a menudo, y en su palmarés cuenta con el Premio Ars Electronica (1987) así como el Gran Premio Nacional de la Música (1990). Para conseguir conjugar dos universos igualmente difíciles, hacía falta estar dotado de un tesón impresionante, un doble talento y un poco de suerte.

Esta última se refleja primero en la persona de Pierre Grivet, jefe de Risset cuando era joven en el Instituto de Electrónica Fundamental (París), quien le sugirió que en vez de abandonar la ciencia por la música, explorara temas que pudieran acercarlas. Y le pasó un artículo de Max Mathews publicado en Science (The digital computer as a musical instrument). 

Los músicos de los “Bell Labs”
A principios de los años sesenta, al otro lado del Atlántico, Mathews, John Pierce y Newman Guttman “fabricaron” sonidos con ordenadores. Esto sucedió en los laboratorios Bell de Murray Hill, cerca de Nueva York, un espacio lleno de investigadores imaginativos. Pierce es audiólogo, inventor de la comunicación por satélite y del tubo electrónico de ondas progresivas utilizado en los radares. En Bell Labs nacieron el transistor, los satélites de comunicaciones, las pilas solares, el sistema Unix, el lenguaje C, y se descubrió allí igualmente el sonido de fondo del Big Bang. Max Mathews estaba buscando a alguien   aficionado a la música que poseyera una sólida base científica, y Francia necesitaba informáticos de buen nivel. Risset, amante de los viajes, llamó a las puertas del comité “calculatrices électroniques” y obtuvo una beca para ir a los Estados Unidos.

“Me parecía que la precisión y la complejidad del ordenador podrían dar lugar a un material musical flexible, más rico y vivo que el de la música electrónica”. Esta misma, concebida por compositores secuenciales, se caracteriza por unos sonidos juiciosamente controlados (por osciladores), pero bastante apagados. En la misma época, los partidarios de la música concreta, la escuela casi contraria, consiguieron posibilidades sonoras muy ricas, pero que se prestaban mal al modelaje. “En mi opinión, la música concreta era sobre todo una estética del  efecto y a la música electrónica le faltaba calor. Por lo tanto, intenté explorar la síntesis de los sonidos: homólogos numéricos de la música electrónica, intentando introducir vida en los sonidos artificiales”.

En Bell Labs, una máquina gigante y algunos programas modulares concebidos por Mathews (Music4 y Music5) permitieron sacar partido de la codificación numérica para producir lo “increíble”. Risset, por su parte, se dedicó a la compleja imitación de los cobres. En 1965, al trabajar en la relación espectro-intensidad, consiguió simular la trompeta. Los especialistas acogieron con mucho interés este descubrimiento.

Ilusiones auditivas
Pero el ordenador no hace posible únicamente el dar forma a las sonoridades. Permite también analizar su escucha. ¿Cuál es la relación entre los sonidos elaborados (a través de parámetros objetivos) y los sonidos percibidos (a saber, su efecto sensible)? ¿Por qué ciertas estructuras sonoras no resuenan como cabría esperar?, ¿por qué ciertas imitaciones de instrumentos son muy poco creíbles? “Para fabricar sonidos de síntesis, se le da al ordenador una descripción numérica precisa, una partitura sí “integral” que se traduce en sonidos. No basta con una representación esquemática. Ciertos sonidos, aunque sean muy simples, no suenan en absoluto como se esperaba”.

Risset, el físico, al analizar las particularidades de la percepción, permitió a Risset, el compositor, conseguir “sonidos paradójicos” e “ilusiones auditivas”. Estas construcciones inéditas parecen desafiar el sentido común. “Se trata de sonidos cuya altura parece bajar cuando duplicamos las frecuencias que los constituyen o incluso una serie de golpes regulares   que parece aminorarse cuando se duplica la velocidad de desfile del magnetófono sobre el que se están tocando. Parece que ciertos sonidos suben y descienden a la vez o bajan de velocidad continuamente siendo más rápidos siempre al final que al inicio”.

Estas interpretaciones paradójicas de los sentidos (comparables a la falsa impresión de la perspectiva en visión) revelan las verdades de la percepción. Por ejemplo, Risset fue el primero en conseguir la ilusión de una espiral que parece que está descendiendo de forma indefinida. Esta inmersión musical ha sido creada en 1968 para la obra de Pierre Halet Little Boy, que reconstituye el bombardeo de Hiroshima. Un descenso a los infiernos, ilustra la desesperación y la demencia de Eatherly, uno de los pilotos del bombardeo atómico.

Computer Suite for Little Boy y Mutations (1969) son consideradas como las primeras “grandes” obras enteramente sintetizadas por ordenador. Un poco más tarde, Jean-Claude Risset creó fusiones entre los sonidos sintéticos y los músicos en escena (Dialogues, Inharmonique, Moments newtoniens, Passages). Y después fue Sud, en el que aparecía la naturaleza. Sud se presenta como un paisaje musical. Primero, entran en escena las olas, los pájaros, los insectos y las ranas. Fueron captados (“fonografiados”) cerca de Marsella, la ciudad en la que Risset decidió vivir hace treinta años. “Me quedaría agazapado en el fondo de una cala.  Se perciben el silencio, ruidos imperceptibles, semillas que revientan, el rechinar de los guijarros”. A los ecos de la naturaleza se mezclan enseguida sonoridades electrónicas. “Estos dos elementos, estos dos protagonistas de alguna forma, no se fusionan sino que se hibridan. Se trata de la interpenetración de dos mundos que al principio son ajenos el uno al otro. Yo cito a menudo a Cézanne quien decía que quería casar las curvas de una mujer con los lomos de una colina”.

Investigadores plurales
Estas investigaciones sobre el sonido implican la física, la informática, el tratamiento de la señal, la psicoacústica y la música. “Se habla mucho de la pluridisciplinaridad. Se trata de reunir en un mismo proyecto a especialistas de campos diferentes. Pero si ninguno de ellos penetra un poco en el universo del otro, el nivel de diálogo sigue siendo muy bajo. Creo que la pluridisciplinaridad hay que realizarla a menudo en lo más profundo de la propia persona. Pasteur no era biólogo, sino físico químico. Y algunos profanos que no forman parte del pequeño mundo de la comunidad investigadora han conseguido así numerosos avances científicos”.

¿Si Risset hubiera tenido que abandonar uno de los dos, qué habría abandonado el arte o la investigación? Sin duda la música habría ganado, pero no se trataría de la misma música.

(1) Desde su creación, en 1954, el Centro Nacional de Investigación Científica otorga su medalla de oro a personalidades que “hayan contribuido de forma excepcional y en disciplinas diversas, al dinamismo y al esplendor de la investigación en Francia”.


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Después de trabajar tres años en los Bell Laboratories (Estados Unidos), Jean-Claude Risset publicó, en 1969, un Catalogue des sons de synthèse (Catálogo de los sonidos de síntesis) para que los investigadores y los músicos ...
 

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      Trayectoria

    Después de trabajar tres años en los Bell Laboratories (Estados Unidos), Jean-Claude Risset publicó, en 1969, un Catalogue des sons de synthèse (Catálogo de los sonidos de síntesis) para que los investigadores y los músicos lo utilizaran. De vuelta a Europa, desarrolló este tipo de creación por ordenador en el Instituto de Electrónica Fundamental de Orsay y en la Facultad de Luminy, Universidad de Marsella (1970), antes de dirigir el departamento Ordenador del IRCAM (Instituto de investigación y de creación acústica-música), bajo la “batuta” de Pierre Boulez (1975-1979). Considerándose ”mediterráneo por elección”, volvió después al CNRS, como director de investigación en el Laboratorio de Mecánica y de Acústica (Marsella), del que es actualmente director de investigación emérito.

    En 1998, Jean-Claude Risset fue encargado por el ministro de Educación de redactar un informe “Arte – Ciencia - Tecnología”, en el que analizaría las posibilidades de sinergias entre estos diferentes campos en el ámbito de la enseñanza.

    Su obra musical, muy variada, consta de una veintena de CDs.

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