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 La ciencia, signo del tiempo
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CIENCIA Y SOCIEDAD - ENTREVISTA
Title  “Queda mucho por comunicar...”

El antiguo Comisario Philippe Busquin, “padre” del Espacio Europeo de la Investigación (un objetivo que colocó a la política de la ciencia y de la tecnología en las primeras posiciones de las estrategias de la Unión), ha contribuido enormemente a hacer que el diálogo entre Ciencia y Sociedad sea un imperativo democrático.

Philippe Busquin
Philippe Busquin – “Reivindico que la investigación no debe someterse a ningún prejuicio, revelado o no. La dinámica del conocimiento es inherente al hombre.”
¿Por qué hizo que este aspecto fuera una prioridad de su acción política cuando era comisario responsable de la investigación?

La necesidad de comunicación, no solamente sobre la dimensión europea de la investigación sino también sobre el lugar de las ciencias y de las tecnologías en toda la sociedad mundial, se impone por dos razones. En el año 2000, al adoptar como objetivo la creación de un verdadero Espacio Europeo de la Investigación , la Unión Europea realizó un cambio muy importante que desembocaría idealmente en una especie de “mercado único” de la ciencia y del desarrollo tecnológico. Este enfoque supuso la adopción en ese mismo año del famoso “objetivo de Lisboa”: hacer que Europa se convierta en una de las economías del conocimiento más competitivas del mundo. Este objetivo implica, en particular, un enorme esfuerzo de investigación. Era la primera vez que el Consejo Europeo adoptaba este tipo de estrategia, colocando a la política de investigación en primera fila. Por lo tanto, en efecto, queda mucho por comunicar para concienciar sobre estos nuevos desafíos.

Pero aún hay más. Desde hace dos décadas, los cambios rápidos suscitados por la ciencia y la tecnología transforman profundamente la sociedad en el ámbito de la economía, del trabajo, del modo de vida, de las relaciones sociales. En todo el mundo, o por lo menos de forma patente en Europa, los ciudadanos, pero también los científicos y los responsables políticos, cuestionan estos cambios. La crítica a las ciencias, a veces su rechazo puro y simple, incluso violento, no son nada nuevo. Pero, con cierta perspectiva, se tiene la sensación de que antes la ciencia avanzaba “despacio” y que los “sentimientos” de la sociedad no tenían mucha importancia.

Ahora bien, hoy en día, se ha medido la importancia de los nuevos desafíos, tales como el imperativo del desarrollo sostenible y las cuestiones éticas planteadas por las ciencias de la vida. También se ha tomado conciencia del deber de analizar la seguridad de las tecnologías y de las utilizaciones de la ciencia, avivada por las crisis que han marcado las dos últimas décadas: desde Chernobil hasta las “vacas locas” pasando por los escándalos de la sangre contaminada o la perspectiva del cambio climático. En este último caso, hay que decir que aunque las decisiones en la investigación y los avances en la energía durante demasiado tiempo se hayan decantado principalmente por las energías fósiles, que se cuestionan ahora, también la ciencia proporciona los conocimientos que demuestran la necesidad urgente de limitar los daños causados al medio ambiente planetario.

El debate sobre los aspectos “ciencia-sociedad” está muy activo en Europa. Quizás influencia más las decisiones políticas que en el resto del mundo. Desde el punto de vista democrático, es un hecho positivo.

Y no obstante, en su último libro que tiene por título Le déclin de l'empire scientifique européen (1), tacha el debate sobre los OGMs de “insuficiente y poco razonable”...

Por desgracia, las polémicas sobre los OGM son un claro ejemplo de debate mal llevado, por no decir de un diálogo de sordos. Los responsables son sin duda los biotecnólogos y sobre todo las empresas multinacionales que durante mucho tiempo no han medido la importancia de los cuestionamientos (algunos muy legítimos) planteados por el avance de la ingeniería genética. E igualmente, muchos de quienes encabezan la oposición a los OGM se han cerrado en banda a lo que supone una evolución en la relación entre el hombre y la naturaleza, ya de antaño. Hace ya miles de años que el ser humano realiza cruces genéticos. Nuestras plantas de cultivo actuales son fruto de cientos de hibridaciones entre diferentes cepas, cuyo objetivo ha sido siempre el de mejorar las propiedades agrícolas de las plantas. Hoy en día, gracias a la ingeniería genética, podemos hacerlo con mucha más precisión y rapidez. No hay que confundir el principio de precaución, que es indispensable, con la obsesión dictatorial y paralizante del riesgo cero.

Pero ¿cómo salir de lo que parece un callejón sin salida y que podría reproducirse en otros campos como por ejemplo el de las nanotecnologías?

Hay que desarrollar todo el entorno necesario para que se dé un verdadero debate. Hay que informar, desarrollar la cultura científica del público y discutir con transparencia. Es un programa ambicioso, pero es lo que está haciendo la Comisión a través de diversas actividades. Para ello, dispone de un papel especialmente catalizador confrontando los diferentes puntos de vista de la sociedad que existen dentro de la Unión de cara a la ciencia y a la tecnología. Estas sensibilidades aparecen por ejemplo en los sondeos Eurobarómetro sobre este tema.

Asimismo, hay que intercambiar las buenas prácticas para enseñar e infundir en los jóvenes el interés por la cultura científica, nacida en Europa, que paradójicamente se está desvaneciendo. Hay que divulgar la investigación haciendo que la ciencia sea atractiva y explicarla (en el fondo, es lo que hace la revista I+DT info), sin evitar el plantear las cuestiones serias que suscita. En 2001, la Acción Ciencia y Sociedad creó un apartado dedicado con ese fin.

Algunos piensan que el objetivo del debate sobre la ciencia y la tecnología es reforzar la aceptabilidad social de los avances que la investigación conlleva. ¿Qué opina usted?

A mí no me gusta esta expresión que puede tener doble sentido. Declarar que hay que hacer que los resultados de la investigación sean socialmente aceptables puede significar comunicar para que sean aceptados, con el riesgo de que se presenten los hechos con tintes de persuasión, o peor, de propaganda que falseen el debate. O bien, este término significa por el contrario que la ciencia debe limitarse a lo que es “socialmente aceptable”, o como se dice “políticamente correcto”. Es decir, detener algunas investigaciones (no estoy hablando de aplicaciones) que interpelen los valores sociales, por ejemplo, la clonación terapéutica o el recurso a las células madre como reserva de regeneración celular.

Ahí, digo francamente que no. Yo soy partidario del “libre examen” y reivindico que la investigación no debe someterse a ningún prejuicio, revelado o no. La dinámica del conocimiento es inherente al hombre. Como lo prescribe el artículo 13, creo, de la carta de los derechos fundamentales, el arte y la ciencia deben ser libres. Usted me dirá ¿y el control ético? La ética es indispensable, pero no puede dictaminar reglas que frenen la adquisición de nuevos conocimientos, al menos en las ciencias fundamentales. Puede pronunciarse únicamente sobre los procedimientos de adquisición de estos conocimientos (por ejemplo, en materia de pruebas clínicas) y sobre la utilización de los resultados de investigación. Ahí entramos en un debate democrático donde la sociedad tiene que elegir.

¿Entonces la ciencia no tendría la responsabilidad de las consecuencias de sus descubrimientos?

Yo diría que ningún conocimiento puede ser considerado como responsable de su aplicación posterior. La física nuclear hizo posible la bomba atómica y la imaginería biomédica.

No obstante, ¿cree que la comunidad científica participa de forma satisfactoria en este debate?

Yo creo que hay una evolución muy marcada a este respecto. Hoy en día, un gran número de científicos participan en los debates, se posicionan públicamente en los medios de comunicación y no sólo en los comités éticos. El compromiso personal de algunos de ellos es muy ejemplar. Dicho esto, el verdadero trabajo de un investigador es investigar, descubrir y comprender. Comunicar no es forzosamente su primera función, aunque algunas personalidades poseen estos diferentes talentos.

¿Cómo evalúa la forma en la que los medios de comunicación hablan de la ciencia y de la investigación?

Tengo la sensación de que los medios de comunicación prestan cada vez más atención a la ciencia y a la tecnología. A veces embellecen demasiado las cosas (el último descubrimiento tiene que tener algo de sensacional) o por el contrario amplifican temores y controversias, ya que necesitan el suspense. Pero muy a menudo los medios de comunicación tienen un papel educador excelente.

(1) Philippe Busquin y François Louis, Le déclin de l'empire scientifique européen, nota final de Janez Potočnik – Ed. Luc Pire, 2005

    
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