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Logo I+DT infoRevista de la investigación europea N° 49 - Mayo 2006    
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 EDITORIAL
 Seguridad: la investigación lista para los próximos desafíos
 ITER se implanta en Cadarache
 El trazado desconocido de nuestras fronteras
 Sobre la pista del fenómeno humano
 Ene Ergma, entre la Tierra y las estrellas
 Los enigmas de las algas azules
 La enciclopedia virtual de los peces
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¿La ciencia con gripe?

Con la crisis de la gripe aviar, la ciencia y sus protagonistas vuelven a estar de actualidad, quedando bajo el foco de los medios de comunicación. Como en las crisis precedentes, el público se percata de la importancia cada vez mayor de la ciencia y también, al estar en las fronteras del conocimiento, descubre sus límites y limitaciones, patentes en los desacuerdos entre científicos, entre otras cosas. Como ocurrió en el pasado, los políticos aprecian que los “sabios” se pongan en primera línea: al aportar el peso y la legitimidad de la ciencia, consiguen validar las molestias de las medidas de protección que deben imponer tranquilizando al público. Este último considera que los científicos (en concreto los que trabajan en una institución pública) son quienes están mejor situados para evaluar y explicar las consecuencias de un avance científico y tecnológico o para hacer frente a una amenaza epidemiológica como la gripe aviar (encuesta Eurobarómetro de 2005).

Pero la operación conlleva un ejercicio de equilibrio algo peligroso para los científicos. En una época en la que la comunicación de las ciencias se convierte en una prioridad estratégica, los investigadores se ven confrontados a la dificultad práctica de proporcionar una información de calidad y de responder a las preguntas y a las demandas del público, delimitando claramente las responsabilidades para no excederse en sus cometidos... Los científicos, al convertirse en los “médicos del planeta”, podrían aparecer como los primeros responsables no solamente de estas crisis con contenido científico y, por amalgama, de los problemas de la humanidad actuales y futuros, sino también y sobre todo del fracaso de los tratamientos aplicados, aunque las responsabilidades sean de otros.

Esta situación se complica aún más por el hecho de que hoy en día los científicos asumen por lo menos tres roles: el de actor de la investigación (que le aporta su credibilidad), experto (obligación moral) y cazador de créditos. Los recientes asuntos excesivamente mediatizados han sido muy reveladores: la opinión pública, desconcertada por la noción de controversia científica, no distingue entre el investigador y el experto, quienes a menudo son las mismas personas. Rabelais, si hubiera vivido en nuestra época, habría escrito quizás: ciencia sin transparencia no es más que ruina de la pericia...

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