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PERSONAS MAYORES - Cuando la pirámide se invierte
¿Cuándo se es viejo? Quizás cada vez más tarde... La terminología pule los matices y se distinguen a los mayores activos, los de edad avanzada, los ancianos, los muy ancianos... pero sean cuales fueren las palabras, Europa está envejeciendo y este fenómeno plantea grandes desafíos a las finanzas públicas (atención médica, pago de las pensiones), a la economía (disminución de las fuerzas de trabajo) y, en el plano humano, a la organización social y familiar indispensable en la última línea recta de la vida. Enfoque aportado por los investigadores de los proyectos Soccare y Care Work.
El doble frente Esta atención llevada a cabo en un doble frente, a menudo difícil, agotadora y estresante, tiene consecuencias en la vida familiar. Para los investigadores de Soccare: “Se transforman las relaciones de la pareja, no solamente por el peso simbólico y material de esta atención prestada, sino también por la necesidad de adquirir nuevas competencias. Los cónyuges tienen que inventarse recíprocamente un nuevo papel en su relación”(2). En cuanto a los niños, como es más sencillo que los cuiden a ellos que enviar a alguien a cuidar a los abuelos, pueden sufrir las consecuencias, y se puede imaginar fácilmente el sentimiento de culpabilidad resultante... De cara a los ancianos, estos nuevos papeles tampoco se asumen con facilidad. El “hijo” se convierte en el “padre”, responsable, y viceversa. “La calidad de la relación que tienen al principio puede ser decisiva. Si siempre ha sido positiva, hay más posibilidad de que la gratitud que el hijo sienta hacia su padre aligere el peso de la responsabilidad de cuidarlo” (2). No obstante, a menudo se acepta esta tarea por falta de alternativa. La persona mayor se niega a ingresar en una institución, lo que la mayoría de las familias comprenden. Una mezcla de servicios Las “soluciones” aportadas a los ancianos varían por toda Europa, debido tanto a las tradiciones culturales como a la eficacia de los sistemas sociales. Finlandia es el país en el que, gracias a la eficacia de las ayudas a domicilio, un gran número de personas mayores son autónomas y viven solas (el 42% de los hombres y el 80% de las mujeres de más de 75 años). Portugal, en el otro extremo, es el país en el que la autonomía es menor (las proporciones son del 16% y del 33%). Allí, como en Italia, con frecuencia las familias reciben la ayuda de personas que trabajan en la economía informal. En Francia, una ayuda pública específica (prestación personalizada de autonomía) ofrece diferentes tipos de asistencia (en las tareas del hogar, de atención médica...) que permiten evitar la estancia en una institución. La mayoría de las familias europeas recurren a una mezcla entre las ayudas públicas, a menudo bien organizadas, y diferentes sistemas que pueden tomar la forma de servicios gratuitos creados por asociaciones de voluntarios. Este recurso creciente a personas no profesionales “puede ser interpretado como una respuesta a las necesidades no satisfechas por la asistencia social pública, pero también por una voluntad de encontrar soluciones más flexibles y más personalizadas. Tales sistemas tienen la ventaja de dejar la gestión de la atención a la propia familia” (2).
Modelos contrastados Por su parte, uno de los grupos de trabajo del proyecto Care Work in Europe, ha estudiado la situación de los ancianos en Suecia, en España y en el Reino Unido (3). Pretendía comparar los diferentes tipos de ayudas propuestas, la formación y las condiciones de trabajo de los cuidadores, los deseos de las familias y de las personas mayores. Estos tres países, diferentes desde un punto de vista económico y sociocultural, ofrecen contrastes interesantes. La responsabilidad pública tiene gran importancia en Suecia, país en el que los servicios locales (y de pago) se desarrollaron en los años sesenta. Este trabajo social se ha convertido, a lo largo de los años, en un trabajo cada vez más estructurado y jerarquizado. El personal, muy bien formado, está dirigido por gestores que tienen un verdadero estatus de administradores. España está más centrada en la solidaridad familiar, pero desarrolla desde hace poco servicios de atención que responden a algunas normas nacionales, capaces de responder a las demandas más pesadas y más complejas, completando la atención familiar. En el Reino Unido, personas de calificación muy diferentes (pero cuyo nivel general de formación va en aumento) garantizan diversas prestaciones, tanto en las residencias como a domicilio. Una gran parte de este trabajo lo realizan asociaciones de voluntarios.
Perfil de los trabajadores asistenciales En esos tres países, el perfil tipo del trabajador asistencial es el de una mujer de unos 40 años (cuyos hijos ya pueden cuidar de sí mismos). La gran mayoría de los profesionales encuestados por los investigadores dicen tener buenas relaciones con las personas ancianas de las que se ocupan así como con su familia y consideran además en general que el apoyo a la familia forma parte de sus responsabilidades. Al hablar de su trabajo, los británicos señalan la importancia de la comunicación, la empatía, la paciencia, la escucha, el sentido de las responsabilidades, el arte de no contar el tiempo. Los españoles se centran igualmente en los valores afectivos y en la calidad de las relaciones mientras que los suecos destacan el conocimiento, las competencias en el campo de la salud, “la experiencia basada en el conocimiento”. Muchos de ellos destacan la complejidad de un trabajo que plantea numerosos dilemas: ser eficaz escuchando las demandas de la persona mayor, hacer malabarismos entre el trabajo administrativo y las tareas prácticas, intentar construir relaciones personales disponiendo de poco tiempo... un gran número opina también que su trabajo no está reconocido socialmente. ¿Por qué? Sin duda porque es invisible y está asociado con un nivel bajo de calificación. Porque se trata de una actividad “sin resultados”, y que por lo tanto no está considerada como prioritaria. Porque la imagen de la vejez es bastante negativa. A eso se puede añadir que, con la excepción de Suecia, sus salarios son bajos, para tareas exigentes, tanto en el plano físico como psicológico, y que existen pocas oportunidades de promoción en esta profesión. Y no obstante... mientras que la responsabilidad del sector público está casi generalizada en el sector de la infancia, hará falta que se dé más concretamente en el campo de la ayuda a las personas mayores, sea cual sea su coste.
(1) Cuatro grupos de investigación han trabajado en cinco países (Finlandia, Francia, Italia, Portugal y el Reino Unido) sobre las cuestiones que se plantean en especial a las unidades monoparentales, a las parejas que acumulan dos actividades profesionales, a las familias de inmigrantes y a las que reúnen a varias generaciones. (2) Informe final de uno de los grupos del proyecto: Trifiletti Simoni e Pratesi – Care Arrangements in double front carer families. (3) Otros equipos de Care Work han estudiado la atención a los niños y a las personas discapacitadas en el Reino Unido, Dinamarca, Países Bajos, España, Suecia y Hungría. |
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