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INVESTIGACIóN AGRONóMICA
Title  Los cultivos y los árboles

¿Sería posible una metamorfosis de los campos europeos en un futuro próximo? Eso es lo que podrían anunciar los resultados prometedores del proyecto SAFE (Silvoarable Agroforestry For Europe), que reunió durante cuatro años a 70 investigadores de ocho países. Sus trabajos a cuestionan una tendencia que funciona desde hace décadas en la carrera hacia el productivismo de nuestra agricultura: la eliminación de los árboles. Una pista seria en la evolución de la Política Agrícola Común.

Paisaje agroforestal tradicional del Dauphiné, en Francia. Los árboles están diseminados en línea, dispersos o en bosquetes, pero siempre vinculados a los cultivos. © Fabien Liagre - Agroof
Paisaje agroforestal tradicional del Dauphiné, en Francia. Los árboles están diseminados en línea, dispersos o en bosquetes, pero siempre vinculados a los cultivos.
© Fabien Liagre - Agroof
Hace tan sólo medio siglo, los árboles estaban omnipresentes en los paisajes rurales: bordeando los campos y los pastos, a menudo incluso en medio de ellos, producían madera, fruta, sombra y protección... Ocupaban su lugar de pleno derecho. Pero la mecanización y la intensificación de la agricultura que empezaron después de la Segunda Guerra Mundial han anunciado el fin de esta tradición secular. En todas partes, se talan y se arrancan árboles, hasta tal punto que es frecuente ver kilómetros cuadrados de tierras agrícolas completamente desnudas. Tanto para la silvicultura como para la agronomía dominante, el árbol tiene su lugar en los bosques y los cultivos en los campos. Su promiscuidad sería contra natura

El fin de las ideas preconcebidas
Los resultados del proyecto SAFE sugieren que esta evolución, llevada a cabo en nombre de la productividad, es sin duda una aberración. Contrariamente a las ideas recibidas, los investigadores establecieron que si se alternaban las plantaciones de líneas de árboles y de cultivos, con especies y variedades cuidadosamente escogidas y con técnicas de gestión específicas, se podían aumentar los rendimientos (hasta el 30%) tanto agrícolas como silvícolas. Esta mezcla de árboles y cultivos es el principio fundamental de la agrosilvicultura.

Por ejemplo, los investigadores de SAFE han mostrado que la producción de una hectárea de mezcla de chopo/ trigo es equivalente a la producción de una superficie de 1,3 hectáreas separada en dos parcelas, una parcela agrícola de trigo de 0,9 hectárea y una plantación de chopos de 0,4 hectáreas. A condición, por supuesto, de tomar en cuenta un ciclo completo para los árboles (20 años para los chopos) y adoptar en agrosilvicultura una densidad de árboles menor que en los bosques de chopos tradicionales, lo que hará posible el mantenimiento del cultivo de trigo con resultados satisfactorios hasta la cosecha de los árboles.

Un roble aislado en medio de una amplia llanura agrícola en Grecia. La concentración rural ha destruido a menudo los paisajes agroforestales tradicionales. © © Christian Dupraz – INRA
Un roble aislado en medio de una amplia llanura agrícola en Grecia. La concentración rural ha destruido a menudo los paisajes agroforestales tradicionales.
© © Christian Dupraz – INRA
¿Cómo explicar semejante fenómeno, cuando nuestra agricultura tan racionalizada considera que una ínfima mejora porcentual, cuando proviene de una nueva variedad, representa un progreso espectacular? Simplemente porque el árbol y la planta anual, cuando están asociados y gestionados de forma apropiada establecen una sinergia en la distribución de los recursos de luz, agua y nutrientes del suelo.

“De forma natural, la competencia con el cultivo obliga al árbol a tener raíces más profundas”, explica Christian Dupraz, investigador en el INRA (Instituto nacional de investigación agronómica) de Montpellier (Francia), coordinador de SAFE. “Los árboles acaban por formar una malla de raíces que pasa bajo las capas superficiales del suelo ocupadas por los cultivos. Esto les permite recuperar el agua y los nutrientes que escapan a estas últimas, lo que explica principalmente la mejora de la productividad desde el punto de vista silvícola. Igualmente, se acelera el crecimiento de cada árbol, con respecto a una parcela que esté enteramente sembrada de árboles, ya que los árboles no están en competencia los unos con los otros. Además, los árboles tienen un efecto protector sobre los cultivos. Cortan el viento y atenúan las lluvias o la exposición excesiva a los rayos solares”.

El interés de los agricultores
Nos responderán que tales mezclas de árboles y de cultivos son incompatibles con el paso de la maquinaria agrícola cada vez más voluminosa y rápida. Y no obstante, operaciones de demostración llevadas a cabo dentro del marco del proyecto han demostrado que este tipo de asociación es compatible con los medios mecánicos comúnmente utilizados, a condición de espaciar a intervalos de 15 a 40 metros las líneas de árboles según los cultivos y de podar los árboles de forma racional y adecuada.

Parcela experimental de la universidad de Leeds (Reino Unido) cerca de los chopos  y el trigo. © Christian Dupraz – INRA
Parcela experimental de la universidad de Leeds (Reino Unido) cerca de los chopos y el trigo.
© Christian Dupraz – INRA
Un argumento indispensable para convencer a los agricultores de que adopten estas opciones es la cuestión de los ingresos. Los análisis económicos llevados a cabo en el marco de SAFE han establecido que con una superficie constante de explotación y un ritmo progresivo de plantaciones agroforestales, un agricultor puede limitar la disminución de ingresos financieros inmediatos a menos del 5% de sus ingresos. No obstante, este sacrificio se verá ampliamente compensado a largo plazo por la constitución de un importante capital-ahorro de madera, lo que constituye una diversificación de su actividad. Y con un precio de mantenimiento modesto, concentrado sobre todo en los primeros diez años de la vida del árbol, los que hacen falta para darle la “buena” forma. Después, sólo hay que dejarlos crecer. Se aconseja plantar especies de alto valor añadido (serbales, perales, cerezos silvestres, arces, nogales...) destinadas al suministro de madera de construcción muy solicitada en los mercados y, quien sabe, a sustituir un día a las maderas tropicales que Europa importa siempre en gran cantidad.

En términos europeos, es decir, en el ámbito de la Política Agrícola Común (PAC), uno de los grandes puntos fuertes de la agrosilvicultura es que puede dar lugar, a escala local, a una casiinfinidad de combinaciones, diferenciando las especies, las variedades y las técnicas culturales. Por lo tanto, ha sido interesante, dentro del marco de SAFE, asociar a países tan diferentes como los Países Bajos, Grecia, el Reino Unido y España para confrontar situaciones muy diversas, tanto en el plano de las condiciones naturales (suelo, clima, etc.) como en el entorno cultural y legislativo.

Vuelta a la naturaleza
Además de las ventajas agronómicas comprobadas en la agrosilvicultura, sacadas a la luz por el proyecto, los investigadores destacan también las ventajas medioambientales de esta práctica. En lo que se refiere estrictamente al valor paisajístico (y la valorización turística que se deriva de ello), es evidente que la introducción de árboles, eventualmente de especies distintas, constituye una mejora estética, particularmente en las grandes extensiones de cultivos de cereales. De igual modo, al favorecer la penetración del agua en el suelo, los árboles y sus raíces ayudan a luchar contra la erosión. Contribuyen en la prevención de inundaciones al limitar la escorrentía responsable de los picos de crecida de los ríos, y en la reducción de la contaminación de las capas freáticas por los abonos agrícolas. Igualmente, los árboles agroforestales fijan una cantidad nada despreciable de carbono, tanto en su madera, como en el suelo que se ve enriquecido en profundidad por materias orgánicas, gracias a la descomposición continua de sus raíces finas, año tras año.

Y finalmente, parece fundamental el impacto sobre la biodiversidad. Se observa muy rápidamente, que gracias a los árboles, todo tipo de animales, insectos y plantas vuelven a las parcelas. Algunos investigadores piensan que este enriquecimiento puede acompañarse de efectos agronómicos favorables. Ya han identificado diversas especies auxiliares (en otras palabras, depredadores de los devastadores), que han aparecido en las parcelas agroforestales: pájaros insectívoros, murciélagos, o ciertos insectos como las moscas sírfidas, cuyas larvas devoran grandes cantidades de pulgones. “No obstante, no hay que excluir que este aumento de la biodiversidad conlleve también efectos negativos, como favorecer la vuelta de los roedores, de las babosas o de otros animales dañinos. Por ahora, ninguna observación negativa va en ese sentido”, precisa Christian Dupraz. Los efectos (positivos o perjudiciales) de la biodiversidad son difíciles de sacar a la luz porque hay que establecer protocolos que permitan comparaciones rigurosas.

La agrosilvicultura se inscribe fundamentalmente en la aspiración general a una agricultura menos unidimensional y productivista, menos situada bajo la dependencia a los fertilizantes, herbicidas, insecticidas u otros cócteles químicos. Christian Dupraz concluye: “Lo que me gusta de esta vía de investigación, es que nos conduce a analizar la calidad de los modelos inventados por la propia naturaleza. Cuando se observan los espacios de decenas (o incluso centenas) de hectáreas explotadas únicamente con cultivos, con los mismos genomas que se repiten hasta el infinito, se está contemplando exactamente lo contrario de lo que hace la naturaleza. Al contrario, intentamos reintroducir la lógica del ecosistema natural diversificado en el agrosistema cultivado. Es una forma de hacerlo más estable y autónomo, menos agresivo para el medio ambiente y paradójicamente (es el resultado al que llegamos), más productivo”.

Diferentes trabajos llevados a cabo en parcelas agroforestales experimentales del INRA (Francia):

Diferentes trabajos llevados a cabo en parcelas agroforestales experimentales del INRA (Francia). 1. Cosecha bajo los chopos, en Vézénobre, en una parcela a final del ciclo. Esta parcela experimental del programa SAFE hace posible el seguimiento de la productividad de los cultivos hasta la cosecha de los árboles, de gran talla, que está programada para dentro de poco.2. Medición de jóvenes nogales en el trigo.3. Algunas “sombrillas” hacen posible simular la sombra de los árboles y hacer una distinción entre el efecto de la sombra y el de competencia por el agua o el nitrógeno entre los árboles y el cultivo.4. Clareo y poda de nogales híbridos. Con menos de 100 árboles por hectárea, la productividad de los cultivos se mantiene durante mucho tiempo. © Christian Dupraz – INRA

1. Cosecha bajo los chopos, en Vézénobre, en una parcela a final del ciclo. Esta parcela experimental del programa SAFE hace posible el seguimiento de la productividad de los cultivos hasta la cosecha de los árboles, de gran talla, que está programada para dentro de poco.
© Christian Dupraz – INRA
2. Medición de jóvenes nogales en el trigo. © Christian Dupraz – INRA 3. Algunas “sombrillas” hacen posible simular la sombra de los árboles y hacer una distinción entre el efecto de la sombra y el de competencia por el agua o el nitrógeno entre los árboles y el cultivo. © Christian Dupraz – INRA 4. Clareo y poda de nogales híbridos. Con menos de 100 árboles por hectárea, la productividad de los cultivos se mantiene durante mucho tiempo. © Christian Dupraz – INRA
2. Medición de jóvenes nogales en el trigo.
© Christian Dupraz – INRA
3. Algunas “sombrillas” hacen posible simular la sombra de los árboles y hacer una distinción entre el efecto de la sombra y el de competencia por el agua o el nitrógeno entre los árboles y el cultivo.
© Christian Dupraz – INRA
4. Clareo y poda de nogales híbridos. Con menos de 100 árboles por hectárea, la productividad de los cultivos se mantiene durante mucho tiempo.
© Christian Dupraz – INRA

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      Cambiar el rumbo legislativo

    Hasta la fecha, las reglas europeas no preveían el que las superficies agrícolas con árboles pudieran ser elegibles para recibir las primas de la PAC... Dicho en otros términos, la legislación, tal y como está la situación actual de la agricultura europea, excluía los árboles de los campos a escala de toda la Unión Europea.

    Sólo Francia, tras una verdadera campaña de presión llevada a la vez por agricultores y científicos, reconoce desde 2001 la práctica de la agrosilvicultura y apoya desde 2002 a los agricultores que optaron por la asociación árboles/ cultivos, gracias a medidas denominadas agro-medioambientales. Los resultados han sido inmediatos: en dos años, unas 1.000 hectáreas fueron plantadas con árboles y el movimiento está tomando velocidad.

    El reciente proyecto de Reglamento del Consejo europeo sobre el Desarrollo Rural (RDR) da por primera vez un lugar explícito a la agrosilvicultura: "Conforme este texto se vaya transponiendo en las distintas legislaciones nacionales, los agricultores podrán comprometerse sin perjudicar sus derechos de acceso a las ayudas agrícolas clásicas. Es especialmente importante para los nuevos Estados miembros", subraya Christian Dupraz. "Allí se practica, de hecho, mucha agrosilvicultura tradicional y sería una catástrofe si los agricultores estuvieran obligados a arrancar los árboles para recibir las primas agrícolas europeas."

      Cultivos en un modelo computacional

    En el marco del proyecto SAFE, modelos agronómicos fueron desarrollados por la universidad de Wageningen (Países Bajos) y por el INRA de Montpellier (Francia). Estos "simuladores" permiten, a partir de las características de un cultivo, de un árbol o de una región determinada, establecer una previsión de los efectos de su asociación. Estas herramientas de ayuda a la toma de decisiones son especialmente útiles ya que no es nada fácil llevar a cabo experimentos en agrosilvicultura. Para conducir ensayos reales, a condición de disponer de diez cultivos distintos y de diez especies de árboles diferentes, harían falta 100 parcelas para probar la mejor combinación... además de esperar más de 50 años, que es la duración media de maduración de un árbol. Gracias a estos modelos, se puede por ejemplo hacer una plantación virtual de cerezos silvestres con colza en el sur de Alemania, ver cuáles son los factores limitantes del sistema y los métodos para mejorarlo, y compararlo con otra combinación. Luego se puede repetir el experimento en Irlanda o en Grecia.

      ¿Europa en la escuela de los trópicos?

    La agrosilvicultura sigue siendo dominante en la mayoría de los países tropicales (el 90% de las superficies de Sri Lanka, por ejemplo). Se nota pues la existencia de un conjunto de prácticas y conocimientos, estudiado por los grandes institutos agronómicos tropicales, en el que se inspiraron los investigadores de SAFE. Pudieron establecer vínculos con el ICRAF (Centro Mundial de Agrosilvicultura) en Bogor, Indonesia, y empezaron a comparar sus técnicas de modelización. De hecho, en el primer congreso mundial de agrosilvicultura, que tuvo lugar este año en Orlando (Estados Unidos), participaron 800 delegados de 120 países (de Malí a Ecuador, pasando por Filipinas, Nepal o Malawi) y constituyó una prueba clara del interés mundial por esta práctica.

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