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N° 40 - Febrero 2004 |
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| OPINIÓN |
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Estos discursos que nos gobiernanLos responsables políticos y los profesionales de los medios de comunicación, siempre en el punto de mira de nuestras sociedades, están obligados a simplificar enormemente su discurso. En vez de la explicación, suelen preferir la simplificación, porque piensan que así llegarán a un público mayor. Dentro de este contexto, la opinión de los economistas, de los científicos, de los juristas, de los filósofos, no puede abrirse camino fácilmente. “Es demasiado complicado, estimada señora, estimado señor, ¡resúmanos esta idea en veinte segundos!” Y cuando consiguen transmitir una noción importante, aún hay que esperar a que los expertos de la comunicación popular la pasen por la batidora para reducir el pensamiento a su expresión más simplista.
He aquí, en el desorden, algunos ejemplos de estos principios que nos gobiernan. Cito en primer lugar el tan divertido “principio de precaución”, que a pesar de su aire de garantía científica podría resumirse en que “cuanto menos se sabe más se tiene en cuenta”.
No me resisto a citar el “principio de la subsidiariedad”, que ciertamente está muy utilizado y del que las malas lenguas dicen que consiste en dejar que cada uno haga mal lo que crea que puede hacer mejor que los demás. Me intereso también por el reciente dogma de “la ampliación” según el cual sería razonable intentar hacer a 25 lo que no podemos hacer a 15, por ser demasiados.
Y no dejaré de señalar también “el pacto del 3%” en virtud del cual nuestros dirigentes se autorizan a superar un déficit presupuestario máximo del 3% del PIB. Y recordaré además que no hay que confundirlo con el “compromiso del 3%” que lleva a los mismos a no hacer ningún esfuerzo para lograr un porcentaje mínimo del 3% del PIB a destinar a la investigación.
Tengo igualmente una debilidad por el “desarrollo sostenible” que se usa a tontas y a locas en los discursos políticos confusos, y de su pequeño hermano “la Agenda 21”, cuyos admiradores no saben (y son muchos) que se trata de su programa de acciones para el nuevo siglo.
Así es como en una confusión total de los valores, las nociones de mínimo, de máximo, de lógica o de eficacia ya no significan nada para nadie, que las vocaciones científicas cada vez son más escasas, que los jóvenes europeos sueñan en masa con convertirse en cantantes, que nuestros conciudadanos ya no saben contar sin calculadora y que Europa se está construyendo mientras tanto. Además, me satisface enormemente pensar en que la democracia en general y Europa en particular, son de una fortaleza a toda prueba, por haber resistido hasta ahora a tan malos tratamientos.
Candide
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