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TRANSPORTE
Car-sharing (uso compartido de automoviles): una utopía que funciona
Unos 100.000 europeos prefieren actualmente compartir el coche, un sistema que les permite desplazarse por la ciudad en vehículos que pertenecen a la colectividad. Dentro del marco de las investigaciones sobre la movilidad, la Unión Europea apoya el proyecto Moses, que pretende reunir las soluciones tecnológicas y organizativas indispensables para esta “revolución”.
Bloqueados en los embotellamientos, buscando aparcamientos imposibles de encontrar: las primeras víctimas de la congestión del tráfico en las ciudades son los automovilistas. Aunque cada vez son más numerosas las políticas de disuasión o de movilidad alternativa, hay que constatar que la lucha contra la hipertrofia del tráfico urbano (y la pérdida enorme de espacio que conlleva) es como una hidra que no deja de “resurgir”. Además, el automóvil parece la mejor solución en numerosas circunstancias (transporte de paquetes, obligación de pasar por varios sitios, etc.).
Pero ¿y si la verdadera naturaleza del problema estuviera en otro sitio, es decir, en el estatus de propiedad individual de los vehículos? Un estatus muy costoso ya que, en la ciudad, todos los gastos inherentes a la posesión de un vehículo sirven para financiar los desplazamientos cotidianos de distancias muy cortas.
Suiza, la pionera Al principio parecía utópico, pero el concepto del car-sharing se fraguó en Suiza en los años 80, en los que se crearon parques automóviles cooperativos, repartidos por todo el tejido urbano y a los que los usuarios-miembros podían acceder puntualmente y en cualquier momento (1). Este país, pionero en esta materia, cuenta actualmente con 44.000 adeptos a esta fórmula, que comparten una flota de 1.750 vehículos repartidos en 350 entidades comunales.
La idea se ha difundido con éxito por diferentes ciudades de Europa, como Estocolmo (Suecia), Bremen (Alemania), Londres (Reino Unido), Turín, Génova y Palermo (Italia), un cierto número de comunidades walonas (Bélgica) y Bucarest (Rumanía). Asimismo, se han desarrollado decenas de micro-proyectos multiformes a través de la red asociativa internacional World Carshare Associates. Esta tendencia, aunque todavía sea muy discreta, no ha pasado desapercibida en el ámbito de la Unión. En la Acción Clave de la “Ciudad del mañana y el patrimonio cultural” la Comisión ha concedido una partida al proyecto de investigación y de demostración MOSES (Mobility services for urban sustainability), que federa las principales experiencias europeas citadas.
La tecnología de refuerzo El potencial del car-sharing está estrechamente relacionado con los avances tecnológicos telemáticos: tales como el GPS y las funciones de la telefonía portátil para su gestión “espacial”, el seguimiento telemático de los servicios de mantenimiento o incluso las tarjetas inteligentes (con chip) en línea. Estas tarjetas desempeñan a la vez el papel de llave de contacto de los vehículos, identificador de los usuarios y herramienta central para la gestión comercial de los servicios que hay que facturarles.
Pero este nuevo instrumento de movilidad urbana no se puede tomar de forma aislada. Debe integrarse (en función de las necesidades, de las distancias por recorrer, de la frecuencia de utilización y de los gastos para el usuario) a políticas multimodales que engloben los servicios proporcionados por los demás medios de transporte (bicicleta, taxis, transportes públicos). Sus promotores lo conciben como un eslabón que faltaba en la cadena, y saben que “los urbanitas” no abandonarán del todo la idea de propiedad de un vehículo. Pero por lo menos, el car-sharing les llevaría quizás a renunciar a tener dos, o más coches, para garantizar la movilidad de la familia. “Creemos que se puede reducir un 10% del parque de los coches privados que están en las ciudades”, subraya Michael Glotz-Richer, coordinador del proyecto Moses. “En términos de liberación del espacio, de reducción de la polución, tal resultado tendría un impacto sensible en la calidad de la vida”.
(1) La expresión car-sharing (uso compartido de un coche colectivo) (CS) no debe confundirse con car-pooling (uso compartido del coche en general), práctica que consiste en compartir un “trayecto” entre propietarios particulares de automóviles. El CS pretende esencialmente disminuir la importancia de la posesión individual de los vehículos, gracias a un servicio cooperativo alternativo.
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CONTACTOS |
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Tina Klingberg, Michael Glotz-Richter Coordinador del proyecto Moses, Bremen (Alemania) email
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