La ética de la biometría:
beneficios y riesgos
de las nuevas tecnologías de identificación

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Los avances en biometría son resultado de la globalización. El comercio, las migraciones y los intercambios de todo tipo de información con garantías de seguridad se han convertido en algo cotidiano a nivel mundial. Las diversas transacciones y la movilidad han aumentado la necesidad de las personas tanto de probar su identidad como de estar seguros de la identidad de otros. Estos factores han hecho necesario el desarrollo de métodos de identificación más eficaces.

La biometría consiste en analizar características tales como las huellas digitales, un escáner ocular o la dinámica de una firma para identificar a individuos. Sin embargo, mientras unos sectores se muestran partidarios convencidos de que esta tecnología es un componente clave para la seguridad, a otros les inquietan las cuestiones de tipo ético que suscita el almacenamiento de datos personales y los posibles abusos que podrían cometerse.

El proyecto BITE («Biometric Identification Technology Ethics» o «Ética de la tecnología de identificación biométrica») se fijó como objetivo promover la investigación sobre las implicaciones éticas y bioéticas de las nuevas tecnologías de identificación biométrica, iniciando así un debate público sobre el tema a escala internacional. El proyecto reunió a nueve socios – entre los que figuran especialistas en bioética y representantes de las industrias biométricas – procedentes de cinco países europeos, cuatro de ellos pertenecientes a la UE.

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Huellas digitales, reconocimiento del iris y olor corporal

Las tecnologías biométricas permiten confirmar la identidad de una persona examinando una característica biológica de ésta y comparándola con un archivo digital que contiene esas mismas características. Pueden ser de tipo fisiológico, como el contorno de la mano o el patrón de la retina, o guardar relación con el comportamiento, por ejemplo, la modulación de la voz o la dinámica de tecleo. También hay otros atributos más peculiares aún cuya individualidad está estudiándose, como los pliegues de los nudillos, el olor corporal y la resonancia acústica de la cabeza. Entre otras aplicaciones, esta tecnología puede servir para identificar a delincuentes conocidos, restringir el acceso a instalaciones, comprobar la identidad de los solicitantes de diversas prestaciones o verificar la identidad de los votantes ante las urnas.

BITE se proponía establecer un foro para el debate público sobre las cuestiones éticas y políticas que plantean estas tecnologías. Así pues, el proyecto arrancó con la celebración de una serie de reuniones con expertos procedentes de los ámbitos industrial, académico y político. Seguidamente se estudió la bibliografía científica disponible. Estas acciones ayudaron a los socios del proyecto a preparar la siguiente etapa, que fue una consulta pública en Internet.

Para esta consulta se tomaron en consideración las implicaciones legales, éticas y sociales de la biometría, y en ella se recogieron unas 5 300 respuestas de universidades, pequeñas y medianas empresas (PYME), grandes corporaciones y organismos públicos, no sólo de Europa sino también de otras partes del mundo. El 72 % de los participantes fueron hombres, la mayoría de edades comprendidas entre los veinticinco y los cincuenta años.

Los resultados de estas actividades contribuyeron eficazmente a la redacción de un informe que está ayudando a elaborar un calendario de debates públicos y políticos sobre la biometría en la UE y en otros lugares. Dicho informe se presentó en una conferencia pública organizada por BITE en Bruselas.

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El miedo a convertirnos en meros datos biológicos

El proyecto investigó los aspectos éticos y bioéticos derivados de las nuevas tecnologías de identificación biométrica – prestando especial atención al uso de la biometría en el campo biomédico –, y estudió el valor de las aplicaciones. Además, sopesó el riesgo potencial de utilización inapropiada y las repercusiones que tendría la aplicación de la biometría sobre grupos y colectivos vulnerables.

Un problema complejo identificado por BITE se refiere a la pérdida de la identidad: el miedo que provoca en algunos el que los ciudadanos se conviertan en meros datos biológicos, al sustituirse los criterios tradicionales de identificación como el nombre, la edad y la dirección, entre otros, por datos biométricos que podrían ser utilizados tanto por las empresas como por los poderes públicos. Por otra parte, se debe tener en cuenta que mucha gente de los países en vías de desarrollo no posee documentación alguna con la que probar su identidad. Esta desventaja no haría más que agravar la situación de estas personas, ya de por sí vulnerables a causa de su situación de pobreza.

El uso de la biometría en la medicina

La informatización de los historiales médicos aumenta la eficacia de los sistemas sanitarios, reduce el fraude, disminuye la probabilidad de que se produzcan errores médicos y puede incluso salvar vidas. Pero esta información digitalizada también es susceptible de ser robada y, en ese caso, los ladrones no solamente se pueden hacer con los historiales médicos, sino también con el nombre de los pacientes, sus fechas de nacimiento y, en ocasiones, sus números de afiliación a la Seguridad Social.

Si se utilizaran tecnologías de identificación biométrica, todos estos datos de identificación no serían necesarios y, por tanto, el acceso a los archivos de historiales clínicos se podría controlar mejor, lo que reduciría significativamente el riesgo de usurpación de la identidad. Los socios del proyecto BITE creen que, dada la delicada naturaleza de los datos médicos, en este caso concreto sería beneficioso el uso de la biometría.

La identificación biométrica podría además salvar vidas, ya que permitiría averiguar las dolencias o alergias de determinado paciente en casos de emergencia. No obstante, en las urgencias de un hospital, el dolor agudo y las lesiones graves podrían impedir la obtención de determinadas características biométricas en algunos pacientes. Por ello, los sistemas empleados deberán evitar que tales circunstancias supongan un retraso en el tratamiento médico.

Evitar la discriminación de colectivos vulnerables

Otro aspecto ético preocupante que los socios del proyecto BITE han puesto de relieve es el riesgo de discriminación que puede suponer la identificación biométrica para diversos colectivos, entre ellos la tercera edad y los discapacitados. Las huellas digitales se hacen menos legibles con la edad, y aquellas personas que sufren de discapacidad visual o a las que les falta algún miembro podrían ser incapaces de proporcionar datos biométricos indispensables. Por ello, la conclusión de los socios de BITE es que, para que estos sistemas verdaderamente no sean discriminatorios, es importante que los responsables de diseñarlos y manejarlos tengan en cuenta, desde las etapas iniciales de diseño, las necesidades de los colectivos que podrían experimentar dificultades con ellos.

Hacia una seguridad sin fisuras

Pese a la existencia de argumentos claros a favor de la aplicación de sistemas biométricos en sistemas de seguridad, los socios de BITE advierten que es posible burlar esta tecnología, por ejemplo fabricando dispositivos artificiales que sirvieran como imitaciones, y recuerdan que la fiabilidad de los datos depende de la fuente.

Por lo visto, al ciudadano le preocupan las mismas cuestiones que a los socios del proyecto. La consulta en Internet puso de manifiesto tres demandas prioritarias: el imperativo de seguir investigando sobre las implicaciones éticas, sociales y políticas de la biometría; la necesidad de ampliar los conocimientos sobre la dimensión ética de la tecnología biométrica; y el compromiso de implicar a tecnólogos e ingenieros en el debate ético sobre las tecnologías de vigilancia.