Unidos para salvar al río más largo de Europa

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El Volga es el río más largo de Europa y alberga uno de los humedales de delta mejor conservados del mundo. Pero la constante amenaza que constituye la actividad de presas, embalses y centrales hidroeléctricas ha puesto en peligro la supervivencia de la «Madre Volga», como se lo conoce en Rusia. Ahora, gracias al proyecto CABRI-Volga, el futuro de este majestuoso río se vislumbra más limpio y brillante. Los resultados de esta importante iniciativa podrían contribuir también a salvar otros ríos que se enfrentan a problemas similares.

En el cauce del Volga operan actualmente ocho enormes complejos de presas, embalses y centrales hidroeléctricas. Las aguas que un día transcurrieron con elegancia y fluidez, se han convertido hoy en una cadena de lagos de aguas estancadas e incapaces de regenerarse, aquejadas de una grave contaminación provocada no sólo por los desechos industriales y agrícolas, sino también por las aguas residuales.

A pesar de que en los últimos quince años se han reducido en un tercio los vertidos de aguas contaminadas en la cuenca del Volga, la calidad del agua – y muy especialmente, la del agua para beber – sigue siendo una indiscutible prioridad en su agenda medioambiental. Agrava la situación el hecho de que ninguna de las principales ciudades de la cuenca del Volga ofrece un suministro de agua para beber que cumpla con las normas nacionales y las de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Urge actuar rápido si se quiere rescatar al Volga de esta crítica situación. En la aspiración de todos por lograr un cambio, resulta de crucial importancia aunar esfuerzos, recursos e ideas para presentar un frente unido. Algunos intentos en el pasado para resolver estos problemas se encontraron con los escollos derivados de una insuficiente colaboración entre la comunidad científica y las autoridades políticas, una escasa cooperación intersectorial y la falta de participación de la sociedad civil.

Aquí precisamente encuentra su razón de ser un proyecto de la envergadura y características de CABRI-Volga, que reúne a diecisiete socios de los sectores público y privado de Rusia y de otros siete Estados miembros de la UE. Sin duda, esta iniciativa abrió una nueva escena de cooperación y coordinación en la investigación sobre la gestión de los riesgos ambientales en el contexto de las grandes cuencas fluviales de la UE, Rusia y los Nuevos Estados Independientes (NEI).

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«El logro ha sido promover un diálogo entre los investigadores del Este y del Oeste»

El proyecto se inició cuando un grupo de investigadores de Rusia se puso en contacto con la consultora independiente alemana Rupprecht Consult Forschung und Beratung, que acabaría asumiendo el papel de coordinador de CABRI-Volga. Con anterioridad, el equipo ruso ya había mostrado un gran interés por el Volga mediante su participación en un proyecto denominado «Volga Vision» (Visión de futuro para el Volga) financiado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Su objetivo en esta nueva etapa era poner en marcha nuevas iniciativas relacionadas con la regeneración de este río.

CABRI-Volga arroja unos espectaculares resultados en frentes diferentes, desde recomendaciones políticas, un programa de investigación para el futuro, una presentación para políticos, importantes congresos internacionales y un intercambio fructífero entre la comunidad de investigadores. «Más que en la investigación como tal, nos hemos centrado en coordinar a equipos de investigadores. De nuestra labor hay que destacar que intentamos algo singular, brindando una ocasión para el diálogo entre los investigadores del Este y del Oeste», ha afirmado Frank Wefering, coordinador del proyecto.

Las recomendaciones políticas se dirigen principalmente a las autoridades de Rusia y de la cuenca del Volga, aunque también se podrían aplicar a otras cuencas fluviales y servir como modelo a otras partes interesadas. Dichas recomendaciones muestran el amplio abanico de factores que deben tenerse en cuenta a fin de proteger el Volga, así como la interacción entre estos. En no pocos casos, se trata de prevenir análisis sesgados por parte de agentes que abordan estas problemáticas subestimando la importancia de ciertos factores y, por tanto, con una visión muy limitada de las amenazas. La creación de una lista exhaustiva de factores de riesgo pone clarísimamente de manifiesto las ventajas de reunir a un amplio número de profesionales de diferentes disciplinas que, en última instancia, comparten un mismo objetivo.

Las recomendaciones abarcan aspectos muy diferentes: establecimiento de un inventario de instalaciones hidráulicas y de los riesgos que éstas plantean; la potenciación de la capacidad institucional en materia de gestión del agua; el desarrollo de una estrategia integradora del transporte; la mejora del sistema de áreas protegidas y reservas naturales; la construcción de plantas de agua potable y de tratamiento de aguas residuales; la reforma de las normas fiscales y en materia de licencias en beneficio del medio ambiente; la mejora de la difusión de la información; el fomento de las asociaciones entre las partes interesadas y el que se dé a conocer y se promocione la cooperación entre la UE y Rusia.

Este proyecto también dio lugar a una agenda de investigación para el futuro en la que se abordan las actuales lagunas de conocimiento. La investigación sobre el tratamiento y abastecimiento de agua potable es deficiente, situación que se ve agravada por la falta de asesoramiento científico sobre una buena gestión del agua. También falta una evaluación multidisciplinaria de los riesgos de catástrofes relacionadas con el agua, como las inundaciones y sequías. Y hay lagunas en la comprensión de los riesgos que plantean las instalaciones hidrotécnicas para la salud humana y el medio ambiente.

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Sustituir prejuicios e ideas preconcebidas…

Estas recomendaciones no fueron, ni mucho menos, los únicos resultados obtenidos tras 27 meses de estrecha cooperación e intercambios entre los 150 representantes de diversos grupos interesados y expertos en distintas disciplinas científicas. A estos logros se suman la organización de tres grandes congresos y el intercambio de investigadores de la UE y Rusia.

Varios investigadores comunitarios que pasaron algún tiempo en Rusia reconocieron que tenían ideas preconcebidas erróneas acerca del retraso de Rusia en algunas áreas. Según el coordinador del proyecto, las visitas e intercambios les dieron la oportunidad de observar que, en aspectos como la producción de energía en las presas, Rusia está al mismo nivel que Europa Occidental, e incluso más avanzada.

El equipo de CABRI-Volga obtuvo también un importante éxito al abrir un canal de comunicación con los políticos rusos, a través de una mesa redonda en Moscú y también con la celebración de una sesión informativa a pequeña escala en la asamblea legislativa rusa o Duma. Es crucial que las autoridades políticas tomen conciencia del alcance de las amenazas que pesan sobre las cuencas fluviales, así como de la forma de abordarlas.

... para trabajar mano a mano

El equipo de CABRI-Folga puede apuntarse otro gran logro: haber conseguido embarcar en este proyecto a algunos participantes que, en principio, no creían necesaria la cooperación con la UE para salvar el Volga. Todo el equipo coincidía en la importancia de trabajar mano a mano con estos supuestos oponentes, en lugar de esquivarlos.

CABRI-Volga se marcó un claro objetivo antes de la puesta en marcha del proyecto: la garantía de que éste dejaría un legado. Esta meta se ha cumplido sin ningún género de dudas. La red sigue hoy en funcionamiento y entre los socios existe el firme propósito de continuar su destacada labor.