Alimentos ecológicos de mayor calidad y menor coste

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QUALITY LOW INPUT FOOD
Gracias a las investigaciones realizadas por los socios del proyecto QLIF («Quality Low Input Food» o «Alimentos ecológicos de calidad»), los europeos pronto podrán disfrutar de alimentos ecológicos de gran calidad más baratos, con mayor valor nutritivo y con más garantías que nunca desde el punto de vista de la seguridad alimentaria.

Los titulares de algunas noticias alarmantes relacionadas con la seguridad alimentaria, unidos a la preocupación por el medio ambiente, han propiciado el auge que vive en estos tiempos el sector de los alimentos ecológicos. En 2006, el mercado mundial de estos productos alcanzó un valor aproximado de 25 millones de euros. Es en Europa, América del Norte y Asia oriental donde se registra la mayor demanda de estos productos. En cuanto a la oferta, existen unos 30,4 millones de hectáreas de tierras agrícolas de todo el mundo que cuentan con certificación ecológica, y una cuarta parte de ellas está en Europa. En la UE, más de 6 millones de hectáreas de tierras agrícolas – lo que equivale aproximadamente al 4 % de la superficie agrícola total –, o son totalmente ecológicas o están en vías de conversión. Austria, con un 11 %, es el país que dedica el mayor porcentaje de sus tierras agrícolas a la producción ecológica.

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Una agricultura respetuosa con el medio ambiente

En los sistemas agrícolas y ganaderos ecológicos y los llamados «de bajos insumos», se utilizan menos abonos minerales quimiosintéticos, productos fitosanitarios (como herbicidas, plaguicidas y fungicidas), medicamentos de uso veterinario (como los antibióticos), reguladores del crecimiento animal y aditivos alimentarios.

Además, estos sistemas se basan en una serie de técnicas de gestión destinadas a prevenir la aparición de plagas, enfermedades, malas hierbas u otras adversidades. Y si se dan estos problemas, se tratan con métodos menos nocivos para el medio ambiente que las técnicas agrícolas convencionales. Así, por ejemplo, en los sistemas de bajos insumos se controlan las plagas recurriendo a sus enemigos naturales, y no a pesticidas. Sin embargo, debido a que el rendimiento de las cosechas es inferior, los alimentos orgánicos y de bajos insumos salen más caros, y esto hace que muchos consumidores no los compren.

Hacer mejor algo que ya es bueno

Los cuatro objetivos primordiales que se ha marcado el proyecto QLIF quedan reflejados en los puntos siguientes: mejorar la calidad y el valor nutritivo de los alimentos y ecológicos de bajos insumos, rebajar su coste, disminuir al mínimo los riesgos alimentarios a lo largo de toda la cadena alimentaria – de la granja a la mesa – y reducir al máximo el impacto ambiental de estos sistemas de cultivo.

En su primera fase, el proyecto se centró en la investigación de lo que quieren y esperan los europeos de los sistemas ecológicos y de bajos insumos. Para ello, los socios del proyecto QLIF realizaron una encuesta a escala paneuropea, que puso de manifiesto la existencia de criterios similares en toda Europa, situando en lo más alto de la lista de prioridades la ausencia de patógenos microbianos, residuos químicos como los pesticidas y organismos modificados genéticamente (OMG). Los consumidores, en general, también expresaron el deseo de consumir alimentos más sabrosos y que contuvieran mayor cantidad de nutrientes indispensables, como minerales, vitaminas y antioxidantes. Estos resultados sirvieron para orientar de manera precisa los objetivos de investigación del proyecto.

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El proyecto abordó seguidamente el cálculo comparativo del valor nutritivo de los alimentos ecológicos frente a sus equivalentes de producción convencional. Como era de esperar, las frutas y hortalizas ecológicas presentaban hasta un 40 % más de antioxidantes, mientras que la leche orgánica contenía hasta un 60 % más de antioxidantes y ácidos grasos buenos para la salud.

Desde el laboratorio hasta los campos

Al objeto de realizar sus investigaciones, el equipo de QLIF inició tareas en el campo y cultivó una gran variedad de productos (tomate, lechuga, cebolla, patata, zanahoria, repollo, manzanas y trigo) utilizando diferentes técnicas ecológicas y de bajos insumos para descubrir qué técnica específica daría la mejor cosecha en cuanto a calidad, seguridad y precio. También procedieron a la cría de animales para estudiar los posibles beneficios de un sistema de bajos insumos en los productos lácteos, avícolas y los derivados del cerdo.

En el capítulo dedicado a los cultivos, el equipo identificó las técnicas de gestión de bajos insumos más eficaces, tales como los nuevos tratamientos de semillas, los abonos orgánicos que eliminan el riesgo de enfermedades y la alternancia de cultivos, en la que el mismo terreno se siembra con diferentes cultivos en diferentes años. Con esta técnica se evita la aparición persistente de plagas y enfermedades específicas de un cultivo determinado en los ecosistemas agrícolas. El equipo también seleccionó variedades de cultivos y estrategias que permitieran a los agricultores reducir el uso de productos químicos, sin por ello tener que renunciar a ofrecer a los consumidores el sabor y el valor nutritivo que demandaban y, al mismo tiempo, mejorar el rendimiento total de las cosechas.

En el apartado del proyecto dedicado a la producción láctea, la investigación se dirigió al estudio de los regímenes de alimentación y prácticas de gestión sanitaria que optimizaban la salud y el bienestar del ganado. De esta manera, se puso un especial interés en reducir la incidencia de la mastitis y el uso de antibióticos asociados a ésta. En su afán de llevar más lejos su investigación, los socios del proyecto QLIF realizaron también pruebas para identificar las dietas con más probabilidades de estimular la producción de leche que tuviera un mayor contenido en ácidos grasos y antioxidantes y que, por lo tanto, tuviera una «calidad nutricional reforzada».

Un problema importante que puede presentarse en la cría de las aves de corral y los cerdos es el que concierne a la salud de los animales; en este apartado, los socios del proyecto no escatimaron esfuerzos a la hora de estudiar el uso de tratamientos alternativos – mediante el uso, por ejemplo, de hierbas medicinales – para el control de patógenos y parásitos gastrointestinales.

La encuesta a los consumidores también puso de relieve que la seguridad alimentaria es una gran prioridad, por lo que se realizaron evaluaciones de riesgo detalladas sobre la transferencia de patógenos entéricos, micotoxinas y la contaminación con metales pesados en los sistemas orgánicos y de bajos insumos.

En lo que se refiere a los riesgos en materia de seguridad alimentaria, los estudios revelaron que no hay diferencias significativas entre los sistemas de altos y bajos insumos. Curiosamente, en algunos casos los riesgos eran, de hecho, menores en los sistemas ecológicos y de bajos insumos.

Por ejemplo, el riesgo de que los cerdos transmitan la Salmonella a través de sus heces resultó ser menor en los sistemas ecológicos de producción y en la cría convencional al aire libre, mientras que el contenido en metales pesados de varios cultivos fertilizados con compost a base de estiércol era inferior al de los cultivos tratados con abonos minerales.

Pasar el mensaje

Con las conclusiones del proyecto se está elaborando una serie de manuales diseñados para ayudar a los agricultores y ganaderos a aplicar las técnicas estudiadas. Según el profesor Leifert, coordinador de QLIF, los conocimientos generados por este proyecto, unidos a los hallazgos de otras iniciativas similares, podrían servir para crear una estrategia europea en materia de producción de alimentos. Dicha estrategia se podría aplicar para mejorar la salud pública, al haber mejorado en sí la composición de los alimentos y sus cualidades desde el punto de vista de la nutrición. Pero también, muy especialmente, para reforzar la confianza del consumidor en los alimentos producidos en Europa.