Investigación para una alimentación libre de agentes cancerígenos
El 2002 fue un año negro en el mundo de la seguridad alimentaria, por la fuerte
sacudida que supuso el descubrimiento de que muchos alimentos procesados, como las patatas fritas de bolsa, contenían niveles elevados de una molécula potencialmente cancerígena denominada acrilamida.
La acrilamida se venía utilizando ampliamente desde hacía mucho
tiempo en la fabricación de plásticos, pegamentos, papel y cosméticos,
así como en la construcción de presas y túneles. Sin embargo, cuando se
detectó su presencia en los alimentos, se sabía muy poco acerca del modo
en que se formaba o de sus efectos en la salud. De lo que sí se tenía constancia
era de que esta molécula causaba cáncer en los animales y que el
Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC) la había
clasificado como «probablemente cancerígena para los humanos».
A la vista de los acontecimientos, la Organización Mundial de la Salud
(OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y
la Alimentación (FAO) decidieron crear una red internacional de investigadores
para estudiar la presencia de la acrilamida en los alimentos.
El proyecto HEATOX («Heat-Generated Food Toxicants, Identification,
Characterisation and Risk Minimisation» o «Identificación, caracterización y minimización del riesgo de los tóxicos alimentarios generados por calor») representa una aportación clave de la UE a esta campaña.
Una labor crucial de HEATOX es la de contribuir a la base de datos de
la UE sobre la acrilamida, que a su vez alimenta la base de datos
correspondiente de la OMS (Acrylamide Infonet).
Gracias a los estudios impulsados por HEATOX, ahora comprendemos
mucho mejor cómo se forma la acrilamida, sus efectos sobre la salud
y, lo que es aún más importante, cómo los diferentes métodos de preparación
y cocción de los alimentos afectan al contenido en
acrilamida del producto final.
En este proyecto participan veinticuatro socios procedentes de once
Estados miembros de la UE, así como Chile, Noruega, Suiza y Turquía.
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Comiendo con el enemigo
Las investigaciones han revelado que la acrilamida se forma cuando
se calientan alimentos ricos en hidratos de carbono, como ocurre, por
ejemplo, cuando se tuesta pan, se torrefacta café o se fríen patatas.
El quid del por qué se forma la acrilamida hay que buscarlo en un
proceso conocido como la reacción de Maillard, que se desencadena
cuando la asparagina, un aminoácido, reacciona a altas temperaturas
con ciertos azúcares.
La curiosa paradoja, sin embargo, es que esta nefasta reacción es precisamente
lo que da a las comidas fritas su sabor distintivo y ese color
dorado o tostado tan atractivo para los gustos de una mayoría. El reto
para los especialistas en seguridad alimentaria consiste en dar con
unos métodos de preparación de alimentos que mantengan los
niveles de acrilamida bajos y que, al mismo tiempo, conserven los
gustos y colores característicos que confiere la reacción de Maillard.
Los socios del proyecto HEATOX estudiaron a fondo esta reacción
con el objetivo de desarrollar modelos para predecir los niveles
de formación de acrilamida en diferentes alimentos y a diferentes
temperaturas.
Una caja de herramientas práctica para la industria alimentaria
Las conclusiones de HEATOX sirvieron para crear una «caja de
herramientas» destinada a los fabricantes de alimentos, para
ayudarles a reducir la acrilamida en sus productos. Esta práctica caja
de herramientas sirve como guía en los productos derivados de la
patata, el pan, las galletas y otros productos horneados, además de
los cereales para el desayuno y el café. El sistema abarca la cadena de
producción al completo de cada tipo de alimento, desde la granja,
pasando por la transformación, hasta la preparación final.
En el caso de las patatas, por ejemplo, se recomienda el uso de variedades
de bajo contenido en azúcar, además del consejo de freírlas a
temperaturas que oscilen entre 145° y 170°C. En el caso del pan, el
proyecto puso de relieve la importancia de una prolongada fermentación
con levadura. Además, con las nuevas tecnologías de
horneado, como el uso de radiación infrarroja, también se pueden
reducir los niveles de acrilamida. En el café, la cantidad de acrilamida
que se forma en el producto final viene determinada por la variedad
de grano de café utilizado (las variedades Arábica tienden a formar
menos acrilamida que las variedades Robusta) así como por el tiempo
de torrefacción de los granos.
Según han puesto de manifiesto los socios del proyecto, si se
aplicaran todas estas medidas de atenuación a estos alimentos básicos,
el consumo de acrilamida podría reducirse hasta en un 40 %.
La necesidad de ahondar en la investigación
Tras determinar que no es posible eliminar totalmente la acrilamida
de estos alimentos, el equipo de HEATOX se dispuso a investigar los
serios peligros que encierra esta substancia. Los resultados de
pruebas realizadas en animales no pudieron ser más alarmantes:
incluso una leve exposición a la acrilamida constituye un riesgo.
Experimentos con ratones muy jóvenes, a los que se expuso a dosis
bajas de acrilamida poco después del nacimiento, momento en el que
el crecimiento del cerebro es mayor, mostraron signos de desarrollo de
neurotoxicidad. Y esto puede causar problemas neurológicos duraderos.
Un estudio realizado en humanos puso de relieve que las mujeres con
mayores niveles de acrilamida en la sangre parecían tener un riesgo
mayor de desarrollar cáncer de mama, y especialmente cáncer de
mama con receptor de estrógenos positivo. Los investigadores subrayan,
sin embargo, que su estudio no prueba que exista un vínculo
directo entre la presencia de acrilamida en los alimentos y el cáncer y
recalcan la importancia de llevar a cabo nuevas investigaciones para
ahondar en este tema.
Los socios de HEATOX también dedicaron parte de sus esfuerzos a la
identificación de otros compuestos que podrían formarse de una
manera similar. Lo que les llevó a comprobar que la acrilamida es sólo
la punta del iceberg: en los alimentos cocinados hay entre cuarenta
y cincuenta compuestos similares cuya estructura química los
convierte en posibles agentes cancerígenos. La conclusión de los
científicos no admite dudas: existe una necesidad imperiosa
y urgente de seguir investigando sobre estos compuestos.
Algunos consejos de vital importancia en la cocina casera
Cuando se habla de los riesgos asociados a la acrilamida, es importante
recordar que las personas llevan siglos cocinando alimentos que
contienen almidón y que este grupo de alimentos constituye una parte
importante de una dieta sana. Hay que tener en cuenta que la
mayoría de los alimentos que nos hacen ingerir acrilamida tienen origen
industrial, así que el peligro es relativamente pequeño en la cocina
casera, aunque también depende de cómo se cocinen los alimentos.
Como la acrilamida se encuentra principalmente en los alimentos ricos
en hidratos de carbono, probablemente se ingerirá menos cantidad de
ésta si se sigue una dieta baja en grasas y se consumen menos productos
industriales como las patatas fritas crujientes.
De momento, hay cosas simples que podemos hacer en nuestra
cocina para impedir la formación de esta sustancia nociva. El consejo
más importante es evitar cocinar de más los alimentos, ya que la
mayor parte de la acrilamida se forma durante los últimos minutos
de cocción. Así pues, cuando tostemos pan, hagamos asados y
horneemos productos que contienen patata, sigamos un sencillo
consejo: limitémonos a dorarlos, impidiendo que adquieran un color
tostado oscuro. Nuestra salud nos lo agradecerá.