PREJUICIOS

La carrera de obstáculos

Desde las prácticas de sus profesores a los prejuicios de sus directores de investigación, una multitud de frenos ponen trabas a la carrera científica de las mujeres.

Dicen que las chicas no se interesan por las matemáticas? El mero hecho de repetírselo es la mejor forma de que pierdan el interés.© Courtesy European Researchers’ Night – Finland, cat. 2
Dicen que las chicas no se interesan por las matemáticas? El mero hecho de repetírselo es la mejor forma de que pierdan el interés.
© Courtesy European Researchers’ Night – Finland, cat. 2

Vista a un bebé de azul, llámelo Adán. Coja luego al mismo bebé, póngale ropa rosa y llámelo Eva. Preséntelo a un grupo de adultos y tome nota de lo que digan. En el primer caso, dirán que es “muy vivo” y que es “vigoroso”, en el segundo caso dirán que es “linda” y “femenina”. Se han llevado a cabo múltiples experimentos de este tipo que llevan a las mismas conclusiones: nuestras expectativas y nuestra imagen mental de un niño, desde su nacimiento, están muy orientadas por su género.

La naturaleza y los efectos de este contexto social sobre la relación de las mujeres con la ciencia se están empezando a estudiar en profundidad. Todas estas reflexiones apuntan a que las mujeres, durante todo su desarrollo, desde su más tierna infancia hasta la edad adulta, están inmersas en una serie de opiniones y de creencias sociales que contribuyen a condicionar su futuro.

Infancia y adolescencia

Rosalind Barnett, del Woman Studies Research Center de la Universidad de Brandeis (Estados Unidos), se expresó así en una conferencia organizada por la asociación SET-Routes(1): “Los años preescolares y el ciclo de primaria constituyen una base sobre la cual actúan luego otras influencias”. La investigadora se apoya en estudios diversos que muestran diferencias notables de trato según los sexos. Así, cuando se graba en vídeo a un grupo de niños en un museo científico, los chicos y las chicas pasan aproxi-madamente el mismo tiempo delante de cada elemento expuesto, pero los padres dedican el doble de tiempo a dar explicaciones a sus hijos que a sus hijas. Por lo tanto, se pueden condicionar precozmente el interés y la aptitud por la ciencia. Y el prejuicio corriente en virtud del cual las mujeres tendrían menos facilidad para estas asignaturas (especialmente para las matemáticas) puede generar lo que los anglosajones denominan “the self-fulfilling prophecy”. Esta “profecía que se cumple por sí misma” consiste en que el niño integra una opinión compartida por los adultos – padres y profesores – que termina siendo “verdad”.

Asimismo, en estos primeros años se van forjando otros rasgos de la personalidad, entre otras cosas, algunas actitudes que luego serán decisivas en una carrera científica. Los autores de Athena Unbound(2) relatan cómo, en una clase de primaria, los chicos interrumpen al profesor con comentarios ocho veces más a menudo que las chicas. Sin embargo, se les reprende más a estas últimas, y se les pide que levanten la mano antes de hablar. En general, la educación valoriza la autoafirmación y las actitudes competitivas entre los chicos mientras que las chicas tienden a ser recompensadas por su modestia y su buen comportamiento colectivo. Henry Etzkowitz añade: “Cuando llega la pubertad, estos mensajes culturales acumulados se ven reforzados por la imperiosa necesidad de verse aceptadas y aprobadas por sus semejantes”. Esto demuestra lo realmente difícil que es escapar de los estereotipos sociales…

No obstante, un artículo firmado por diferentes investigadores de la universidad finlandesa de Turku(3), que estudió a chicos y chicas de 12 años de edad, reveló que los alumnos de ambos sexos sacaban notas más o menos equivalentes en una prueba de matemáticas, pero que los chicos, antes de recibir sus resultados, en general eran más optimistas sobre su puntuación que las chicas. Parece ser que la mayoría de las mujeres científicas también experimentan esta falta de seguridad en sí mismas. El estudio también afirmaba que las estudiantes se sienten desorientadas más rápidamente por las dificultades y que para ellas es más importante la figura del tutor. Numerosas investigadoras recuerdan cómo tal o cual profesor o director de tesis desempeñó un papel clave en su carrera profesional gracias a los estímulos o los consejos que les dio en etapas decisivas. Este tipo de relación suele ser determinante para evitar el síndrome de las famosas “fugas en la tubería” (the leaky pipeline), metáfora que ilustra las numerosas “fugas” (es decir, los abandonos) que se producen en cada etapa de la trayectoria profesional de las científicas, desde la universidad hasta la obtención de un puesto de responsabilidad.

Techo y suelo

Por su parte, Annalisa Casini, psicóloga social en la Universidad Libre de Bruselas, estudió el famoso fenómeno del “techo de cristal”, es decir, la barrera invisible que bloquea a las mujeres en su carrera(4). Es evidente que el sexismo tiene mucho que ver. “Pero también entran en juego otros factores que relegan a las mujeres a las tareas subalternas como, por ejemplo, su tendencia a la especialización excesiva, que hace que sean indispensables allí dónde están y menos capaces de trasladarse. Hablamos entonces de ‘suelo pegajoso’”, precisa. Catherine Marry, socióloga francesa y directora adjunta del grupo MAGE (Mercado del trabajo y género) nos da la respuesta: “Los éxitos profesionales más frecuentes de los investigadores hombres están relacionados con su mayor capacidad de delegar en otros – la mayoría de las veces, mujeres – las preocupaciones de organización práctica: tanto en la esfera privada como en la profesional”.

Según estos trabajos, estamos prácticamente ante las normas de la división tradicional de los papeles, que vinculan a las mujeres al espacio privado (la familia) y a los hombres a la esfera pública (el trabajo). Por lo tanto, el deseo de excelencia y la ruda competencia, sobre las que se basan las meritocracias y, entre otras, la ciencia al más alto nivel, corresponderían más a los modelos masculinos.

Parejas y redes

Pero otra amenaza se cierne sobre su vida profesional, es el denominado en inglés “two-body problem” que se da en las parejas en las que ambos quieren desarrollar su carrera – a veces se trata de parejas de científicos. Un estudio de la EMBO, publicado en 2007(5), revela que el lugar donde se establecen generalmente depende de la carrera del hombre, que escoge el postdoctorado y luego el empleo que mejor corresponde con sus habilidades o intereses, mientras que a su esposa o pareja no le queda otra que adaptarse. Por lo tanto, ella corre el peligro de no encontrar el centro de investigación que mejor le convenga, de publicar menos y en revistas de menor importancia. Las carreras siguen desequilibrándose tras el nacimiento de los hijos. Las mujeres a menudo cogen dos o tres meses de descanso por permiso de maternidad, mientras que los hombres no interrumpen su trabajo. Llegamos así a la sorprendente conclusión de que las investigadoras no sólo tienen carreras menos interesantes que los investigadores, sino que tienen, por término medio, menos hijos…

Una ventaja masculina adicional parece ser la aptitud de entrar a formar parte de redes. Ahora bien, según Henry Etzkowitz, el éxito científico es el resultado de una conjunción entre el “capital personal” (las cualidades individuales) y el “capital social” (las redes). Los científicos de alto nivel (hombres casi siempre) se presentan en cierto modo como los “banqueros del capital social”. Cuando encuentran a un joven prometedor, lo incorporan a su “grupo”, con el compromiso de que este último les devuelva el favor cuando haya progresado en su profesión. Estos “mandarines” confían más en los hombres prometedores que en las mujeres – lo que explica, entre otras cosas, que los hombres obtengan mejores puestos.

Por lo tanto, no hay que extrañarse de que, incluso en un área como las ciencias de la vida, en la que la mitad de los doctorandos son hombres y la mitad mujeres, del 15 al 20 % de los puestos de profesorado sean atribuidos a mujeres. Una cifra que Franck Gannon, ex presidente de la EMBO y actual director general de la Science Foundation – Ireland, calificaba de “flagrante injusticia” en un editorial titulado The women issue(5). Antes de advertir que este tema de debate no va a “desaparecer sin más ni más; quedará ahí, atormentándonos, hasta que desaparezca la desigualdad”.


Yves Sciama

  1. www.set-routes.orgwww.set-routes.org/conference/pdf/procedures.pdf
  2. Henry Etzkowitz, Carol Kemelgor & Brian Uzzi, Athena Unbound: The Advancement of Women in Science and Technology, Cambridge University Press, 2000.
  3. Anu Nurmi, Markku Hannula, Hanna Maijala & Erkki Pehkonen, On Pupils’ self confidence in mathematics: gender comparisons – Puede descargarse este documento en la siguiente dirección www.eric.ed.gov/ERICDocs/data/ericdocs2sql/content_storage_01/0000019b/80/3d/5c/f9.pdf
  4. Margarita Sanchez Mazas & Annalisa Casini, Femmes au pouvoir… mais quel pouvoir? Le plafond de verre en question. in Sophie Stoffel (Ed.), Femmes et Pouvoir, Université des femmes, Bruselas, 2007 – Otras publicaciones: www.psycho-psysoc.site.ulb.ac.be/equipe/annalisa-casini
  5. www.nature.com/embor/journal/v8/n11/pdf/7401100.pdf

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