ENTREVISTA

Los talentos de las científicas

En 2008, la eurodiputada danesa Britta Thomsen redactó un informe de propia iniciativa sobre el lugar que ocupan las mujeres en las ciencias. Un área donde persisten la discriminación y la subrepresentación, a pesar de que las instancias europeas llevan años esforzándose por cambiar la situación.

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Britta Thomsen: “¡Hay que encontrar medidas que contrarresten el sistema actual y sus tradiciones que, la mayoría de las veces, discriminan positivamente a los hombres!”
Britta Thomsen: “¡Hay que encontrar medidas que contrarresten el sistema actual y sus tradiciones que, la mayoría de las veces, discriminan positivamente a los hombres!”

¿Cuáles fueron sus motivaciones cuando, en el año 2008, hizo un balance sobre la situación de las mujeres en las ciencias?

Creo que debemos reformar un mercado laboral tan marcado por las desigualdades de género. Como punto de partida tenemos una constatación: en la Unión Europea, más de la mitad de los estudiantes de enseñanza superior son chicas. En la vida profesional de los investigadores y de los científicos, este porcentaje desciende al 35 % en el sector público. Y si observamos el número de mujeres presentes en los altos puestos de las universidades, apenas alcanzan el 15 %. ¿Qué ocurre en la vida de estas mujeres? ¿Dónde desaparecen? Es el tan conocido fenómeno denominado en inglés “leaky pipeline”, es decir, “fugas en la tubería” que simboliza el hecho de que las investigadoras, relativamente numerosas al principio, van desapareciendo en el transcurso de la carrera científica. Escogen otras opciones, o se estancan en un momento dado y quedan apartadas de los puestos más interesantes y de los órganos de toma de decisiones.

Ahora bien, en lo que se denomina “una sociedad del conocimiento”, el acceso a dicho conocimiento es fundamental. El tratado de Ámsterdam y la estrategia de Lisboa destacaron la necesidad de garantizar la igualdad entre los hombres y las mujeres en este punto. Esto no es así, en absoluto, y no deberíamos aceptar la situación actual simplemente porque no es democrática… La persistencia de la desigualdad me llevó a profundizar en este tema y a hacer propuestas.

Pero cuando se habla de sociedad del conocimiento, existen segundas intenciones económicas…

De hecho, el otro motivo que justificaría una mayor presencia de las mujeres en la ciencia y la investigación sería de tipo económico. 400.000 investigadores europeos se encuentran en los Estados Unidos mientras que en Europa hacen falta más científicos. Europa va a tener que contratar a 700.000 investigadores más en los próximos años. En ese caso, ¿realmente podemos prescindir de la mitad de nuestros cerebros? Si no actuamos para hacer frente a la competencia mundial, tendremos problemas de recursos humanos. Al final es una cuestión de sentido común.

En torno al año 2000, la Unión Europea publicó numerosos textos sobre la cuestión “Mujeres y ciencia”. Diez años más tarde, tenemos la impresión de que la situación apenas ha evolucionado. ¿Por qué?

¡Porque no tenemos la legislación necesaria! La Unión Europea tiene multitud de ideas, planes de acción, pero no una auténtica legislación sobre la materia. El desafío, hoy en día, consiste en inscribir estas propuestas en la realidad, pero de una forma eficaz.

Le pongo un ejemplo. Personalmente, estoy a favor de una política de cuotas porque comprobamos que la situación de desequilibrio no ha cambiado. En Noruega, el ministro encargado de establecer las cuotas para los órganos de dirección de las empresas me repite que los hombres maniobran para que las mujeres estén fuera de estas instancias, pero igualmente las mujeres, por su parte, dudan a la hora de asumir estas responsabilidades. Por lo tanto debemos decirle también a las mujeres (lo antes posible, desde que son escolares) que necesitamos sus talentos.

Lo que nos lleva a la cuestión de los estereotipos sexistas…

¡Estamos inmersos cotidianamente en estas percepciones, tan arraigadas en nosotros! Estos estereotipos incitan a la conservación de papeles específicamente masculinos y femeninos y a la segregación entre hombres y mujeres en el trabajo. Según estos prejuicios, las características típicamente masculinas consistirían en el interés por las cuestiones técnicas, las habilidades analíticas, la prioridad dada a la carrera, la ambición profesional, la capacidad de hacerse oír, la dominación, el egoísmo, el deseo de “impresionar la jerarquía”… En cambio, entre las especificidades atribuidas a las mujeres, estarían que les gustan los niños, se interesan por la familia, privilegian la armonía y son comprensivas, emotivas y altruistas.

Para preparar a las jóvenes para una carrera científica debemos trabajar en estas percepciones desde su más tierna infancia. El apoyo y los estímulos de sus familias, así como de sus profesores, constituyen una baza importante para conseguirlo. Además, observamos con frecuencia que las estudiantes en ciencias e ingeniería tienen un padre (incluso los dos) que trabaja en estas disciplinas.

¿No se está poniendo de relieve esta cuestión de la presencia de las mujeres en la ciencia? Y de no ser así, ¿qué se tendría que hacer para que se incluya dentro de las prioridades?

No creo que esta cuestión se manifieste claramente a todos los niveles… En esferas profesionales fuertemente dominadas por los hombres, como determinadas facultades universitarias, no es fácil sensibilizar sobre la existencia de este problema de subrepresentación femenina. Esta cuestión no forma parte de su mundo. Por lo tanto, la primera etapa, la sensibilización, no es en absoluto algo trivial.

Además, creo que hay que reservar algunos fondos de investigación o becas a las mujeres. Otra propuesta crucial, que se encuentra en el informe votado por el Parlamento Europeo, es actuar en la composición de los grupos de evaluación y de los comités de selección. Éstos deben contar con el 40 % de mujeres como mínimo. El impacto se hará sentir en términos de contratación y de carrera. Actualmente, como decía, muy pocas mujeres alcanzan un puesto de profesor titular porque muchas abandonan por el camino, por falta de posibilidad de ascenso. Esta medida de cuotas es también una forma de ejercer una influencia sobre el entorno de trabajo, y de ahí sobre las mentalidades. Vemos los efectos en algunos países. Por ejemplo, en Italia, las investigadoras de física son muy numerosas mientras que en Dinamarca esta área es aún tan sexista que las mujeres no dudan en abandonarla…

Asimismo, se tendría que actuar para cambiar la definición de lo que se considera como excelencia y las dotes de un “buen investigador”. Las investigadoras con frecuencia contribuyen en el mundo científico aportando perspectivas diferentes y con temas de investigación que les son propios, por los que los hombres no suelen interesarse. De ahí que aporten diversidad a la investigación.

En resumidas cuentas, estoy a favor de las medidas de discriminación positiva con respecto a las mujeres, aunque no sean una finalidad en sí misma. ¡Hay que encontrar medidas que contrarresten el sistema actual y sus tradiciones que, la mayoría de las veces, discriminan positivamente a los hombres!

¿Algunas de las ideas presentadas en su informe van a figurar en el próximo programa marco?

Todavía no se ha preparado el Octavo Programa Marco de investigación, que formará parte de la próxima legislatura. Pero es evidente que la dimensión del género estará muy presente. Tendremos que fijar reglas y reservar una parte de la financiación para mejorar la situación y hacer posible que haya más mujeres que encuentren su sitio en la investigación y se sientan a gusto en este ámbito.


Kirstine de Caritat


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Para saber más

Las pistas del Parlamento Europeo

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El 21 de mayo de 2008, la Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Género del Parlamento Europeo aprobó el informe sobre las mujeres y la ciencia de Britta Thomsen.

Este informe, que hace balance de la situación de las mujeres científicas, destaca que el principio de igualdad dista mucho de ser una realidad, aunque haya habido avances desde 1999, año de una resolución sobre la mujer y la ciencia del Consejo Europeo.

El nuevo informe del Parlamento Europeo enumera una serie de ideas y de propuestas para acabar con los prejuicios sexistas y cambiar la cultura en los órganos de decisión de las instituciones de investigación. Se proponen diversas orientaciones. Algunas pretenden facilitar las carreras de las investigadoras con el fin de que puedan ocuparse de sus hijos sin verse penalizadas, entre otras cosas, añadiendo más flexibilidad a sus horarios y permitiendo interrupciones en sus carreras. Asimismo, se insta a los centros de investigación a que no tengan diferencias salariales entre hombres y mujeres. Otras orientaciones pretenden reforzar la idea de los role models (o modelos a seguir), estas científicas “ejemplares” que podrían animar a las chicas que acaban de emprender estudios de ciencia o de ingeniería. Modelos que se pueden encontrar en las redes de investigadoras, que la Comisión y los Estados miembros deberían reforzar. Estas redes son esenciales para atraer al mayor número de mujeres hacia las carreras científicas e incitarlas a participar en el debate político y a mejorar su evolución profesional.

Página web del Parlamento Europeo: http://www.europarl.europa.eu/news/public/default_fr.htm

Página web de la Comisión sobre derechos de la mujer e igualdad de género del Parlamento Europeo: www.europarl.europa.eu/activities/committees/homeCom.do?language=FR&body=FEMM



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