SOCIOLOGÍA

La libre trayectoria de una investigadora sueca

La técnica sigue perteneciendo al universo masculino. Desde los ingenieros industriales de los últimos siglos hasta los expertos y los responsables de las tecnologías más avanzadas actuales, Boel Berner analiza el mundo de las “máquinas” bajo la perspectiva del género.

Boel Berner: “Siempre hay un desequilibrio de poder en las decisiones y en la gestión de la mayoría de los sistemas técnicos que estructuran nuestras vidas”.
Boel Berner: “Siempre hay un desequilibrio de poder en las decisiones y en la gestión de la mayoría de los sistemas técnicos que estructuran nuestras vidas”.

Para Boel Berner, se diría que el tiempo nunca se para. Esta socióloga de la Universidad de Linköping no deja de plantearse nuevas preguntas. Hija de un ingeniero y de una profesora de idiomas, vivió desde pequeña en un ambiente lleno de debates. No hay que olvidar que creció en Suecia, un país avanzado en lo que respecta a la igualdad de género. Allí las mujeres, cuando luchan por sus derechos, se ven respaldadas por una tradición de igualitarismo, autonomía y una lógica de resolución de los conflictos. “Mi madre era una persona comprometida y, gracias a ella y a muchos amigos de mis padres, de mentalidad abierta, siempre tuve la impresión de que las mujeres eran importantes para construir una sociedad moderna. Tenían que desarrollar sus conocimientos y participar en la vida pública”

En Lund, Boel cursó un bachillerato científico interesándose a la vez por las ciencias sociales y humanas. Luego se fue a la London School of Economics y seguidamente estuvo algunos años en París, donde descubrió, entre otras cosas, las enseñanzas del filósofo y sociólogo Nicos Poulantzas. Su marido por entonces era doctorando en genética en Oxford. Esas circunstancias le hicieron conocer los contrastes entre Francia y el Reino Unido y entre los universos de las ciencias “duras” y las “blandas”. Durante esos años conoció a unas francesas(1) con quienes entabló una larga amistad y que, como ella, reflexionaban sobre el nuevo papel de las mujeres en la evolución de una sociedad sacudida por los movimientos estudiantiles y obreros de mayo del 68.

La ingeniería, todo un símbolo

En 1975, participó en una primera investigación internacional para el informe Women in science and technology solicitado por la administración sueca de enseñanza superior. Luego entró a formar parte de la primera asociación de mujeres científicas de su país, participando en los primeros estudios sobre las mujeres de la Universidad de Lund. Este campo de investigación quedó englobado luego en un departamento de estudios sobre el género – toda una primicia en Suecia, en aquella época – que Boel Berner dirigió por un breve periodo más tarde.

En 1981, defendió una tesis socio-histórica sobre el universo de los ingenieros suecos. Un campo que le era familiar, puesto que su padre ejercía esta profesión considerada como prestigiosa. Los estratos de la empresa estaban calcados a los de la jerarquía militar. Lo que interesó a la joven doctoranda fue estudiar el mecanismo de funcionamiento de este poder reservado a los hombres, su monopolio de los conocimientos prácticos y científicos que les daban las claves de la modernización económica, e igualmente, como otra cara de la moneda, el lugar dejado a las mujeres en el mundo industrial de los siglos XIX y XX. “Me pregunté por qué las mujeres estaban excluidas, pero también por qué los hombres tenían tan asimilado este papel y por qué eran mayoritarios en los sectores de la ciencia y la tecnología”. Boel Berner, historiadora y socióloga, analiza el poder de estos conocimientos en la sociedad y la industria y la manera en la que funcionan las redes sociales masculinas, desde la universidad, y luego en el transcurso de toda la carrera. Si hasta el año 1921 las mujeres no pudieron estudiar ingeniería, fue sobre todo porque se pensaba que la formación para este oficio, que implicaba movilidad y el ejercicio de responsabilidades, utilizaba métodos pedagógicos que no les convenían. “Estos estudios se desarrollaban en un entorno que favorecía la emergencia de la solidaridad entre los hombres y un sentimiento de destacarse, no sólo con respecto a las mujeres sino con respecto a quienes tenían un nivel menor de formación”.

Estos modelos de poder masculino no han desaparecido. En el año 2000, Suecia publicó un Libro Blanco sobre la igualdad de los sexos que revelaba que este país, a pesar de su imagen, estaba lejos de ser el paraíso de la igualdad de géneros. Basándose en estos datos, Boel Berner coordinó un estudio que reveló cómo la distribución del trabajo explica las diferencias de situación económica entre los sexos. Aunque las mujeres estén haciendo oficios “masculinos” (desde ingenieras hasta mecánicas especializadas), las empresas prefieren contratar a hombres para estas especialidades. “La aptitud para dirigir está aún asociada con cualidades masculinas y los hombres consiguen los puestos más altos. Esta tendencia está reforzada por el hecho de que, tradicionalmente, los hombres pasan más tiempo en el trabajo y menos en casa”. Un prejuicio contraproducente para los propios hombres puesto que quienes “dan la impresión de conciliar la vida familiar con la profesional tienen una carrera más brillante que los solteros”.

Los enfoques de la técnica

Boel Berner, actualmente profesora en la Universidad de Linköping, jefa del departamento de Tecnología y cambio social, sigue investigando(2), explorando las relaciones entre la tecnología y el género: la identidad masculina y femenina en estos campos, los cambios sociales provocados por las evoluciones técnicas, el papel de las mujeres en esta transformación, la evolución de la enseñanza científica, la persistencia de las barreras del género y de los símbolos vinculados con la técnica…

Por ejemplo, estudió las relaciones entre las evoluciones técnicas y la ideología que prevalecía en los hogares a partir del año 1900. “Toda una serie de consejos y manuales respaldaban los conocimientos de higiene exigidos a las mujeres de la clase media. El significado de la limpieza se puede relacionar con ‘el miedo al bacilo’ difundido por la ciencia del siglo XIX, pero también con el deseo de distinción y de respetabilidad de la clase media. Reencontramos ahí el modelo de una burguesía patriarcal en la cual las mujeres deben tener habilidades en todas las tareas domésticas, siendo completamente dependientes de sus maridos en lo económico”.

Al estudiar un período más reciente, Boel descubrió también que las mujeres, a menudo apartadas del proceso de decisión en las cuestiones tecnológicas, desempeñan un importante papel de “observadora externa crítica”. Reaccionan ante determinadas opciones sensibles, como la utilización de las armas de destrucción masiva, la contaminación medioambiental o el desarrollo de las biotecnologías. Sin embargo, cree que los hombres y mujeres siguen siendo desiguales en la técnica: “Creo que siempre hay n desequilibrio de poder en las decisiones y en la gestión de la mayoría de los sistemas técnicos que estructuran nuestras vidas (sólo hay que ver la energía o las comunicaciones), así como en un gran número de proyectos prestigiosos en campos tales como el espacio, las biotecnologías o las tecnologías militares. Son importantes esferas de poder principalmente masculino. En cambio, es interesante comprobar que los nuevos campos de investigación relacionados con la medicina, la biología o el medio ambiente, son menos masculinos porque no pertenecen al mundo tradicional de las máquinas. En ellos, las mujeres encuentran más fácilmente su lugar”.

Nuevas generaciones, otras culturas

La unidad de la que es responsable Boel Berner presenta un ligero desequilibrio a favor de las mujeres, en cuanto a los doctorandos y paridad entre ambos en el profesorado. Varios investigadores hombres trabajan en las temáticas “género y tecnología”. “Nuestro departamento es multidisciplinario. Las diferencias de enfoque y de sensibilidad vienen más del bagaje intelectual y/o de la personalidad de cada uno que de su sexo”.

Boel Berner se siente muy a gusto en este ambiente universitario que escogió como vida profesional. “Esta vida plantea desafíos, pero en el sentido positivo, porque favorece la aparición de nuevas iniciativas y de nuevas ideas. Desde mi tesis, siempre quise seguir enseñando e investigar a la vez”. En Linköping, los estudiantes sugieren enfoques a veces inesperados, a los doctorandos se les considera como colegas, están contratados y participan activamente en la vida cotidiana del departamento, los profesores son tutores. “En lo personal, es muy stimulante supervisar a alguien, y ver cómo va ganando confianza en sí mismo y adquiriendo madurez intelectual”.


Christine Rugemer

  1. Boel Berner tradujo numerosos textos sociológicos, publicados en Francia y desconocidos en su país. Escribió, con Elisabeth Elgán y Jacqueline Heinen, una obra sobre el poder económico femenino (Suède: l´égalité des sexes en question, Les Cahiers du Genre, l’Harmattan, París, 2000) y continúa una actividad transnacional a través del grupo MAGE (Mercado laboral y género en Europawww.mage.cnrs.fr)
  2. www.tema.liu.se/tema-t/medarbetare/berner-boel?l=en

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