ALTA TECNOLOGÍA

Dos representantes de la nanotecnología femenina

Dos investigadoras que representan a un grupo de una docena de mujeres (todas ellas, excepto una socióloga, investigadoras en el campo de las nanociencias). Un grupo cuyas acciones excedieron la esfera de su especialidad para impulsar la cuestión del género en toda Europa.

Annett Gebert (a la izquierda) y Ulrike Wolff: “Muchas mujeres abandonan su carrera después de su postdoctorado porque no tienen suficiente confianza en sí mismas y porque no saben cómo ‘vender sus méritos’”.
Annett Gebert (a la izquierda) y Ulrike Wolff: “Muchas mujeres abandonan su carrera después de su postdoctorado porque no tienen suficiente confianza en sí mismas y porque no saben cómo ‘vender sus méritos’”.

Annett Gebert y Ulrike Wolff tienen muchos puntos en común. Ambas son químicas en el IFW de Dresde(1), están a punto de cumplir cuarenta años, están apasionadas por las nanociencias, trabajan unas cincuenta horas a la semana y dedican de buena gana el poco tiempo que les queda a proyectos sociales, incluso si eso significa trabajar cada día hasta muy tarde o los fines de semana.

Annett Gebert, la primera, oyó hablar de una convocatoria de proyectos de la Comisión Europea sobre el lugar de las mujeres en la ciencia por una colega rumana, Mariana Calin. Ulrike Wolff se les unió justo después, seguida de otras nueve investigadoras de alto nivel en el área de las nanociencias. “Muy rápidamente, nos surgieron muchas ideas sobre las acciones que podríamos llevar a cabo en nuestra especialidad”. Y finalmente, se convirtió en un grupo de doce mujeres, de nueve países europeos, que lanzó en octubre de 2005 Women in Nano(2), bajo la dirección de este consorcio inédito: Annett y Ulrike.

Trayectorias poco convencionales

Sin embargo, nada hacía presagiar que estas dos investigadoras iban a implicarse en la lucha contra la discriminación de las mujeres en la ciencia. Su trayectoria parecía ya trazada, desde la facultad de química hasta su puesto actual en el IFW, pasando por una tesis obtenida en Dresde, un post-doctorado durante el cual descubrieron las nanociencias, así como un año en el extranjero. En ningún momento se sintieron perjudicadas a causa de su sexo. “Posiblemente, incluso nos beneficiamos de determinadas discriminaciones positivas”, añade Ulrike. Sin embargo, no vacilaron un segundo en entrar en un proyecto cuyo objetivo precisamente era apoyar y animar a las mujeres a trabajar en las ciencias. ¿Por qué? “¡Porque sabíamos que nuestra trayectoria profesional no era la más habitual!”, responde Annett. “Habíamos oído hablar de la situación de colegas nuestras, sobre todo fuera de Alemania, que tenían más dificultades por ser mujeres. A través de Women in Nano no quisimos defender nuestros propios derechos sino mejorar una situación global en absoluto igualitaria”.

En un primer momento, las doce embajadoras de Women in Nano se esforzaron por examinar la situación de las mujeres en las nanociencias y por intentar comprender por qué había tan pocas. Realizaron varias encuestas, tanto en centros de investigación como a científicos. Pero los resultados fueron decepcionantes, incluso inexplotables. “Las nanociencias abarcan un área muy amplia. Nos fue difícil identificar a todos los grupos de investigación en un sector tan interdisciplinario y encontrar a la persona de contacto adecuada. Por otro lado, las pocas respuestas que recibimos no fueron satisfactorias, probablemente por falta de tiempo o de interés”. Aún así, el estudio revela que las diferencias entre países, en términos de planes de carrera y de estructuras de promoción, tienen poca incidencia sobre el lugar de las mujeres en la ciencia. Todo apunta a que los aspectos culturales desempeñan un papel mucho más importante.

Mujeres y jóvenes

Entonces llegó la segunda fase del proyecto, dedicada a atraer el interés de los jóvenes por las nanociencias y a animar a las mujeres a continuar su carrera: actividades con escolares, participaciones en acontecimientos públicos, pero sobre todo, organización de una universidad de verano (en Comarruga, España) y una de invierno (en Kranjska Gora, en Eslovenia). “Estos dos talleres fueron los mejores recuerdos que tengo de esta campaña”, cuenta Ulrike Wolff. “Las participantes eran muy entusiastas y querían aprender lo más posible…”. El objetivo de estas “universidades fuera del campus” era no sólo ofrecer clases de alta calidad sobre diferentes temáticas de las nanociencias, sino también mejorar la capacidad de las estudiantes de presentar sus resultados científicos, de forma tanto oral como escrita.

“Muchas mujeres abandonan su carrera después de su post-doctorado porque no tienen suficiente confianza en sí mismas y porque no saben cómo ‘vender sus méritos’”, precisan ambas científicas. A menudo las mujeres tienen menos autoestima que los hombres y proyectan esa imagen relativamente negativa a su futuro jefe. Por lo tanto, para subsanar este punto débil y aumentar la confianza en su trabajo, hicieron ejercicios sobre la presentación de sus resultados. Por ejemplo, una de las clases se refirió exclusivamente al modo de comportarse delante de un auditorio. “Gracias a nuestro profesor, descubrí que, en el momento de las presentaciones científicas, los hombres generalmente estaban bien erguidos, mirando a sus interlocutores a los ojos mientras que las mujeres no tenían aplomo, se movían sin parar y no miraban apenas a los oyentes”, precisa Ulrike. En las sesiones de presentación de los resultados posteriores, los progresos fueron increíbles. “La confianza en sí mismo es algo que se aprende”, confirma Annett. ¡Y de eso ella sabe mucho! Al poco tiempo de su regreso de su último año post-doctoral en la escuela politécnica de Montreal (Canadá) le propusieron hacerse cargo de la dirección del grupo Electrochemical Properties of Functional Materials en el IFW de Dresde. “¡Me daba pánico aceptar tanta responsabilidad! Pero la verdad es que hay que tirarse al agua para ir ganando autoestima”.

Las superdotadas de la organización

Estas universidades de verano y de invierno representaron también un lugar de debate sobre cuestiones sociales, particularmente sobre los problemas de desigualdad entre hombres y mujeres. En esos debates surgió una pregunta recurrente: ¿realmente es posible compaginar la vida familiar con la carrera científica? Difícil para Annett y Ulrike de responder a esta cuestión, puesto que no tienen hijos. “No ha sido por mi profesión”, asegura Ulrike. “Sin duda ha sido en parte por mi carrera, pero no sólo por eso…”, responde por su parte Annett. En todo caso, las dos afirman que es posible conciliar ambas. Prueba de ello es que más de la mitad de las doce científicas del equipo consiguen compaginar su vida familiar con una carrera de alto nivel. “Probablemente, hace falta organizarse mejor en el trabajo diario”, admite Ulrike. “Sobre todo, hay que crear las condiciones para facilitar la vida de las mujeres que tienen hijos”, señala Annett. Por ejemplo, en el IFW los directores de laboratorio son completamente conscientes de las dificultades que pueden tener los jóvenes padres y madres, y dan más flexibilidad a los científicos que se encuentran en esa situación. El Instituto también ofrece facilidades para encontrar una plaza en una guardería.

En el marco del proyecto Women in Nano se organizaron reuniones con altos responsables universitarios, industriales y políticos con el fin de evocar las estrategias de igualdad de los sexos a implantar. ¿Qué medidas de acompañamiento podrían ser útiles para las mujeres? ¿Es necesario conceder fondos especiales para hacer posible que las investigadoras continúen sus carreras? ¿Cómo se puede transformar el sistema educativo para que anime a las jóvenes a optar por las carreras científicas?

Es difícil responder a estas preguntas con una respuesta concreta y breve. El consorcio Women in Nano recibió la financiación de la Comisión Europea por un periodo de treinta meses que finalizó en marzo de 2008, en un último taller dedicado a la difusión de los resultados. Pero la aventura no acaba ahí y este año ha empezado un nuevo proyecto(3). Implicará a 11 países europeos y durará tres años. Tiene como objetivo reforzar la posición de las mujeres en los puestos científicos de toma de decisiones, pero también mejorar la solidaridad y la implicación de los hombres en la lucha por la igualdad de los sexos. Esta vez, se espera que participen sus colegas masculinos. Pero Annett y Ulrike ya no lo harán. Para estas dos científicas de alto nivel era difícil seguir sin la menor pausa, dedicando de nuevo tanto tiempo y energía al margen de su trabajo…

Lise Barnéoud

  1. Leibniz-Institut für Festkörper- und Werkstoffforschung Dresden (Instituto de Investigación sobre los Cuerpos Sólidos y los Materiales).
  2. www.womeninnano.de
  3. Improving the gender diversity management in materials research institutions.

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