COMPROMISO

Gerlind la tenaz

“Usted nos ha demostrado que también podíamos contratar a ingenieras”. Esta frase, Gerlind Wallon jamás la olvidará. Recién titulada en ingeniería química, la joven alemana descubrió el mundo laboral en la empresa que la contrató. “Descubrí sobre todo que, como mujer, no formaba parte de los suyos, poco importaban mis títulos”.

Gerlind Wallon: “La poca presencia de las mujeres se debería más bien a una presión social que dicta los papeles familiares con arreglo a los géneros”.
Gerlind Wallon: “La poca presencia de las mujeres se debería más bien a una presión social que dicta los papeles familiares con arreglo a los géneros”.

Esta observación de su superior marcó el inicio de una trayectoria completamente atípica. Gerlind, nacida en Kiel, a orillas del mar Báltico, descubrió la química a los doce años de edad. Ya entonces, fascinada por esta ciencia “que explica el por qué y el cómo de las cosas”, sabía que quería dedicarse a ella. Una vez obtenido su título de ingeniería, estuvo un año analizando las características químicas del asfalto, yéndose luego a Boston donde, en 1996, defendió su tesis de bioquímica en la Universidad de Brandeis. Fue una experiencia particularmente enriquecedora, que le hizo comprender que los alemanes eran conservadores en un aspecto determinado: “En los Estados Unidos, ya no era nada excepcional el que una mujer ocupara un puesto importante”.

El valor del ejemplo

Durante sus seis años de tesis, se codeó con Susan Lovett, una científica que iba a ejercer una gran influencia en el desarrollo posterior de su carrera: esta mujer, responsable de laboratorio, también era madre de dos niños. Un ejemplo de que la vida profesional se podía compaginar con la vida familiar. De vuelta a Alemania, en mayo de 1996, Gerlind entró en el célebre Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL, por sus siglas en inglés) de Heidelberg. Es allí donde entró en contacto con la Organización Europea de Biología Molecular (EMBO, siglas en inglés)(1), la institución que la contrataría algunos años más tarde, y que primero le ofreció una interesante beca post-doctoral de dos años.

Pero la doctoranda que trabajaba horas y horas en el laboratorio tuvo dos niños en esa época. Eso inevitablemente atrasó sus investigaciones. Entonces le pidió a la EMBO la posibilidad de prolongar su beca debido a su maternidad. “Eso es problema suyo”, le respondieron. Por suerte, su marido, también químico, era autónomo. “Como trabajaba en casa, se hacía cargode una gran parte de las obligaciones familiares”, explica la científica, a menudo tachada de “madre negligente” por su apretada agenda.

Luego, en el año 2000 se planteó si seguir o no su carrera. Gerlind Wallon dudó: “No me veía como responsable de un equipo y distribuyendo mi tiempo entre la investigación y el trabajo administrativo. Acababa también de tener a mi segundo hijo y ya no podía quedarme tanto tiempo en el laboratorio, por lo que me sentía frustrada”. Entonces vio un anuncio de la EMBO, donde buscaban a un científico en biología molecular para supervisar los programas y conceder las becas de este organismo europeo. Un puesto que obtuvo en junio de 2000 y en el que sigue estando muy a gusto hoy en día.

Los trabajos de la EMBO

Se acabaron entonces las mesas de laboratorio, los tubos de ensayo y las reacciones químicas de todo tipo. Nuestra científica se centró exclusivamente en la organización de la investigación dentro de la EMBO, sin que le pesara. “Este trabajo me permite tener una visión más amplia de la ciencia, tengo la impresión de poder hacer aquí mucho más que delante de mis pipetas…”. Su primera gran tarea fue luchar contra la poca presencia de mujeres en la investigación. Por ello, en 2001, creó el programa Women in Science, que pretende no sólo evaluar y cuantificar las desigualdades de género en las ciencias, sino también proponer soluciones concretas para aumentar el porcentaje de mujeres en los puestos con cierto nivel de responsabilidad(2). Una de las primeras medidas consistió en implantar lo que le habían negado algunos años antes: ¡una prórroga de tres meses de la beca post-doctoral en caso de maternidad! “Lo más sorprendente, es que no tuve que luchar para obtener esta prórroga. En realidad, todos estaban de acuerdo, sólo que nadie había pensado nunca en eso”. Entre otras medidas para ayudar a las mujeres de forma más eficaz durante su carrera, la EMBO ofrece ahora la posibilidad de prorrogar hasta 36 meses la duración de las becas post-doctorales para poder trabajar a media jornada, una ayuda financiera adicional para las investigadoras que tienen a su cargo a niños menores de 6 años o incluso un programa de ayuda específica para quienes hayan interrumpido durante un año su carrera por razones familiares.

Otro objetivo del programa Women in Science consiste en recoger el mayor número de estadísticas sobre el papel de las mujeres en la ciencia. E intenta responder a una cuestión de fondo: ¿por qué hay menos investigadoras conforme se van subiendo los escalones en la jerarquía? De hecho, aunque más de la mitad de los estudiantes europeos de biología sean mujeres, tan sólo representan el 15 % de los profesores de universidad. ¿Cómo se puede explicar este “techo de cristal”, como algunos denominan a este fenómeno? Esta cuestión apasiona a Gerlind Wallon. Para responder a esta pregunta, llevó a cabo una investigación original con varios colegas dentro de la propia EMBO(3). Se pretendía probar una hipótesis muy difundida de la existencia de una selección sesgada que beneficia a los hombres.

La influencia de los roles

En 2006, la EMBO decidió borrar cualquier indicación del género en los documentos de los candidatos en su proceso de selección de becarios. Los examinadores sólo tuvieron acceso a la trayectoria y a las publicaciones científicas de los estudiantes para hacerse una idea de ellos. El resultado fue sorprendente: a pesar de esta selección a ciegas, los jurados siguieron escogiendo mayoritariamente a hombres. El índice de éxito de las mujeres no cambiaba, con alrededor del 20 % menos de posibilidades de obtener una beca que sus colegas masculinos. Por lo tanto, ¿qué elementos permiten distinguir a los candidatos de las candidatas que tienen la misma edad y experiencia semejante?. Eso sí, las mujeres tenían muchas menos publicaciones que los hombres. Entre 1999 y 2006, ellas publicaban por término medio seis artículos frente a ocho en el caso de los hombres. Sin embargo, la calidad de sus trabajos era similar, como indica el factor de impacto medio(4) de estas publicaciones.

De ahí que la cuestión se plantee bajo otra perspectiva: ¿por qué las jóvenes investigadoras son menos productivas que sus colegas? Se enviaron cuestionarios a todos los candidatos para intentar comprender esta diferencia, que arrojaron como resultado que las mujeres, durante su carrera, suelen trasladarse más que los hombres para seguir a sus parejas. Por lo tanto, les cuesta más encontrar un laboratorio en el que puedan ejercer sus competencias. Además, la mayoría de los maridos trabajan más de 46 horas semanales, lo que implica que ellas deben hacerse cargo de la mayoría de las obligaciones familiares.

“De esta investigación se desprende que la poca presencia de las mujeres no se debería a una selección sesgada sino más bien a un problema cultural, a una presión social que dicta los papeles familiares con arreglo a los géneros”, concluye Gerlind Wallon. Las mujeres suelen hacerse cargo de las obligaciones parentales adaptando sus carreras para poder ocuparse de su familia. Por eso tendría que cambiar la cultura en general para romper este “techo de cristal”. ¿Pero cómo? “Pidiendo primero a todos los centros científicos que hagan un balance de la representatividad de las mujeres, trabajando luego en la sensibilización sobre esta diferencia entre los sexos, para terminar animando a las mujeres a proseguir sus carreras. También habría que incitar a los hombres a que asuman más obligaciones paternas y organizar permisos de paternidad y trabajo a tiempo parcial para ellos también”.

En las conferencias que da sobre “gestión de laboratorios” y en las que participan numerosos estudiantes, Gerlind Wallon trata de enfocar estos temas. A menudo, quienes la escuchan se sorprenden al comprobar que todavía existen estas discriminaciones. Otros afirman que todo esto se explica por diferencias genéticas, afirmación que consigue sacarla de quicio…


Lise Barnéoud

  1. La Organización Europea de Biología Molecular (EMBO), con sede en Heidelberg (Alemania), fue creada en 1964 con el fin de promover esta especialidad en Europa. La EMBO está financiada por 27 países europeos y en ella trabajan más de 1.300 científicos (48 de ellos recibieron un Premio Nobel). Propone becas y programas a investigadores seleccionados con mucho rigor.
  2. Véase por ejemplo la conferencia SET-Routes que se celebró en Heidelberg del 9 al 11 de mayo de 2007: www.set-routes.org/conference/index.html
  3. Podrá descargar el estudio en la siguiente dirección: www.embo.org
  4. El factor de impacto (impact factor) sirve para medir la importancia de las revistas científicas. Evalúa la frecuencia media con la cual los artículos de una determinada revista son citados por las demás revistas indexadas, durante tres años.

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