FINLANDIA

La mejor alumna de la Unión Europea

Visita entre bastidores de la investigación finlandesa, una de las que más implica a las mujeres en el “viejo continente”.

Helsinki, la capital de un país ejemplar en la cuestión de los géneros. © Shutterstock
Helsinki, la capital de un país ejemplar en la cuestión de los géneros.
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Pirjo Helena Mäkelä, bacterióloga, que tiene ahora 78 años, fue la primera mujer que entró a formar parte de la Academia Finlandesa de las Ciencias, en 2003. © Shutterstock
Pirjo Helena Mäkelä, bacterióloga, que tiene ahora 78 años, fue la primera mujer que entró a formar parte de la Academia Finlandesa de las Ciencias, en 2003.
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Bebé de un día del que se mide, con métodos suaves, el funcionamiento cerebral en la Cognitive Brain Research Unit de la Universidad de Helsinki. © Veikko Somerpuro
Bebé de un día del que se mide, con métodos suaves, el funcionamiento cerebral en la Cognitive Brain Research Unit de la Universidad de Helsinki.
© Veikko Somerpuro

Con el 42 % de mujeres en su parlamento, un gobierno con mayoría femenina, es decir, un parlamento y un gobierno prácticamente paritarios y una mujer jefe de Estado desde hace casi diez años, Finlandia es un ejemplo en materia de igualdad de sexos para la mayoría de los países europeos. Y no es nada nuevo: Helsinki fue la primera capital del mundo que dio no sólo el sufragio universal sino también derechos políticos idénticos a las mujeres y a los hombres, ya en 1906. Finlandia destaca en un segundo terreno, a primera vista independiente del primero: la inversión en la investigación. Con el 3,75 % de su PIB dedicada a ella, y una pro porción de 26 investigadores por cada 1.000 habitantes, el país está entre los primeros del mundo, superando a los Estados Unidos y Japón – por no hablar del resto de Europa...

Esta doble excelencia se traduce en un índice especialmente elevado (el 23,5 %, el más elevado de la Unión) de mujeres en los puestos de responsabilidad de la investigación. Una de ellas, Teija Kujala, es directora de la Cognitive Brain Research Unit de la Universidad de Helsinki y, a sus 45 años, afirma que “nunca se ha sentido discriminada en el transcurso de su carrera”. Fue la primera mujer de su laboratorio, y ahora son mayoría entre las 30 personas de la unidad – una situación excepcional en las neurociencias, disciplina tradicionalmente muy masculina. “No es que discriminemos a los hombres, sino que nos interesa más este campo”, sonríe.

La regla de la apertura

En realidad todo el contexto de la investigación en este país ofrece condiciones particularmente favorables para las mujeres. La Unidad de investigación espacial del Instituto Finlandés de Meteorología, instalado en flamantes edificios en el centro del campus científico de Helsinki, es un magnífico ejemplo de ello. Sin embargo, Tuija Pulkkinen, su directora, no tiene nada de pasionaria feminista como cabría esperar a la vista de su reputación y de su popularidad entre sus estudiantes: con una mirada tranquila y voz calmada, jamás responde a una pregunta sin haberle dedicado un breve tiempo de reflexión. Pero tiene las ideas claras sobre las cuestiones de género. “Para mí, es tan importante que un laboratorio de investigación esté abierto a las mujeres como a los investigadores de otros países o de diferentes edades. Es el tipo de diversidad que produce la mejor ciencia”. Pero no por ello dice que las mujeres tengan un modo diferente de investigar al de los hombres: “En la física, hay que resolver ecuaciones y encontrar leyes que no tienen nada que ver con el género”, pero precisa que las mujeres son “cuidadosas, pacientes, comprueban sus resultados y realizan mediciones precisas”.

Tuija Pulkkinen (madre de un adolescente de 15 años de edad) es consciente de que las cargas familiares, que recaen principalmente sobre las mujeres, reducen su disponibilidad en determinados periodos. Más aún cuando en Finlandia se puede prolongar el permiso por maternidad, de ocho meses. Tuija considera que estas “ausencias” se pueden gestionar y no deben ser pretextos para la discriminación. “Hay años en los que algunos científicos son más productivos que otros, y luego el movimiento se invierte. Podemos adaptarnos a eso, y hasta velar por que esta situación no perjudique una carrera, autorizando, por ejemplo, que alguien firme publicaciones aunque su aportación no haya sido esencial. La ciencia es un trabajo en equipo. Nuestros proyectos espaciales a menudo abarcan un periodo de diez años o más. Por lo tanto, hay que juzgar la productividad tomando en cuenta periodos así. Si dejamos que alguien trabaje a tiempo parcial, o en su casa durante un tiempo, estamos generando gratitud, compromiso y, en general, el interesado lo compensa más tarde. Estoy convencida de que la felicidad aumenta la creatividad”.

La perspectiva empresarial

Incluso en Nokia, el gigante mundial de alta tecnología, objeto de un auténtico fervor nacional, las condiciones planteadas a las investigadoras darían envidia a muchas europeas. Ello no impide que la empresa sea líder mundial de su categoría, en un entorno altamente competitivo. Virpi Roto, de unos cuarenta años de edad, dinámica y sonriente, es Principal Scientist (o científica principal) en el centro de investigación de Nokia de Helsinki, un impresionante edificio de cristal donde el visitante sólo puede entrar debidamente acompañado, identificado, y sin cámara de fotos. Está especializada en la adaptación del Internet móvil a las necesidades de los usuarios. Fue contratada con un diploma de informática, obtuvo un doctorado en ciencias sociales gracias al 10 % de reducción de tiempo de trabajo que la empresa otorga a todos sus asalariados que deseen perfeccionar su formación. Trabaja 37,5 horas a la semana, y cogió íntegramente sus dos permisos por maternidad. Cuando las circunstancias familiares exigen su presencia en casa (por ejemplo, si su marido está de viaje), sus superiores le autorizan a trabajar desde casa sin que esto plantee el menor problema. No obstante, matiza que si tuviera un puesto de responsabilidad en la gestión de su departamento, seguramente tendría menos libertad de movimientos. Sin embargo, insiste en que no por ello no ha querido aceptar este tipo de puesto en repetidas ocasiones, sino porque lo que más le interesa es la investigación. En Nokia la gestión de empresa sigue siendo todavía una fortaleza masculina.

Y ése es el mayor escollo, como ocurre en toda la investigación académica, aunque en este caso sea en menor medida. “Hoy en día, el principal problema para las investigadoras es la toma de responsabilidades”, estima Tuija Pulkkinen. “Mientras que en los laboratorios la proporción de mujeres es del 50 %, representan sólo el 20 % de los puestos directivos. Es un desperdicio de recursos. Bajo mi dirección, dos de cada cuatro responsables de equipo son mujeres, y trabajan muy bien. Consideran a sus subordinados de forma más general que los hombres, que se suelen limitar al plano profesional”. Tuija reconoce que con la toma de responsabilidades, el trabajo es menos científico, “pero estamos en posición de facilitar y orientar la investigación, lo cual es muy importante”.

¿Y los hombres?

¿Qué se puede hacer para que las mujeres suban en la jerarquía? Teija Kujala manifiesta: “Una parte de la respuesta consistiría en que los hombres se sensibilizaran más sobre las cuestiones familiares, ya que son las mujeres quienes generalmente dejan de trabajar cuando los niños son pequeños, tienen carreras más cortas y discontinuas. Este esfuerzo debería estar más repartido entre ambos sexos”. Dicha tendencia se está empezando a ver en Finlandia, donde algunas jóvenes parejas de universitarios se reparten el permiso parental. “Cuando voy a coloquios o seminarios en el extranjero, mi marido se ocupa de los niños, ya que viaja mucho menos”, relata otra científica. Antes de suspirar: “Él lo sobrelleva, pero la familia no lo ve con muy buenos ojos…”

También es necesario que las investigadoras no se autolimiten. Ahora bien, sabemos que con frecuencia las mujeres tienden a tener menos confianza en sí mismas y menos el reflejo de pedir un ascenso que los hombres. Lo que confirma Tuija Pulkkinen: “Cuando quedó vacante el puesto de vicepresidente de la European Geophysical Union, lo primero que pensé fue: ‘ya tienes demasiado trabajo de por sí, jamás lograrás hacerlo todo’. Luego reflexioné. Me dije que al final seguramente iba parar a un hombre, un hombre tan ocupado como yo pero que pensaría ‘tengo todo el talento necesario para llevarlo a cabo, soy capaz de hacerlo’. Así que presenté mi candidatura para este puesto… ¡y lo obtuve!”

Lo que queda por hacer

Sea como fuere, la historia no acaba ahí. El avance de las mujeres (que sigue dándose) parece ahora como ralentizado. Algunas investigadoras hasta evocan la aparición de una nueva generación “machista”, que se aprovecha de que hay cierto relajamiento en la vigilancia de la igualdad. Para Pirjo Helena Mäkelä, médica, bacterióloga y primera académica finlandesa, de 78 años de edad, “Ahora existen muchas más mujeres científicas que en otros tiempos, por lo que es un poco más difícil apartarlas, pero los prejuicios siguen ahí. Lo peor es que la mayoría de las discriminaciones se hacen de forma inconsciente. Hay tanta gente insensible a las aspiraciones y a los sentimientos de las mujeres. Por eso yo sería más ‘feminista’ hoy que cuando era joven…”

Aunque sea consciente de que se trata de declaraciones políticamente incorrectas, Pirjo Helena Mäkelä se cuestiona a veces los beneficios de los largos permisos de maternidad, ella que crió a cuatro hijos al mismo tiempo que desarrollaba una brillante carrera académica. “Si alguien se para demasiado tiempo, puede dañar irremediablemente su trayectoria científica”. No por ello hay que renunciar a la vida familiar – una idea que con sólo oírla la enfurece. ¿Cuál es la solución para poder compaginar todo? “Saber organizarse. Mientras los hombres sólo tienen que planificar su día, nosotras debemos planificar la semana entera, no echar a perder nuestros experimentos para no tener que volverlos a hacer...” Y concluye: “Lo importante es que las mujeres no se conformen con puestos secundarios en los que solamente hagan cosas interesantes de vez en cuando. La verdadera ciencia implica tener un fin y la voluntad inquebrantable de alcanzarlo”.

El futuro dirá si las científicas finlandesas acabarán por superar los obstáculos que les separan de los puestos de mucha responsabilidad. Lo que es seguro, es que de este país, que hace apenas medio siglo era pobre y rural, ha salido una ola excepcional de mujeres con estudios superiores, que ahora están presentes en todos los sectores de la vida social. El reciente estudio Pisa(1), llevado a cabo por la OCDE, reveló que los alumnos finlandeses de 15 años tenían los resultados escolares científicos más elevados del mundo. “Yo creo que esto se debe al excelente nivel educativo de sus madres”, anota Liisa Husu. “Reconozco que aún no se ha demostrado esto. Pero es evidente ¿no?”. A decir verdad, sí.

Yves Sciama

  1. El Programa Internacional de la OCDE para el Control de los Conocimientos de los Alumnos (PISA) tiene por objeto evaluar con regularidad en qué medida quienes acaban la enseñanza obligatoria poseen los conocimientos y las calificaciones requeridas para desempeñar plenamente su papel en la sociedad. www.ocde.org

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Para saber más

Con la ayuda de la ley

Liisa Husu © Yves Sciama
Liisa Husu
© Yves Sciama

El avance de las mujeres en la investigación finlandesa se debe ante todo a sus propios méritos, pero nunca habría tenido tal envergadura sin una presión política continua, que se remonta a los años ochenta. “Hubo una primera ‘Ley sobre la Igualdad de los Géneros’ en 1987, que era principalmente un catálogo de buenas intenciones pero que, no obstante, supuso un avance”, indica Liisa Husu, especialista de las cuestiones de género en la ciencia.

Sentada ante un chocolate caliente en el Café Engel, bien conocido por los amantes de la repostería de Helsinki, la socióloga todavía recuerda su experiencia como ayudante del “Defensor del pueblo para la Igualdad”, una especie de mediador de la República importante en Escandinavia, nombrado con ocasión de esta legislación. “En aquella época era joven y estaba en un avanzado estado de gestación. Mi jefe, que era un antiguo ministro, y yo nos presentamos en las oficinas de todos los decanos de universidad para incitarlos a promover y explicar la nueva Ley y el avance de las mujeres. ¡Tuvimos mucho éxito!” Esta ley, que penaliza la discriminación, hizo posible una serie de juicios que, aunque fueran muy pocos, tuvieron una gran repercusión. Luego fue reforzada en 1995.

“Entre otras medidas, cada universidad tenía que presentar un ‘Plan para la igualdad de los géneros’ y, lo más importante, todos los comités de dirección de la investigación debían contar por lo menos con una proporción del 40 % de mujeres”. Según Liisa Husu, esta última medida hizo mucho por la paridad. Desde aquellos años, en los que se produjo un cambio radical, el país ha estado produciendo periódicamente un “Barómetro de la igualdad” que permite medir los efectos de estas políticas. La edición de 2008 señala el aumento de la insatisfacción de las mujeres con más estudios sobre las cuestiones de igualdad de géneros, al mismo tiempo que el nivel educativo de las mujeres se ha ido elevando globalmente. Según Liisa Husu, es la prueba de que queda mucho por hacer, a pesar de los avances ya logrados, para conseguir verdaderamente aprovechar el alto potencial científico de las finlandesas.



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