REPORTAJE

Pluralidad mixta

Visitamos un viernes por la tarde un laboratorio un poco especial, en el que las investigadoras no están en puestos secundarios.


Lejos de los muelles del río Gironda, a algunos kilómetros del centro de la ciudad, existen dos hospitales entre los que está la Universidad de Burdeos 2 (Francia). Allí se estudian las ciencias de la vida, las ciencias humanas y la salud. Y allí también se llevan a cabo investigaciones fundamentales en colaboración con el mayor de sus centros médicos, el Hospital Universitario Pellegrin. El conjunto tiene aire de campus urbano: edificios bajos y funcionales, amplios aparcamientos de coches, algunos árboles. En la primera planta del edificio 1, se encuentra el CIRID(1).

En este complejo hay muchas mujeres. Dos de ellas están a la cabeza de dos ramas de investigación que estudian los sistemas inmunitarios, y las células madre, correspondientemente. Las investigadoras también ocupan puestos de responsabilidad en diferentes subgrupos. El carácter mixto y la igualdad predominan dentro de un clima de unidad, cuyo carácter se debe mucho a la personalidad del “jefe”, Jean-François Moreau.

Lo importante son las capacidades, no el género

Julie Déchanet-Merville, de 42 años de edad, con tres hijos, dirige a los equipos que trabajan en una de las dos grandes temáticas de investigación, la inmunología. “Mi trayectoria de bióloga es muy corriente. Nunca he tenido ninguna dificultad real para trabajar con hombres y no puedo decir que nadie me haya frenado por ser una mujer. Tanto los investigadores hombres como mujeres desempeñamos un trabajo comparable y las diferencias dependen más de la personalidad que del género”. Según Vincent Pitard, ingeniero biólogo, que trabaja con Julie desde hace unos doce años y que ha visto cómo ascendía: “El que nuestra jefa sea una mujer no cambia nada. Está igual de disponible y presente de lo que estaría un hombre y sus circunstancias personales no perjudican en absoluto su vida profesional”.

El grupo de Julie estudia un virus que forma parte de los herpes virus. “Estudiamos células del sistema inmunitario tratando de comprender cómo actúan para luchar contra este virus y cuáles son los mecanismos de reconocimiento del mismo. Por lo tanto, trabajamos mucho en coordinación con el hospital”. Pierre Merville, profesor de universidad y médico hospitalario, además de ser el marido de Julie, también forma parte de este equipo. El carácter mixto del CIRID tiene esto de especial, que no se da sólo en términos de género, sino de profesión.

La mayoría de los hombres que trabajan en esta unidad proceden de centros hospitalarios universitarios. Los médicos y los biólogos tienen una visión diferente de la investigación. Para los primeros, es necesario tratar una cuestión precisa, un problema determinado, presente en un paciente, y que exige llevar a cabo una investigación para quizás darle una respuesta. Para los segundos, se trata de una visión más fundamental cuyo objetivo es aportar nuevos conocimientos, desmontar mecanismos, correr el riesgo de obtener resultados que les lleven a tomar otros caminos. Estas diferencias de enfoque enriquecen el trabajo.

Siempre buscando el equilibrio

Según Charlotte Behr, jefa de equipo en la rama de inmunología: “Los médicos en cierta forma están en una situación comparable a la de las mujeres con niños, a caballo entre el hospital y la investigación, siempre hay que hacer malabares porque tienen que ver a un paciente, acabar algunas pruebas, teniendo la impresión de no hacer jamás lo suficiente”. Charlotte, de 46 años, con dos niños de 9 y 7 años de edad, estudia una serie de células que podrían desempeñar un papel importante en la eliminación del parásito plasmodium, agente de la malaria. Estuvo varios años en el Instituto Pasteur (París) antes de llegar a Burdeos, teniéndose que enfrentar allí con las dificultades típicas de las investigadoras cuando tuvo que participar en largas misiones en África. “Mi vida privada frenó mi vida profesional, no tanto por las cuestiones prácticas, que pude solucionar, sino por razones psicológicas. A veces tenemos la impresión de ‘hacer todo mal’, y es un conflicto interno permanente. El otro día, mi hijo me dijo: ‘Eres la única mamá que no ha estado en ninguna excursión de la clase’”. Pero “hacer todo mal” no sólo se aplica a los niños. “Los investigadores podrían trabajar día y noche. Nada se acaba nunca, siempre hay que leer informes, o escribir artículos, hacer experimentos… Por lo tanto, se tiene siempre el sentimiento de culpabilidad con respecto al trabajo”.

Diferencias y complementariedades

En el Instituto Pasteur, Charlotte Behr estuvo en un contexto mucho más masculino. Allí empezó a hacerse una opinión sobre las diferencias de comportamientos entre los investigadores y las investigadoras, pero quiere precisar que se trata de un punto de vista muy personal. Para ella, los hombres tienen un espíritu más pionero y aventurero, “están preparados para avanzar sin pensárselo dos veces”, mientras que las mujeres toman más en cuenta los elementos “externos” al trabajo, por ejemplo, las dificultades personales que alguien pueda tener en un momento dado. “Los equipos mixtos tienen la ventaja de equilibrar estos dos tipos de sensibilidad”, estima. “Hacen falta luchadores, si no, no se avanza y otros que digan: ‘cuidado, vamos a pararnos un momento y a pensárnoslo mejor’”.

En ese momento Giulia entra en el despacho, un poco incómoda por haber abierto la puerta sin llamar y encontrarse con una visita. “Entra… El punto de vista de Giulia también puede interesarle. Tiene una beca Marie Curie y está en su tercer año de tesis”. Giulia Costa está muy a gusto en el CIRID. “Tengo mucha suerte de estar en un equipo donde podemos actuar y expresarnos con gran libertad. En las reuniones se escucha a todo el mundo, ya sean hombres o mujeres, jefes de proyecto o estudiantes. No sé si llegaré a ser una buena investigadora, pero veo aquí a numerosas mujeres que ejercen esta profesión y que tienen una vida familiar y niños. Su ejemplo me da ánimos”.

El interés común

Un poco más lejos está el espacio de los “experimentos” donde se encuentra Vincent Pitard. Antes de llegar a Burdeos, trabajó en el servicio I+D de una PYME escocesa y en la Universidad de Oxford. Cree que por regla general “los hombres tienen más ambición por destacarse y por que se les reconozca su trabajo. Las mujeres necesitan menos estar en instancias de representación, lobbies o comisiones en las que posiblemente podrían obtener algunos beneficios. En Oxford, tuve un jefe que hacía todo lo posible por encontrarse en el lugar propicio para ‘mover sus fichas’ e impulsar sus proyectos y su carrera. Con Jean-François, esto se ve mucho menos, aunque una parte de su trabajo sea la de obtener fondos y destacar nuestra credibilidad científica”.

Jean-François Moreau, director del CIRID, está ubicado en el mismo pasillo. Su despacho no es más grande ni más suntuoso que el de los investigadores. Tiene el espacio suficiente para guardar una flamante bicicleta negra, afirmación de su compromiso con la movilidad sostenible. A la vez facultativo hospitalario y profesor de universidad, investigador desde hace 31 años, este director está considerado como bastante atípico, sabe estar a la escucha de los demás y tiene la capacidad de delegar y de impulsar a la vez. “Una excepción a la regla del poder”, resume Charlotte.

Jean-François Moreau comparte su tiempo entre el hospital, un lugar donde debe reinar “una organización de orden militar”, y los laboratorios del CIRID, donde el ambiente es muy distinto. “No se consiguen investigadores inventivos coaccionándolos y estresándolos. Lo importante es que se impliquen libremente. Hay que dejarles escoger sus caminos para que pongan en práctica sus ideas”.

No obstante, estos investigadores e investigadoras, en su búsqueda individual, forman parte de equipos. “Creo que un grupo de hombres forzosamente no tiene el mismo comportamiento que un grupo que integre a mujeres. El carácter mixto científico es positivo. Por regla general, diría que las mujxeres están más sensibilizadas sobre el interés común que los hombres. Además, descubren más rápidamente este interés común, mientras que ellos, a menudo, siguen aferrándose a sus ideas”.


Christine Rugemer

  1. Véase «Inmunidad y pluripotencia »

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Para saber más

Inmunidad y pluripotencia

Las investigaciones llevadas a cabo por el CIRID (Componentes Innatos de la Respuesta Inmunitaria y de la Diferenciación) asocian al CNRS (Centro Nacional de Investigación Científica) con los hospitales de la Universidad de Burdeos. Se centran en cuestionamientos muy básicos en dos campos punteros de la biología molecular. Una primera rama de investigación estudia los mecanismos de defensa – o de desarreglo – del sistema inmunitario, que se basan en las “respuestas” de los linfocitos T a las agresiones microbiológicas. Los investigadores analizan con más detenimiento las defensas inmunitarias contra los herpes virus y contra el plásmido de la malaria, las respuestas a los carcinomas (cánceres de la piel) y a los linfomas, y además estudian la enfermedad autoinmune denominada lupus. La segunda rama estudia la pluripotencia y las primeras etapas de diferenciación de las células madre.

www.umr5164.u-bordeaux2.fr



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