ESTADÍSTICAS

Las cifras hablan por sí solas

La prueba la aportan los gráficos. Aunque hay mujeres en la ciencia, en su mayoría no son tan “visibles” como sus colegas masculinos.


Grado A: Puestos de dirección y decisión en el campo de la investigación<br />Grado B: investigadores experimentados<br />Grado C: investigadores postdoctorandos<br />ISCED 5A: licenciados o estudiantes de tercer grado (escuelas superiores especializadas)<br />ISCED 6: licenciados o estudiantes de tercer grado (nivel de doctorado)<br />Fuente: Informe She Figures 2006, Dirección General de Investigación.
Grado A: Puestos de dirección y decisión en el campo de la investigación
Grado B: investigadores experimentados
Grado C: investigadores postdoctorandos
ISCED 5A: licenciados o estudiantes de tercer grado (escuelas superiores especializadas)
ISCED 6: licenciados o estudiantes de tercer grado (nivel de doctorado)
Fuente: Informe She Figures 2006, Dirección General de Investigación.


Tijeras y fugas en la “tubería”

La situación global del carácter mixto de los diferentes peldaños de la jerarquía de los estudios y de las carreras se puede observar en un sintético “diagrama de tijeras”. En la parrilla de salida, las chicas están bien presentes. En 2003, representaban más de la mitad de la población universitaria y el 59 % de las estudiantes europeas (UE-25 (1)) – considerando todas las disciplinas – acababan sus estudios universitarios básicos (nivel de graduado, licenciatura, máster), frente al 41 % de los estudiantes hombres. Pero las tijeras se invertían tan pronto como se entraba en la fase de preparación para el doctorado y otros grados que desembocaban en carreras académicas y la investigación. No obstante, si se limitaba el estudio a las ciencias naturales y la ingeniería, el desequilibrio estaba presente desde la fase de estudiante. Los índices decrecientes de mujeres ilustraban las “fugas” que se producían a medida que se iba subiendo en los peldaños de la jerarquía académica. En el nivel más alto (grado A), en las universidades y los centros de investigación, las mujeres contaban con una sola representante (15 %) por cada siete colegas masculinos (85 %).

Por lo tanto, el mundo académico europeo contaba, en 2003, con el 15 % de profesoras. La proporción era mayor en Rumanía (29 %) y en Letonia (26,5 %), y menor, con alrededor del 9 %, en Alemania, los Países Bajos, Austria y Bélgica. El “grado A” (2004 – UE-25) variaba también según las especialidades, existiendo más presencia femenina en las ciencias humanas (23,9 %), las ciencias sociales (16,6 %) y las ciencias médicas (15,6 %).

No obstante, si observamos más de cerca la participación femenina en los campos de las ciencias “duras” y en ingeniería, descubrimos que no se daba ni siquiera el fenómeno de las “tijeras”. A todos los niveles de las formaciones, la proporción de las tituladas o de las estudiantes no superaba la mitad de los chicos. A lo largo de los diferentes grados, las mujeres iban abandonando la carrera y, en el grado máximo de los puestos directivos, sólo quedaba una mujer por cada nueve hombres.

El empleo femenino, motor de los recursos humanos

Según el último informe de la OCDE, el empleo de los recursos humanos en ciencia y tecnología (HRST) “sigue aumentando a un ritmo mucho más rápido que el empleo total en todos los países, al ritmo del 2,5 % anual, por término medio, en los Estados Unidos, y del 3,3 % en la UE-15 (2). Esta aceleración se debe principalmente al aumento del empleo femenino y a la expansión del sector servicios”.

Las cifras de Eurostat confirman esta dinámica: según los países, en 2004, los efectivos de tituladas de la enseñanza superior censados en el empleo total en la mayoría de los casos eran equivalentes o moderadamente inferiores a los de los hombres. Entre 1999 y 2004, la proporción de mujeres licenciadas en ciencia y tecnología creció más rápidamente (4 %) que la proporción masculina (2,2 %).

Siempre según Eurostat, las “trabajadoras cualificadas en CyT” ocupaban principalmente los “servicios de alta intensidad de conocimientos” en los que trabajaban la mayoría de los licenciados superiores en CyT, a razón del 77 % de mujeres y el 56 % de hombres. En cambio, en los sectores de alta tecnología con vocación más específicamente industrial, que empleaban a escala europea a más de 8,7 millones de científicos e ingenieros en 2004, las mujeres ocupaban sólo el 29 % de los empleos “de titulados”. A este nivel, su presencia tendía a estancarse mientras que la proporción de hombres aumentaba en un 2 %.

Más mujeres con el doctorado

En 2003, el 43 % de los 88.000 doctorados concedidos por las universidades europeas lo obtuvieron mujeres, un número cada vez mayor, y bastante impresionante si se lo compara, por ejemplo, con Japón dónde tan sólo es del 25 %. Comparado con 1999, el aumento de títulos de doctorado otorgados a mujeres (7 %) fue mucho más elevado que en el caso de los hombres, el 2 %. Los países que contaban con las proporciones más elevadas de mujeres que alcanzaban el nivel del doctorado eran, en particular, los Estados miembros de la Europa Central y Oriental, caracterizados por un ámbito científico tradicionalmente de carácter mixto.

En términos de especializaciones, estaban más representadas en las ciencias de la vida y menos en ingeniería. Sin embargo, esta última cifra no siempre era baja en todos los países: en Hungría, el 33% de las mujeres tenían un doctorado de alguna rama de ingeniería, en Finlandia y en Francia eran el 25 %, frente a sólo el 7 % en Alemania.

¿Dónde estaban las investigadoras?

Cerca del 30 % de los efectivos europeos que trabajaban en el campo de la investigación eran mujeres. Formaban más del tercio de los recursos de “materia gris” de las universidades (y otros centros de enseñanza superior) y de la investigación llevada a cabo en los numerosos laboratorios públicos. En cambio, apenas estaban presentes en los laboratorios privados, donde tan sólo había una mujer por cada cinco hombres. Cabe decir que, como de costumbre, las diferencias nacionales podían ser bastante importantes.

¿Será una cuestión de competitividad?

Otra cuestión concierne a los índices de éxito en materia de financiación de las investigaciones. Allí también, las diferencias de género son muy visibles, por razones que preocupan a diferentes expertos. Un cuestionario sobre esta problemática fue elaborado minuciosamente por el Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL, por sus siglas en inglés), para su informe Gender and science, publicado en la revista Nature en 2007. El 76,6 % de las mujeres encuestadas consideraban que el sector de la investigación estaba dominado por los hombres – opinión compartida por la mitad de ellos. El 75 % de ellas, frente al 33 % de sus colegas masculinos, pensaban que se les asignaban sobre todo las tareas administrativas y subordinadas, pero el 55 % de las investigadoras también consideraban que las mujeres no tenían las mismas bazas en términos de competitividad, tanto para conseguir financiación para la investigación como para obtener puestos de alta responsabilidad (idea compartida solamente por el 27 % de los hombres). Una causa establecida es que las mujeres, debido a sus cargas domésticas y familiares paralelas a su vida de investigadoras, deben limitar más el tiempo del que disponen para trabajar. Por otra parte, los autores del estudio EMBO achacan también el “menor éxito” de las mujeres en la obtención de financiación para los proyectos, al prejuicio cultural que impregna, consciente o inconscientemente, al mundo científico y que les deja un poco al margen de las ayudas profesionales y de las redes.

Para reequilibrar este aspecto, la Comisión pretende aumentar en lo posible el número de las mujeres implicadas en el funcionamiento del programa marco de investigación. Y para lograrlo, amplía su programa “Ciencia en la sociedad” con acciones concretas de supervisión, de gestión de los trabajos de investigación y de redes dedicadas a las científicas.


Didier Buysse

  1. UE-25: Estados miembros de la Unión Europea antes de las adhesiones de Bulgaria y de Rumanía.
  2. UE-15: Estados miembros de la Unión antes de la ampliación de 2004.

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