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El camino hacia la igualdad

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¿Cuál es el “peso” de las mujeres en la ciencia y la investigación en Europa? Lo evaluamos, desde hace tan sólo una década, con estadísticas que tienen en cuenta el género. Se puede ver hasta qué punto están subrepresentadas gracias al Grupo de Helsinki, que realizó un monumental trabajo de recopilación de datos, en todos los Estados miembros, para que se conociera la “cuota” femenina en la investigación. Todo empezó en 1999, cuando la Unión lanzó su plan de acción “Mujeres y Ciencia”.

Estas cifras sacaron a la luz las tres principales trampas que se ciernen sobre las investigadoras. Antes que nada, lo que se denomina en inglés “leaky pipeline” (“fugas en la tubería”); es decir, al principio, las mujeres están muy presentes en el “pipeline” de la investigación, pero luego esta tubería está llena de fugas y muchas de las mujeres desaparecen. Cuando se mantienen, a menudo se topan con el segundo obstáculo, denominado el “glass ceiling” (“techo de cristal”), invisible y real, ya que los mejores puestos son para los científicos hombres. Paralelamente, pueden encontrar otro tipo de traba, el “sticky floor” (“suelo pegajoso”), que las limita a tareas poco creativas, cortándoles las alas.

Se han propuesto múltiples soluciones – poniéndose en práctica algunas, particularmente a través de proyectos apoyados por la Unión Europea – para contrarrestar estos obstáculos: cambio en la enseñanza de las ciencias, formaciones o becas específicas para las mujeres, tutoría, creación de redes, etc. No obstante, la situación de las investigadoras sigue siendo precaria y apenas están representadas en los puestos de responsabilidad (con un promedio del 8 % de los puestos de docencia).

La conferencia Changing research landscapes to make the most of human potential – 10 years of EU activities in “Women and Science”, organizada por la Comisión Europea, hará un balance de esta década y evaluará el camino a seguir para acelerar este proceso de igualdad, así como los medios para conseguirlo. Se destacará la importancia de la modernización de las universidades y de las instituciones de investigación, que se está produciendo en numerosos países europeos. Este movimiento puede representar una oportunidad muy especial para mejorar el entorno de trabajo de las investigadoras, así como de los investigadores.

Generalmente, cuando se anuncian políticas de cambio suelen aparecer algunas palabras clave: autonomía, recursos financieros, competencia y excelencia, colaboraciones universidad-empresa, propiedad intelectual, etc. Pero pocas veces se mencionan los recursos humanos, y aún menos la igualdad entre los hombres y las mujeres en estas profesiones. Ahora bien, aunque se esté debatiendo sobre la organización de la ciencia y de la investigación, lo que se tiene que replantear es el estatus de todos los científicos. Las nuevas generaciones tienen toda una serie de aspiraciones: el equilibrio entre la vida privada y la vida profesional, los permisos por maternidad o paternidad, las posibilidades puntuales de trabajo a tiempo parcial y/o de teletrabajo y los horarios “aceptables”. Este tipo de estatus acabaría con los estereotipos y los prejuicios que siguen trabando las carreras de las mujeres. Tal perspectiva aborda el trabajo de los investigadores promoviendo la mezcla de géneros, como garantía de un pensamiento plural y de una nueva igualdad.


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