MEDIO AMBIENTE

Un paquete completo de medidas

La revolución industrial conllevó la disminución de la superficie de los hábitats naturales, la desforestación y el aumento de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera, lo que a su vez acarreó los cambios climáticos y la reducción de la biodiversidad. Para invertir esta tendencia, se tiene que movilizar todo el Espacio Europeo de la Investigación.

Système de mesure des flux de CO2 à l’air libre. L’analyseur de gaz à infrarouge est abrité dans une valise noire isolée du sédiment par une caisse en aluminium. Ce matériel est utilisé par les chercheurs du projet Pacoba, dont le but est d’améliorer les connaissances scientifiques de la région du golfe du Banc d’Arguin, en Mauritanie, notamment pour une meilleure gestion des activités environnementales et halieutiques. © CNRS Photothèque/Erwan Amice
Système de mesure des flux de CO2 à l’air libre. L’analyseur de gaz à infrarouge est abrité dans une valise noire isolée du sédiment par une caisse en aluminium. Ce matériel est utilisé par les chercheurs du projet Pacoba, dont le but est d’améliorer les connaissances scientifiques de la région du golfe du Banc d’Arguin, en Mauritanie, notamment pour une meilleure gestion des activités environnementales et halieutiques.
© CNRS Photothèque/Erwan Amice

Frente al aumento de la población sobre la Tierra, la creciente industrialización y el enrarecimiento de los combustibles fósiles, será inevitable que cambiemos nuestro modo de vida. En línea con las medidas del protocolo de Kioto que finalizará en el 2012, el Consejo de la Unión Europea (UE) adoptó en abril de 2009 el paquete de medidas sobre el clima y la energía de la Comisión Europea (CE). Estas medidas son ambiciosas, ¡y con razón! Las consecuencias medioambientales de los cambios climáticos son visibles y el problema de la seguridad del suministro de la energía es cada vez mayor(1).

Los compromisos tomados a la escala de la UE con vistas al año 2020 consisten en la reducción en un 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) con relación al nivel de 1990 (incluso el 30% en caso de acuerdo internacional) y en el aumento del uso de energías renovables (ER), que proporcionarán el 20% del consumo de energía total (electricidad, calefacción, refrigeración y transporte) mientras que actualmente sólo proporcionan el 8,5%. Estos objetivos se ponderan para garantizar la distribución equitativa de los esfuerzos entre los diferentes Estados miembros. A esto hay que añadir la ambición de que cada uno de los Estados miembros alcance una proporción del 10% de biocarburantes en el transporte de aquí al año 2020, al mismo tiempo que deben respetar determinados criterios medioambientales en términos de desarrollo sostenible y de protección de la biodiversidad.

De la teoría a la práctica

“El objetivo europeo de reducción de las emisiones de GEI es realizable, a condición de que se le destinen los medios necesarios”, destaca Philippe Mathieu, profesor de producción de energía en la Universidad de Lieja (Bélgica), miembro del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPPC, por sus siglas en inglés). “Las cuatro herramientas principales para disminuir las emisiones de GEI son la eficiencia energética, las energías renovables, la energía nuclear, y la captación y almacenamiento de CO2. Sin embargo, esta última herramienta no estará lista de aquí al 2020, por lo que sólo disponemos de los tres primeros instrumentos para alcanzar el objetivo de una reducción del 20% de aquí a esa fecha. La fisión nuclear es importante en el contexto actual pero no representa una solución a largo plazo, al ser el uranio un recurso no renovable y conllevar el problema del almacenamiento de los residuos. Por lo tanto, debemos centrar nuestros esfuerzos en la mejora de la eficacia del sistema energético a nivel de la producción, la distribución y del consumo, así como en la introducción masiva de las energías renovables.

Los sectores en los que hay que intervenir con más urgencia son los que más emiten CO2: las industrias, el transporte y el hábitat. En cuanto al transporte, el tren debería tener más importancia y el transporte por carretera tendría que replantearse. Ya existen soluciones que se van instaurando en algunos lugares: por ejemplo, el peaje urbano para los coches en Singapur, Londres, Oslo y Estocolmo o el ferrutaje: transporte combinado por ferrocarril y carretera, destinado a reducir la contaminación y la densidad del tráfico por carretera en Suiza.

“También debemos pensar en otras soluciones, como favorecer más el uso compartido de vehículos privados, mejorar los transportes públicos y la red ferroviaria, apostar por motores menos contaminantes como, por ejemplo, los motores híbridos, a corto plazo, y los motores eléctricos que utilizan las pilas de combustible a más largo plazo”, sostiene Philippe Mathieu. En el sector de la construcción, se da la prioridad a mejorar el aislamiento de las casas y de las grandes infraestructuras, antes de instalar dispositivos basados en energías renovables. “¡En Bélgica, la mayoría de las casas construidas antes de 1960 tienen un nivel de aislamiento similar al de las casas construidas en un país tan caluroso como Grecia! También habría que prohibir lo antes posible la utilización de fuel-oil y de gas natural para la producción de agua caliente doméstica y de calefacción, y promover para ello la utilización de paneles solares térmicos, de leña y, eventualmente, de la geotermia”.

En cuanto a los biocarburantes, los de primera generación ya han mostrado sus límites. “Utilizar biocarburantes que compitan con la producción de alimentos, o que requieran la desforestación previa y la exportación más tarde, no tiene ni pies ni cabeza”, continúa Philippe Mathieu. Por lo tanto, hay que tener criterios estrictos que garanticen el carácter renovable y sostenible del recurso empleado como biocarburante.

Las energías renovables

Las energías clásicas (el carbón, el petróleo, el gas natural y el uranio) van escaseando y, a más o menos largo plazo, lo cierto es que no tendremos más remedio que emplear sólo energías renovables. “El objetivo del 20% de aquí al año 2020 es realizable a escala europea si las técnicas se adecuan a la riqueza energética de un lugar determinado: la energía solar en los países del Sur, la energía eólica donde haya potencial (Alemania, España, los Países Bajos, los países escandinavos,...)”, afirma Philippe Mathieu. Tendrán que superarse los problemas relacionados con la intermitencia y la dispersión de las energías renovables como la eólica y la solar, que no dan respuesta a la demanda sino que dependen del clima. Asimismo, hay que investigar más para mejorar el rendimiento de conversión, disminuir los costes y almacenar la energía. Además, se tendrán que concebir redes de distribución adaptadas a una producción descentralizada y crear instalaciones de almacenamiento de energía como, por ejemplo, la energía potencial de los saltos de agua, la energía electroquímica en las baterías, la energía calórica en el agua, o incluso la producción de hidrógeno sin carbono.

En cuanto a los biocarburantes, los de primera generación ya han mostrado sus límites. “Utilizar biocarburantes que compitan con la producción de alimentos, o que requieran la desforestación previa y la exportación más tarde, no tiene ni pies ni cabeza”, continúa Philippe Mathieu. Por lo tanto, hay que tener criterios estrictos que garanticen el carácter renovable y sostenible del recurso empleado como biocarburante.

¿Son suficientes estas medidas?

Con respecto a otras grandes emisoras de GEI, la UE actualmente desempeña el papel de líder medioambiental. De hecho, en Estados Unidos, el proyecto de ley Waxman-Markey, aprobado en junio de 2009 por la Cámara de Representantes(3), propone reducir en el 17% las emisiones nacionales de GEI de aquí al 2020 con relación a un año de referencia (2005) mucho menos exigente que el que escogió la UE (1990). “En cuanto a Rusia y Japón, propusieron reducciones de emisiones de cerca del 10% con relación a sus niveles de 1990”, destaca Andreas Löschel, responsable del departamento de gestión medioambiental, en el Centre for European Economic Research- ZEW (Alemania), añadiendo que harán falta medidas más apremiantes a nivel internacional para limitar los efectos del cambio climático. De hecho, el IPCC preconiza una reducción del 25% al 40% de emisiones de GEI de aquí al año 2020, con relación al nivel de 1990. Continuará… en Copenhague, en diciembre de 2009, en la cumbre de la ONU sobre el clima.


Isabelle Noirot

  1. Véase el número especial de research*eu, de abril de 2008: “Salir de la era del petróleo”.
  2. Rajendra Pachauri, Presidente del IPCC, incluso llega a preconizar el vegetarianismo, puesto que la ganadería es una enorme fuente de emisión de GEI.
  3. La propuesta tiene que ser votada aún por el Senado y ser aprobada por el Presidente Obama.www.govtrack.us/congress/bill.xpd?bill=h111-2454
  4. ec.europa.eu/energy/technology/set_plan/set_plan_en.htm
  5. ec.europa.eu/research/industrial_technologies/lists/list_114_en.htmlPodrá ver las convocatorias de propuestas en la página web de CORDIS (cordis.europa.eu/fp7/dc/): Green Cars (GC), Energy-efficient Buildings (Eeb) and Factories of the Future (FoF).

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Para saber más

Una economía verde

El paso a una economía con poca emisión de carbono va a traer nuevas oportunidades en términos de innovaciones tecnológicas. La CE propuso en el 2007 un plan estratégico para las tecnologías energéticas, al que denominó “Plan SET”(4), que tiene por objeto acelerar la investigación, el desarrollo y la comercialización de tecnologías de alta eficiencia energética. En el marco del Plan europeo de reactivación económica, la CE también lanzó tres colaboraciones público-privadas en el 2008: “coches ecológicos”, “edificios energéticamente eficientes ”, y “fábricas del futuro”(5). Los sectores objetivo emplean a la cuarta parte de los trabajadores de la UE y además son campos de acción prioritarios para un futuro más verde.



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